Reflexionando sobre Inmigración

INMIGRANTES, SECTOR NO LIBERALIZADO[i]

Por Innuendo91 (@jaimenie)

Las doctrinas económicas clásica y neoclásica se caracterizan por promover la total libertad económica, de modo que los precios sean el fiel reflejo del valor real de las mercancías -que vendría determinado por la escasez o abundancia de las mismas-,evitando cualquier distorsión externa como impuestos, subvenciones, etcétera. La política económica que aconseja ésta doctrina está encaminada, lógicamente, areducir la intervención de los Estados a una serie de funciones administrativas, de garantía de marco legal y de seguridad militar.

Pero que el Estado no intervenga no es suficiente para que la formación de los precios sea, digamos, pura. Para ello son necesarios una serie de requisitos de entre los cuales hoy me interesa la movilidad de factores productivos. Las teorías ortodoxas, nos indican que la situación óptima en la economía requiere de la movilidad internacional de capital y trabajo. Así, simplificando, el país que en un sector ofrezca unos salarios más altos atraerá a los trabajadores del resto de países, contribuyendo a que se reduzcan y por lo tanto, desincentivando la llegada de nuevos trabajadores, lo que a largo plazo se traduce en una situación teóricamente eficiente y de equilibrio. De manera análoga se comportarían los capitales.

La libre movilidad del capital a escala internacional es una política económica elevada al rango de ley, algo que queda fuera de todo debate. Las transacciones internacionales de capital no están sujetas a imposición, ni siquiera el 1% de la tasa Tobin, lo que es coherente con la teoría económica neoliberal y cuyas consecuancias desestabilizadoras quedaron probadas en los años 90 con las crisis Mexicana y de los Tigres Asiáticos . No tienen ni una sola barrera.

Sin embargo, la coherencia anterior se desvanece cuando hablamos de la movilidad del trabajo. El mecanismo de ajuste automático que describe la teoría clásica no parece justificar en este caso el fomento de políticas que favorezcan dicha situación. En efecto, la inmigración no sólo se desincentiva y se trata de evitar, sino que, incluso, en algunos países, se persigue como un crimen.

En este caso, quienes aconsejan la reducción e incluso desaparición de los Estados, no dudan en exigir que se repriman esos movimientos migratorios de personas, empujadas precisamente por un sistema económico internacional que aboca al subdesarrollo a los países emisores. La movilidad internacional de capitales, que tanto beneficia a aquellos que los poseen, se consolida como una institución inquebrantable, defendida por las Instituciones Financieras Internacionales, economistas ortodoxos y Gobiernos interesados. Mientras tanto, miles de personas son arrojadas al mar y los caminos en busca de unas mejores condiciones de vida, impedidas en sus países, y son perseguidas y maltratadas a petición de aquellos que dicen exigir la Libertad con mayúsculas.

En Europa asistimos al desmoronamiento progresivo del Tratado de Schengen, por el que la ciudadanía europea puede circular libremente entre países de la región; en Francia, la ultraderecha xenófoba se erige en alternativa gobernante entre los conservadores y en España se encarcela en los CIEs a personas por el mero hecho de no tener permiso de residencia. La última tropelía, dejar sin sanidad a quienes no tengan en este permiso. A partir de hoy, enfermos de SIDA en España dejarán de recibir su medicación. Enhorabuena, liberales y, pregúntense: ¿qué clase de hipocresía es ésta?

 


[i] Escribí esto en 2010 en ecomentando.blogspot.com con algunos remiendos y adaptaciones y está de plena actualidad, tristemente. Aquí, no trato de convencer de los derechos inherentes al ser humano por el mero hecho de serlo, sino que lo abordo desde la perspectiva de la teoría económica y la hipocresía de los liberales a la hora de aplicarla.

INMIGRACIÓN, ESTADO DEL BIENESTAR Y LIBERTAD

Por libertarian25 (@luispablohorra)

La reforma sanitaria que planea llevar a cabo el Gobierno del PP ha provocado una oleada de críticas por gran parte de la izquierda española. Aunque muchas de las cosas que se han dicho sobre esta reforma son radicalmente falsas (aquí pueden leer un breve resumen de la misma y aquí el texto completo), es cierto que la reforma contiene una serie de puntos conflictivos que deben ser tenidos en cuenta. El punto más caliente es el que limita la asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular[1]. A diferencia de otros análisis superficiales que se han hecho hasta ahora, este artículo intentará ir a la raíz de la cuestión, que no es otra que la contradicción de base que subyace al Estado del bienestar en las sociedades occidentales.

