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Noticias que se atraen
Angélica Tanarro 24-03-2011 | 8:19 | 0

La realidad es poliédrica y a menudo cambia de color según la perspectiva desde la que la contemplemos y dónde le apunte el foco. El mundo en el que vivimos, globalizado y con tendencia a unificarse en la mediocridad, no puede afortunadamente con todas las diferencias. Aún la diversidad nos sorprende cada día y podemos respirar en la diferencia. Así ocurre con las noticias que nos asaltan minuto a minuto por los más diversos medios, ya sean los tradicionales, las agencias de información, o las sacrosantas redes sociales. Pero hay noticias que, aunque parezcan distintas, se atraen, acaban aproximándose, crean sus propias constelaciones. Y forman dibujos geométricos en el poliedro de la realidad. De lo que pasa.
Últimamente me ha ocurrido con dos, aparentemente en las antípodas una de otra. La primera hablaba de la cuarta entrega de ‘Torrente’, ya saben el policía casposo y guarro con el que Santiago Segura hace su agosto en cualquier época del año. La noticia, una de las muchas que han circulado sobre el estreno de la película, decía: «‘Torrente 4’ ha sido una de las películas más vistas a nivel mundial en su primer fin de semana de exhibición, con una recaudación de 8,12 millones de euros». La fuente de la noticia era la agencia de comunicación de la productora del filme. La segunda noticia llegaba dos días después con la siguiente ‘entradilla’: «El Chillida-Leku deja de ser un museo abierto al público. La familia Chillida da por fracasadas las negociaciones con las instituciones vascas para salvarlo». No tengo nada contra Torrente. Y me parece fantástico que Segura se esté haciendo de oro con el invento. Pero el fenómeno tiene un lado preocupante. El fin de semana pasado hablábamos en Medina sobre el presente y el futuro del cine español y me asombraba cómo profesionales jóvenes de distintos sectores del cine (productores, directores…) la ponían de ejemplo para demostrar cómo el cine estaba perdiendo el contacto con el público. Algo caricaturizada ( o ni eso) la conclusión venía a decir «más torrentes y menos cine de autor». Claro que al paso que van las cosas se llama cine de autor a películas muy valiosas, muy ‘fáciles de ver’, capaces de llegar a la experiencia del espectador pero que difícilmente encuentran circuitos comerciales más allá de un paso fugaz por las salas que en tiempos se llamaban de ‘arte y ensayo’. Existen. Yo las he visto.


De Chillida Leku me queda el recuerdo de unas horas impagables. Más allá de la obra del extraordinario artista que fue Chillida, el lugar era un ejemplo de cómo la cultura puede deparar magníficos proyectos (y no hablo de la gestión, claro. Reconozco que no estoy al tanto de los pormenores que han llevado al cierre. Solo me duelo de la pérdida). En ese privilegiado lugar donde las obras de arte se hablan de tú con las esculturas naturales que son sus maravillosos árboles se respiraba paz y la alegría de que lugares así pudiesen ser disfrutados por todos. Las noticias se me juntan en la escritura. Las conclusiones se las dejo a ustedes.

(Publicado en la columna de opinión Días nublados, de la edición impresa de El Norte de Castilla, el 24 de marzo del 2011)

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Unas buenas ‘españoladas’
Angélica Tanarro 10-02-2011 | 7:01 | 0

Vuelvo al cine. A hablar de cine, quiero decir. No en vano estamos en vísperas de la gala de los Goya y mis planes son sentarme ante la tele y tragármela de cabo a rabo como hago siempre. (Cada cual tiene sus debilidades más o menos confesables).
La anécdota que me ha disparado la columna le ocurrió a un compañero precisamente cuando hacía una encuesta sobre las películas nominadas a los premios del cine español. Una de las personas ‘encuestables’ al saber de qué se trataba contestó con desprecio: «¡Yo no veo españoladas!».
¿Se acuerdan de a qué se llamaban españoladas? Eran esas películas de bajo presupuesto y parejo interés artístico (aunque el término se aplicó a veces con injusticia) que se decía que el régimen franquista favorecía para distraer a la gente de cuestiones de mayor calado. Tenían de bueno que su finalidad no era otra que esa: distraer y a ser posible divertir y que daban trabajo a media profesión porque los repartos eran larguísimos y ‘estaban todos’. Hoy llenan la programación de ‘Cine de barrio’ gracias a la cual los salones se llenan de caspa cada sábado por la tarde. Hay gente que se ha quedado ahí. que sigue despreciando cuanto ignora. Lo pensaba el martes por la noche cuando volví a ver, gracias al acierto de ‘Versión española’, el programa de cine de La2, ‘Tres días con la familia’ esa joyita-ópera prima de Mar Coll, con la que se ganó el Goya a la mejor dirección novel. Un despliegue de talento y de intuición desarrollado sin retóricas, con los planos justos y los diálogos justos, sin la habitual verborrea de algunos principiantes. Claro que muchos enterados igual la hubieran hecho caso si su nacionalidad fuera francesa, es un suponer. (Y un suponer con sentido pues el filme bebe en lo mejor del realismo galo).


