El Norte de Castilla
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Ya lo pensaré mañana (6). La vida en un plano secuencia
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Angélica Tanarro | 27-10-2017 | 19:52| 0

Fuera de las salas, ayer era en nuestro país ‘otra’ jornada ‘histórica’. Otra agotadora y tensa jornada histórica que, mientras escribí­a estas líneas aún estaba en pleno suspense. Este paréntesis vital que es la Seminci, para quienes la seguimos intensamente, se nos antojaba este año más apetecible que nunca por su inmediatez balsámica. Tení­amos cierta sensación de alivio: pensar que durante unos d ías podríamos esquivar la realidad, la dura realidad de esa especie de película de ciencia ficción en la que venimos sumidos desde aquella distópica sesión del Parlamento catalán del pasado septiembre.

Pero el cine, por fantástico que sea, siempre nos toca de cerca. Al menos mientras lo sigan haciendo seres humanos y no una máquina siguiendo algoritmos. Y dio la casualidad que las dos películas programadas en pase de prensa de la Sección Oficial de la mañana de ayer me (hablaré por mí­) hicieron pensar en el conflicto catalán, también llamado ‘el procés’.

Sobre todo la primera, ‘El insulto’, apreciable filme de Ziad Doueiri: el relato de un conflicto casi doméstico que acaba en los tribunales y enfrentando a dos comunidades religiosas ya enfrentadas de antemano. Estamos en el Lí­bano y una cañería ilegal puede encender la mecha de una revuelta callejera. No sabemos si intencionadamente o no, (si hacemos caso a su director, no) el mensaje que rezuma la pelí­cula es claro: las heridas que deja una guerra, o ‘conflicto bélico’ como nos gusta llamarlas para suavizar, son difí­ciles de cicatrizar, las heridas duran tanto que parece increíble que la gente no aprenda del pasado y deje que los intereses políticos cortoplacistas, la falta de diálogo, los malos entendidos y la insolidaridad ganen la batalla de la división cuando son más las cosas que nos unen que las que nos separan. Y solo tenemos una vida. Doueiri, sin embargo, a pesar de haber ambientado su film en el Lí­bano, de haber enfrentado en él a un miembro del Partido Cristiano y a un palestino, y de haberse tenido que plegar al deseo del Gobierno libanés de especificar que ‘las opiniones vertidas en el filme son exclusiva de su director’, aseguró una y otra vez en la rueda de prensa que estaba al margen de debates y polémicas políticas (?). ‘Nadie tiene el monopolio del sufrimiento’, dice uno de los personajes en un momento clave de la película. Amén.

La segunda, ‘Bajo el árbol’ cuenta, inicialmente en tono de comedia, cómo un aparentemente banal conflicto entre vecinos puede acabar en tragedia casi griega. Y eso que estamos en la frí­a Islandia. Aquí­ sí­, su director, Hafsteinn GunnarSigurDsson, reconoce que ha querido mostrar que la violencia nunca es el camino. Una bola de nieve va creciendo en el corto verano islandés. Gente herida que, o bien acaba proyectando su dolor en asuntos nimios, o es incapaz de gestionar sus emociones. Si en ‘El insulto’ hay una luz al final del camino, en ‘Bajo el árbol’ solo queda una sombra heladora.

Detrás de ambas, sendos buenos cineastas que es de lo que se trata.

 

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla del 27 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (5) Películas que crecen, guiones que brillan
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Angélica Tanarro | 27-10-2017 | 19:43| 0

Da igual cuánta información previa se tenga de una película, lo que sepamos sobre su paso por otros festivales, las entrevistas que hayamos podido leer a su director o a sus protagonistas, los premios que las avalen o los silencios que las ninguneen… Llega ese momento impagable del fundido a negro en la sala y esos instantes en los que siempre he pensado, y creo haberlo escrito ya, en los que un film se la juega. Cuántas veces los primeros segundos de arranque contienen el aviso de lo que vendrá después. Y cuando esto sucede, generalmente sucede para mal.

En este festival, la información previa me está sirviendo de poco. Me explico: en general me están decepcionando los nombres consagrados y sin embargo encuentro sorpresas en tí­tulos que a priori no me seducí­an en exceso. Y eso también es la función de un festival: propiciar descubrimientos.

