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Oriente próximo y lejano. Seminci (quinta entrega)
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Angélica Tanarro | 27-10-2016 | 18:50

SOBRE ‘HEDI’, ‘THE SALESMAN’ Y ‘MARAVILLOSA FAMILIA DE TOKIO’

 

‘Hedi’, opera prima del tunecino Mohamed Ben Attia, es una película pequeña en más de un sentido que se ha colado en la Sección Oficial del Festival, aunque quizá no sea este su sitio más adecuado. Las primaveras árabes (habría que repensar un término que ha quedado invalidado con el tiempo) han puesto el foco en el Magreb y en Oriente Próximo, y por tanto en sus cinematografías, pero más allá de que la película esté ambientada en Túnez, que no es mucho más que un decorado secundario, y comprobar cómo este país ya antes de esos acontecimientos era de los más avanzados de la región, poco aporta una historia bien contada pero sin más oropeles. Quizá Punto de Encuentro hubiera sido un lugar más adecuado.

La historia de un joven absolutamente dominado por su madre a punto de casarse y al que se le cruza una joven vitalista con la que inicia una relación que le hará replantearse su futuro no da para mucho. Si acaso para comprobar que el yugo familiar a menudo atenaza tanto a hombres como a mujeres, como bien se encarga de demostrar este año la Sección Oficial del certamen. Buena interpretación de su protagonista, Majd Mastoura, que se hizo con el Oso de Plata al mejor actor en la última Berlinale.
Referencia teatral
Mucho más peso tiene, sin duda, ‘Forushande’ (‘The salesman’), avalada por la firma de Asghar Farhadi, autor de la excelente y multipremiada ‘Una separación’. Farhadi se estrena en Seminci con una película que no pasó desapercibida en el último festival de Cannes. En ella, de nuevo una joven pareja se tambalea por un acontecimiento inesperado en sus vidas. El título hace referencia –referencia un poco traída por los pelos, todo hay que decirlo– al hecho de que la pareja representa en un teatro ‘Muerte de un viajante’ de Arthur Miller. Farhadi no abandonará esta referencia teatral a lo largo del filme, lo que no aporta gran cosa al guión, aunque sí a la construcción de algunos planos muy bellos, pictóricamente bellos.

La historia, que se sigue con interés, (vemos las clases de él, profesor de literatura además de actor, conocemos a sus alumnos, asistimos al trauma de ella que apenas puede seguir con su rutina en el escenario tras el accidente en su casa) naufraga un tanto al final cuando el director abandona lo que ha sido hasta ese momento el punto central de su película, la relación entre los dos miembros de la pareja protagonista, y se detiene a resolver con acento de thriller el suceso no del todo aclarado que ha interrumpido sus vidas. A pesar de eso, el guion convenció en Cannes donde ganó el premio de su categoría. Como también obtuvo premio (este más lógico a mi parecer) la interpretación de Shahab Hoseini y su rotunda presencia en el film.
Mejor, el drama
Después de ver ‘Maravillosa familia de Tokio’ habría que afirmar sin dudar que a Yoji Yamada se le da mejor el drama que la comedia. No vamos a descubrir aquí el talento del director japonés, que además regresa al festival vallisoletano inmediatamente después de conseguir en 2013 su primera Espiga de Oro por la deliciosa ‘Una familia de Tokio’. Yamada vuelve al tema de la familia, como vuelve al homenaje a su maestro Ozu, referencia que se ha convertido en una constante en su filmografía, y lo hace en tono de comedia, una comedia paródica, más entroncada en la comedia clásica americana que en la tradición oriental.
Tres generaciones viven bajo el mismo techo. La historia arranca el día del cumpleaños de la abuela, casada con un personaje antipático y bebedor que pasa más tiempo en la taberna de una amiga que en su propio hogar. Cuando al llegar a casa su mujer le reprocha que se haya olvidado de su cumpleaños, él, para quedar bien, le pregunta qué regalo quiere que le haga. Y ella contesta poniendo en sus manos un formulario de divorcio. Comedia llena de diálogos, que se desarrolla casi por completo en la casa familiar donde padres e hijos hablan sin parar y construyen situaciones que quieren ser hilarantes, aunque apenas conectaron con quien esto suscribe.
Yamada es desde luego un cineasta solvente, que construye imágenes de gran belleza (tanto el interior del bar como las distintas habitaciones de la casa familiar son escenarios sumamente elegantes y merece la pena detenerse en la estética de los planos ya que la historia ofrece poco donde agarrarse).
Al final, cambia el tono de comedia por un final melodramático que en cualquier caso no consigue levantar una película decididamente menor.

(Fotogramas de ‘Hedi’, ‘The salesman’ y ‘Maravillosa familia de Tokio’)

Sobre el autor Angélica Tanarro
Soy jefa de Cultura en El Norte de Castilla. En mis ratos libres (pocos) solía escribir y hasta encontraba editor. Ahora he cambiado los versos (libres o no) por alumnos de Periodismo. Mi verdadera vocación es la lectura.