El Norte de Castilla
img
Categoría: Arte
Cuestión de piel

Esther Gatón expone su proyecto ‘Las Virtudes’ en la Sala 0 del Patio Herreriano

 

las-virtudes_dsc_0581_lowUna estructura modular, de madera, que reproduce las dimensiones de su estudio, dibuja el espacio de la instalación que Esther Gatón (Valladolid, 1988) presenta en la sala 0 del Patio Herreriano de su ciudad natal, dentro del programa Cre-Art de la Fundación Municipal de Cultura. Y ‘Las virtudes’, su enigmático título. Nada que ver con reminiscencias del catecismo. Las virtudes a las que se refiere tienen que ver con las características del material con el que ha experimentado la artista. Piezas de silicona cuelgan como rastros de pieles que hubieran pertenecido a un ser vivo en un ambiente semi iluminado, semi en penumbra que también intenta reproducir la luz del estudio en el que Gatón pasa horas experimentando con los materiales. La primera impresión que recibe el visitante al entrar en la sala es de perplejidad. Y no está de más que así sea pues perplejidad está en las palabras que la artista pronuncia al hablar de esta instalación, la perplejidad ante el comportamiento de los materiales, puede, pero seguramente antes que todo eso la perplejidad ante un mundo que no acabamos de asimilar del todo.

‘Denso’ es otro adjetivo que ella misma utiliza al referirse a esta obra. Muy justamente. Nada, o muy poco, se da de un vistazo en la sala. Conviene que el visitante penetre en ese espacio de fronteras inciertas donde nada estuvo muy preconcebido y donde ahora nada está demasiado definido. Quedarse. Esa es la clave. La mirada necesita un tiempo, resbalar, como la sensación resbaladiza del tacto de la silicona, por esas piezas colgantes que en conjunto podrían componer la partitura de la banda sonora tras un desastre nuclear. De hecho, el texto que acompaña a la muestra, de Julia Morandeira, es un relato sobre la última guerra nuclear que asola la tierra y la Gran Debacle posterior. Grupos de humanos y no-humanos se afanan por diseñar nuevas pieles, que no son otra cosas que nuevas maneras de relacionarse con la Tierra. Ese mundo distópico es el que refleja Gatón con estos fragmentos colgados de piezas de latón. Y solo permaneciendo en él un tiempo nos llega una cierta sensación de angustia y también de inquietud porque tampoco hay claves para desentrañar esa nueva situación que nos plantea la artista. Ella ofrece un relato material pero no ahorra al espectador la necesaria reflexión.

Estamos ante una artista rigurosa que dedica mucho tiempo a descubrir cómo un material puede dar respuestas distintas con distintos tratamientos y  que encuentra en el camino piezas como las que expone también en el Patio, pequeñas esculturas con cierto acento surrealista. También con alguien implicado en su tiempo, un tiempo social que ofrece no pocas incertidumbres. El concepto de encuentro, ya sea para trabajar un objeto encontrado como para encontrar nuevas posibilidades en los materiales es otro concepto fundamental en su proceso de trabajo.

La agenda de Esther Gatón está llena de proyectos. Al tiempo que su obra puede verse en Valladolid hasta el 20 de mayo, acaba de inaugurar otra exposición, ‘Abrigo la nuca’, en Aldama Fabre Gallery de Bilbao. Y no olvida su labor como comisaria. Artista incansable y muy interesante.

Ver Post >
La prestancia de una zapatilla viuda

Pérez-Jofre vuelve a La Gran de Valladolid con sus monumentales dibujos de las cosas

Ignacio Pérez-Jofre es un dibujante compulsivo. Ya lo pudimos comprobar en su anterior exposición en este mismo espacio de la calle Claudio Moyano de Valladolid. Dibuja cuanto le rodea, esos objetos casi siempre insignificantes en nuestra consideración pero que nos acompañan y nos facilitan la existencia. Desde el tubo del dentífrico a los zapatos, desde la pastilla de noche al libro que acompaña nuestros momentos más relajados, todo está en sus cuadernos, y en ellos, pero, sobre todo, en las paredes donde cuelgan una vez dibujados, adquieren otra consistencia, como subidos a un escenario suman prestancia. Dando un paso más en este constante ejercicio de representación de cuanto le rodea, y azuzado por un verso de T. S. Elliot (“las rosas tenían el aspecto de flores observadas”) Pérez-Jofre ha construido para La Gran ‘El aspecto de estar siendo observado’, una muestra en la que ha escogido cinco objetos de su serie ‘Las cosas’ y las ha dibujado con tintes de monumentalidad.

