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	<title>Calle 58</title>
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		<title>La cadencia de un director raro</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jun 2013 18:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[(A propósito del cuarenta aniversario de &#8216;El espíritu de la colmena&#8217; de Víctor Erice) &#160; Decir de Víctor Erice que es un director raro no tiene, como puede suponerse, ningún matiz peyorativo, si acaso, todo lo contrario. Es raro literalmente hablando porque le caben prácticamente todas las acepciones que el Diccionario de la RAE aplica]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(A propósito del cuarenta aniversario de &#8216;El espíritu de la colmena&#8217; de Víctor Erice)</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">Decir de Víctor Erice que es un director raro no tiene, como puede suponerse, ningún matiz peyorativo, si acaso, todo lo contrario. Es raro literalmente hablando porque le caben prácticamente todas las acepciones que el Diccionario de la RAE aplica al adjetivo: Se comporta de manera inhabitual (1). Es extraordinario (2), su cine lo es, en grado alto. Es escaso en su clase (3), no hay desde luego muchos cineastas parecidos, ni dentro ni fuera de los límites patrios. Es excelente en su línea (4), sus escasas películas no solo han sido premiadas en certámenes internacionales sino que le han situado junto a la elite de los directores más personales y creativos del cine contemporáneo. Es extravagante (5) y lo será aún más en un mundo dominado por el ruido, quien tiene tan alto el nivel de exigencia que prefiere la inactividad a tener que dimitir, aunque sea levemente, de los presupuestos intelectuales (que no económicos) que animan sus proyectos. Sólo la última de las acepciones ( dícese de un gas enrarecido: «que tiene poca densidad y consistencia») no le cuadra en absoluto. Pues si algo tiene su cine es densidad y consistencia.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">En un mundo en el que todo va cada vez más deprisa, y lo único que se premia es la rapidez en la llegada aunque lo que se comunique a menudo sea fácilmente prescindible, Víctor Erice habla lentamente pero su discurso, sobre todo cuando habla de cuestiones que le importan y el cine es su vida, tiene poco desperdicio. Así las cosas llegará un momento en que se necesite un entrenamiento para escucharlo porque los silencios forman parte importante en su conversación (en un momento, insisto, en el que hasta las comas parecen haberse suprimido de las locuciones) como forman parte importante en sus películas. Pocos directores de cine reflejan tanto en su obra las claves de su personalidad. Erice tiene un discurso lento como lento es su proceso productivo, y no tiene prisa por añadir títulos al curriculum. Bien es cierto que las condiciones de la industria no son las más adecuadas para que directores como él (vamos a decirlo con palabras toscas pero entendibles por todos) poco comerciales tengan posibilidades de llevar a término sus obras. Pero incluso aunque lo fueran, nada nos dice que Erice saliera de ese restringido club de creadores (Rulfo, Rimbaud&#8230;) que con una o, a lo sumo, unas pocas obras han quedado para la historia de sus respectivos ámbitos. En España y sin salirnos del ámbito cinematográfico, tendríamos el ejemplo de José Luis Guerin con el que comparte amistad y muchas afinidades creativas. (Comparten incluso esa lentitud en su discurso).</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">Son tan esporádicas sus apariciones que para muchos Víctor Erice está retirado. Y sin embargo su actividad no ha cesado de generar proyectos. El espejismo se debe a que su carrera está marcada por los tres largometrajes que hasta la fecha ha estrenado. ‘El espíritu de la colmena’, su primer filme en el que (con un proyecto destinado a ser otra cosa) dio ya muestras de su personalidad; ‘El sur’, una belleza de película de densos silencios y sobrecogedora melancolía, cuya segunda parte nunca pudo ver la luz por desavenencias con su productor, Elías Querejeta; y ‘El sol del membrillo’, película clave no solo para entender a Erice y su cine.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">Si un libro como ‘Cartas a un joven poeta’ de Rilke, debería ser un libro de cabecera para todo aquel que pretenda adentrarse en los derroteros de la poesía y su práctica, ‘El sol del membrillo’, película en la que refleja el proceso creativo del pintor Antonio López (otro raro, otro creador lento e irreductible) debería figurar en los planes de estudio de cualquier enseñanza artística, no solo cinematográfica. De qué hablamos cuando hablamos de arte, para quién o para qué trabaja un creador, puede un artista manejarse con el mundo si cuestiones como la luz que se posa en el objeto representado puede parar la ejecución de la obra sine die&#8230; son preguntas que subyacen en la película que, además, tiene su propio y sólido discurso fílmico estrechamente ligado al </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">anterior.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/06/GF0Y6XV11.jpg"><img class="alignright  wp-image-469" title="DOCU_GRUPO" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/06/GF0Y6XV11-300x184.jpg" alt="" width="514" height="315" /></a></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-size: medium;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;">Y no es que Víctor Erice haga películas de tesis, nada más lejos de la realidad, pero si su cine es lo que es se debe fundamentalmente a que él es un director con discurso. Y eso es otra rareza entre los directores españoles más jóvenes. </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">El que reniegue de «mitos» como el de las cinematografías nacionales le distancia definitivamente de muchos colegas dispuestos a defender el cine español por el hecho de ser eso, español, sea cual sea su factura. Para Erice ni siquiera se puede hablar a estas alturas de un cine europeo versus cine estadounidense (¿de qué cine europeo estamos hablando? ¿o a qué imagen de Europa quiere responder esa etiqueta?) se ha preguntado varias veces en público. Como, en su opinión, también es un mito a estas alturas hablar de cine de arte frente a industria, o cine de autor frente a cine de productor. Cuestiones éstas en la que nuevamente está de acuerdo con el autor de ‘En la ciudad de Sylvia’.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">Pero en lo que ambos cineastas han sido precursores –al menos aquí– y maestros ha sido en saltar la siempre inestable barrera de los géneros. ‘El espíritu de la colmena’ documenta mejor que cualquier testimonio ‘histórico’ cómo era en su médula espinal la España inmediatamente posterior a la Guerra Civil, igual que en ‘El Sur’ se comprueba una vez más cómo el silencio en su versión más oprimente era el envolvente de una sociedad que tardaría, si es que lo ha hecho, en resolver sus heridas. Y en el camino contrario, qué decir del aliento creativo de algunos proyectos en principio ‘no narrativos’ como el episodio de las cartas que se ha cruzado con otro cineasta de raza como Abbas Kiarostami.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Regular;"><span style="font-size: medium;">Erice es un director de cine ‘desaprovechado’. Su obra está demasiado oculta para lo necesario que es un punto de vista de un creador irreductible. </span></span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Artículo publicado en La Sombra del Ciprés, del sábado 8 de junio de 2013.</p>
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		<title>Horacio Quiroga: La obra por encima del personaje</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Jun 2013 14:23:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<description><![CDATA[(A propósito de la publicación por Menoscuarto de sus novelas breves, bajo el título &#8216;El devorador de hombres&#8217;) Sería fácil intentar adivinar en la profunda e inquietante mirada que Horacio Quiroga exhibe en las fotografías que de él se han publicado, sobre todo cuando la edad iba dejando rastro en sus ojos y en sus]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>(A propósito de la publicación por Menoscuarto de sus novelas breves, bajo el título &#8216;El devorador de hombres&#8217;)</strong></p>
<p>Sería fácil intentar adivinar en la profunda e inquietante mirada que Horacio Quiroga exhibe en las fotografías que de él se han publicado, sobre todo cuando la edad iba dejando rastro en sus ojos y en sus pómulos cada vez más hundidos, el reflejo de las tragedias que tuvo que ir sorteando –como sorteaba obstáculos en el paisaje selvático que eligió para vivir o como se los hacía sortear a sus personajes instalados en el Mato Grosso o en Bengala–, a lo largo de su vida. Si en vez de nacer en la localidad uruguaya de Salto en 1878, hubiera nacido en nuestros días y, sin ir más lejos, en nuestro país, sería carne de ‘reality’, le tentarían las cadenas más sensacionalistas,  su personaje probablemente se ‘comería’ al escritor como las bestias salvajes de sus relatos intentan comerse a los humanos. El morbo habría tapado su obra, como tapa la selva cada cierto tiempo los caminos débilmente asfaltados por el hombre. Afortunadamente para él, ni el ruido de las balas que se llevaron de este mundo vidas que le eran próximas, ni el rastro del cianuro que acabó con la suya cuando decidió escribir la palabra ‘fin’ han podido con la fuerza de su escritura. Decir Horacio Quiroga es hablar de un maestro de la narrativa corta, el eslabón no perdido entre el gran Poe y los grandes contemporáneos nuestros que siguieron su estela y reconocen su maestría.<br />