En la sociedad del bienestar, el Estado presta una serie de servicios, es decir, actúa en parte como una empresa: ofreciendo un bien o servicio demandado por los ciudadanos. Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre el Estado y cualquier empresa: el Estado obtiene sus ingresos de forma coactiva a través de los impuestos, mientras que las empresas están sujetas al libre mercado, es decir, los consumidores eligen qué empresas satisfacen mejor sus necesidades. Por tanto, cada empresa ofrece bienes o servicios solamente a aquellos que eligen libremente comprarlos.

La sanidad es, junto con la educación, el servicio más importante que presta el Estado. En una sociedad libre, el mercado proveería a los ciudadanos de asistencia sanitaria a través de empresas privadas que competirían entre sí para atraer clientes. Estas empresas, por tanto, estarían financiadas por sus clientes. La sanidad pública es financiada por los contribuyentes pero, ¿quiénes son los contribuyentes? Pues aquellos que pagan este servicio a través de los impuestos que gravan el trabajo ¿Qué impuestos? En España, principalmente las contribuciones a la seguridad social. Por tanto, estrictamente hablando, en un Estado del bienestar la sanidad debería cubrir a todos aquellos que contribuyen y a sus beneficiarios, sin tener en cuenta su nacionalidad. ¿Quiénes quedarían excluidos? No sólo los inmigrantes en situación irregular, sino todos aquellos españoles que llevasen un largo periodo de tiempo sin contribuir al sistema común. Esto conlleva múltiples contradicciones. Por ejemplo: ¿cuánto tiempo deberían estar sin trabajar para perder su condición de asegurados? ¿1 año, 5 años, 10 años?  A este razonamiento se podría objetar que la sanidad no sólo se financia mediante estas contribuciones, sino también a través de ciertos impuestos indirectos como el que grava los combustibles. Por consiguiente, alguien no asegurado podría reclamar justamente su derecho a la sanidad, puesto que está contribuyendo cada vez que llena el depósito de su coche. Como vemos, no hay una manera estrictamente racional de delimitar el concepto de asegurado, si no es mediante criterios arbitrarios.

Por otro lado, si afirmamos que la sanidad estatal tiene que cubrir a todos y cada uno de los ciudadanos que estén en un país, independientemente de si pagan impuestos o de si están en situación regular o irregular, estamos creando un efecto llamada, y no sólo de aquellos que carecen de ingresos, sino de ciudadanos de otros países que prefieren no gastarse una gran suma de dinero en su país por un tratamiento que pueden obtener de forma gratuita en España.

Los que nos consideramos liberales tampoco podemos abogar por el cierre de fronteras o por la expulsión de los inmigrantes en situación irregular. Sería hipócrita predicar la libertad económica en todos los ámbitos, excepto en el del trabajo. Además, es profundamente inmoral que el Estado expulse a una persona sin que medie una agresión previa. Esto iría contra el principio básico de no agresión, una de las bases del liberalismo[2]. Por tanto, la solución tampoco pasa por cerrar las fronteras a la inmigración como piden los estatistas de extrema derecha.

¿Cuál es entonces la alternativa? Como afirma Gabriel Calzada en su artículo Servicios públicos y “xenofobia” , la solución pasa por, en primer lugar, desmantelar el Estado del bienestar y liberalizar todos los servicios públicos que actualmente presta el Estado. De esta forma, cualquier persona podría desplazarse libremente para trabajar en cualquier país sin que surjan problemas derivados del Estado del bienestar. Y en segundo lugar, permitir la competencia a los países subdesarrollados, eliminando aranceles y fomentando el libre comercio.

La reforma propuesta por el PP es sólo un parche que intenta alargar la agonía de nuestro sistema sanitario y que, como hemos visto,  no aborda el problema de raíz.



[1] Es necesario recordar que la reforma no deja sin ninguna asistencia médica a los inmigrantes ilegales, aunque sí limita su acceso a la totalidad del Sistema Nacional de Salud.

[2] Esta idea se puede encontrar en el artículo Liberty and Inmigration en http://www.thefreemanonline.org/features/liberty-and-immigration/


YPF: una nacionalización, dos puntos de vista

EXPROPIAR ES ROBAR 

Por libertarian25 (@luispablohorra)

Hace unos meses, la diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela María Corina  tuvo el valor de enfrentarse a Chávez durante el acto de Memoria y Cuenta que se celebra anualmente en Venezuela. Corina se atrevió a reprocharle al tirano su falta de respeto por la propiedad privada y tuvo el valor de decirle (no muchos venezolanos tienen el valor de enfrentarse a Chávez con tanta determinación) que expropiar era robar.