Una bota de montaña ‘Soltera’, una zapatilla deportiva ‘Viuda’ o un flexo en posición de ‘Sumisión’ posan para nosotros y reclaman categoría de personajes. Ya no importa tanto su ser como su estar, la manera como se nos aparecen. Aquí el tamaño sí que importa (los cuadros tienen medidas como 235 x 150 cm., 130 x 250 cm.) porque la mano del dibujante, el gesto de la muñeca, como mucho del brazo, implica ahora a todo el cuerpo y exige un mayor esfuerzo físico. Pero lo que también contribuye, aunque en un principio no sea evidente del todo al espectador, a dar a los objetos esa prestancia es la técnica empleada. Las ‘cosas’ están dibujadas en papel y encoladas posteriormente a la tela.obras-de-perez-jofre

Pero más allá del virtuosismo técnico, que existe, parte del atractivo de la exposición es ir descubriendo el mundo de Pérez-Jofre. Por eso es tan recomendable pasar a la ‘trastienda’ de La Gran, esa especie de gabinete que complementa la ‘parte noble’ de la galería.  Allí, desplegados por la pared están los fragmentos de ese diario íntimo que el artista abre para el que quiera detenerse. Pequeñas acuarelas que nos desvelan tanto de la personalidad del artista como de sus indagaciones. Pérez-Jofre ha ido dando vueltas a la idea de que en realidad “no podemos pintar nada tal como es. No sabemos nada del objeto en sí mismo, sólo del objeto tal como lo percibimos…” Y, por otro lado, esas cosas son algo más que los objetos que están destinados a ser pues “cuentan historias o simbolizan ideas. Se asocian a experiencias, son registros de sucesos pasados o premoniciones de hechos futuros”.

Hace tres años ya supimos del interés de este artista, una de cuyas facetas no menos destacables es su gusto por el dibujo al aire libre que, en su caso, tiene siempre tintes performativos. Aquellos ‘escombros’ que fue dejando por la ciudad con motivo de su anterior exposición vallisoletana, alguno de los cuales ha sobrevivido casi milagrosamente, eran señales de una potente vena creativa de la que ahora conocemos otro capítulo.

(Crítica publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla el 3 de mayo de 2018)

Ver Post >
Una deliciosa ‘Comedia aquilana’, por Nao d’amores

En el teatro, como en cualquier otro aspecto de la creación, hay quien decide abandonar los caminos trillados, las autopistas donde la señalización es clara, las vías rápidas, para adentrarse en vías poco exploradas o incluso desbrozar y abrir sus propios caminos. Si a esta voluntad aventurera se suma talento, sensibilidad y buen hacer el resultado suele ser una obra imprescindible, una pequeña joya a conservar y continuar. Esta es la actitud que eligió la directora teatral Ana Zamora cuando sin pensar en cálculos taquilleros o repercusión mediática sino con verdadera pasión por su trabajo decidió explorar las obras anteriores al teatro clásico: ir a los orígenes de nuestro teatro medieval y renacentista. Y embarcó en ello a una compañía, Nao d’amores, de la que forman parte profesionales procedentes del teatro clásico, los títeres y la música antigua que han logrado ser un conjunto engastado, una orquesta afinada, como demuestra cada vez que pisa los escenarios.prueba-imagen-comedia

La última aventura de esta compañía –después de resucitar obras de Gil Vicente, Lucas Fernández, o adentrarse en piezas enigmáticas como las danzas de la muerte medievales— acaba de estrenarse en el Teatro de la Comedia de Madrid, donde permanecerá hasta el día 11, tras un preestreno en el teatro Juan Bravo de Segovia.

