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Fecha: octubre, 2017
Ya lo pensaré mañana (6). La vida en un plano secuencia
Angélica Tanarro 27-10-2017 | 8:52 | 0

Fuera de las salas, ayer era en nuestro país ‘otra’ jornada ‘histórica’. Otra agotadora y tensa jornada histórica que, mientras escribí­a estas líneas aún estaba en pleno suspense. Este paréntesis vital que es la Seminci, para quienes la seguimos intensamente, se nos antojaba este año más apetecible que nunca por su inmediatez balsámica. Tení­amos cierta sensación de alivio: pensar que durante unos d ías podríamos esquivar la realidad, la dura realidad de esa especie de película de ciencia ficción en la que venimos sumidos desde aquella distópica sesión del Parlamento catalán del pasado septiembre.

Pero el cine, por fantástico que sea, siempre nos toca de cerca. Al menos mientras lo sigan haciendo seres humanos y no una máquina siguiendo algoritmos. Y dio la casualidad que las dos películas programadas en pase de prensa de la Sección Oficial de la mañana de ayer me (hablaré por mí­) hicieron pensar en el conflicto catalán, también llamado ‘el procés’.

Sobre todo la primera, ‘El insulto’, apreciable filme de Ziad Doueiri: el relato de un conflicto casi doméstico que acaba en los tribunales y enfrentando a dos comunidades religiosas ya enfrentadas de antemano. Estamos en el Lí­bano y una cañería ilegal puede encender la mecha de una revuelta callejera. No sabemos si intencionadamente o no, (si hacemos caso a su director, no) el mensaje que rezuma la pelí­cula es claro: las heridas que deja una guerra, o ‘conflicto bélico’ como nos gusta llamarlas para suavizar, son difí­ciles de cicatrizar, las heridas duran tanto que parece increíble que la gente no aprenda del pasado y deje que los intereses políticos cortoplacistas, la falta de diálogo, los malos entendidos y la insolidaridad ganen la batalla de la división cuando son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Y solo tenemos una vida. Doueiri, sin embargo, a pesar de haber ambientado su film en el Lí­bano, de haber enfrentado en él a un miembro del Partido Cristiano y a un palestino, y de haberse tenido que plegar al deseo del Gobierno libanés de especificar que ‘las opiniones vertidas en el filme son exclusiva de su director’, aseguró una y otra vez en la rueda de prensa que estaba al margen de debates y polémicas políticas (?). ‘Nadie tiene el monopolio del sufrimiento’, dice uno de los personajes en un momento clave de la película. Amén.

La segunda, ‘Bajo el árbol’ cuenta, inicialmente en tono de comedia, cómo un aparentemente banal conflicto entre vecinos puede acabar en tragedia casi griega. Y eso que estamos en la frí­a Islandia. Aquí­ sí­, su director, Hafsteinn GunnarSigurDsson, reconoce que ha querido mostrar que la violencia nunca es el camino. Una bola de nieve va creciendo en el corto verano islandés. Gente herida que, o bien acaba proyectando su dolor en asuntos nimios, o es incapaz de gestionar sus emociones. Si en ‘El insulto’ hay una luz al final del camino, en ‘Bajo el árbol’ solo queda una sombra heladora.

Detrás de ambas, sendos buenos cineastas que es de lo que se trata.

 

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla del 27 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (5) Películas que crecen, guiones que brillan
Angélica Tanarro 27-10-2017 | 8:43 | 0

Da igual cuánta información previa se tenga de una película, lo que sepamos sobre su paso por otros festivales, las entrevistas que hayamos podido leer a su director o a sus protagonistas, los premios que las avalen o los silencios que las ninguneen… Llega ese momento impagable del fundido a negro en la sala y esos instantes en los que siempre he pensado, y creo haberlo escrito ya, en los que un film se la juega. Cuántas veces los primeros segundos de arranque contienen el aviso de lo que vendrá después. Y cuando esto sucede, generalmente sucede para mal.

En este festival, la información previa me está sirviendo de poco. Me explico: en general me están decepcionando los nombres consagrados y sin embargo encuentro sorpresas en tí­tulos que a priori no me seducí­an en exceso. Y eso también es la función de un festival: propiciar descubrimientos.