Recientemente hemos conocido la intención del Gobierno argentino de tomar el control de la petrolera YPF expropiando el 51% de las acciones en manos de Repsol. Una de las razones que la populista Cristina Fernández de Kirchner (CFK) ha esgrimido para perpetrar este latrocinio es que la producción de hidrocarburos ha caído por falta de inversiones de la multinacional española, hasta el punto que Argentina se ha visto obligada a importar. Aunque esto fuese verdad, YPF sólo representa aproximadamente un tercio de la producción total de hidrocarburos en Argentina. No puede ser ésta, por tanto, una razón en sí misma para la expropiación. Y más teniendo en cuenta que en 2011, las inversiones de Repsol superaron los 13.300 millones de pesos (3022,7 millones de dólares), un 50 % más que en 2010.

Otra de las razones apuntadas por CFK para atentar contra la propiedad privada es la “utilidad pública”. Bajo este etéreo manto, se justifican todo tipo de robos y expolios, eso sí, en aras del “bien común”. Aunque esto no es exclusivo de repúblicas bananeras. La Constitución Española en su artículo 33.3 recoge que “nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por la leyes”. Toda una potencial[i] agresión contra la propiedad y la libertad.

Incluso el presidente de Repsol-YPF ha llegado a decir que “todos los Estados tienen derecho a expropiar”. Analicemos la afirmación. Según la RAE, expropiar es “privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho, dándole a cambio una indemnización” y “se efectúa por motivos de utilidad pública o interés social previstos en las leyes”. Los Estado no tienen derecho a privar a una persona de su propiedad. No en una sociedad libre. Aun existiendo un sistema legal que ampare este latrocinio, no deja de ser injusto y contrario al derecho más elemental del ser humano: el derecho de propiedad. El Estado carece de derechos y solamente tiene un deber: garantizar la propiedad y la libertad.

No comparto para nada la extendida idea de que los recursos naturales pertenecen al Estado y su gobierno puede gestionarlos como quiera, esto es, privatizando y nacionalizando a su antojo. Tener recursos no basta para conseguir la independencia energética. Es necesaria una gestión eficiente de los mismos a través de grandes inversiones tecnológicas.  Repsol tiene derecho a los recursos que ha explotado gracias a la tecnología y al dinero invertido para ello. Esos recursos son, por derecho contractual, de quien los explota. Ayn Rand lo explica a la perfección en este vídeo.

Consideremos ahora las consecuencias económicas que para Argentina supone la nacionalización YPF. Por un lado,  la inseguridad jurídica que esta decisión supone para las empresas extranjeras que desarrollan su actividad en el país andino. Cualquier empresa que tuviese intención de invertir en un futuro se lo pensará dos veces antes de hacerlo, ante la falta de un gobierno serio y previsible. Por otro lado, la nacionalización no garantiza el autoabastecimiento, por lo menos a corto plazo. La eficiencia del Estado para gestionar cualquier empresa es siempre menor que la del sector privado.

Argentina tiene dos caminos a seguir. El primero es el camino que marca Chávez: el  del proteccionismo y la inseguridad jurídica, esto es, el camino del “Socialismo del siglo XXI”; el segundo es el camino del libre mercado, de la globalización y de la defensa de la propiedad privada. En definitiva, el camino de la libertad. De momento sabemos cuál ha elegido y a dónde lleva ese camino. Esperemos que sepa rectificar a tiempo.



[i]  Si consideramos los impuestos como una forma de expropiación en “interés” o “beneficio” de la sociedad (nótese el entrecomillado; las sociedades no se benefician, lo hacen los individuos), es decir, como lo que son, la agresión ya no es potencial sino real.

¿ESHTASH NERVIOSHO REPSHOL?

Por Innuendo 91 (@jaimenie)

Voy a ser osado y me voy a adelantar a Sir Libertarian y apuesto a que opina, como buen liberal, que el Estado Argentino ha robado el oficioso y sufrido trabajo de un emprendedor que ha levantado, ladrillo a ladrillo, ese gran edificio que es Repsol-YPF.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) era una empresa pública fundada nada menos que en 1922 y que el neoliberal Carlos Menem vendió a precio de saldo a Repsol en 1999. La empresa fue enajenada por un Gobierno neoliberal que se arrogó el poder para malvender lo que era patrimonio de los argentinos. Ahora, Argentina recupera para sí la soberanía -parcial, pues hay otras petroleras en el país- sobre la extracción de uno de sus recursos y así poder tomar de nuevo el timón de su soberanía energética, algo sobre lo que debería reflexionar España, como más tarde añado.