Me sorprendió gratamente ‘Gabriel y la montaña’, la pelí­cula de Felipe Barbosa, un director brasileño del que no había visto su anterior, y único junto a este, largometraje. Y aún más me ha complacido en la sesión de la mañana de ayer la americana ‘The rider’, de la directora china afincada en EE. UU. Chloé Zhao. Ambas comparten la virtud de ir creciendo ante los ojos del espectador. Hemos visto ya en el transcurso de esta edición buenos arranques que se iban desmoronando a medida que avanzaba el metraje. Por eso se agradece tanto el viaje contrario.

El viaje literal por África de Gabriel. Del que no sabemos nada ni se intuye nada especial al comienzo de su historia (paradójico comienzo pues el film arranca con su muerte, lo que no resta un ápice el interés del relato) y que vamos descubriendo poco a poco. Y el viaje humano de Brady, el protagonista de la pelí­cula de Zhao: una estrella del rodeo que ve frustrados sus sueños por un accidente que le deja secuelas importantes. Un guion muy bien escrito, muy bien medido, nos hace contemplar la maduración del personaje, la dura aceptación de una realidad con la que no contaba. Y vamos descubriendo con pequeñas pinceladas su contexto familiar y social. Sin prisas, pero sin demoras. De su autora, la propia Chloé Zhao, envidio su paso por Yaddo, la magnífica residencia de artistas en Nueva York, por la que pasaron algunos de mis escritores y escritoras favoritos (pienso en Flannery O’ Connor y también en Robert Lowell). Lástima que no estuviera la realizadora ni nadie del equipo para defenderla, que esa es también la función de un festival. (Qué cuando nadie defiende la obra ante los medios).

Parecerí­a que todo se ha escrito o se ha filmado ya en torno a la figura del vaquero, o del espectáculo del rodeo, pero no, aún hay gente como Zhao que puede sacar partido a estos locos jinetes. The rider’ es también un festín para los ojos, gracias a la estupenda fotografí­a de Joshua James Richards, y una pelí­cula que no deben perderse los amantes de los caballos. ¡Qué belleza de ejemplares! ¡Y qué gusto salir del cine contenta!

 

(Columna publicada en el suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla el 26 de octubre de 2017)

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Seminci. Toma VI. Un cierre en alto
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Angélica Tanarro | 27-10-2017 | 19:29| 0

‘FOXTROT’ JUSTIFICA EL GRAN PREMIO DEL JURADO QUE OBTUVO EN VENECIA

La Seminci guardaba una sorpresa en el cierre de la Sección Oficial a concurso: la película ‘Foxtrot’, del israelí Samuel Maoz. El film venía avalado por el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Venecia y  aquí no defraudó. Se trata sin duda de una de las películas de este certamen. La muerte de un hijo soldado y el shock que produce en su familia es el arranque de una historia que de repente pega un giro no solo argumental sino también formal. A partir de ese momento la pregunta es: ¿resistirá la apuesta o el filme se vendrá abajo?  No solo resiste, sino que se permite el lujo de algún que otro quiebro más. Sostener este artefacto, con sus dosis de artificio, es el talento de Maoz. Planos medidos, encuadres estéticos, un tono que oscila entre el realismo y la fábula, algún toque de humor… y un reparto cómplice hacen de Foxtrot una película que sorprende y esto cada vez es más difícil en un festival. Imágenes que se quedan en la memoria sobre todo del puesto fronterizo en el que sirve el soldado presuntamente fallecido y que en algún momento hacía recordar la desolación de ‘El desierto de los tártaros’, la gran novela de Buzzati.cap1

También con premio de Venecia venía la película proyectada inmediatamente antes. ‘Sweet Country’, tercer largometraje de ficción del australiano Warwick Thorton. Película de cuidada factura, con planos remarcables, una bella fotografía, que, sin embargo, deja la sensación de ‘ya vista’. Aunque en esta ocasión el western se traslade a la Australia de los años 20 del siglo pasado, en tiempos de colonización y de racismo y represión de la población indígena. Un aborigen de mediana edad se ve envuelto en un homicidio para salvar su vida y su condición de ciudadano de segunda no es el mejor pasaporte para conseguir justicia.

Y, por último, ‘Dos mujeres’ la película fuera de concurso que se proyectará tras la gala de clausura. Un film amable de esos que gustan para acompañar alfombras y sesiones de photocall. La presencia de Catherine Deneuve no es suficiente para levantar una historia que con más o menos variaciones se ha hecho fija en las pantallas: un enfermo, en esta caso enferma, terminal que regresa para cerrar algún asunto pendiente del pasado. El film se ve con agrado gracias sobre todo a la actuación de sus protagonistas, en especial de Catherine Frot, pero no da más. Por cierto que su director, Martin Provost, llevó al cine con mucho más acierto y peso específico ‘Violette’, sobre la vida de Violett Leduc. Película muy recomendable para recuperar.

