El Norte de Castilla

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violencia

…Y ahora también de género
Angélica Tanarro 27-02-2015 | 5:58 | 0

Siempre he pensado que los campos de fútbol son lugares donde la violencia tiene una visa especial. Y no me refiero solo a esos casos en los que se enciende una mecha y la agresividad entre hinchadas explota en tragedia, llevando la noticia al primer plano informativo. O a las batallas campales en los aledaños de los estadios –esa especie de templos laicos con sus propios rituales y reglas internas– como la que recientemente se vivió en las proximidades del Calderón en Madrid.

Insultos racistas, agresiones a los árbitros, lanzamiento de objetos contra los jugadores… son artículos de un catálogo plenamente vigente porque parece que no interesa de verdad acabar de una vez por todas con este comportamiento, aún más grave si se tiene en cuenta que lo que se practica en esos campos es deporte. Y que los sujetos que luchan por el balón son a menudo referente para los jóvenes.

Pongamos la dureza de algunas entradas que acaban en lesiones graves, truncando o, en el mejor de los casos, dificultando el futuro de un deportista. (De los mordiscos y otras modalidades de la rabia de algunos jugadores que lo siguen siendo, mejor ni hablar). He oído muchas veces justificar el jeugo duro, con frases dignas de enmarcarse: “Es que es un deprote de contacto” Ahhhh!!! Vale. Solo les falta decir que es un juego de machotes. O ya lo han dicho, me temo.

Lo que nos faltaba por ver era apología de violencia de género en los estadios. En plan masivo, quiero decir. Y ya lo hemos visto.Fue en el estadio del Betis, en el que un sector (por cierto numeroso) de seguidores del equipo sevillano para vergüenza del resto de los aficionados jaleaban al delantero de su equipo Rubén Castro, para el que el fiscal pide dos años y un mes de cárcel por cuatro delitos de maltrato y otro de amenazas contra su ex novia. Había que animarle y ahí estaban los ultras para dejar alto el pabellón: “Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”. Porque hay sujetos que no solo tienen la capacidad de distinguir qué mujer es una puta o no, sino que una vez decidido este extremo dejan claro que las que ellos consideran putas, merecen maltrato.

Lo lamentable es que, según las informaciones de diarios deportivos, los gritos se han repetido en dos partidos consecutivos. Y que los responsables de la Liga no oyeron nada denunciable tras el primer episodio. La Fiscalía de momento abrió investigación de oficio, y la Comisión Estatal contra la Violencia se ha puesto por fin las pilas y ha propuesto el cierre parcial del Estadio Benito Villamarín. Veremos en qué queda todo, pero ¿no d a la sensación de que comparado con la paliza que hay que aguantar cada vez que le duele el meñique a Ronaldo o Messi tiene un problema estomacal, qué poco ruido está haciendo el tema? Será porque ellos son hombres. ¡Y además futbolistas! Hay que mantener el negocio como sea. Avanza mucho este país.

(Publicado en la columna de opinión ‘Días nublados’ de la edición impresa de El Norte de Castilla el 26 de febrero de 2015

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Los burkas invisibles
Angélica Tanarro 22-04-2010 | 5:15 | 0

Hce unos años me preguntaba en este mismo espacio (que no se llamaba igual, eso es cierto) cómo se vería el mundo a través de la rejilla de un burka, esa cárcel portátil que envuelve a las mujeres afganas cuando salen al mundo exterior. Al mundo exterior de su calle, del mercado, de su pueblo…
Entonces, cuando escribía de la penosa situación de estas mujeres expuestas al castigo, carentes de derechos, sin acceso a la educación o la sanidad, teníamos esperanza en que la situación cambiaría pronto. Que la derrota de los talibanes y la ocupación militar de su país por fuerzas occidentales contribuiría a cambiar las cosas. Ahora sabemos que esto no es así. Que las tropas permanecen pero también su situación de seres humanos invisibles. Ni unas elecciones sobre las que pesaron acusaciones de irregularidades, ni la tercera etapa (o cuarta, no sé bien) del Gobierno de Hamid Karzai, ni, insisto, la presencia de las tropas occidentales ha servido hasta el momento para erradicar la amenaza talibán ni para controlar a los señores de la guerra. Las mujeres son un asunto de tercer nivel como poco.
Todo eso lo intuíamos, pero de vez en cuando conviene poner voz a la realidad, una voz que sea a la vez primera fuente. Voz, que no rostro. Mariam Rawi no tiene cara cuando se llama Mariam Rawi. Cuando utiliza su nombre real tampoco. Pero viaja por el mundo como representante de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán, para recordar allí donde la quieran oír que sus compatriotas siguen sin ir a la escuela, que no pueden trabajar y que no pueden salir a la calle si no van acompañadas por un familiar cercano. «El burka es lo de menos», dice el impresionante testimonio que ayer aparecía en el suplemento V de este diario. Demasiados burkas… Y de entre todos ellos los más peligrosos son los invisibles. No conviene que nos escandalicemos mucho sobre lo que pasa fuera salvo para contribuir a la solución. Aquí mueren en un goteo constante mujeres sin burka, con derechos constitucionales, con trabajo y fines de semana libres. El mapa de los ojos morados es compatible en Occidente con los estudios universitarios. A pesar de las leyes, de las denuncias, de las sentencias de alejamiento…

Aquí nos choteamos (y no digo que con cierta razón) cuando la ministra Aído la emprende con los cuentos infantiles. Yo no comparto la preocupación y eso que a mí de niña la historia de la costilla de Adán ya me parecía una injusticia. «¿Por qué no al revés?» me preguntaba con mis pocos años y las neuronas sin estrenar. Fue mi primera rebeldía feminista antes incluso de que la educación recibida en casa fuera mi privilegio. Pero no me ufano, los velos a veces son tan sutiles… La cultura ancestral corre silenciosamente por las venas más comprometidas.
Pero hay tanto por hacer que Blancanieves o la Cenicienta no parecen muy peligrosas. Yo veo al cabo del día tantas actitudes machistas, tantos desprecios hacia las mujeres por el hecho de serlo y tanta aceptación silenciosa disfrazada de modernidad… Y luego leo las declaraciones de Mariam Rawi y me siento afgana por solidaridad.

(Publicado en la edición impresa de El Norte de Catilla del 15 de abril del 2010-. Columna de opinión: Días Nublados)

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Sobre el autor Angélica Tanarro
Soy jefa de Cultura en El Norte de Castilla. En mis ratos libres (pocos) solía escribir y hasta encontraba editor. Ahora he cambiado los versos (libres o no) por alumnos de Periodismo. Mi verdadera vocación es la lectura.