Hace nueve años una entonces recién nacida editorial palentina que pugnaba por hacerse hueco en la especialidad de la narrativa corta hizo algo así como una declaración de principios y editó ‘Cuentos de amor de locura y de muerte’. Fue un hito para el sello Menoscuarto y hoy, con el libro prácticamente agotado, sigue siendo uno de sus mayores aciertos.<br />
En el 2009 Quiroga volvió al catálogo de la editorial, esta vez en la colección ‘Entretanto’ donde aparecieron dos relatos breves, ‘Anaconda’ y ‘El regreso de Anaconda’.<br />
La editorial, a punto de cumplir su décimo aniversario, cierra ahora el círculo horaciano sacando a las librerías ‘El devorador de hombres’, con seis de sus novelas cortas. La que da título al libro, más ‘Las fieras cómplices’, ‘El mono que asesinó’, ‘El hombre artificial’, ‘El remate del Imperio romano’ y ‘Una cacería humana en África’.<br />
En el volumen de los cuentos (que pide a gritos una nueva edición), el poeta y novelista Andrés Neuman dejaba las cosas bien sentadas en un ensayo preliminar: «Quiroga fue el primer autor latinoamericano en elevar el cuento a la categoría de género específico, el primero en objetivar una técnica más o menos concreta y en reflexionar sobre ella».<br />
Tiempo originario<br />
En el de las novelas, Luis Alberto de Cuenca, apasionado poeta y erudito conocedor de la literatura de corte fantástico proclama su admiración por unos textos cuya lectura hace que nos instalemos en «el Tiempo originario, donde no fluye el tiempo que nos mata, donde no envejecemos». Y reivindica su valor literario que no desmerece, a su juicio, el de los cuentos, considerados lo mejor de su obra.</p>
<p><a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/06/A9-875144246.jpg"><img class="alignright  wp-image-464" title="Horacio_Quiroga_1897.jpg" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/06/A9-875144246-212x300.jpg" alt="" width="365" height="516" /></a>Uno de los aciertos de la recuperación de ‘Cuentos de amor&#8230;’ fue la inclusión en el volumen de un anexo que recogía algunos textos ‘teóricos’ de Quiroga en torno a la escritura. Al manual y los ‘trucs’ del perfecto cuentista se sumaba su célebre decálogo. Su  quinto mandamiento pone negro sobre blanco algo bastante conocido, pero no por ello menos susceptible de recordar: «No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas».<br />
Quiroga fue siempre fiel a este mandato. Algunos de sus cuentos tienen comienzos ‘de libro’: «Concluía el primer acto de ‘Tristán e Isolda’. Cansado de la agitación de ese día, me quedé en mi butaca, muy contento de mi soledad. Volví la cabeza a la sala, y detuve en seguida los ojos en un palco bajo», (‘La muerte de Isolda’). «Ninguna época de mayor alegría que la que nos proporcionó a María y a mí , nuestra tía con su muerte», (‘Nuestro primer cigarro’.)  Y el contundente: «Su luna de miel fue un largo escalofrío», perteneciente al que ha sido considerado como uno de sus mejores cuentos, ‘El almohadón de pluma’.<br />
La misma atención al arranque que muestra en las novelas de ‘El devorador de hombres’. «La rata yacía inmóvil, patas arriba, entre las blancas manos de Donissoff. Los tres hombres con la respiración suspendida, estaban doblados sobre el animal tendido sobre la mesa», ( ‘El hombre artificial’). «En el año 193 del Imperio romano, un transeúnte de la capital se entretenía en arrancar a uno un ojo, en quebrar a otro los dientes con una piedra, en mutilar vergonzosamente a un tercero –todo esto por mero pasatiempo cuando se aburría», ( ‘El remate del Imperio romano’). «Yo Rajá, tigre real de Bengala, voy a contar en lenguaje humano cómo me vengué de mi dueño, el domador Kimberley, que me amansó», de ‘El devorador de hombres’.<br />
Lo que viene a continuación ‘entretiene’ como el pasatiempo del romano, y mucho más: introduce en una atmósfera a menudo inquietante, en ocasiones cruel, siempre algo sombría y un punto fantástica. El traje con el que se visten estas historias es siempre un lenguaje económico, preciso (salvo raras excepciones retóricas que nos recuerdan un tono folletinesco y el tiempo en que se escribieron) lo que le emparenta con el modo de hacer del periodismo, y eficaz a la hora de dosificar el misterio, lo que recuerda los cuentos de tradición oral y nos hace imaginar el buen papel que Quiroga haría en un típico filandón.<br />
Con esos elementos, el autor de ‘La insolación’ urde unas historias que atrapan de principio a fin<br />
Como ocurre con los cuentos, en sus novelas es frecuente la presencia de los animales y su condición de acompañantes obligados o de oponentes al género humano. Animales y bestias cruzan sus destinos con desigual fortuna, ya sea en la inmensidad de la selva amenazante, en un zoológico o en un laboratorio&#8230;<br />
Vuelvo a las fotografías de Horacio Quiroga y a su mirada que se fue endureciendo sin perder profundidad. En una de ellas aparece Alfonsina Storni, mirando a cámara con expresión ausente o, mejor dicho, con la mirada fija en algo que el espectador no puede adivinar, probablemente porque está más allá de lo tangible. Curioso destino común (la enfermedad y el suicidio) para una pareja de escritores que compartieron amistad y según otras fuentes, una relación más estrecha.<br />
Cuando la poeta argentina supo de la muerte de su amigo y compañero le escribió un poema que anunciaba la suya propia: «Morir como tú, Horacio, en tus cabales,/ y así como siempre en tus cuentos, no está mal;/un rayo a tiempo y se acabó la feria &#8230;/ Allá dirán.// No se vive en la selva impunemente,/ ni cara al Paraná./ Bien por tu mano firme, gran Horacio &#8230;/ Allá dirán.// ‘No hiere cada hora –queda escrito–, nos mata la final.’/ Unos minutos menos &#8230; ¿quién te acusa?/ Allá dirán. //Más pudre el miedo, Horacio que la muerte/ que a las espaldas va./ Bebiste bien, que luego sonreías &#8230;/ Allá dirán.// Sé que la mano obrera te estrecharon,/ mas no si Alguno o simplemente Pan,/ que no es de fuertes renegar su obra &#8230;/ (Más que tú mismo es fuerte quien dirá.)».<br />
Definitivo.</p>
<p>(Artículo publicado en La Sombra del Ciprés, suplemento literario de El Norte de Castilla</p>
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		<title>Franca Rame</title>
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		<pubDate>Fri, 31 May 2013 10:58:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Franca Rame. Un nombre sonoro, contundente, de una mujer ‘sonora’ y contundente. Y sin embargo uno de esos nombres que hay que aclarar con otro nombre, también sonoro y también contundente. ¿Quién dices?, Franca Rame, ‘la mujer de Darío Fo’. Parece una ironía del destino que una mujer tan luchadora a favor de los derechos]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;">Franca Rame. Un nombre sonoro, contundente, de una mujer ‘sonora’ y contundente. Y sin embargo uno de esos nombres que hay que aclarar con otro nombre, también sonoro y también contundente. ¿Quién dices?, Franca Rame, ‘la mujer de Darío Fo’. Parece una ironía del destino que una mujer tan luchadora a favor de los derechos de la mujer, no pudiera nunca dejar de ser ‘la mujer de’, como si las circunstancias jugaran a favor de ese aserto tan machista que, por cierto, no sé si tiene autor conocido y que desde luego ha desterrado del uso cotidiano la corrección política: «detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer». </span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;">Hay dos cosas que pueden mantener joven a una mujer (y a un hombre, por supuesto). Una, la cirugía plástica (de perversos efectos secundarios para la sonrisa y el gesto en general). La otra: no claudicar. No sé si Franca Rame se hizo algún ‘arreglo’ en su físico pero está claro que no claudicó. No claudicó de la vida que, en su caso, transcurrió siempre por la orilla de la lucha. El activismo político, el</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;"> activismo feminista, el activismo cultural. <a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/05/GF053FF1.jpg"><img class="alignright  wp-image-459" title="ITALY DARIO FO" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/05/GF053FF1-300x259.jpg" alt="" width="443" height="372" /></a></span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;">Ella y su marido formaban una pareja de teatro. El teatro fue su vida. Y al tiempo encarnaban el tipo de artista que considera que la creación debe mirar alrededor, y diseccionar con un afilado cuchillo los males del tiempo presente. Lo hicieron en ‘Aquí no paga nadie’ cuando la inflación asolaba Italia (qué oportuna obra para los tiempos que corren, por cierto); lo hicieron en ‘La violación’, para denunciar la violencia sexual contra las mujeres, una vez que la propia Franca Rame la hubiera sufrido en sus carnes sin que los culpables fueran nunca condenados; lo hicieron en ‘Pareja abierta’ (divertidísimo texto) a raíz de una crisis en su relación; lo volvieron a hacer en ‘Una mujer sola’. Y tantas veces&#8230; Escribieron decenas de obras de teatro a cuatro manos, y a cuatro manos mantuvieron su compañía, una vida entera dedicada por completo a la creación que tuvo compensación con el Nobel solo a una parte de la pareja. Por supuesto, a él.