(Fotograma de ‘Foxtrot’)

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Seminci. Toma V. Entre el drama personal y la desgracia colectiva
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Angélica Tanarro | 27-10-2017 | 06:14| 0

‘THE RIDER’ SE PERFILA COMO UNA DE LAS PELÍCULAS IMPORTANTES DE LA PRESENTE EDICIÓN

Empezaré este resumen por la que se perfila como una de las películas de la presente edición de Seminci: ‘The rider’, de la directora china afincada en EE. UU. Chloé Zhao, que confirma con su segundo largometraje las buenas impresiones de su debut con ‘Songs my brothers taught me’. Zhao introduce la cámara en el mundo de los rodeos para contar una historia de superación que tiene muchos elementos reales. El protagonista, Brady Blackburn está inspirado en Brady Jandreu, un joven vaquero que ve como sus sueños de brillar en el mundo del rodeo se ven frustrados por una caída que le provoca una lesión cerebral. the-rider

El comienzo de la película, mientras vamos conociendo a Brady, sus compañeros de afición y la dureza de la vida en las llanuras de Dakota del Sur, no augura la brillantez con la que Zhao irá perfilando la historia y desarrollando un excelente guion. Asistiremos a la difícil aceptación de la realidad por parte de Brady, a la rudeza de la vida y de las relaciones en el entorno familiar, marcado por la ausencia de la madre, y la deficiencia psíquica de la hermana, un personaje muy dulce que alivia la presencia de tanto aspirante a macho alfa. Los caballos son otro elemento clave del filme, excelentes las escenas de doma y maravillosos paisajes que alternan (y alivian) muchos angustiosos planos cerrados, gracias a la estupenda fotografía de Joshua James. Un filme en definitiva que merecería estar en el palmarés.

En ‘Daha’, del turco Onur Saylak, nos volvemos a encontrar con el drama de los refugiados, aunque esta vez la cámara enfoca en primer plano a los que trafican con su desgracia. La historia, basada en la novela de Haka Günday, nos lleva a presenciar cómo se forma un tirano, cómo los hijos reproducen y dejan cortos los errores de los padres. Los sueños de Gaza, un niño de 14 años que se ve obligado a ayudar al suyo en el tráfico de personas hacia Europa, acabarán estrellándose en su impotencia para escapar al único destino que parece posible. Crecerá un monstruo aún peor que su progenitor. La mirada del joven actor Hayata Van Eck no deja indiferente a un espectador atrapado en el estrecho espacio en el que se desarrolla una dura y a ratos asfixiante historia que Saylak defiende con mano firme.

Un punto de humor plantea José María Cabral en ‘Carpinteros’ para aliviar la dura realidad de las cárceles dominicanas. Y no se le puede negar a este realizador que se enfrenta aquí a su cuarto largometraje de ficción un pulso firme para manejar la historia en escenas complicadas, en planos secuencia llenos de figurantes y en largos travellings por el sórdido ambiente carcelario. Pero la historia de amor entre Julian y Yanelli, presa en una cárcel de mujeres contigua a la de los hombres, acaba naufragando en escenas poco creíbles. Era una empresa cinematográfica y vital demasiado difícil.

Una de las apuestas más arriesgadas del certamen es sin duda ‘Los pájaros cantan en Kigali’, de la sólida pareja artística que forman Joanna Kos-Krauze y Krzysztof Krauze. Riesgo es lo que se le suele pedir a este festival para que cumpla la vitola de reunir ejemplos de verdadero cine de autor. Lo es esta película que introduce al espectador en las consecuencias de la atroz guerra entre los hutus y los tutsis en Ruanda que acabó con el genocidio de esta etnia. Lo hace a través de una ornitóloga, Anna Keller, que regresa a Polonia con la hija de uno de sus colaboradores locales en el estudio de los buitres ruandeses. El diseño de los planos (que en algunos momentos recuerdan al cine de Jaime Rosales), el uso de la imagen desenfocada, la sequedad del planteamiento y una historia que no deja resquicio a la luz componen una dura película que encierra no pocas virtudes. Aunque se salga del cine con el corazón encogido.