Durante el tiempo que YPF perteneció a su propietario, el Estado argentino, esta contribuyó notablemente al desarrollo económico de la nación convirtiéndola en una de las más prósperas en la época de posterior a la 2ª Guerra Mundial, antes de la llegada de la dictadura.  Los recursos gestionados por la empresa estaban al servicio de la sociedad y se podía identificar la bonanza de la empresa con la del país. ¿Podemos decir lo mismo de Repsol?
Como vemos en la distribución accionarial de la empresa, el 32’3% pertenece a 3 grandes empresas y el 42% a Instituciones Extranjeras, en su mayoría fondos de inversión gestionados por grandes bancos extranjeros. El 74’3% de la empresa pertenece a multimillonarios. Así, los intereses de Repsol no son los del país, sino son los de un puñado de gigantes empresariales. No entiendo, por tanto, el revuelo patriotero que ha levantado la decisión argentina.

Como avanzaba antes, no solo la titularidad de la empresa es lo que debe preocupar. Hay que repensar el modelo energético, pues España importa el 79% de la energía que consume, al nivel de países diminutos que -por razones obvias dado el nivel de consumo abusivo del modelo Occidental- tienen más dependencia exterior. Si redujéramos esa dependencia exterior minorando el consumo y produciendo energía a partir de fuentes no agotables, Repsol no necesitaría estar en Argentina extrayendo su petróleo gracias a la complicidad de un Gobierno títere que lo malvendió.

Quería finalizar la entrada confrontando privatización frente a servicio público pero creo que esto da para otra entrada completa, otro día. Tan solo apuntar que, con la nacionalización, Argentina podrá incorporar objetivos ajenos a la maximización del beneficio empresarial para su política energética,

Un libro, una canción

CAÍN 

Por Innuendo91 (@jaimenie)

Jimi Hendrix – Bold As Love  http://www.youtube.com/watch?v=7xTcLrTabS4

“Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él.”

Buen comienzo para la resaca de Semana Santa, ¿no? El autor de estas palabras, José Saramago, también lo es del libro que quisiera recomendar: Caín. Me habría gustado hacerlo antes del comienzo de las vacaciones, pero la apretada agenda de Sor Libertarian y mi desconexión a la red durante esos días me lo impidieron. Al grano.

Volvamos por un instante atrás, escuchando a Hendrix, en la obra de Saramago, no hasta el Evangelio según Jesucristo, sino hasta Ensayo sobre la Ceguera. En esta obra maestra Saramago reduce al ser humano a su estado más primitivo privándole de tan solo uno – tan frágil es nuestra condición de reyes de la Creación – de nuestros cinco sentidos: la visión. Así desnuda nuestro ser, nos despoja de la convención social existente por una nueva, basada en la ceguera de todos los humanos, que se aproxima bastante a una versión primitiva de la sociedad humana.

En Caín, nos cuenta el Antiguo Testamento según su particular visión, que dista del “chorro de absurdos” y “engendro” que considera al original. Muestra a los personajes del A.T. tal como son: brutales, perversos, egoístas… humanos. Lo hace con descarnada ironía y una vulgaridad buscada totalmente geniales que representan a la perfección el agrio sentido del humor de Saramago. Su particular Biblia nos ofrece una visión primitiva del ser humano, como en Ensayo sobre la Ceguera, y con ello nos recuerda que lo que somos, lo que vivimos y lo que hacemos, no es un orden natural, ordenado inteligentemente por la Providencia, sino que somos fruto de un orden social, construido históricamente.

Según los liberales, el orden natural de las cosas es el que debe prevalecer, también en economía, donde cualquier interferencia en los procesos mecánicos del mercado crea ineficiencias y es moralmente reprobable. Nada más lejos, la humanidad es dueña de sus actos, que no responden a un orden natural sino a un orden social, construido a través de las relaciones de poder, de producción e históricas. El hombre no es bueno o malo por naturaleza, es la brutalidad o la prosperidad del orden social histórico el que determina y construye estos conceptos de bien y mal. Y como tal “pueden” ser cambiados, cuando no “deben”, directamente.