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;">No sé por qué (o mejor, sí lo sé) pensé en María de la O Lejárraga cuando me enteré de la muerte de Franca. Dos mujeres muy distintas y de vidas muy distantes, pero que compartieron algunas circunstancias: la más notoria, su dedicación al teatro. Como a estas alturas casi todo el mundo sabrá, Lejárraga fue la autora de las obras de teatro que firmaba en solitario su marido, Gregorio Martínez Sierra, y con las que triunfó en España y fuera de nuestro país. Ella aceptó esta situación, incluso cuando su marido la dejó por Catalina Bárcena, primera actriz de la compañía que habían fundado juntos. María Lejárraga siguió escribiendo para su famoso marido y atendiendo sus apremiantes requisitorias cuando se acercaba la fecha del estreno.</span></span></span></p>
<p><span style="color: #000000;"><span style="font-family: Brioni Text Std Extra Light;"><span style="font-size: medium;">Muchas cosas cambiaron deprisa en las últimas décadas del siglo XX, pero ahora muchos de los logros conseguidos en todos los ámbitos (político, social, jurídico) se van desmontando también a gran velocidad. La diferencia entre un tiempo y otro es que ahora nos faltan referentes como el que encarnaba la pareja Fo-Rame a la que nadie puede negar (probablemente ni sus muchos detractores) su contribución al avance social.</span></span></span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Artículo aparecido en mi columna semana &#8216;Días nublados&#8217;</p>
<p><em>(En la foto de Alessandra Tarantino, Franca Rame y Darío Fo caracterizado como Berlusconi, en la sátira &#8216;L&#8217;Anomalo Bicefalo)</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Los ojos del editor</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Apr 2013 19:48:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<post_tag><![CDATA[Fotografías de escritores]]></post_tag>
		<post_tag><![CDATA[Mario Muchnik]]></post_tag>

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		<description><![CDATA[SOBRE LA EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS DE MARIO MUCHNIK EN VALLADOLID Si miramos detenidamente la foto que Mario Muchnik hizo de Borges, allí, en la Argentina, en el país que fue el país originario de ambos, comprobaremos que probablemente ningún otro fotógrafo haya captado, no ya la esencia borgiana, sino su literatura en una imagen fotográfica.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>SOBRE LA EXPOSICIÓN DE FOTOGRAFÍAS DE MARIO MUCHNIK EN VALLADOLID</strong></p>
<p>Si miramos detenidamente la foto que Mario Muchnik hizo de Borges, allí, en la Argentina, en el país que fue el país originario de ambos, comprobaremos que probablemente ningún otro fotógrafo haya captado, no ya la esencia borgiana, sino su literatura en una imagen fotográfica. La foto, como los cuentos del autor de ‘El Aleph’, es una extraña mezcla de magia y misterio y, como ocurre con los mitos, y Borges lo es, no se sabe muy bien, contemplándola, si el personaje es real o es un ser fantasmal llegado de alguna dimensión inaccesible. Me cuenta por teléfono el autor, desde su casa de Madrid, que cuando Italo Calvino vio esa foto dijo «la foto de un ciego en una biblioteca de libros ciegos» (aludiendo a que el tiempo había borrado las letras de los lomos de los libros que arropan al maestro de la escritura).<br />
Así es una conversación con Muchnik: un paseo por el que cualquiera puede toparse con Umberto Eco, o con Ernesto Sábado, o con García Márquez, o con Francisco Ayala&#8230; Personajes que fueron mucho más que autores de su ‘cuadra’, acabaron siendo amigos, como Julio Cortázar. Ah! La foto de Julio&#8230; «En realidad son dos retratos y la autoría es de los dos». Lo dice Muchnik porque en el reflejo de esas extrañas gafas de sol que lleva puestas el niño grande que siempre fue el autor de ‘Rayuela’ se refleja el fotógrafo. Un doble autorretrato en los ojos de quien tanto supo ver la realidad al otro lado del espejo&#8230;<br />
Y qué me dicen del retrato de Simone de Beauvoir. Si no la conociéramos, diríamos que es una entrañable madre de familia, una dedicada ama de casa que ha bajado a la compra y ha aprovechado unos minutos de respiro para tomar un café en la terraza de la esquina. Y ‘solo’ fue la intelectual que puso las pilas del feminismo a varias generaciones de mujeres, la escritora, la propulsora de empresas culturales, la rebelde con causa cuyo nombre quedó unido a los de Jean Paul Sartre o Nelson Algren.  Ahí está, con su eterno turbante blanco y las manos en el pecho jugueteando con su collar, evidenciando ante el fotógrafo los restos de la mujer burguesa que era por origen y educación.<br />
Hay que haber apretado millones de veces el obturador de una cámara para conseguir plasmar en un ‘instante robado’ lo que está más allá de la apariencia y lo que hay detrás de ese instante. Y es que Muchnik (Buenos Aires, 1931)  fue fotógrafo antes que fraile, digo que editor. Con cinco o seis años ya era propietario de una Kodak, «una de esa cámaras de cajón, donde todo era fijo». Quizá por pertenecer a la época de la pre-revolución tecnológica tiene ideas muy firmes acerca de ésta.<br />
Si se le pregunta, por ejemplo, por qué siempre en blanco y negro, se entra en el terreno de la filosofía y la respuesta podría dar para una clase o una conferencia, pero, en   resumen, tiene que ver con el «contenido moral de la fotografía», con el hecho de que  su pretensión no sea reflejar  ninguna realidad, más que una realidad abstracta moral.   Ypor lo antes descrito, a fe que lo consigue.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/04/NF0B4OA11.jpg"><img class="alignright  wp-image-453" title="DOCU_NORTECASTILLA" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/04/NF0B4OA11-300x209.jpg" alt="" width="436" height="303" /></a></p>
<p>«No hay ninguna foto memorable que sea en color. Si pienso en mi estantería repleta de libros de fotografía puede que en total haya en ellos tres o cuatro fotos memorables en color. Pero si pensamos en fotos memorables, esas fotos como la del miliciano cubano sentado con su fusil ante una mesa, o los retratos de Neruda o Giacometti de Cartier Bresson&#8230; o tantos otros&#8230; son todos en blanco y negro».<br />
El color, insiste, está bien para la pintura. «El color me distrae. Cuando he intentado hacer fotos en color, al final, no me dicen nada. El pintor es mejor en eso. El pintor puede dar el color que quiera a cualquier zona del cuadro. El fotógrafo no se lo puede permitir porque está esclavizado por la realidad. Creo que a eso se refería Cartier Bresson cuando decía que la fotografía no es un arte sino una artesanía».<br />
Nunca se ha separado de su Leica y tampoco se ha rendido a los avances instrumentales. De nuevo sale a la conversación Cartier Bresson: «Una vez corría para reflejar un acontecimiento con su cámara de siempre (nunca usó cámaras de más allá de 35-50 mm) y a su lado corría un joven con uno de esos objetivos de 400 mm&#8230; Y Cartier Bresson le miró y le dijo ‘con eso no harás jamás una foto memorable’. Y es verdad, conozco pocas fotos memorables hechas con un teleobjetivo».<br />
Exposición<br />
Hablamos de sus fotos porque la sala del Teatro Calderón de Valladolid, de la Fundación Municipal de Cultura, acoge desde el viernes una amplia colección de esos ‘Instantes robados’. Un titulo que viendo las imágenes tiene todo el sentido. El que le daban algunas culturas antiguas a ese diabólico invento de la cámara. Como aquellos hombres y mujeres que pensaban que si se dejaban fotografiar les sería robada el alma, aquí está el espíritu de los retratados, en la mano franca de Jorge Guillén, en el gesto resuelto de Alejo Carpentier, o en la mirada inquisitiva de Bioy Casares.<br />
Cuando mira sus fotografías en alguna de las exposiciones que se han hecho de su vocación paralela todavía ve detalles que no había visto cuando las sacó.<br />
«Mi conclusión es que las fotos nunca están hechas antes de ser plasmadas en algún soporte. De alguna manera, los negativos son un asunto abstracto, lo que uno ve es la foto impresa&#8230; Y sí, cuando las miro, veo cara a cara a tantos amigos que ya no están, Cortázar, Borges, Bioy Casares, rostros que se pierden en la noche de los tiempos y eso me produce dolor&#8230; Como me dijo un día Calvo Serraller, las fotografías son como un rito fúnebre&#8230;»<br />