(Brady Jandreau en un fotograma de ‘The rider’)

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Ya lo pensaré mañana (4) Cuando amábamos a Virginia Woolf
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Angélica Tanarro | 26-10-2017 | 16:07| 0

Los datos no dejan lugar a dudas y se pusieron negro sobre blanco en las conclusiones del Encuentro ‘Mujeres en el Cine Español’, celebrado durante el Festival. En todo el año 2016, solo el 16,1% de las películas producidas en España fueron dirigidas por mujeres “y, además, su presupuesto global queda todaví­a lejos de esta cifra”, según dicho documento. El Foro concluye también denunciando que “la ley orgánica para la igualdad efectiva aprobada en 2007 no se cumple, ni en el ámbito de la industria, ni en los festivales de cine, ni en las instituciones educativas, ni en los medios de comunicación”. ¿Todaví­a a estas alturas hay que justificar el asunto de las cuotas? ¿O serí­a mejor mirar para otro lado como si el tema de la igualdad solo tuviera que ver con el 50% de la población a la que afecta?

Una de las conclusiones que destacarí­a del informe es la que aboga por la participación y la implicación de los hombres “en las luchas por la igualdad en todas las esferas profesionales, en todos los ámbitos de la educación y en los medios de comunicación”. “En consecuencia, (expresa el documento) nos parece imprescindible que, en todos aquellos foros y encuentros convocados para analizar la presencia de las mujeres en los diferentes ámbitos del audiovisual, participen activamente también los hombres con responsabilidad en las áreas implicadas”. No puedo estar más de acuerdo; aún hoy, hace cinco minutos como quien dice y a la puerta del cine, discutí­a sobre este asunto: la falta de implicación de los hombres con responsabilidades en la cultura en la perspectiva de género.

Este festival está siendo modélico en cuanto a la presencia de la mujer. El hecho de que una gran parte de las películas a concurso están realizadas por mujeres y que sus protagonistas lo sean también introduce su visión, su mirada sobre el mundo y pone sobre la mesa cuestiones sobre las que se suele pasar de puntillas. Pelí­culas como la brasileña ‘Como nuestros padres’ ponen el foco de lleno en los cambios que una sociedad necesita para las mujeres puedan ocupar de verdad, y más allá de las leyes que no se cumplen, su papel en pie de igualdad con el hombre y esos cambios exigen otros cambios en la mentalidad masculina.

Cuando en la post adolescencia comenzamos a amar a Virginia Woolf recuerdo una frase que se hizo un lema en nuestro grupo: si los hombres la leyeran, entenderí­an mejor a las mujeres. Durante este festival, me estoy acordando mucho de esa frase. Y me pregunto, ¿estarán siendo conscientes mis compañeros de butaca de las oportunidades de ampliar la mirada que ofrece?

Fuera, las cosas siguen más o menos igual. Siguen las denuncias por abusos sexuales en Hollywood. Aquí­, una mujer hospitalizada tras una paliza de su excompañero y un juez en Portugal que justifica los malos tratos a otra mujer porque era adúltera. No, no lo he soñado, no he viajado en el tiempo mientras estaba en el cine y he salido cuarenta años atrás, o en la Edad Media. Es hoy. La vida real. Y aún muchos creen que el feminismo es una cosa del pasado, y que las cuotas no son democráticas.

Vuelvo al cine.

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla, el 25 de octubre de 2017)

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Ya lo pensaré mañana (3) Sostener la mirada a los refugiados
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Angélica Tanarro | 26-10-2017 | 15:55| 0

Se hace raro salir del cine a tomar un café después de sostener la mirada a los refugiados. Porque de eso se trata en ‘Human flow’, la obra con la que el artista chino Ai Wei Wei ha introducido el documental en la Sección Oficial de la Semana de Cine. De ponernos a prueba, de que hagamos, aunque sea en la comodidad de nuestro mundo, de nuestra butaca y con la lejanía de una pantalla entre medias una visita a esa zona oscura que él vivió en directo: y comprobar si somos capaces de sostener la mirada de esa gente a la que las guerras, las dictaduras, un sistema global injusto le robó su futuro. Puede que por ello en su película haya tantas miradas. Miradas de niños, de mujeres, de hombres de todas las edades. Miran a cámara en silencio, fijamente y en calma, y nos interpelan.  Aunque en ellas no haya ni una pizca de odio. Más bien de dolor, de incertidumbre o de tristeza, pero no de odio, aunque tendrían motivos.