‘Comedia aquilana’ lleva la firma de Bartolomé Torres Naharro, un autor hoy prácticamente olvidado a pesar de haber sido uno de los autores que en el siglo XVI logró mayor difusión para unas obras en las que la fusión de preceptiva teatral y práctica escénica consiguió una gran popularidad. La pieza elegida es una ‘comedia a fantasía’ que está considerada la primera comedia romántica del teatro español.

Una beca artística de residencia de la Real Academia de España en Roma le permitió a Zamora explorar a través de los textos del dramaturgo, autor de la primera preceptiva teatral en lengua romance, “la influencia italiana en el nacimiento de una identidad teatral propia, nacional, aunque con profundas raíces en la cultura teatral europea”, según ha explicado la propia directora. En esa residencia fabricó la urdimbre de este espectáculo que terminó de cuajar en el encierro “casi monástico” de la compañía en la sede segoviana de Nao d’amores, solo que en esta ocasión no estaban solos, sino que han ido de la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

¿Y el resultado? Pues el resultado es una de esas pequeñas joyas que deberían ser de obligada programación tanto en departamentos de Filología de las universidades como en todas las escuelas de teatro superando así una absurda separación a la que también se refiere Ana Zamora en los prolegómenos de este trabajo: “el desajuste entre el campo de los estudios filológicos y la práctica teatral”. ‘Comedia Aquilana’ narra los amores del caballero Aquilano y la princesa Felicina y contiene ya algunos de los elementos de lo que luego serían las señas de identidad de la comedia barroca como los enredos y lances amorosos, la figura de los criados envueltos en una trama secundaria, la utilización sistemática del verso…

Y precisamente lo primero que sorprende y tranquiliza según comienza la acción es la adecuada dicción del verso, la perfecta vocalización de los actores, eso que tanto se echa de menos hoy en día. Zamora ha tomado algunas decisiones como la de mantener algunos giros del castellano antiguo sin lastrar la audición del espectáculo. Por otra parte, los actores no solo ‘dicen’ bien sus papeles, se los ve a gusto en ellos, perfectamente ajustados a su ‘traje’ y al conjunto de los demás personajes. Porque este es quizá uno de los puntos que merecen mayor aplauso en el trabajo de Nao d’amores, la apuesta por ser de verdad una compañía donde músicos, actores, pero también cuerpo técnico, forman un todo en el que nadie intenta destacar por encima de los otros. Y el resultado es magnífico: la música, el movimiento escénico, los actores que cantan, todo fluye sin chirridos ni estridencias. Excelente una vez más el trabajo de Alicia Lázaro en la dirección musical.  Y excelente también el envoltorio dirigido por Henar Montoya, una escenografía y un vestuario alegres, coloristas, divertidos y elegantes pero que, sin necesidad de grandes dislocaciones trasladan al espectador al tiempo en el que estas comedias fueron representadas por vez primera.

‘Comedia aquilana’ hace pasar un buen rato al espectador en la hora que dura el espectáculo. Pero me atrevería a decir que esto es lo de menos. Lo importante es que si este país amara la cultura en general y la cultura teatral en particular esta pieza tendría una larga lista de compromisos por delante.

 

(Crítica publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla, el domingo 4 de marzo de 2018)

La fotografía es de Javier Herrero

Ver Post >
Saskia Moro, armonía y transparencia

LA ARTISTA EXPONE HASTA EL 23 DE FEBRERO EN LA GALERÍA LA MALETA DE VALLADOLID

Ya desde sus años de formación, Saskia Moro (Londres, 19667) se interesó por las técnicas del grabado y en esa especialidad se licenció en Bellas Artes en Madrid. Antes de concluir su licenciatura ya había fundado su primer taller de grabado. Pero no es la única especialidad en la que Saskia se expresa como artista, pues también pinta, realiza instalaciones, practica la cerámica ­–casi una tradición familiar, ya que su madre es ceramista— y construye objetos con diversos materiales. Pero el grabado es la materia de su primera exposición en Valladolid que se inaugura mañana en la galería La Maleta. ‘Gráfica’ es el significativo título de una muestra que se ha convertido en una pequeña retrospectiva de esta artista que vive entre Madrid y Lisboa, y cuyas últimas exposiciones se han llevado a cabo en la capital portuguesa, pero también en Amsterdam y en Madrid.