Me sorprendió gratamente ‘Gabriel y la montaña’, la pelí­cula de Felipe Barbosa, un director brasileño del que no había visto su anterior, y único junto a este, largometraje. Y aún más me ha complacido en la sesión de la mañana de ayer la americana ‘The rider’, de la directora china afincada en EE. UU. Chloé Zhao. Ambas comparten la virtud de ir creciendo ante los ojos del espectador. Hemos visto ya en el transcurso de esta edición buenos arranques que se iban desmoronando a medida que avanzaba el metraje. Por eso se agradece tanto el viaje contrario.

El viaje literal por África de Gabriel. Del que no sabemos nada ni se intuye nada especial al comienzo de su historia (paradójico comienzo pues el film arranca con su muerte, lo que no resta un ápice el interés del relato) y que vamos descubriendo poco a poco. Y el viaje humano de Brady, el protagonista de la pelí­cula de Zhao: una estrella del rodeo que ve frustrados sus sueños por un accidente que le deja secuelas importantes. Un guion muy bien escrito, muy bien medido, nos hace contemplar la maduración del personaje, la dura aceptación de una realidad con la que no contaba. Y vamos descubriendo con pequeñas pinceladas su contexto familiar y social. Sin prisas, pero sin demoras. De su autora, la propia Chloé Zhao, envidio su paso por Yaddo, la magnífica residencia de artistas en Nueva York, por la que pasaron algunos de mis escritores y escritoras favoritos (pienso en Flannery O’ Connor y también en Robert Lowell). Lástima que no estuviera la realizadora ni nadie del equipo para defenderla, que esa es también la función de un festival. (Qué cuando nadie defiende la obra ante los medios).

Parecerí­a que todo se ha escrito o se ha filmado ya en torno a la figura del vaquero, o del espectáculo del rodeo, pero no, aún hay gente como Zhao que puede sacar partido a estos locos jinetes. The rider’ es también un festín para los ojos, gracias a la estupenda fotografí­a de Joshua James Richards, y una pelí­cula que no deben perderse los amantes de los caballos. ¡Qué belleza de ejemplares! ¡Y qué gusto salir del cine contenta!

 

(Columna publicada en el suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla el 26 de octubre de 2017)

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Seminci. Toma VI. Un cierre en alto
Angélica Tanarro 27-10-2017 | 8:29 | 0

‘FOXTROT’ JUSTIFICA EL GRAN PREMIO DEL JURADO QUE OBTUVO EN VENECIA

La Seminci guardaba una sorpresa en el cierre de la Sección Oficial a concurso: la película ‘Foxtrot’, del israelí Samuel Maoz. El film venía avalado por el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Venecia y  aquí no defraudó. Se trata sin duda de una de las películas de este certamen. La muerte de un hijo soldado y el shock que produce en su familia es el arranque de una historia que de repente pega un giro no solo argumental sino también formal. A partir de ese momento la pregunta es: ¿resistirá la apuesta o el filme se vendrá abajo?  No solo resiste, sino que se permite el lujo de algún que otro quiebro más. Sostener este artefacto, con sus dosis de artificio, es el talento de Maoz. Planos medidos, encuadres estéticos, un tono que oscila entre el realismo y la fábula, algún toque de humor… y un reparto cómplice hacen de Foxtrot una película que sorprende y esto cada vez es más difícil en un festival. Imágenes que se quedan en la memoria sobre todo del puesto fronterizo en el que sirve el soldado presuntamente fallecido y que en algún momento hacía recordar la desolación de ‘El desierto de los tártaros’, la gran novela de Buzzati.cap1

También con premio de Venecia venía la película proyectada inmediatamente antes. ‘Sweet Country’, tercer largometraje de ficción del australiano Warwick Thorton. Película de cuidada factura, con planos remarcables, una bella fotografía, que, sin embargo, deja la sensación de ‘ya vista’. Aunque en esta ocasión el western se traslade a la Australia de los años 20 del siglo pasado, en tiempos de colonización y de racismo y represión de la población indígena. Un aborigen de mediana edad se ve envuelto en un homicidio para salvar su vida y su condición de ciudadano de segunda no es el mejor pasaporte para conseguir justicia.