Ai Wei Wei ha recorrido 400 campamentos de refugiados de 23 países y ha entrevistada a 600 de esas personas que vemos fugazmente en los rescates de las pateras, en las crisis de las fronteras. Hizo 900 horas de grabación. Ayer consumimos algo más de dos. Y, francamente, me importa muy poco si la pelí­cula le salió excelente, o del montón. La calificaré, sí­, como al resto de la Sección Oficial, y hablaré de ella en mi blog de una manera crí­tica como vengo haciendo estos días. Pero aquí no. Aquí­ solo diré que deberí­a ser de visionado obligatorio en parlamentos, oficinas, escuelas, universidades, centros cí­vicos, culturales, deportivos…

Sí­, ya sé. A los refugiados los vemos todos los dÃías en el Telediario. Minuto y medio es la dosis que soportamos, la que nos vacuna para poder mirar el resto del tiempo hacia otro lado. Durante los festivales de cine los telediarios quedan lejos. No tenemos tiempo: estamos ocupados viendo cine, escribiendo de cine, comentando de cine… Pero ayer, mientras veí­a las risas de esos niños que no han conocido otro horizonte que un hacinado campamento de refugiados (muchos de ellos no conocerán ya otro paisaje) no podÃía dejar de pensar en nuestra ‘actualidad polí­tica’. Sí­, todo este asunto que nuestros gobernantes (de aquí­ y de allá) parecen incapaces de resolver me parecía una pelí­cula de ciencia ficción. Que hagan una sesión conjunta de ‘Human Flow’ antes de ponerse a debatir cualquier otra cuestión.  Quizá así­ lleguen a alguna conclusión positiva y podamos seguir adelante con la cabeza alta.

La pregunta queda sobre la mesa en un momento del documental: El futuro de Europa ¿será  el de los Derechos Humanos, ese aliento que le dio sentido o se acabará convirtiendo en una comunidad cada vez más racista, más xenófoba y excluyente?

No nos llamemos a engaño. El mundo se ha estrechado y los campamentos rozan nuestras urbanizaciones, hombres y mujeres se ahogan frente a nuestras playas y será así­ por más fronteras y muros que levantemos. Y nos atañe a todos. A todos y cada uno.

 

(Columna publicada en el Suplemento de Seminci de la edición impresa de El Norte de Castilla el 24 de octubre de 2017)

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Seminci. Toma IV. Aún hay sorpresas
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Angélica Tanarro | 25-10-2017 | 15:58| 0

NI LA HISTORIA DE ‘JEUNE FEMME’ NI LA DE ‘SOY UN RAYO DE SOL EN LA TIERRA’ TRASPASAN LA PANTALLA. SÍ LO HACE ‘GABRIEL Y LA MONTAÑA’

Años de Festival pueden derivar en la sensación de que ya lo has visto todo, o casi todo. Y eso pensaba ante, por ejemplo, ante la francesa ‘Jeune femme’, de Leonor Serraille. Seguimos a la protagonista, Paula, en su viaje a ninguna parte. La película tiene momentos, claro, pero mientras esta desnortada mujer va y viene por París, sin dinero, sin amigos, sin familia y con un desequilibrio importante, tenemos la sensación de haberla conocido en otra vida, o en otro festival… Y no logramos empatizar con su peripecia. Todo sucede a distancia. Una primera obra que quizá hubiera tenido mejor encaje en Punto de Encuentro. Aunque los motivos por los que la organización la ha insertado en la sección más importante del certamen tiene que ver casi con seguridad con el hecho de haber sido reconocida con la Cámara de Oro de la Sección Un certain Regard del Festival de Cannes. Esas sorpresas de los jurados…

Tampoco levantaba el animo ni el nivel de la competición ‘Soy un rayo de sol en la Tierra’, otra opera prima en Sección Oficial, esta vez de la georgiana Elene Naveriani. Con ‘matrícula’ suiza, la película hace una interesante apuesta por el blanco y negro. Es desde luego una historia llena de oscuridad que viene a subrayar cómo la mujer sigue siendo el lado más débil entre los débiles de la sociedad. Una historia de mujeres abocadas a la prostitución y de inmigrantes (la inmigración es el gran asunto de esta edición de la Seminci y es bueno que el cine esté ahí dónde debe estar) abocados a la pobreza. Pero la película da muy poco de lo que promete.gabriel-y-la-montana