LA ÉTICA DE LA LIBERTAD

Por libertarian25 (@luispablohorra)

The Beatles -Taxman http://www.youtube.com/watch?v=YtksJEj2Keg

Acabo de terminar La Ética de la Libertad [i] y debo confesar algo: nunca había leído una defensa tan coherente y entusiasta de la libertad. Murray N. Rothbard, economista de la Escuela Austriaca y discípulo de Ludwig von Mises, aborda la difícil tarea de establecer una “teoría ética sistemática de la libertad”, según sus propias palabras. Y lo hace sin contradicciones, defendiendo la libertad hasta sus últimas consecuencias. Rothbard es considerado por muchos como el padre del anarcocapitalismo, sistema político-económico que defiende la economía de libre mercado hasta sus últimas consecuencias, negando el derecho del Estado a existir.

En su obra, Rothbard recoge la tradición anarquista del S.XIX y la fusiona con la tradición liberal de la Escuela Austriaca. En la primera parte del libro, Rothbard afirma que, partiendo de una ética objetiva basada en la razón, se puede establecer un sistema legal cuyo fin último debe ser el respeto de los derechos de propiedad. En esto coincide con la filósofa estadounidense Ayn Rand, cuyo sistema filosófico se basa en la razón como única herramienta para establecer una ética universal para todos los seres humanos.

En la segunda parte, Rothbard desarrolla su propia teoría de la libertad. El autor intenta  “…establecer firmemente la filosofía política de la libertad y delimitar la esfera propia de la ley, de los derechos de propiedad y del Estado”. El principio fundamental de la filosofía política de Rothbard es que “nadie tiene derecho a agredir la propiedad justa o legítima de otro”. ¿Y cuál es la propiedad “justa o legítima” de otro? Pues la propiedad ganada de forma justa, producida por uno mismo. O dicho de otra manera: “Todo derecho legítimo de propiedad se deriva de la propiedad del hombre sobre su persona y del principio de Colonización según el cual la propiedad de una cosa sin dueño recae directamente sobre su primer poseedor”. De esto se deduce que existe también otra forma de ser propietario: adquiriendo la propiedad que alguien quiera vender voluntariamente.

Siendo los derechos de propiedad la base del sistema legal en una sociedad libre, la violencia sólo puede ser usada en defensa de estos derechos. Rothbard vuelve al concepto clásico de justicia cuando afirma que “la víctima tiene, por tanto, el derecho a imponer un castigo en una cuantía proporcional a la gravedad del delito (…) El nivel proporcional del castigo señala el derecho de la víctima, es decir, el techo punitivo máximo”. Para ello, la víctima puede acudir a los tribunales o no: “¿Se le podría permitir a alguien tomarse la  justicia por su mano? (…) La respuesta es, por supuesto, afirmativa (…) No obstante, en la sociedad libertaria de libre mercado, a la víctima le resulta en general más cómodo encomendar esta tarea a la policía y a los tribunales”

Dedica Rothbard en esta segunda parte un capítulo entero a los derechos de los niños. Siempre consecuente con la libertad, el economista estadounidense  hace una férrea defensa del aborto: “En la mayoría de los casos, los fetos se encuentran en el seno materno con consentimiento de las madres. Ahora bien, si una mujer no desea que se prolongue esa situación, el feto se convierte en invasor de su persona y la madre tendría perfecto derecho a expulsarlo de sus dominios. Según esto, habría que considerar el aborto no como el asesinato de una persona, sino como la expulsión de un invasor indeseado del cuerpo de la madre”. Rothbard aboga incluso por el establecimiento de un mercado libre de niños, como la mejor manera de satisfacer las necesidades tanto de los niños como las de los padres adoptivos y los padres biológicos. Esto puede escandalizar a muchos, pero en realidad es la solución más factible. De hecho, ya existe un mercado de niños, aunque está ampliamente intervenido por el Estado.

En la tercera parte, Rothbard analiza la naturaleza del Estado. El Estado subsiste mediante la coacción de los impuestos. Por tanto, vive en una contradicción interna. Por un lado, es el garante de la propiedad y por otro, mediante la coacción impositiva, expropia la riqueza de sus ciudadanos. Tiene razón aquí Rothbard en lo concerniente a los impuestos, aunque esto de por sí no implica la eliminación del Estado. Existe una tercera vía: un sistema de tributación voluntario para mantener aquellas funciones que el Estado debe tener en monopolio: defensa y justicia[ii].