Y, por último, ‘Dos mujeres’ la película fuera de concurso que se proyectará tras la gala de clausura. Un film amable de esos que gustan para acompañar alfombras y sesiones de photocall. La presencia de Catherine Deneuve no es suficiente para levantar una historia que con más o menos variaciones se ha hecho fija en las pantallas: un enfermo, en esta caso enferma, terminal que regresa para cerrar algún asunto pendiente del pasado. El film se ve con agrado gracias sobre todo a la actuación de sus protagonistas, en especial de Catherine Frot, pero no da más. Por cierto que su director, Martin Provost, llevó al cine con mucho más acierto y peso específico ‘Violette’, sobre la vida de Violett Leduc. Película muy recomendable para recuperar.

(Fotograma de ‘Foxtrot’)

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Seminci. Toma V. Entre el drama personal y la desgracia colectiva
Angélica Tanarro 27-10-2017 | 7:14 | 0

‘THE RIDER’ SE PERFILA COMO UNA DE LAS PELÍCULAS IMPORTANTES DE LA PRESENTE EDICIÓN

Empezaré este resumen por la que se perfila como una de las películas de la presente edición de Seminci: ‘The rider’, de la directora china afincada en EE. UU. Chloé Zhao, que confirma con su segundo largometraje las buenas impresiones de su debut con ‘Songs my brothers taught me’. Zhao introduce la cámara en el mundo de los rodeos para contar una historia de superación que tiene muchos elementos reales. El protagonista, Brady Blackburn está inspirado en Brady Jandreu, un joven vaquero que ve como sus sueños de brillar en el mundo del rodeo se ven frustrados por una caída que le provoca una lesión cerebral. the-rider

El comienzo de la película, mientras vamos conociendo a Brady, sus compañeros de afición y la dureza de la vida en las llanuras de Dakota del Sur, no augura la brillantez con la que Zhao irá perfilando la historia y desarrollando un excelente guion. Asistiremos a la difícil aceptación de la realidad por parte de Brady, a la rudeza de la vida y de las relaciones en el entorno familiar, marcado por la ausencia de la madre, y la deficiencia psíquica de la hermana, un personaje muy dulce que alivia la presencia de tanto aspirante a macho alfa. Los caballos son otro elemento clave del filme, excelentes las escenas de doma y maravillosos paisajes que alternan (y alivian) muchos angustiosos planos cerrados, gracias a la estupenda fotografía de Joshua James. Un filme en definitiva que merecería estar en el palmarés.

En ‘Daha’, del turco Onur Saylak, nos volvemos a encontrar con el drama de los refugiados, aunque esta vez la cámara enfoca en primer plano a los que trafican con su desgracia. La historia, basada en la novela de Haka Günday, nos lleva a presenciar cómo se forma un tirano, cómo los hijos reproducen y dejan cortos los errores de los padres. Los sueños de Gaza, un niño de 14 años que se ve obligado a ayudar al suyo en el tráfico de personas hacia Europa, acabarán estrellándose en su impotencia para escapar al único destino que parece posible. Crecerá un monstruo aún peor que su progenitor. La mirada del joven actor Hayata Van Eck no deja indiferente a un espectador atrapado en el estrecho espacio en el que se desarrolla una dura y a ratos asfixiante historia que Saylak defiende con mano firme.

Un punto de humor plantea José María Cabral en ‘Carpinteros’ para aliviar la dura realidad de las cárceles dominicanas. Y no se le puede negar a este realizador que se enfrenta aquí a su cuarto largometraje de ficción un pulso firme para manejar la historia en escenas complicadas, en planos secuencia llenos de figurantes y en largos travellings por el sórdido ambiente carcelario. Pero la historia de amor entre Julian y Yanelli, presa en una cárcel de mujeres contigua a la de los hombres, acaba naufragando en escenas poco creíbles. Era una empresa cinematográfica y vital demasiado difícil.