La sorpresa de la jornada vino de la mano de ‘Gabriel y la montaña’. Podría decirse que su director, el brasileño Fellipe Barbosa, se pega un tiro en el pie al comenzar la historia con la muerte de su protagonista, el que da título a la película, pero pronto veremos que su talento contradice esta sensación. Seguimos a Gabriel en su viaje soñado por el mundo, ya en su etapa africana. Le vemos compartir parte de ese viaje con su novia, y le vemos despedirse de ella a punto de despedirse de la vida. Hay más que un reportaje viajero en este segundo largo del brasileño, una historia contada con sutileza y acierto, en la que el viaje interior existe aunque apenas se insinúa, con bellos paisajes y quizá con un exceso de metraje (131′) que, sin embargo, se puede perdonar con facilidad.

(Fotograma de ‘Gabriel y la montaña’)

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Ya lo pensaré mañana (2) Sally y Laura
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Angélica Tanarro | 24-10-2017 | 12:10| 0

La Seminci, lo sabemos, tiene una historia que sucede fueras de las salas. Más allá de las proyecciones. Momentos a rescatar en sus alrededores pues, sin estar avalados por el color rojo de las grandes citas mediáticas, suelen quedarse en la memoria de quienes vivimos el Festival. Ayer se produjo uno de esos momentos en la rueda de prensa posterior al segundo pase de prensa de la mañana.

Sally Potter, 68 años. Cineasta reconocida con más de cuarenta premios internacionales. Aguerrida tras la cámara como para encararse allá por el 92 con la adaptación del ‘Orlando’ de Virginia Woolf. En plena madurez y tras cinco años apartada del cine vuelve a los festivales internacionales con ‘The party’, una comedia inteligente rodada en blanco y negro que para ella es el ‘formato’ que da más posibilidades de colorear las emociones.

Laura Ferrés, 28 años, graduada en dirección por la ESCAC, pone sus ahorros para iniciar el rodaje de su primer corto (si dejamos a un lado su proyecto final de carrera) y se embarca a contar en ‘Los desheredados’ una historia tan í­ntima como que sucede en su propia familia. Con ella gana un premio en Cannes y se pasea por festivales como el de Nueva York y ahora la Seminci.

Ambas coincidieron ayer en la segunda proyección de Sección Oficial de la mañana y defendieron juntas sus obras frente a los medios. Potter (melena rubia, casi blanca, tez pálida, gafas de pasta negra) hace un retrato de una generación (aunque no todos los que aparecen en su filme están en los sesenta) que luchó por las libertades, polí­ticamente situada a la izquierda y que se enfrenta en la madurez al descrédito de la polí­tica, a las frustraciones de no haber conseguido aquello por lo que luchaban y a sus propias contradicciones. Y lo hace con el humor por bandera. Ferrés (abundante y rizada melena rubia, aspecto aniñado, voz suave en las respuestas) quiso contar la historia de su padre, un empresario que tiene que cerrar su negocio como tantos otros arrastrados por la crisis económica. Y recurrió a él para protagonizarla. Con la estimable colaboración de su abuela que en su fugaz intervención aporta tanta naturalidad como ternura. Se puede perder la empresa de tu vida, pero manteniendo firme la dignidad. Es su mensaje encerrado en 18 minutos ajenos a la grandilocuencia y también teñidos en ocasiones de humor.

Como feminista, agradezco a Potter, además de su maestría, considerar el feminismo un asunto tan serio y tan consistente como para resistir la mirada irónica y el humor con su punto ácido. Y como mujer comprometida con lo que sucede agradezco a Ferrés su talento para tratar un tema de alto coste social con el talento de la contención y la cercanía.

Sally y Laura. Dos mujeres en polos opuestos de su trayectoria cuya presencia se antojaba igual de firme, igual de convincente. Quizá por la verdad que rezuman sus obras. Tan distintas. Tan iguales en su profesionalidad.