Pero no lo fueron en el instante de ser tomadas y eso es lo que cuenta. Ver a Alberti en plenitud en su taller o la sonrisa de Ana María Matute, o la vitalidad de Francisco Ayala  con el ánimo dispuesta a una suculenta comida.<br />
Ha dejado de editar. No le gusta lo que está pasando en el mundo de la edición, la afición por ganar dinero a base de best sellers&#8230; Tampoco confía en el e-book, piensa que no tendrá mucho recorrido. Que el libro, tal como hoy lo conocemos, es un invento perfecto, pero un invento que extiende sus orígenes al Imperio Romano&#8230; Pero de alguna manera sigue al pie del cañón porque no ha perdido la curiosidad. Fruto de ella son estas imágenes que se podrán ver del 12 de abril al 13 de mayo. Los lectores podrán encontrarse con muchos miembros de su extensa familia.</p>
<p>(Artículo publicado en el suplemento literario La Sombra del Ciprés)</p>
<p>La fotografía de Mario Muchnik en la sala del Teatro Calderón de Valladolid  es de Ramón Gómez</p>
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		<title>Castilla y León resiste en Arco</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Feb 2013 17:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
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		<description><![CDATA[Un año más la galería salmantina Adora Calvo será la única representante de Castilla y León en Arco. La Feria Internacional de Arte de Madrid abrirá sus puertas el próximo miércoles con la mirada puesta en el incremento del IVA que pondrá las cosas más que difíciles a las galerías españolas. De los 201 galeristas]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un año más la galería salmantina Adora Calvo será la única representante de Castilla y León en Arco. La Feria Internacional de Arte de Madrid abrirá sus puertas el próximo miércoles con la mirada puesta en el incremento del IVA que pondrá las cosas más que difíciles a las galerías españolas. De los 201 galeristas presentes en esta edición,  apenas un tercio son nacionales y solo una radica en Castilla y León.<br />
«Arco sigue siendo un buen escaparate. Ser seleccionado es un reconocimiento y una cuestión de prestigio, y hace visible el proyecto de la galería. También es muy importante para los artistas», afirma Adora Calvo que este año lleva como artista destacado a Mitsuo Miura.<br />
La presencia del artista japonés, afincado en España, en este escaparate internacional se puede considerar el prólogo de la muestra retrospectiva que el Reina Sofía le dedicará el próximo mes de marzo en su sede del Palacio de Cristal del Retiro.<br />
Para la directora de la galería salmantina, Miura encaja a la perfección con la línea conceptual de su proyecto por su papel clave en el desarrollo de los minimalismos conceptuales. En este sentido destacan también la presencia del escultor y profesor de Bellas Artes de Salamanca Fernando Sinaga y de Juan Hidalgo, ambos pioneros en el desarrollo de esta tendencia en nuestro país.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/AURA-TRECE.jpg"><img class="alignright  wp-image-448" title="AURA TRECE" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/AURA-TRECE-200x300.jpg" alt="" width="282" height="422" /></a><br />
Entre los seleccionados por la galería, el vallisoletano Diego del Pozo, interesante en este contexto por su reformulación de lo conceptual trasladándolo a cuestiones relacionadas con las estrategias políticas o las cuestiones identitarias. También presenta su stand la obra de Ignacio Llamas, artista bien conocido en Valladolid por sus exposiciones en la antigua Caracol y que actualmente protagoniza una de las exposiciones del Patio Herreriano.<br />
Por último, la galería presenta las obras de la brasileña Anaisa Franco y la taiwanesa Liao Chi-yu con las que se pretende «hacer visible el trabajo de artistas emergentes internacionales en su diálogo con el contexto español».<br />
En cuanto a las perspectivas de cara a la feria, Adora Calvo no quiere ser muy pesimista a pesar de ser consciente del momento tan complicado que atraviesa el mercado.<br />
«En las últimas décadas habían surgido colecciones muy interesantes en el ámbito de las empresas y este ha sido precisamente un sector muy castigado por la crisis, hasta el punto de que en algunos casos han tenido que echar mano de sus colecciones para sobrellevar la situación. Pero esperemos que los museos sigan necesitando ampliar y completar sus colecciones. Por otra parte, está surgiendo un coleccionismo joven muy interesante. Hay jóvenes que están comenzando a coleccionar quizá con pocos recursos pero con mucho entusiasmo y pasión por el arte y ahí se abre una vía muy interesante».<br />
Como lo es, a su juicio, el hecho de que surjan ferias paralelas a Arco, aunque su origen sea el malestar por una feria que para muchos es coto cerrado. «Creo que las cosas se van normalizando. En torno a las grandes ferias internacionales, léase Basilea, Miami, surgen ferias paralelas donde exponen artistas emergentes. Y eso es buen porque todos no podemos estar en la misma feria. A veces pasan más cosas en las periféricas».<br />
Fuera del stand de Adora Calvo (Pabellón 8, stand D11) el rastro de los artistas de Castilla y León estará disperso. En la Galería Nuble de Santander (Pabellón 10, stand C08) encontramos a un habitual de la feria: el segoviano Alberto Reguera presenta una instalación pictórica que ahonda en su línea de investigación sobre la interacción de la pintura y el espacio. Compuesta por varias pinturas objeto, trabajadas por todas sus caras, está dispuesta sobre un soporte transparente para dar idea de pintura en suspensión y efecto tridimensional. Su título ‘Campos de visión’ alude a las diferentes visiones que el espectador tendrá de la pieza según el ángulo que elija para su contemplación.<br />
Gestos y procesos<br />
También en esta galería encontraremos la obra de Eduardo Hurtado (Valladolid, 1986).  ‘Here are diamonds (Haitz eta Ur) es el título de una instalación en la que ha venido trabajando en los dos últimos años tanto en Bilbao, donde tiene su taller, como en Islandia y Portugal. Hurtado reflexiona sobre los procesos educativos, los espacios de instrucción y la asimilación de los gestos corporales. <a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/Diego-del-Pozo.-2.jpg"><img class="alignleft  wp-image-449" title="Diego del Pozo. 2" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/Diego-del-Pozo.-2-300x176.jpg" alt="" width="397" height="232" /></a><br />
El aura de las cosas<br />
A otro habitual de Arco, Ángel Marcos (Medina del Campo, 1955), hay que buscarlo en la galería vienesa Hilger Modern Contemporary donde presenta tres cajas de luz y dos fotografías realizadas en el Cañón del Colorado y en el Valle de la Muerte, durante su reciente estancia en Estados Unidos. Marcos ha seguido las enseñanzas de Walter Benjamin en torno al aura de las cosas y ‘Aura’ se llama este trabajo en el que el artista medinense ha procurado «seguir con calma el perfil de una cordillera en el horizonte o una rama que arroja su sombra sobre el que reposa» para capturar su aura tal como preconizaba el filósofo alemán. Y aunque en ellas no aparezca la figura humana, consiguen transmitir esa sensación de poder de la Naturaleza que era el leit motiv de tantos paisajes románticos.<br />
La abulense afincada en Londres Saelia Aparicio (1982) hará doblete esta semana en la capital de España, ya que además de en Arco, su obra estará presente en Just Madrid. A Arco la lleva la galería murciana Art Nueve (Pabellón 8, stand A08) con la que trabaja desde 2009 donde presentará cinco dibujos realizados en tinta y acuarela sobre papel. En ellos aparece de nuevo el personaje de Johnny, presente en trabajos anteriores de esta artista, y que solo es un pretexto para reflexionar sobre «la veracidad del contenido de la memoria». ‘No puedo acordarme de tu cara’, ‘Johnny triste, Johnny, contento’, son algunos de los títulos de sus dibujos con los cuales se pregunta sobre la construcción de los recuerdos distorsionando un rostro al tiempo anónimo y cercano a su propia biografía.<br />
Aparicio ha realizado ya varias exposiciones individuales combinando la escultura y el dibujo, los lenguajes en los que desarrolla su creatividad. Dos proyectos la llevarán este año a Valladolid. En la galería Javier Silva colgará una exposición individual y también tendrá una intervención en el Patio Herreriano.<br />
En la galería José Robles (Pabellón 8 stand B07) encontraremos la obra del segoviano Javier Fresneda. Este artista, que vive entre México y Madrid, define su trabajo como «una respuesta comunicativa a mi entorno, un modo de proponer y compartir actitudes». Sus obras comienzan a menudo como un dibujo y terminan como una instalación que interviene en el espacio urbano con materiales de oficina, naturales o industriales, relacionados entre sí.<br />
En Arco presenta la instalación ‘Future Studies’, compuesta por una serie de C-prints y una escultura en bronce y la escultura ‘Halcyon’.<br />