Una de las apuestas más arriesgadas del certamen es sin duda ‘Los pájaros cantan en Kigali’, de la sólida pareja artística que forman Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze. Riesgo es lo que se le suele pedir a este festival para que cumpla la vitola de reunir ejemplos de verdadero cine de autor. Lo es esta película que introduce al espectador en las consecuencias de la atroz guerra entre los hutus y los tutsis en Ruanda que acabó con el genocidio de esta etnia. Lo hace a través de una ornitóloga, Anna Keller, que regresa a Polonia con la hija de uno de sus colaboradores locales en el estudio de los buitres ruandeses. El diseño de los planos (que en algunos momentos recuerdan al cine de Jaime Rosales), el uso de la imagen desenfocada, la sequedad del planteamiento y una historia que no deja resquicio a la luz componen una dura película que encierra no pocas virtudes. Aunque se salga del cine con el corazón encogido.

(Brady Jandreau en un fotograma de ‘The rider’)

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Ya lo pensaré mañana (4) Cuando amábamos a Virginia Woolf
Angélica Tanarro 26-10-2017 | 5:07 | 0

Los datos no dejan lugar a dudas y se pusieron negro sobre blanco en las conclusiones del Encuentro ‘Mujeres en el Cine Español’, celebrado durante el Festival. En todo el año 2016, solo el 16,1% de las películas producidas en España fueron dirigidas por mujeres “y, además, su presupuesto global queda todaví­a lejos de esta cifra”, según dicho documento. El Foro concluye también denunciando que “la ley orgánica para la igualdad efectiva aprobada en 2007 no se cumple, ni en el ámbito de la industria, ni en los festivales de cine, ni en las instituciones educativas, ni en los medios de comunicación”. ¿Todaví­a a estas alturas hay que justificar el asunto de las cuotas? ¿O serí­a mejor mirar para otro lado como si el tema de la igualdad solo tuviera que ver con el 50% de la población a la que afecta?

Una de las conclusiones que destacarí­a del informe es la que aboga por la participación y la implicación de los hombres “en las luchas por la igualdad en todas las esferas profesionales, en todos los ámbitos de la educación y en los medios de comunicación”. “En consecuencia, (expresa el documento) nos parece imprescindible que, en todos aquellos foros y encuentros convocados para analizar la presencia de las mujeres en los diferentes ámbitos del audiovisual, participen activamente también los hombres con responsabilidad en las áreas implicadas”. No puedo estar más de acuerdo; aún hoy, hace cinco minutos como quien dice y a la puerta del cine, discutí­a sobre este asunto: la falta de implicación de los hombres con responsabilidades en la cultura en la perspectiva de género.

Este festival está siendo modélico en cuanto a la presencia de la mujer. El hecho de que una gran parte de las películas a concurso están realizadas por mujeres y que sus protagonistas lo sean también introduce su visión, su mirada sobre el mundo y pone sobre la mesa cuestiones sobre las que se suele pasar de puntillas. Pelí­culas como la brasileña ‘Como nuestros padres’ ponen el foco de lleno en los cambios que una sociedad necesita para las mujeres puedan ocupar de verdad, y más allá de las leyes que no se cumplen, su papel en pie de igualdad con el hombre y esos cambios exigen otros cambios en la mentalidad masculina.

Cuando en la post adolescencia comenzamos a amar a Virginia Woolf recuerdo una frase que se hizo un lema en nuestro grupo: si los hombres la leyeran, entenderí­an mejor a las mujeres. Durante este festival, me estoy acordando mucho de esa frase. Y me pregunto, ¿estarán siendo conscientes mis compañeros de butaca de las oportunidades de ampliar la mirada que ofrece?

Fuera, las cosas siguen más o menos igual. Siguen las denuncias por abusos sexuales en Hollywood. Aquí­, una mujer hospitalizada tras una paliza de su excompañero y un juez en Portugal que justifica los malos tratos a otra mujer porque era adúltera. No, no lo he soñado, no he viajado en el tiempo mientras estaba en el cine y he salido cuarenta años atrás, o en la Edad Media. Es hoy. La vida real. Y aún muchos creen que el feminismo es una cosa del pasado, y que las cuotas no son democráticas.

Vuelvo al cine.

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla, el 25 de octubre de 2017)

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.