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Ya lo pensaré mañana (1). Luppi cogió el último tren
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Angélica Tanarro | 24-10-2017 | 12:01| 0

 

Del actorazo que fue Federico Luppi y su relación con Seminci tengo un recuerdo en color: su llegada al Hotel Olid aquel año de 2002, y otro en blanco y negro: la foto de la portada de este suplemento (entonces aún el blanco y negro resistí­a junto al pujante color en los diarios) en la que Gabriel Villamil lo fotografió junto a unos niños con síndrome de Down que habí­an acudido a ver su pelí­cula. En esta foto, una sonrisa dulcificaba su rostro que, de normal, era serio, concentrado, como en esa otra imagen en la que posaba junto al director uruguayo Diego Arsuaga y el actor Pepe Soriano. Falta en esta foto el otro integrante del triángulo que daba vida a ‘El último tren’, el filme con el que compitieron ese año en el Festival y que les valió a los tres protagonistas la Espiga de Oro a la mejor interpretación masculina. La pelí­cula los había reunido treinta años después de haber protagonizado juntos ‘La Patagonia rebelde’.luppi

Aunque el trío estaba magní­fico en su papel, ‘El último tren’ no fue la mejor pelí­cula en la que participó el actor ahora fallecido. Quizá sus mejores papeles se los proporciono un director con el que tenía especial química, Adolfo Aristarain, y yo me quedaré para siempre con su rol de maestro comprometido en ‘Un lugar en el mundo’. Era ese personaje í­ntegro con una mirada ética del mundo (‘Lugares comunes’) la que le conferí­a un especial atractivo. Pero daba lo mismo que su misión fuera interpretar a un luchador por las causas perdidas, que a un egocéntrico guionista de cine (‘Martín Hache’) Luppi era de los que levantaban cualquier pequeña colaboración, véase si no su fugaz intervención en ‘Elsa y Fred’, el filme de Carnevale dirigido a mayor gloria de la actriz China Zorrilla, que también se vio en Seminci.

Si en España, la noticia de su muerte ha despertado la admiración y el cariño que aquí­ se le guarda, en su país natal las noticias de su muerte han sido crónicas en claroscuro. Se recuerdan las acusaciones de malos tratos que le hizo la que fuera su pareja durante diez años, la actriz Haydée Padilla, y los problemas legales con la madre de su tercer hijo, Brenda Acinelli. Luppi no reconoció los hechos, pero su fama quedó ensombrecida en su paí­s, donde también tuvo polémicas con Ricardo Darín al que llamó ‘boludo’ por criticar públicamente a la expresidenta Cristina Kirchner, de la que Luppi era partidario.

La gala inaugural de la Seminci le honraba como actor y recordaba su paso por el Festival, que en ese año de 2002 guardaba, por cierto, un minuto de silencio por la muerte de un grande del cine español, Juan Antonio Bardem.

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Seminci. Toma III. Historias lastradas por la duda o el artificio
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Angélica Tanarro | 24-10-2017 | 11:44| 0

AGNESKA HOLLAND TITUBEA EN SU ÚLTIMO FILME, NAOMI KAWASE NO REMATA EL EXCELENTE ARRANQUE DE ‘HACIA LA LUZ’ Y LA BRASILEÑA LAÍS BODANZKY CUMPLE CON ‘COMO NUESTROS PADRES’. AI WEI WEI MUESTRA SU EMPATÍA CON LOS REFUGIADOS

 

Historias que dirigen mujeres, protagonizadas por mujeres. Quizá vendrá un tiempo en que una crónica no tenga que señalarse esta circunstancia. Pero en este momento sí. La de Agneska Holland, por ejemplo. Su protagonista, una excéntrica defensora de los animales, aficionada a la astrología, que vive sola con sus dos perros en la orilla de un bosque cuya riqueza en fauna es algo así como un paraíso para los cazadores. Holland es una veterana y notable directora polaca, premada por películas como ‘Europa, Europa’ y ‘Olivier, Olivier’; que ha trabajado con grandes directores como Wajda o Kievloski y cuyo paso por este Festival siempre ha sido significativo. Pero en ‘Pokot’ dirige una historia que progresivamente se le va de las manos. De forma que cuando acaba, el espectador no está seguro de si ha visto una fábula, un thriller con elementos de humor, una proclama animalista… o una mezcla un tanto delirante de todo ello. El filme tiene los fallos de una primera obra, cuando el director o directora decide meter en ella todo lo que tiene en mente, cuando lo normal a estas alturas de la apreciada trayectoria de Holland es quitar peso.  Aquí, un plantel de personajes que no acaban de ser creíbles, desde su protagonista, que tan pronto es una dulce presencia como un ser al borde de la histeria, a un joven experto en informática que trabaja para la policía y traduce a Blake, o los perversos cazadores que habitan la comunidad pesan y mucho en el desarrollo de una historia que tiene un final que roza el delirio.