Las obras presentes en La Maleta han sido seleccionadas entre varias series en las que Moro ha venido trabajando desde los años noventa del pasado siglo hasta la actualidad: ‘Mareas’, ‘Castilla’, ‘Looking South’, ‘Agua y sal’ y ‘Fragmentos’. Una primera lectura de estos títulos, así como los de otras obras sueltas (‘Niágara’) o el título de su última exposición portuguesa, ‘Memoria: entre el cielo y el agua’, dan ya una de las claves de su obra: el agua es un elemento fundamental en su trabajo, tanto si se trata de obras abstractas, como de paisajes más o menos explícitos. La línea del horizonte que separa cielo y mar está presente de forma recurrente en grabados y acuarelas. La geometría resultante de estilizar el paisaje, abstrayéndolo hacia sus líneas elementales es el tema de numerosas obras y últimamente de instalaciones a bases de hilos que llevan las líneas del horizonte y del paisaje al espacio de la galería.fragmentos-turquesa-38x38

Aunque muchas de sus obras tienen reminiscencias de una abstracción lírica que permanece vigente en la obra de muchos artistas contemporáneos, Saskia Moro no puede desprenderse ni quiere de la paisajista que hay en ella, y que se muestra de muy diversas formas. En la serie ‘Castilla’, por ejemplo, tras el explícito título se oculta un estudio del color, del sentimiento que el amarillo o el ocre dominantes en la llanura castellana producen en la artista y que relacionan la serie con otras plenamente abstractas como ‘Fragmentos’.

Por el contrario, en otras ocasiones Moro desarrolla esa mirada a la tierra que la rodea de un modo más concreto (como en su muestra ‘Terras de azeite’, que data de 2009). Este no cerrarse a ninguna posibilidad expresiva es también una constante en su trabajo.

Algunas obras que se pueden ver en la galería vallisoletana proceden de su serie ‘Looking South’ en la que la artista desarrolla otro de sus bloques temáticos preferidos: la relación de los contrarios. En este caso la relación entre las culturas del Norte y el Sur. Piezas como ‘Ibn Zaydum I’ e ‘Ibn Zaydum II’ hacen referencia a la obra del poeta árabe andalusí que vivió entre los años 1000 y 1071 y algunos de cuyos fragmentos aparecen en los grabados de la misma manera sutil como realiza el resto de las obras.06-mareas-vivas-solsticio-de-verano-100x50

El común denominador de las obras seleccionadas en ‘Gráfica’ es el gusto por la técnica de la estampación que para ella tiene que ver con un proceso casi mágico. El resultado de trasladar el motivo de la plancha al papel le produce un placer similar al que encuentra en el proceso de la fotografía analógica. Y el proceso lleva siempre a un resultado en el que la búsqueda de la armonía tanto cromática como de líneas produce en el espectador una sensación de calma. Nada compromete la serenidad con la que estas obras se muestran desde una proyección del color que a menudo tiende a la transparencia. No hay rupturas ni transiciones abruptas ni en el tratamiento del color ni en la disposición de las manchas.

Sutileza es un adjetivo que casa con la totalidad de los planteamientos de Saskia Moro, y vale también para sus instalaciones en las que colores y materiales parecen disponerse hacia esa búsqueda de la armonía que preside su trabajo.

Imágenes: ‘Turquesa’, de la serie Fragmentos. 2005 y ‘Marea viva. Solsticio de verano’, de la serie ‘Mareas’ 2001

(Crítica publicada en la edición impresa de El Norte de Castilla)

Ver Post >
El Musac y la Fundación Cerezales, unidos en un excelente proyecto

'Elñ agua y sus sueños', instalación de Rogelio López Cuenca y Elo Vega en el Musac./El Norte
‘Elñ agua y sus sueños’, instalación de Rogelio López Cuenca y Elo Vega en el Musac. / El Norte

El Musac y la Fundación Cerezales retoman desde el ángulo de los embalses de Riaño y el Porma el origen y las consecuencias de las grandes obras hidráulicas