Pero no todo son artistas emergentes. La Galería Oriol de Barcelona (Pabellón 8, stand F04) presenta una selección de óleos de Esteban Vicente (Segovia 1903, Nueva York, 2001). Una oportunidad para ver obra de uno de los grandes, algo que siempre se puede hacer en su museo segoviano.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En las imagánes obra de Ángel Marcos y Diego del Pozo</p>
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		<title>Veneno sólo para adictos</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Feb 2013 19:16:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<description><![CDATA[LA REVISTA VENENO, VINCULADA AL LLAMADO &#8216;GRUPO DE VALLADOLID&#8217;, HA CUMPLIDO 30 AÑOS ¡Y SIGUE!. EN &#8216;LA SOMBRA DEL CIPRÉS&#8217; CELEBRAMOS EL CUMPLEAÑOS Y SOBRE TODO LA SUPERVIVENCIA Hay algo táctil, emocionante y hasta misterioso en la acción de desdoblar un folio cuando sabemos que dentro espera un poema. Es en sí una acción poética.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>LA REVISTA VENENO, VINCULADA AL LLAMADO &#8216;GRUPO DE VALLADOLID&#8217;, HA CUMPLIDO 30 AÑOS ¡Y SIGUE!. EN &#8216;LA SOMBRA DEL CIPRÉS&#8217; CELEBRAMOS EL CUMPLEAÑOS Y SOBRE TODO LA SUPERVIVENCIA</p>
<p>Hay algo táctil, emocionante y hasta misterioso en la acción de desdoblar un folio cuando sabemos que dentro espera un poema. Es en sí una acción poética. De pequeños pero significativos detalles como éste está hecha la revista &#8216;Veneno&#8217;. Treinta años, varias &#8216;sedes&#8217;, 177 números&#8230; son sus credenciales. “Una historia de supervivencia” dice Francisco Aliseda, su alma mater, el que ha mantenido viva la llama, a pesar de las vicisitudes y de los cambios de residencia, para que algo tan frágil (lo es siempre una revista de poesía, ésta, además, lo es por su concepción material) se mantenga. Se mantiene también porque desde siempre ha sido una empresa colectiva.</p>
<p>A Francisco Aliseda, Egidio Huerga y Secundino Naves pertenecen las manos que empezaron a doblar &#8216;venenos&#8217;, una lejana tarde de verano de 1983 en Palencia, aunque hasta el traslado de Aliseda primero a Bilbao y luego a Andalucía siempre se imprimió en Valladolid, en Reprografía Mata, por más señas. Doblar un folio en cuatro partes esa era la contracultural acción que encendía los motores por los cuales llegaba a puntos bien dispares de la geografía en una época en que imprimir tenía como apellido el sistema &#8216;off set&#8217; y el correo, sobre y sello incluido, era la vía de comunicación por la que se hacía llegar el veneno a los adictos.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/veneno-1.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-442" title="veneno 1" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/veneno-1-206x300.jpg" alt="" width="206" height="300" /></a></p>
<p>Porque siempre, salvo la penúltima etapa en la que estuvo vinculada al Centro de Poesía Visual de Peñarroya, la revista se hizo a mano, una por una, y todas distintas. Ahora se diría &#8216;tuneadas&#8217;. Ningún propietario de un número atrasado (se guardan como un tesoro, me consta y sus propietarios forman un club o una secta literaria casi secreta) tiene el mismo número. Son las mismas palabras, son las mismas ilustraciones, tienen la misma la maqueta pero en todas hay algo que las personaliza. 200 veces &#8216;personalizadas&#8217;. Podía ser un billete de metro, una hoja de álamo, una pequeña flor, un paquete arrugado de tabaco Jean, un trocito de madera, uno de esos modelos recortables que usaban las niñas para vestir a sus muñecas de papel. El pintor y grabador Marco Temprano tuvo la paciencia de pintar 200 pequeñas piedras y convertirlas en unas sorprendentes mariquitas, para uno de eso milagros primerizos.</p>
<p>Pegadas a cada número hay pequeñas historias, como se pegaban esos leves elementos diferenciadores. Porque cada autor una vez asumido el qué y el cómo (“como era algo un poco enloquecido costaba entenderlo, o quizá no, quizá era sencillo de entender”) se volcaba. Es lo que tienen las aventuras diferentes, si llegan a enganchar es para siempre. Ullán lo entendió rápido. Pero también Francisco Pino. El poeta del Pinar de Antequera estaba ya en el número 10 de la revista. “Era sorprendente su generosidad Ahí estaba alguien como él de una trayectoria tan poderosa volcado con nosotros”, recuerda su promotor que desde la localidad onubense donde vive asiste emocionado, una vez más, al comprobar el interés que despierta una aventura que “nació como respuesta a la falta de medios de producción litararia alternativa que había entonces no solo en Valladolid sino en toda España”.</p>
<p>Así, se cuela en la conversación una España diferente, de principios de los ochenta, con todo por hacer. Distinta pero con una sensación de precariedad que puede compararse de alguna manera con el tiempo actual, precisamente este tiempo en que &#8216;Veneno&#8217; vuelve a ser lo que fue siempre: ese hoja tamaño Dina4 (el folio sobrevivió unos pocos números) doblada en cuatro partes. Miguel Casado y su poema coloreado a mano, número a número otra vez, son los protagonistas del regreso.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/veneno-892.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-445" title="veneno 89" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/02/veneno-892-202x300.jpg" alt="" width="202" height="300" /></a></p>
<p>Una España diferente sí. Y un Valladolid de una efervescencia cultural pero sobre todo plástica y literaria magnífica. “Se lo oí decir por primera vez a Bernardo Atxaga. Fue el primero que habló del &#8216;Grupo de Valladolid&#8217; y sí claro, visto desde aquí claro que existió”. Y es que por la revista pasaron y se quedaron Carlos Ortega, Miguel Suárez, Olvido García Valdés, Esperanza Ortega, Adolfo García Ortega, Ramón García Domínguez, Gustavo Martín Garzo&#8230; Y luego los que se sumaban desde orillas más lejanas como Severo Sarduy y hasta Ted Hughes traducido por Jordi Doce. Y quienes desde iniciativas como ésta hicieron un camino en la poesía visual, como Julián Alonso.</p>
<p>Manuel Sierra fue un elemento clave sobre todo en su primera etapa. No solo como dibujante sino como &#8216;constructor&#8217; de portadas y maquetas. Como lo ha sido siempre Aliseda o como lo fueron ocasionalmente otros artistas como Ángeles Morgade, Javier Codesal, Alfonso Serra o José Noriega que en el número que le tocó en suerte acompañaba con sus dibujos algunos poemas de Miquel Martí i Pol. Era el año 86 y este número 23 de &#8216;Veneno&#8217; preludiaba esa obra conjunta que llegaría años después cuando Noriega hubo hecho realidad el sueño de su editorial El Gato Gris.</p>
<p>Porque esta es una faceta de la revista nada despreciable. Un repaso a su historia (un repaso a mano, detenido, desdoblando y volviendo a doblar sus números) demuestra que entre sus pliegues está el germen de obras muy importantes que cuajarían con los años.</p>
<p>¿De dónde &#8216;Veneno&#8217;, el nombre? De algo tan cimple como que sus primeros promotores estaban enganchados a la música del grupo Pata Negra del cual Kiko Veneno era valedor fundamental.</p>
<p>Hay números cercanos a la estética del cómic, otros al pensamiento dadá, otros coquetean con el surrealismo y en general tiene un aire a contracorriente. Quizá porque lo que les une sea la falta de impostura, el calor que transmiten estos papales, se mantienen frescos y vivos. No han amarilleado sus propuestas y cuando Gamoneda o la propia Clara Janés miren atrás, a su paso por la revista, no podrán sino sentirse contentos de haber sido parte de esta pequeña gran aventura.</p>
<p>&#8216;Veneno no venal&#8217;, como escribí cuando la revista cumplió su decimoquinto aniversario, pues su gratuidad es otra de las premisas del proyecto. “&#8217;No se vende se regala&#8217;, como decían los que predicaban mercancía”, afirma Aliseda que ha sido el mago que conseguía de aquí y de allá la mínima financiación que necesita la revista, donde los trabajos no son remunerados pero que genera unos gastos de edición y distribución. Calcula que con 50 euros saldrán los números siguientes cuya tirada alcanzará los 300 ejemplares. Luego, sus más fieles allegados se encargan de la onda expansiva.</p>
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		<title>Editar contra (o a pesar de) la crisis</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2013 14:11:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Dónde están los lectores?  ¿Qué quieren leer? Son sin duda las preguntas del millón, las que se hacen cada vez que elaboran sus programas y ajustan sus presupuestos los pequeños (y los grandes, por supuesto) editores. Más allá de las leyendas urbanas acerca de la crisis permanente del libro y por tanto su probada resistencia,]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¿Dónde están los lectores?  ¿Qué quieren leer? Son sin duda las preguntas del millón, las que se hacen cada vez que elaboran sus programas y ajustan sus presupuestos los pequeños (y los grandes, por supuesto) editores. Más allá de las leyendas urbanas acerca de la crisis permanente del libro y por tanto su probada resistencia, las cifras cantan y muestran las contradicciones de un sector que aparentemente necesita una reconversión cuyo rumbo, sin embargo, no parece claro. Como en otros sectores de la cultura se trabaja con pasos inciertos y con el método de ‘prueba y error’. Dificultades aparte, las llamadas editoriales independientes  –es decir, aquellas que se sustentan por la vocación de sus directores, sus pequeños presupuestos y sus plantillas mínimas– de Castilla y León (una representación ha sido consultada por La sombra del ciprés) se muestran dispuestas a resistir, a buscar la manera de seguir ofreciendo buena literatura contra las tempestades de la crisis económica y los gustos que en el mercado imponen los grandes grupos, aunque sea reduciendo títulos y tiradas.<br />