Pero tampoco es tan extraño que salvo a algunos exquisitos a mucha gente lo único que le haga levantarse del sillón y acercarse a las salas sea la americanada de turno, bien provista de efectos especiales machacantes para los sentidos (o lo que quede de ellos) o de gafas tridimensionales. Entonces no importa que el producto en cuestión lo hayamos visto cientos de veces disfrazado de western, de thriller, de comedia romántica o de historia de ciencia ficción. ¿Acaso hay prisa por estrenar lo último de Guerín al que, como sigan así las cosas, solo vamos a poder verlo en festivales y museos (por cierto acérquense a ver su proyecto en el Esteban Vicente de Segovia y no saldrán defraudados)? ¿Y qué me dicen de Víctor Erice, al que literalmente aburrieron las dificultades para sacar sus proyectos adelante? ¿Y cuántos otros valiosos directores se han quedado en el camino? ¿Se acuerdan de cuándo fue la última vez que rodó José Luis Borau? Alto precio se paga en este país por el talento.
Y ahora, enredada la profesión e la penúltima trifulca, no parece claro que las cosas vayan a mejorar a corto plazo. ¿Y n sería por esto por lo que habría que protestar? Digo yo…

(Publicado en la sección de opinión ‘Días nublados’, de la edición impresa de El Norte, el jueves 10 de febrero del 2010)

(En al foto, una imagen de ‘Tres días con la familia’, de Mar Coll)

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Éramos pocos en el cine español
Angélica Tanarro 04-02-2011 | 6:35 | 0

Si la última gala de los Goya pasó a la historia como la de la reconciliación de Pedro Almodóvar con la Academia, la de este año no parece que vaya a tener un ‘happy end’ parecido. Al contrario, promete tensión y sonrisas congeladas, con la ministra de Cultura (y directora de cine, no se olvide) y Álex de la Iglesia (presidente de la Academia con los días contados para dejar el cargo) sentados protocolariamente codo con codo después del altercado virtual por culpa de la polémica ley contra las descargas ilegales. Como dice el refrán popular ‘no dura mucho la alegría en la casa del pobre’. O también se podría aplicar ese otro de ‘éramos pocos…’
El todavía presidente de la Academia se apuntó el año pasado el tanto de la aparición estelar y por sorpresa de Almodóvar tras años de ausencia de la gala. Pero este año De la Iglesia que va de ‘enfant terrible’ y cuya producción despierta tantas simpatías como aversiones, y si no ahí están las críticas de su última película que por cierto opta a un porrón de estatuillas, tiene un papelón. Vamos, que para una vez al año que el cine español trata de olvidar sus miserias la atención no va a estar ni siquiera en el pase de modelos de la alfombra roja. El morbo se cuela por las rendijas de una profesión dividida que una vez más y muy a su pesar dará argumentos a quienes parecen odiar a los profesionales del cine. Como se odia en la caverna a todo lo que huela a cultura o creación.
Y no lo digo por decir. Me espeluznan los comentarios que escucho a veces –y no a gente indocumentada, gente incluso universitaria– a propósito del asunto de las descargas. Gente que ni ama el cine, ni se pierde jamás por una sala oscura, ni se plantea su aspecto cultural habla con el mayor de los desprecios de unos profesionales que a sus ojos parecen delincuentes, vividores de la subvención. Esa gente que jamás cuestionaría los dineros públicos que se entierran en industrias cuyos patronos, una vez guardada la recaudación, deslocalizan el chiringuito, echan a los trabajadores y a otra cosa…

Y es que la cultura no es una ‘industria’ en la que crea alguien en este país más allá de lo que indiquen modas pasajeras. Y mucho menos la clase política y los responsables de las carteras correspondientes que hasta sienten vergüenza en ocasiones del dinero que gasta su departamento. Dinero vergonzante el de la cultura en España. Solo le faltaba una crisis económica para retroceder lo poco que tras años de esfuerzos y mendicidades se iba consiguiendo. De la Iglesia debería haber calculado que representaba a un sector y no a sí mismo (y en qué momento) antes de sus erráticas tomas de postura públicas.
No nos engañemos. Más allá de los cambios de costumbres en los espectadores (y bla, bla, bla), lo que escuece de la Ley Sinde no es más que la punta del iceberg del grave problema de fondo. En este país solo una minoría cree en la cultura y en lo que representa. Que se lo digan a responsables de museos, teatros y programas de todo tipo a los que no se les quita el gesto de ‘Virgencita que me quede como estoy’.

(Publicado en la sección de opinión ‘Días nublados’ de la edición impresa de El Norte de Castilla del jueves 4 de febrero de 2011). (En las fotografías: Álex de la Iglesia (José Ramón Ladra) y Ángeles González Sinde (Ignacio Gil)

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Soy jefa de Cultura en El Norte de Castilla. En mis ratos libres (pocos) solía escribir y hasta encontraba editor. Ahora he cambiado los versos (libres o no) por alumnos de Periodismo. Mi verdadera vocación es la lectura.