ANGÉLICA TANARROValladolid

Hubo una época en que la construcción de pantanos se entendió como un signo de progreso y como la única manera de luchar contra la falta de agua en amplias zonas del país y contra el atraso de una España seca y deprimida. Y esta idea, que siempre se asocia a la dictadura de Franco, periodo en el que las grandes obras hidráulicas fueron una constante y un elemento habitual de la propaganda del régimen, hunde en realidad sus raíces en el siglo XIX y emparenta con la corriente regeneracionista. España vivía entonces el fin de un imperio y para autores como Joaquín Costa o Lucas Mallalda la sequía, la falta de terrenos de regadío, estaba en el centro del atraso del país. Transformar en regadíos zonas secas, por un lado, y producir energía eléctrica, por otro, estuvieron en el inicio de esos proyectos hidráulicos que anegaron pueblos, supusieron grandes movimientos de población y no pocas polémicas. Y, en contra de la idea que ha llegado hasta nosotros, esos proyectos abarcaron el reinado de Alfonso XIII, las dictaduras de Primo de Rivera y Franco, la Segunda República y el gobierno democrático encabezado por el socialista Felipe González, durante el cual se recuperó y se llevó a cabo, contra la opinión pública y un buen número de intelectuales y especialistas en ingeniería y medio ambiente, un proyecto que parecía olvidado como fue el embalse de Riaño.

Instalación con fotografías de casas de pueblos inundados en León.
Instalación con fotografías de casas de pueblos inundados en León. / El Norte

Ahora, cuando han pasado décadas desde el último de los grandes pantanos españoles, una exposición conjunta entre el Musac y la Fundación Cerezales Antonino y Cinia plantea una reflexión sobre lo que supusieron dichas obras para la transformación de un territorio y las preguntas que acerca de sus consecuencias, de su real o ficticia utilidad, de la situación actual de dichos territorios y de su futuro, acerca del cual no hay que olvidar las consecuencias del cambio climático, cabe hacerse hoy en día.

Cuando los comisarios de esta muestra, en la que han embarcado a una serie de artistas contemporáneos además de rescatar la obra de artistas del pasado, empezaron a trabajar sobre el proyecto, hace ya más de cuatro años, el agua y su ausencia no estaba en la agenda informativa. Así lo ponían de manifiesto Bruno Marcos y Alfredo Puente durante el acto inaugural que, si ocupó pequeños espacios en los informativos de aquel dos de diciembre pasado, compitió con los muchos minutos que los informativos dedicaban al tema de portada: la sequía y las impactantes imágenes de los embalses vacíos que dejaban al descubierto pequeños esqueletos de lo que un día fueron pueblos con vida.

‘Región (Los relatos). Cambio de paisaje y políticas del agua’ es el largo título de una exposición que sin embargo se inspira en uno mucho más corto: ‘Volverás a Región’, de Juan Benet, el conjunto de relatos que el autor escribió inspirándose en una zona que durante años fue su lugar de trabajo y que quedaría anegada precisamente por uno de los embalses, el del Porma, en el que trabajó como ingeniero. Era la década de los cincuenta y Juan Benet, que empezaba a ser un escritor reconocido, se trasladó junto a su mujer y sus tres hijos a la zona nororiental de la provincia de León para supervisar la construcción del pantano, y quedó atrapado por el territorio y sus gentes a las que dedicó la que está considerada como una de sus mejores obras.

Benet está muy presente en esta muestra, y no solo por el título, sino por los materiales que su familia, en especial sus hijos han prestado: desde mecanoescritos de la obra y primeras ediciones de la misma (una de ellas dedicada de su puño y letra a su madre), hasta otros documentos relacionados con su trabajo, o el polémico artículo en el que muchos años después defendería la construcción de Riaño.

Hay que decir antes de continuar que la exposición encaja en una de las líneas de trabajo, quizá la principal, que caracteriza los proyectos del Musac: la reflexión a través del arte contemporáneo sobre el territorio y sus transformaciones, el papel de la creación en la recuperación de la memoria, y la mirada al futuro desde el compromiso de los artistas del presente. En esta ocasión, ha trabajado con la complicidad de otra institución que comparte su preocupación por este tema: la Fundación Cerezales, auténtico ejemplo de revitalización de un territorio a través de la cultura. La exposición, por otra parte, profundiza en una de las líneas del arte contemporáneo: el rescate documental.