Las cuentas de las paradojas del sector tienen que ver con el número creciente de títulos publicados año a año según los datos de la agencia del ISBN. Desde 2007 a 2011 en que se alcanzó el récord de los  116.851, la edición de nuevos títulos creció el 41%. En el último año, ya con la crisis plenamente instalada, la cifra ha bajado pero aun así se han publicado 88.349 nuevos títulos en todos los formatos durante 2012. De ellos, 1.791 se editaron en Castilla y León, lo que coloca a la comunidad en el séptimo lugar de España. Eso sí, siguen bajando las tiradas, que en el 2011 se situaron en los 3.441 ejemplares de media. Si atendemos a la creación de nuevos sellos, las dificultades no parecen asustar pues en el último año se han dado de alta en la citada agencia 535 nuevas editoriales.<br />
Lo que sí baja es el nivel de riesgo no solo de los editores, sino también de las instituciones encargadas de ayudas al sector y de los propios lectores. Así lo cree José Ángel Zapatero, para quien las crisis «es cierto que pueden significar oportunidad y una cierta limpieza en un negocio con inflación de títulos, pero también es cierto que se puede llevar por delante propuestas interesantes como la nuestra». Menoscuarto, la editorial que dirige desde Palencia, se hizo un hueco nacional especializándose en narrativa breve y autores españoles jóvenes aunque con una sólida trayectoria, sin embargo la actual situación puede hacer variar en parte su rumbo. «Como cada vez se vende menos, las grandes editoriales vuelven a editar una y otra vez los mismos títulos y a los mismos autores, y los lectores no arriesgan, no parecen interesados en conocer nuevos nombres. Tampoco las ayudas a la edición se interesan por las nuevas propuestas aunque vengan avaladas ya por una calidad contrastada y, para remate, los críticos tampoco apuesta por la gente joven, probablemente agobiados por el aluvión de novedades en torno a gente muy conocida».<br />
Zapatero pone el dedo en otra llaga: las traducciones. «Somos el país que más traduce. Todo lo que se publica en el mundo se bueno o malo se traduce y eso causa un efecto curioso en el lector, al que el simple hecho de que alguien se haya molestado en traducir un libro al español parece darle garantía de calidad». Sin embargo, y aunque las circunstancia le obliguen a iniciar un camino de recuperación de textos extranjeros interesantes ya descatalogados o incluso inéditos (en esta línea tiene previsto publicar este año ‘Un hombre acabado’, de Giovanni Papini en su otro sello, Cálamo) no piensa renunciar ni a la calidad, «por supuesto», ni a su apuesta inicial. Así lo demuestran las novedades que anuncia la editorial para el 2013 y que en el apartado de cuentos aportará las últimas entregas de un autor ya casi de culto entre los seguidores del cuento como Ángel Olgoso con ‘Las frutas de la luna’, o ‘29 cadáveres’, de Pepe Cervera. También sacará a la luz las novelas ‘Murasaki’ de Julio Baquero y ‘No sé quién eres’, de Miguel Torre, ganador del último premio Tristana. Y entre los proyectos estrella, ‘El devorador de hombres’, la recuperación en un volumen de todas las novelas cortas  de Horacio Quiroga, un clásico de la narrativa breve del que Menoscuarto publico en su día los cuentos completos.<br />
<strong>Con el pasado</strong><br />
Con las ideas muy claras y una línea ajena no ya a cualquier moda sino a cualquier camino trillado se mantienen Fabio Rodríguez de la Flor y su editorial Delirio, uno de esos nombres que son por sí mismos una declaración de intenciones. Esta aún joven editorial radicada en Salamanca comenzó el año recordando la figura de un salmantino imprescindible en el último tercio del siglo XX. En ‘La vida dañada de Aníbal Núñez’, su autor, Fernando R. de la Flor, se sirve de la poética vital del autor de ‘Alzado de la ruina’ para hacer el retrato de una época.<br />
Delirio planea engrosar sus colecciones de ensayo –con un diccionario de términos ‘inventados’ y un estudio de sobre las Soledades de Góngora– y poesía, y fomentar la hasta ahora menos cultivada de la narrativa. En esta última tiene en cartera el libro de cuentos ‘Como el ciervo huiste’ de Yago Fernández. Pero una de las apuestas más importantes de este comienzo de año será ‘Loca parva. Obras’ en la que reunirá la obra completa de Felipe Núñez, tanto la ensayística ( ‘Para escapar de la voz media’) como toda su poesía que en su día editara Calambur, así como poemas inéditos, las colaboraciones periodísticas y los textos para catálogos de arte.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/01/getImage.jpg"><img class="alignright  wp-image-436" title="DOCU_GRUPO" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2013/01/getImage-300x199.jpg" alt="" width="481" height="319" /></a><br />
Delirio, como afirma su director, «no tiene tanto un compromiso con el futuro como con el pasado. Sentimos que los libros que vamos editando ‘cierran ciclos’, terminan por redondear los círculos, dan por zanjados algunos temas. Nos podríamos haber llamado Editorial La Última Palabra, pero entonces tendríamos que reeditar a Nietzsche y algún que otro manual de autoayuda», afirma con sentido del humor.<br />
Ajenos a las prisas que impone el mercado («tanta novedad y tanto presente, y tanto ahora y tanto ya, nos dan un poco de náuseas») siente que el e-book no les compete de momento. «El libro electrónico es una de esas carreras. De repente todo el mundo sale corriendo y parece que lo que tienes que hacer es correr con ellos, sin saber, por lo menos tú, dónde vas, qué dorsal llevas o siquiera por qué vas en triciclo mientras los demás lo hacen en Porches Cayenne. Nosotros somos conscientes de que mucha de la ‘impronta’ de nuestra editorial reside en el diseño, en el formato, en su atractivo y eso es lo que hacemos».<br />
<strong>Pocas nueces</strong><br />
Un veterano de la edición, Fernando Arnaiz, de la burgalesa Dossoles coincide en afirmar que en torno al libro electrónico hay de momento «mucho ruido y pocas nueces. Nosotros hemos decidido no hacer ediciones digitales pues  consideramos que no existe seguridad alguna en este tipo de edición. Se copian con mucha facilidad y por otro lado el número de terminales de  e-book  vendidas en España es muy pequeña. Preferimos apostar por mejorar la calidad de la edición impresa», asegura.<br />
Coincide con Zapatero en que el esfuerzo que hacen las editoriales pequeñas por dar a conocer nuevos autores que difícilmente tendrían cabida en las editoriales estrictamente comerciales «no ha sido suficientemente valorado por los lectores, por los escritores ni por los organismos oficiales con responsabilidad en la cultura».  Este sello que mira con especial atención a autores y temas burgaleses dará a conocer este año la obra de Ignacio Manrique ( ‘No fue otro estúpido viaje a  Koprivnica’) Daniel Ortega (’Berlín 1945. Diario de un infierno’), entre otros.<br />
La editorial segoviana La Uña Rota es uno de eso milagros colectivos que suman buen gusto y permanencia. Con un catálogo de esos grandes pero minoritarios genios de los que pocas veces nos acordamos se permiten de vez en cuando sacar del armario alguna joyita. La última, ‘La nada y las tinieblas’ de Fridegiso de Tours.<br />
Al año siguiente de haberse apuntado el tanto de publicar la primera biografía en castellano de Samuel Beckett, ya tienen su vista puesta en Robert Walser ( ‘Diario de 1926’), Anatole Broyard ( ‘Ebrio de enfermedad’) y en el mismísimo Conrad con una serie de textos inéditos en castellano cuyo título por el momento prefiere  silenciar Carlos Rod, uno de sus responsables.<br />
Su visión del panorama no  es alentador, como la del resto de sus colegas, pero quizá lo expresen con más nitidez. Por ejemplo cuando hablan de la situación del mercado en relación con los grandes grupos: «Las editoriales que más venden, y que forman parte de grandes grupos de comunicación (con distribuidora propia), se preocupan, en detrimento de la calidad del libro, por copar (y saturar) las mesas de novedades al coste que sea: además de publicar y reimprimir su fondo a mansalva, al margen de la demanda, juegan con los porcentajes, sirven a librerías que no pagan los depósitos y alquilan escaparates y espacios importantes en las librerías y grandes superficies. Mientras, las distribuidoras de editoriales pequeñas se las ven y se las desean para colocar sus novedades y hacerlos visibles de cara al cliente-lector».<br />