Más contenida, como corresponde a su delicadeza oriental es ‘Hikari’ (Hacia la luz’), de la japonesa Noemi Kawase, bien conocida de un certamen que hace dos años le distinguió con la Espiga a la Mejor Dirección por ‘Una pastelería en Tokio’, y donde también proyectó su primer largo, ‘Suzaku’ y años después la muy apreciable ‘El bosque del luto’. ‘Hikari’ parte de una buena historia: la de una joven que se dedica a realizar audiodescripciones de películas para ciegos y en una de las sesiones de prueba conoce a un afamado fotógrafo que a medida que va perdiendo la vista, se le va agriando el carácter. Excelente comienzo para una realizadora que gusta tanto de reflejar la belleza de los espacios abiertos como de encerrar a sus protagonistas en espacios claustrofóbicos o en primeros planos también claustrofóbicos. Todo un ejercicio de estilo que para una película que trata sobre miradas que despiertan y miradas que se apagan daría más juego. Pero se enreda en el artificio, la película avanza con dificultad y se acaba ahogando.luz

Como naufragará el matrimonio entre Rosa y Dado, protagonista de ‘Como nuestros padres’, de la brasileña Laís Bodanzky, cineasta que con su  primer film, ‘Bicho de siete cabezas’, abrió también la lista de premios internacionales. Aquí retrata la pelea de tantas mujeres consigo mismas: mujeres que no quieren repetir los clichés que afectaron a sus madres o a sus abuelas pero no saben quitarse la presión de una sociedad que les exige ser las mejores madres, las mejores profesionales, las mejores esposas… Ellas lo intentan mientras sus compañeros a menudo nadan en la perplejidad. Correcta realización, buen equipo de actores, y una pulcritud que juega a favor del tema (aún muchos hombres deberían ver estas historias no solo para entender mejor a las mujeres sino para saber que las mujeres están ocupando su lugar ellos tienen también que cambiar su perspectiva) pero en contra de la implicación del espectador.

Dejo para el final, ‘Human flow’ el documental de Ai Wei Wei, estrenado en Cannes con amplia cobertura mediática. Ai Wei Wei no entiende el arte si no está comprometido con su tiempo y así lo deja ver en sus performances y en sus instalaciones que a menudo son un grito contra la censura y los regímenes que no aceptan la diversidad de opiniones. No en vano él sufrió cárcel, tuvo que exiliarse de su país, fue un niño de padre represaliado por el régimen chino y durante la rueda de prensa en Valladolid confesó que siempre se sentirá un refugiado.De refugiados, como todo el mundo sabe, va su documental. Dos horas y cuarenta minutos acompañando por 23 países a quienes huyen de la muerte, sea por la guerra, sea por la persecución política, religiosa o racial. Un documental que no entra en los distintos conflictos que están en el origen de esa marea humana. Creo que es una opción perfectamente consciente. Wei Wei ha preferido acompañar a lso refugiados allí donde se estrellan contra las vallas que crecen en el mundo privilegiado. Vemos todo tipos de campamentos, todo tipo de fronteras, todo tipo de miradasflow-2 que se pierden en la falta de un futuro. Vemos niños, muchos niños, los únicos capaces de sonreír en medio del desastre. Ai Wei Wei, se le ha criticado por ello, es una presencia casi constante en el documental. Y sí que resulta un poco excesiva. Él la justifica afirmando que contrariamente a lo que sucede en el relato de los periodistas norteamericanos que, según él. relatan estas historias desde un punto de superioridad, “como si fueran los dueños de este mundo”, él prefiere mostrar que se siente uno más.

El documental no es redondo, pero haré uso de un adjetivo manido y diré que es necesario. Y una nota más: Wei Wei no puede evitar ser un artista. Lo muestra en planos en los que el reflejo dorado de las mantas de papel metálico que cubren a los llegados en pateras ofrece un una estética visión o en aquellos aéreos en los que la mirada percibe en primer lugar un muro formado por extrañas e idénticas casillas que, una vez la distancia se acorta, se convierten en los tejados de los barracones entre los que se mueven pequeños puntos como hormigas que son en realidad sus habitantes.

(Fotogramas de ‘Hacia la luz’ y ‘Human flow’)

 

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Más que un oficio, el periodismo cultural es una forma de vida. La llevo ejerciendo desde que terminé la carrera. Hace de eso algún tiempo. Me recuerdo leyendo y escribiendo desde que tengo uso de razón. La lectura es mi vocación; la escritura, una necesidad. La Cultura, una forma de estar en el mundo. Dejo poemas a medio escribir en el bolso y en todos los armarios.