El Norte de Castilla
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Fecha: mayo 7, 2018
Cuestión de piel
Angélica Tanarro 07-05-2018 | 9:40 | 0

Esther Gatón expone su proyecto ‘Las Virtudes’ en la Sala 0 del Patio Herreriano

 

las-virtudes_dsc_0581_lowUna estructura modular, de madera, que reproduce las dimensiones de su estudio, dibuja el espacio de la instalación que Esther Gatón (Valladolid, 1988) presenta en la sala 0 del Patio Herreriano de su ciudad natal, dentro del programa Cre-Art de la Fundación Municipal de Cultura. Y ‘Las virtudes’, su enigmático título. Nada que ver con reminiscencias del catecismo. Las virtudes a las que se refiere tienen que ver con las características del material con el que ha experimentado la artista. Piezas de silicona cuelgan como rastros de pieles que hubieran pertenecido a un ser vivo en un ambiente semi iluminado, semi en penumbra que también intenta reproducir la luz del estudio en el que Gatón pasa horas experimentando con los materiales. La primera impresión que recibe el visitante al entrar en la sala es de perplejidad. Y no está de más que así sea pues perplejidad está en las palabras que la artista pronuncia al hablar de esta instalación, la perplejidad ante el comportamiento de los materiales, puede, pero seguramente antes que todo eso la perplejidad ante un mundo que no acabamos de asimilar del todo.

‘Denso’ es otro adjetivo que ella misma utiliza al referirse a esta obra. Muy justamente. Nada, o muy poco, se da de un vistazo en la sala. Conviene que el visitante penetre en ese espacio de fronteras inciertas donde nada estuvo muy preconcebido y donde ahora nada está demasiado definido. Quedarse. Esa es la clave. La mirada necesita un tiempo, resbalar, como la sensación resbaladiza del tacto de la silicona, por esas piezas colgantes que en conjunto podrían componer la partitura de la banda sonora tras un desastre nuclear. De hecho, el texto que acompaña a la muestra, de Julia Morandeira, es un relato sobre la última guerra nuclear que asola la tierra y la Gran Debacle posterior. Grupos de humanos y no-humanos se afanan por diseñar nuevas pieles, que no son otra cosas que nuevas maneras de relacionarse con la Tierra. Ese mundo distópico es el que refleja Gatón con estos fragmentos colgados de piezas de latón. Y solo permaneciendo en él un tiempo nos llega una cierta sensación de angustia y también de inquietud porque tampoco hay claves para desentrañar esa nueva situación que nos plantea la artista. Ella ofrece un relato material pero no ahorra al espectador la necesaria reflexión.

Estamos ante una artista rigurosa que dedica mucho tiempo a descubrir cómo un material puede dar respuestas distintas con distintos tratamientos y  que encuentra en el camino piezas como las que expone también en el Patio, pequeñas esculturas con cierto acento surrealista. También con alguien implicado en su tiempo, un tiempo social que ofrece no pocas incertidumbres. El concepto de encuentro, ya sea para trabajar un objeto encontrado como para encontrar nuevas posibilidades en los materiales es otro concepto fundamental en su proceso de trabajo.

La agenda de Esther Gatón está llena de proyectos. Al tiempo que su obra puede verse en Valladolid hasta el 20 de mayo, acaba de inaugurar otra exposición, ‘Abrigo la nuca’, en Aldama Fabre Gallery de Bilbao. Y no olvida su labor como comisaria. Artista incansable y muy interesante.

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.