Instituciones como la Confederación Hidrográfica del Duero, el Ministerio de Agricultura, el Museo de León, la Fundación Sierra Pambley, la Asociación de Agricultores Leoneses (1977-1985), la Filmoteca Nacional, y medios periodísticos como Televisión Española o ‘National Geographic’, así como numerosas familias afectadas de una u otra forma por las expropiaciones han abierto sus archivos para prestar desde los proyectos técnicos de las obras de ingeniería, a los expedientes de expropiación, pasando por antiguos documentales del NO-DO, fotografías aéreas de los pueblos afectados o vídeos mucho más recientes sobre las zonas objeto de estudio en la muestra.

En el apartado audiovisual la exposición presenta desde la película ‘La aldea maldita’ filmada por Florián Rey en 1930, cuando el cine en España aún no tenía voz, o el corto procedente del archivo real de Alfonso XIII que muestra al monarca en un día de caza por los Picos de Europa, al célebre ‘El Filandón’ de Chema Sarmiento. Mucho más reciente, del pasado 2017, es el vídeo documental de Raúl Díez Alaejos sobre una acción de Hamish Fulton, considerado uno de los principales artistas del land art británico, que se ha especializado en caminatas por todo el mundo y que organizó una caminata colectiva por una de las carreteras que llevan al borde de las aguas del embalse de Riaño.

En el apartado de objetos curiosos, se pueden encontrar las llaves de numerosas casas sumergidas por este pantano, o el tesoro aparecido durante la sequía de hace dos años en este mismo lugar. Una prospección arqueológica de un yacimiento paleolítico, realizada aprovechando la retirada de las aguas, dejó al descubierto un conjunto de doscientas monedas de plata pertenecientes a la dinastía de los Trastámara y fechadas entre los siglos XI-XII.

Transformación y paisaje

En el aspecto estrictamente artístico, pasado y presente conviven con el mismo engarce que el resto de los apartados de la muestra. Los comisarios han querido mostrar dos obras del considerado padre del paisajismo en España: ‘La cruz’ (Monasterio de Piedra) y ‘Cañada en el Puerto de Pajares’ que Carlos de Haes pintó entre 1872 y 1874 y que presta el Museo del Prado. De la colección del Reina Sofía es ‘Autoridades de pueblo’ (1920) de Valentín de Zubiaurre (reflejo de esa España seca que los regeneracionistas querían rescatar del atraso) y del Museo de la Universidad de Navarra, las fotografías de Ortiz Echagüe, realizadas a comienzos del siglo pasado por uno de los principales exponentes de la fotografía pictorialista española.

Entre los artistas contemporáneos que han prestado o realizado obras exprofeso para esta muestra, figura un nombre ya mítico en nuestro presente como el premio Nacional de Artes Plásticas y premio Velázquez, Isidoro Valcárcel Medina. Este pionero del arte conceptual español presta un imaginativo e irónico ‘Plan de salvación’ para Riaño.

Consagrados y emergentes se dan la mano con obras de distintas técnicas y lenguajes, aunque la mayoría encuadrables en ese territorio fronterizo de la instalación y la vídeoinstalación. Rogelio López Cuenca y Elo Vega proponen un vídeo-ensayo, un vídeo-poema y una tarjeta postal con una reflexión de fondo sobre los excesos de la promoción turística del paisaje. Anne Laure Boyer aporta un ‘Atlas oculto’, una instalación que da cuenta sobre el mapa de los pueblos anegados por pantanos en Europa. Juan Pablo Ordúñez recrea mediante un paseo en barca lo que fue otro pueblo inundado por un pantano, Sant Romá de Sau. Abelardo Gil Fournier rescata en una instalación sonora melodías del viento y canciones populares relacionadas con las tareas del campo. Daniel G. Andújar plasma en ‘Notitia’ noticias y textos cruzados sobre el agua. Carlos Irijalba reflexiona sobre la transformación del paisaje a través de sondeos geotécnicos en la zona de Vegamián, y Manuel Laguillo documenta esa transformación siguiendo los ríos afectados en sus fotografías.

Una exposición tan prolija y documentalmente tan completa que es imposible abarcar en una sola visita. La buena noticia es que permanecerá abierta hasta el 27 de mayo.