Para Rothbard ni siquiera es justificable el Estado mínimo: “El punto determinante es que en la utopía del Estado limitado y del laissez-faire no existen mecanismo institucionales para mantener al Estado dentro de unos límites establecidos”. En este punto discrepo de Rothbard.  El Estado, para proteger la libertad y la propiedad, debe actuar bajo un marco legal definido, no de forma arbitraria. Este marco legal es el “mecanismo institucional” del que habla Rothbard. En el momento que el Estado sobrepasa sus legítimas funciones, la ciudadanía tiene el derecho de volver a situarle dentro de ellas. El propio Rothbard admite que, aun creando un sistema de libre empresa formado por agencias judiciales privadas que proporcionasen los servicios de justicia que ahora proporciona el Estado, debería existir un “código civil básico” común a todas.

En la cuarte parte, el estadounidense critica varias teorías de la libertad desarrolladas por diferentes economistas o filósofos contemporáneos. Desde el utilitarismo liberal de sus maestro von Mises hasta el concepto de coacción en Hayek, pasando por la teoría del Estado mínimo propuesta por Nozick. De su maestro dice que “vemos, pues, que la tentativa de Mises por defender el laissez-faire, pero manteniéndose a la vez alejado de los juicios valorativos, asumiendo que todos los partidarios de la intervención del gobierno abandonarán sus posiciones cuando conozcan sus consecuencias, carece de fundamento”. Ataca lúcidamente el concepto de coacción de Hayek afirmando que “a toda persona le asiste, además, el derecho a negarse a hacer algo. Puede tal vez merecer severas críticas éticas o estéticas, pero en cuanto propietario de su propio cuerpo tiene todo el derecho del mundo a negarse”. Siguiendo el ejemplo de Rothbard, no es, por tanto, coacción que un médico se niegue a curar a un enfermo, aunque esto implique la muerte del paciente.

Por último, Rothbard da algunas pinceladas de cuál debe ser la estrategia a seguir para alcanzar el objetivo final, que no es otro que una sociedad libre. Afirma que “en síntesis, el libertario debe ser un abolicionista que suprimiría, instantáneamente si le fuera posible, todas las invasiones contra la libertad”, aunque son legítimos los pasos intermedios (alianzas con los conservadores, por ejemplo) siempre que estos conduzcan a una sociedad libre.

Desde mi punto de vista, con esta obra Rothbard pretende dar una base ética a la economía de libre mercado. Si bien es cierto, él mismo lo cree, que el capitalismo es justificable desde el punto de vista estrictamente económico, necesita una teoría de la libertad en la que basarse, un sustento ético basado en principios sólidos. Por ello, condena la obsesión de muchos liberales que, al atacar “las propuestas intervencionistas, (…) sólo pueden mencionar débilmente lo desorbitado de su coste económico, combate de retaguardia condenado al fracaso”. Al igual que Ayn Rand, Rothbard piensa que la defensa del capitalismo tiene que venir, no tanto del lado de su vertiente científica o práctica sino de su vertiente moral. Y esto es lo que trata de hacer, de manera brillante, en La Ética de la Libertad.



[i] Rothbard, Murray N, La Ética de la Libertad, Unión Editorial, Madrid, 1995

[ii] Debo esta idea a Ayn Rand

 

De huelgas y otros asuntos

¡QUE VIENE LA DERECHA!

Por libertarian25 (@luispablohorra)

Las últimas elecciones andaluzas han dejado clara una cosa: el clásico discurso socialista del miedo a la derecha todavía funciona. Las tímida reforma laboral emprendida por Rajoy ha movilizado a buena parte de la izquierda más reaccionaria y ha asustado a un buen número de votantes de centro-derecha (el PP ha perdido unos 400.000 votos en Andalucía con respecto a las generales).

Si bien es cierto que la reforma del mercado de trabajo va en la buena dirección y liberaliza, aunque mínimamente, las relaciones laborales, no es menos cierto que el resto de políticas seguidas por Rajoy han sido típicamente socialistas. La subida del IRPF, que en algunos tramos llega a la expropiación de más de la mitad de la riqueza generada por el trabajador, o la previsible subida del impuesto de sociedades son medidas que el mismo Rubalcaba hubiese acometido de haber ganado las elecciones. Si la reforma laboral es sólo una reforma parcial, y el resto de políticas rajoyanas son más socialdemócratas que liberales,  ¿a qué se debe tanto jaleo mediático por parte de la izquierda? En primer lugar, se debe a que la reforma laboral limita el poder de los sindicatos primando los convenios de empresa frente a los convenios colectivos. Y eso, lógicamente, no lo pueden tolerar. Y en segundo lugar, está gobernando el PP y hay que montar escándalo, esté justificado o no.