Creen que las editoriales pequeñas son las que deberían liderar un cambio de modelo que prime «la búsqueda de un canal que llegue y nos comunique con el lector interesado en los libros que publicamos. Porque no cabe duda de que el lector está ahí. Y donde hay un lector hay una comunidad de lectores. Y para ellos trabajamos».<br />
El vallisoletano César Sanz, director de Difácil, es otro de los que apostó por descubrir nuevos valores y otro que ha comprobado «no sin desconcierto, la verdad» y cierta ironía que lo que más valoran la crítica, los libreros y el público en general son las editoriales «que han redescubierto el siglo XIX o hacen una nueva edición de los clásicos de toda la vida, en buena parte de los casos con hermosos ‘santos’, eso sí, que hay que darle valor al libro (porque parece que por sí mismo ya no lo tiene) o tratan de demostrar que los autores finlandeses son interesantes por ser finlandeses».<br />
<strong>Un rockero en catálogo</strong><br />
Su catálogo incorporará en fechas próximas a un rockero: Igor Paskual, quien fuera líder de Babylon Chat y actual guitarrista de Loquillo. Y Loquillo será el prologuista de esta obra miscelánea en torno al mundo de la música y más. En Poesía, una de las claves editoriales de Difácil, publicará el último libro de Leopoldo María Panero y el cierre de la ‘Trilogía de Nueva York’ de Fernando del Val. Antes de acabar el semestre también habrá visto la luz la última novela de Ángel Vallecillo, ‘Ban, bang, Wilco Wallace’. La apertura de una serie de estudios sobre los archivos de Juan Ramón Jiménez completa los proyectos para la primera parte del año.<br />
Para Rafael Vega, director de Multiversa, «el volumen de libros editados es fruto de una burbuja que aún continúa estallando en el mundo editorial». A su juicio la crisis económica se suma a la crisis de negocio y confía en las redes sociales y el comercio electrónico, como vías para establecer un contacto directo con el lector. De su horno saldrán este año títulos de Alfredo Sanjuán Ferrer, David Rodríguez Gómez, Mª Rosa Navarro y Juan Manuel de la Huerga.<br />
Mención aparte merecen dos editoriales que por su forma de editar mantienen una relación directa con los lectores a través de suscripciones. Son El Gato Gris y Tansonville, ambas especialmente centradas en la poesía y hacer de los libros objetos de arte. José Noriega, director de la primera, anuncia para este año el cierre de su célebre colección ‘Manuscritos de poesía’ con la que ha llegado a museos de España y de Europa. Y no porque  haya tirado la toalla, sino porque quiere emprender nuevos caminos aún más ambiciosos.<br />
Eduardo Fraile, director de Tansonville, mira la situación desde la distancia de quien financia el libro siguiente con las ventas del anterior y contando «con la paciencia de los fieles suscriptores». Entre sus planes figura reeditar una pequeña joya ‘La caja de plata’ de Luis Alberto de Cuenca, un libro importante y significativo de la época de los ochenta en España.</p>
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		<title>La &#8216;cosa&#8217;</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Dec 2012 20:04:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
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		<category><![CDATA[literatura]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Me lo contó un amigo el otro día: en un bar de Sevilla han puesto un cartel que dice: «Prohibido hablar de la cosa». Son geniales los sevillanos. Pero, tras la risa, me sentí aludida. De un tiempo a esta parte cuando empiezo esta columna no sé si dejarme llevar por la ‘cosa’ o mirar para otro lado. Pienso que la gente está harta y necesita que se le hable acerca de otros temas, pero la sombra de la ‘cosa’ es muy alargada y aunque quieras zafarte acaba alcanzándote. No hay un momento de respiro.<br />
Estábamos celebrando el otro día el vigésimo aniversario de la edición de Segovia de El Norte de Castilla y en medio de la alegría logró colarse ella sin que nadie la invitara. Ignacio Sanz, compañero de estas páginas y de tantas otras lides literarias, me comentó que La Tertulia de los Martes echaba el cierre. Y el cierre se consumó el martes pasado. Para los que no viven cerca del Acueducto y nunca hayan disfrutado alguna de sus sesiones diré que era una cita literaria con treinta años de vigencia. Treinta años en los que ha visto desfilar por su sede lo mejor de la creación literaria de nuestro país. Y no solo eso. Directores de cine, artistas, pensadores&#8230; Cultura viva y en directo, con posibilidad de respuesta, con posibilidad de debate. Como en el Hay Festival, pero en tres estaciones y sin pagar entrada. La actividad contaba con el patrocinio de Caja Segovia, así que no hay mucho más que explicar sobre las razones de su cierre. Es la ‘cosa’ en todas sus vertientes y versiones extendiendo sus garras por doquier.<br />
Un libro recogía no hace mucho parte de esa historia porque asociada a esta actividad, la Tertulia de los Martes era también el nombre de una colección literaria (¡qué lujo! mirado desde la situación actual). Uno de los libros del ‘sello’ deja constancia de esta pequeña historia cuyos protagonistas forman un elenco de nombres muy grandes: Francisco Ayala, Eugenio Granell, Carmen Martín Gaite, García Hortelano, Juan Benet, Francisco Pino&#8230; pasaron por allí muchos años antes de darnos el adiós definitivo. Ayala y Granell eran ya  ancianos cuando se asomaron a la tribuna tertuliana pero nos enseñaron que la edad suele ser un asunto engañoso en el DNI. La misma lección que impartió José Luis Sampedro. Algunas presencias quedarán para siempre señaladas en lápiz rojo por aquello de lo poco que se prodigan. Estoy pensando en Víctor Erice. En otras ocasiones el lápiz rojo lo puso el público abarrotando el recinto (pienso en los días de José Luis Aranguren, o en Miguel Delibes, con gente sentada en los pasillos y de pie en todos los rincones).<br />
Joaquín Díaz abrió el fuego hace ya tanto&#8230; y por esos guiños del destino lo cerró el martes Amancio Prada. No. No es una columna melancólica, por más que me contaron que había nudos en las gargantas de presentadores y asistentes. Las etapas acaban, los ciclos se cierran. No sería peligroso si  la Tertulia le sustituyera una actividad de su nivel. Pero no. En la era de la ‘cosa’ le sustituirá el vacío. Uno más, una calva más en la cabellera de las programaciones culturales a lo largo y ancho del país. He puesto un ejemplo que me resulta cercano para demostrar lo difícil que es evadirse de la ‘cosa’. Es que no hay manera.</p>
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		<title>No lo he soñado</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Dec 2012 16:56:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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		<description><![CDATA[Para todo hay una primera vez y yo asistí hace unos días a una de esas ‘primeras veces’. Le oí decir a un empresario que la cultura es rentable. Así, literalmente. «La cultura es rentable», dijo ante un auditorio que, por estar mayoritariamente convencido de antemano, quizá no se dio cuenta cabal de lo inusual]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para todo hay una primera vez y yo asistí hace unos días a una de esas ‘primeras veces’. Le oí decir a un empresario que la cultura es rentable. Así, literalmente. «La cultura es rentable», dijo ante un auditorio que, por estar mayoritariamente convencido de antemano, quizá no se dio cuenta cabal de lo inusual de esta afirmación en boca de un empresario. Y más en la situación actual.<br />
Mientras todos los presupuestos de la cultura se van empequeñeciendo a ojos vista, cuando no desapareciendo literalmente, y los, en otros días, patrocinadores y mecenas hacen mutis por el foro o ponen cara de póker más o menos justificadamente, que de todo hay, de repente un empresario dice «la cultura es rentable» y no es portada en todos los medios del país. Buena prueba de que la sensibilidad hacia la cultura es asunto sobre el que hay que llamar la atención continuamente.<br />
Lo diré ya. El empresario al que me refiero es Carlos Rodríguez, presidente del grupo Inzamac. Y puede aportar pruebas de que sus palabras no eran un mero adorno en un discurso. Estamos acostumbrados a oír en todo tipo de encuentros culturales a los representantes públicos parlotear sobre la importancia de la cultura –los políticos en campaña son especialistas en todo tipo de eslóganes que no pueden mantener en cuanto se trata de investigar qué hay detrás del eslogan– lo malo es que de los dichos del discurso a los hechos de la realidad suele mediar una distancia kilométrica. Pero hay quien antes de decir «la cultura es rentable» ha demostrado con hechos que cree en lo que dice. Y sin esperar a la presunta Ley de Mecenazgo.<br />