Ver Post >
Retratos de la dignidad

PIERRE GONNORD REFLEJA MUNDOS QUE DESAPARECEN, A TRAVÉS DE LA MIRADA DE LOS RESISTENTES

En toda exposición puede haber un denominador común a las obras expuestas, más allá de que hayan salido de un mismo taller o las emparente un objetivo, una intención, una idea en la mente del comisario de turno. Y puede ser más o menos evidente. En ‘Terre de Personne’ (Tierra de nadie) la exposición de Pierre Gonnord que la Fundación Villalar presenta en el vestí­bulo de las Cortes de Castilla y León, ese denominador común es un concepto: la dignidad. La dignidad que emana de todas y cada una de las dieciséis miradas que Gonnord ha fotografiado con su estilo ya conocido, desde que a finales la década de los noventa y primeros años de este siglo empezara a sernos familiar su obra.

processed by AtomJPEG 1.5.0n TFGP.

Dieciséis retratos componen la muestra. Son hombres y mujeres de distintas generaciones y ocupaciones, aunque procedentes todos de un mundo en extinción. Una parte está formada por los rostros de mineros procedentes de zonas del Norte de España donde la minerí­a empieza a ser un recuerdo, o el plan para un nuevo museo o un parque temático. La otra parte la componen ancianos resistentes en zonas rurales marcadas por la emigración y el olvido que permanecieron arraigados a una tierra de tal forma que hombres y mujeres por un lado y tierra por otro se dan sentido mutuamente. Rostros ennegrecidos por el carbón, pero, sobre todo, marcados por la dureza del oficio. Y rostros dibujados por los mismos surcos de la tierra que les ha tallado, hermosos en su desnuda verdad.

Ha contado Pierre Gonnord en torno a esta muestra, que ha sido comisariada por Rafael Doctor, cómo sus series fotográficas se originan con un viaje, “un viaje sin cámara”, lo que distingue el proceso de su obra de la labor de un reportero gráfico. Para llegar a las imágenes que nos atrapan la mirada (quizá a eso se refiera Gonnord cuando habla de estos retratos como espejos) hacen faltan horas de conversación y convivencia más allá de que el artista necesite ganarse la confianza del retratado para acceder a una sesión en la que de alguna manera acabaría desnudo. En esta ocasión el viaje le lleva desde los Ancares a las zonas limí­trofes entre León y Galicia, pero también a Tras os Montes, cruzando la raya que nos separa o nos une con la hermana Portugal. De hecho, las personas aquí­ mostradas serí­an perfectamente intercambiables de un lado a otro de la frontera y nos hablan de lo que nos une como humanos. Y no es mala lección en los tiempos que corren.

processed by AtomJPEG 1.5.0n TFGP.

Con su técnica habitual de fondos negros y sujetos aislados de su entorno, jugando con el claroscuro, uno a uno estos rostros nos desvelan la dignidad del que se sabe único porque se mantiene firme en “su” lugar. Es cierto que el mundo rural que representan duro y pobre, casi miserable pero al mismo tiempo grande en su autenticidad, será poblado en el mejor de los casos (ya que en muchos de los lugares de procedencia de estas fotografí­as la despoblación está llegando a su lí­mite) por nuevas generaciones que lo habitarán en condiciones mucho menos extremas y desde una conciencia global, pero ¿mirarán a cámara (al mundo) con la misma seguridad y entereza que sus padres y abuelos?

Para el autor de estas fotografías el retrato es un asunto clásico. Vemos las ropas oscuras y ajadas de los retratados, pero fácilmente podemos imaginarlos en ropa de corte, tal es la serenidad de su pose. Se ha comparado su obra con la Ribera, incluso con la Velázquez, pero en algunos casos, el poderío del retratado es tal que podrí­amos remontarnos más atrás, a los antecedentes del retrato clásico en la Roma Republicana.

Un catálogo de miradas que nos interpela. Duras, inocentes, retadoras… Eso nos ofrece Pierre Gonnord. Doctor ha seleccionado una exposición breve pero justa, porque merece una visita detenida y una más detenida reflexión.

(Las fotografías de la exposición de Gonnord son de Carlos Espeso)

Ver Post >
Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.