A pesar de que medidas como la reforma laboral van en la dirección correcta, la ideología colectivista sigue siendo mayoritaria en nuestro país, tanto en la izquierda como en la derecha. Si se ha convocado una huelga general por una reforma laboral mínima, ¿qué no harían “los socialistas de todos los partidos” si se acometiesen reformas tan necesarias como la privatización de la enseñanza superior o la liberalización de la sanidad?  Mejor no pensarlo. Aun así, y a pesar de nuestra condición minoritaria, los liberales debemos seguir luchando y dando la cara por la libertad.

YO ME REBELO

Por Innuendo91 (@jaimenie)

Tengo que asentir a una de las frases de Mr Libertarian: el miedo a la derecha todavía funciona. Pero no ha funcionado como estrategia porque no ha habido tiempo a armarla en tres meses, ha sido genuino y fundado en las políticas que el PP lleva implementando meses en los Gobiernos Regionales y en el Gobierno Central. Los dos partidos gobernantes pueden estar satisfechos de haber expulsado de las urnas a un 10% de los electores en tan solo 4 meses, haber logrado que la sociedad vuelva a hacer política de base de forma generalizada desde el 15 de mayo de 2011 y de que la izquierda gane peso en las instituciones.

 El hartazgo de la ciudadanía con el sistema político y económico avanza día a día. Es este sistema en el que hace que, por ejemplo, tras las últimas elecciones, el 89% del Parlamento andaluz esté apoyado tan solo por el 49% de las personas llamadas a urnas. Los partidos gobernantes debieran reflexionar sobre el desapego social hacia las instituciones de representación dado que la ciudadanía clama por un sistema no sólo más representativo, sino también mucho más participativo.

Un sistema económico que ha vuelto a poner , como en el siglo XIX, la acumulación de riqueza por delante del bienestar económico y social. Así, mediante políticas de oferta, como la reforma laboral que reduce el coste de la fuerza de trabajo aumentando la plusvalía obtenida por el empresario, no tiene en cuenta que sin demanda,la producción nunca llega a realizarse como venta. La reducción del salario directo, el indirecto (recortes públicos) y el diferido (recortes en prestación de desempleo y jubilación) nos hacen cada vez más pobres y vacían nuestro alrededor de oportunidades.

 De esta manera llegamos a este escenario con una Huelga General convocada para este jueves 29 en el que los partidos gobernantes tienen menos legitimidad que nunca y la sociedad lleva en la calle ya tiempo, organizada y concienciada. Como no podía ser de otra manera, la represión arrecia en estos tiempos y afloran propuestas como prohibir a los manifestantes llevar la cara cubierta (los antidisturbios siguen ocultando su identificación) y propuestas de grabar a los piquetes informativos en la jornada de mañana (nada dicen de la coacción empresarial al derecho a huelga). Esta última me recuerda a un pequeño cuento de Chejov llamado Un asesinato, en la que una asistenta pobre se queda dormida mientras cuida al bebé de sus amos. Durante sus cabezadas sueña con todo aquello que no tiene y es recurrentemente despertada por el bebé, que llora reclamando la atención de sus padres, y estos le recriminan los lloros. Harta de que no la permitan soñar, la asistenta toma una determinación: asesinar al bebé. De esta manera, la derecha nos llama a todos y a todas a convertirnos en esa asistenta que, lejos de rebelarse contra quienes roban sus sueños, sus oportunidades, ataca al más débil, que se rebela a gritos contra la falta de atención con que le brindan sus padres. Culpad a los sindicatos y dejad que os gobiernen y seréis los perfectos esclavos. Yo me rebelo.

La Cooperación al Desarrollo, a debate

EN DEFENSA DE LA COOPERACIÓN: HAY QUE CAMBIAR EL MODELO

Por Innuendo91 (@jaimenie)

La Cooperación al Desarrollo, tal y como está entendida hoy en día, tiene su origen en la reconstrucción europea de posguerra. En este contexto nace la OECE -que más tarde se convertiría en la OCDE- con el objetivo “promover la cooperación entre los países miembro y de sus programas nacionales de producción para la reconstrucción de Europa”.