El Grupo Inzamac, a través del foro para la Calidad Empresarial, viene patrocinando los libros que componen la colección ‘Soñando futuros’. (Título nada casual). Provincia a provincia, los libros han reunido a una parte muy significativa de la vida cultural de Castilla y León y son una especie de acta notarial de sus manifestaciones más importantes en este campo. Escritores, artistas, pensadores, historiadores&#8230; están convocados en sus páginas. Si alguien ajeno a la comunidad quiere tener una visión de qué significan cada una de sus provincias desde el punto de vista de la cultura no tendrá más que acercarse a cada uno de estos volúmenes para un acercamiento y para encontrar múltiples hilos desde los que seguir en el viaje de profundizar en las raíces de su patrimonio y encontrar las vías de su futuro.<br />
Pensaba mientras asistía a la presentación del octavo volumen de la serie, el dedicado a Segovia, que un proyecto así es aún más importante en una comunidad cuyos habitantes tienen una conciencia autonómica digamos débil. Así lo creo. Si hay un elemento que puede aglutinar, que puede hacer crecer esa conciencia es la cultura. Una historia y una cultura común y, dentro de ella, unas particularidades que la enriquecen (¿les suena?) son las mejores señas de identidad, siempre que esas señas no sean al mismo tiempo una excusa para la parálisis, algo que, por desgracia, también vemos con frecuencia en estas tierras.<br />
Vivimos tiempos difíciles. Ya lo sabemos. Lo recordamos cada día. Pero hay empresarios que miran al futuro y apenas acaparan titulares. Lo escribo aquí para que conste.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>(Publicado en la columna de opinión &#8216;Días Nublados&#8217; de la edición impresa de El Norte de Castilla)</em></p>
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		<title>Vanguardia e ideario político</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Dec 2012 20:32:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Angelica Tanarro</dc:creator>
		                
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		<description><![CDATA[(A própósito de la exposición &#8216;Los progresistas de Colonia&#8217; en el Museo de la Pasión de Valladolid) &#160; No todo sucedió en París. Si hay un periodo fundamental en la historia de las Artes en Occidente por los cambios, a menudo revolucionarios, que tuvieron lugar en todas las artes ese fue sin duda el periodo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="text-decoration: underline;">(A própósito de la exposición &#8216;Los progresistas de Colonia&#8217; en el Museo de la Pasión de Valladolid)</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No todo sucedió en París. Si hay un periodo fundamental en la historia de las Artes en Occidente por los cambios, a menudo revolucionarios, que tuvieron lugar en todas las artes ese fue sin duda el periodo entre las dos Guerras Mundiales.<br />
Y París se convirtió en  el foco al que todos querían acudir. La Orilla Izquierda del Sena se convirtió en lugar de peregrinación, no solo desde Europa sino desde Estados Unidos, de artistas y escritores (en este caso sería adecuad añadir la coletilla y ‘escritoras’ por la importancia de las ‘mujeres modernistas’ en la literatura.<br />
Pero no todo sucedió en París. Y eso es lo que pone de manifiesto la exposición que desde ayer ocupa las salas del Museo de Pasión en Valladolid, organizada por la Fundación Municipal de Cultura. ‘Los progresistas de Colonia. August Sander y su círculo de amigos’ pone el foco en un microcosmos artístico y social cuya influencia irradió más allá de su lugar de origen temporal y espacial: la ciudad de Colonia durante la República de Weimar. La exposición llega en un momento oportuno. Las circunstancias históricas (algunos de sus componentes murieron durante la ocupación nazi, otros tuvieron que dejar Alemania y murieron en el exilio) contribuyeron a que el grupo permaneciera en el olvido. Pero ahora ‘Los Progresistas de Colonia’ empiezan a suscitar un mayor interés tanto desde el punto de vista de la historia como, incluso, en el mercado del arte. La muestra que podrá verse en Valladolid hasta el 20 de enero del año próximo nunca ha salido de Alemania y, como tal, solo se ha expuesto en la ciudad de Colonia.<a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2012/12/Heinrich-Hoerle-Zeitgenossen-1931.32-Colonia-e1354305464703.jpg"><img class="alignright  wp-image-427" title="Heinrich-Hoerle-Zeitgenossen-1931.32-Colonia-e1354305464703" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2012/12/Heinrich-Hoerle-Zeitgenossen-1931.32-Colonia-e1354305464703-300x179.jpg" alt="" width="419" height="250" /></a><br />
<strong>Colección Sander</strong><br />
El nombre asociado al título general de la muestra, August Sander, ya da una pista acerca de su contenido. El fotógrafo August Sander protagonizó una extraordinaria exposición el mes de marzo pasado en la también vallisoletana Sala de Las Francesas. Se mostró en aquella ocasión una selección del trabajo que hizo célebre a este artista, ‘Personajes del siglo XX’, un catálogo sociológico de personajes de la vida alemana de su tiempo, acompañados en muchos casos por sus ‘atributos’ de trabajo, que pretendía ser un muestrario de las distintas clases sociales que convivían en su época.<br />
Sander mantuvo estrecha relación con los progresistas de Colonia, como lo demuestra el hecho de que esta exposición sea posible gracias a la colección  que de las obras de estos artistas atesora el nieto del genial fotógrafo,  Gerd Sander.<br />
Pero vayamos a los comienzos. Los Progresistas de Colonia fue un grupo de artistas unidos por sus ideas en torno al arte y la política. Ese era su deseo: ser considerados como artistas políticos con un ideario en el que, entre otros objetivos, figuraba el de una sociedad sin clases. El grupo existió como tal entre 1920 y 1933 y sus fundadores fueron Heirinch Hoerle  (1895-1936) y Franz Wilhem Seiwert (1894-1933), a los que pronto se unió uno de los miembros más destacados del grupo,  Gerd Arntz (1900-1988), que abrazó la vía didáctica del arte, a través de la cual pretendía dotar a la clase obrera de un lenguaje visual universal de símbolos y pictogramas que la ayudara a comprender ideas complejas sobre economía, sociedad y política. La plasmación artística de este objetivo fue el proyecto Isotipo en el que Arnt colaboró con el marxista vienés Otto Neurath. El isotipo como concepto está en la base icónica de las señales de tráfico o en pictogramas gubernamentales que hoy podemos reconocer en todas partes. <a href="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2012/12/timthumb.jpg"><img class="alignright  wp-image-426" title="timthumb" src="http://blogs.elnortedecastilla.es/angelicatanarro/files/2012/12/timthumb-300x184.jpg" alt="" width="418" height="246" /></a><br />
En la obra de Adler, como en la de otros miembros del grupo, se pueden rastrear influencias de Picasso, de Léger y de Klee, con el que mantuvo amistad. En 1933 dos de sus cuadros fueron exhibidos en el Centro de Arte de Mannheim por los nazis como muestra de ‘arte degenerado’. Y como otros miembros del grupo se vio obligado a exiliarse de Alemania.<br />
En general, los artistas del movimiento Progresistas de Colonia – al que también pertenecieron Gottfried  Brockmann, Heinrich  M. Davringhausen, Otto Freundlich, Hannes M. Flach, Martha Hegemann, Angelika Hoerle, Hans Schmitz, Ernst Ludwig Ronig, Jankel Adler y Franz Jansen, entre otros –  creían en la necesidad de volver a plasmar en sus obras temas como la revolución, los acontecimientos sociales y políticos, o el hombre y su posición social.<br />
En su forma de entender el arte, la obra gráfica del grupo fue fundamental y en ella se aprecia aún más sus relaciones con el constructivismo, aunque sus abstracciones geométricas no llegaran a la radicalidad de sus colegas rusos. En las obras de la exposición es fácilmente rastreable la influencia de artistas como el mencionado Fernand Léger, László Moholy-Nagy o El Lissitzky. También es notoria la influencia del movimiento más célebre dentro de la vanguardia alemana, el de La Nueva Objetividad.<br />
<strong>‘De la A a la Z’</strong><br />
Los Progresistas de Colonia contaron con una publicación para difundir su arte y sus ideas: la revista ‘a bis z’ (’de la A a la Z’)  fundada en 1929  por Seiwert, Hoerle y Walter Stern. Para entonces las vanguardias artísticas no pasaban su mejor momento no sólo en Alemania, sino también en la Rusia comunista. Fue su principal órgano de comunicación y entre sus colaboradores, además de los miembros del grupo, se encuentran figuras destacadas del arte alemán como Raoul Hausmann. En ella, algunos de cuyos ejemplares puede verse en la exposición, se publicaron muchas de las fotografías de August Sander.<br />
El régimen de Hitler, que prohibió la reproducción de sus obras, supuso la desbandada del grupo. La muerte, el exilio y la clandestinidad fueron los destinos más habituales entre ellos. Sobre su obra se extendió un silencio que se rompió en 1975 cuando Wulf Herzogenrath mostró en el Kunstverein de Colonia la exposición ‘Desde Max Dada al Cinturón Verde’. Esta exposición contribuye a su reconocimiento.</p>
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