El Norte de Castilla

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De oficio, nombrador
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Angélica Tanarro | 16-01-2012 | 20:02

 

Solo a un poeta se le podría ocurrir vivir de nombrar las cosas

 

Fernando Beltrán llevaba quince años dedicado al oficio que finalmente le dio fama y prestigio cuando una entrevista en un periódico de tirada nacional le sacó del anonimato y la penuria. Su empresa, El nombre de las cosas, surgió de una constatación: las empresas solían destinar un presupuesto a marketing, al diseño de su logo, a su imagen de marca, pero presupuesto cero para lo más importante: encontrar el nombre adecuado. ¿Cuántas veces un proyecto no desarrolla todo su potencial por llevar un nombre equivocado?
Pero esta historia debería contarse desde el principio. Fernando Beltrán es poeta. Lo es de verdad. Más allá del hecho de que a lo largo de su vida haya publicado diez poemarios. Solo a un poeta verdadero se le puede ocurrir intentar vivir del oficio de encontrar el nombre de las cosas. El oficio de nombrar que llamaba Octavio Paz a la poesía. Si la poesía es asunto ruinoso, lo otro no parecía, cuando se lanzó a la batalla, cosa fácil. Ahora tiene una importante cartera de clientes y en su curriculum aciertos tan señeros como el de Amena, quizá su nombre más conocido. Beltrán, escritor al fin, ha recogido en un libro sus experiencias. Un libro más que ameno como el nombre más famoso que inventó; lleno de pequeñas historias o solo de una: cómo ha ido desarrollando en este tiempo su fórmula, la que se grabó a fuego como método de trabajo, ‘romper el bloque, captar la emoción’. ‘El nombre de las cosas’ es también un diario, o, mejor, las memorias de un emprendedor loco. Y captan la atención.

Sobre el autor Angélica Tanarro
Soy jefa de Cultura en El Norte de Castilla. En mis ratos libres (pocos) solía escribir y hasta encontraba editor. Ahora he cambiado los versos (libres o no) por alumnos de Periodismo. Mi verdadera vocación es la lectura.