En el código genético de Europa, la cooperación ocupa una posición esencial, por ser embrionaria. Tras la 2ª Guerra Mundial nace un nuevo orden internacional más multilateral de lo que nunca fue, y unas concepciones del desarrollo conscientes de que este ha de ser entendido cómo un problema de interrelaciones. Algunas escuelas, como la estructuralista y la dependentista, profundizan más en esta visión, considerando el subdesarrollo como un problema sistémico que debe combatirse con reformas profundas del sistema económico internacional. Otras, las hegemónicas hoy en día, de corte ortodoxo, consideran que el subdesarrollo es un problema de mala utilización de los recursos, por lo que se combate con reformas parciales en los países empobrecidos.

El sustento ideológico de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) es bastante variado. Aunque se catalogaría dentro de éstas últimas corrientes, comparte en cierta manera el trasfondo sistémico del problema que acusan las primeras. El objetivo de la AOD es aliviar las necesidades básicas de las poblaciones de los países de destino, implementando infraestructuras, programas educativos, sanitarios, etcétera. Incluso tienen un notable componente keynesiano, por entender que las economías empobrecidas están inmersas en un círculo vicioso del cual se puede salir simplemente estimulando la demanda. En cualquiera de los dos casos, el problema se combate a través de intentar fortalecer la economía interna de los países empobrecidos, obviando el carácter sistémico de la situación. No obstante, implícitamente se asume que el problema es sistémico, pues son los países enriquecidos los que tienen el deber de financiar estos programas a los empobrecidos. Obviamente, la base teórica predominante es la primera, razón por la que aseguro que la AOD es una política de desarrollo ortodoxa, cuando no abiertamente neoliberal a la hora de trasladarla a la práctica. La justificación teórica de la AOD se puede resumir con las palabras de Mahbub ul Haq: “la única forma de eliminar la pobreza absoluta de una forma permanente y sostenible es aumentando la productividad de los pobres”.

A nivel conceptual, a pesar de las críticas como elemento verdaderamente generador de desarrollo sistémico igualitario, puede cumplir un papel positivo como estímulo a economías deprimidas, del mismo modo que sucedió con la europa de posguerra. Además, dado que el problema es sistémico, está justificado que quienes se ven beneficiados de la actual Organización Económica Internacional (OEI), sean los responsables de impulsar estos programas. Sin embargo, si estos programas no son un verdadero estímulo económico a largo plazo y si no se ataca de manera paralela el problema de fondo, una mala OEI, la AOD no podrá cumplir ese papel desarrollador.

Así, se deberían evitar prácticas generalizadas como la concesión condicionada a que el desarrollo del programa sea adjudicado a empresas de los países enriquecidos, puesto que el objetivo deja de ser el desarrollo económico de los empobrecidos sino la ampliación del mercado de los enriquecidos. Otra cuestión a considerar sería la evaluación adecuada de la calidad de los proyectos desde un punto de vista multivariable que no contemple solo la rentabilidad económica sino también consideraciones ambientales, sociales, etcétera. Por ejemplo, la construcción de una rentable presa que inunde tierras de cultivo, zonas pobladas y reduzca la capacidad de acceso a un bien común como el agua, que es privatizado.

Por último, como avanzaba, esto debe ir acompañado de una reforma en profundidad de la OEI, empezando por las Instituciones Multilaterales, controladas por los países enriquecidos, liderados por EEUU, y terminando por unas relaciones comerciales injustas que permiten que los países enriquecidos importen materias primas baratas y exporten manufacturas con un alto valor añadido.

La cooperación debe ser cooperación, no competencia.

IMPOSICIÓN AL SUBDESARROLLO

Por libertarian25 (@luispablohorra)

Según Dambisa Moyo, autora del libro Dead Aid, en los últimos 60 años África ha recibido más de un trillón de dólares en ayudas al desarrollo. El resultado está a la vista: más pobreza, más socialismo y menos libertad. ¿Es beneficiosa la cooperación al desarrollo para los países africanos? ¿Qué necesitan los países subdesarrollados para salir de la pobreza? ¿Tienen derecho los gobiernos occidentales a usar el dinero de  los contribuyentes para financiar el despotismo tercermundista? Planteadas las cuestiones a analizar, comencemos.

África es el único continente que no se ha beneficiado de la globalización. Mientras que en los últimos 50 años los países del sudeste asiático han incrementado su renta per capita de forma espectacular (Hong Kong pasó de $3.000 en 1960 a cerca de $27.000 en el año 2000), en algunos países africanos mucha gente vive con menos de un dólar diario. Uno de los factores que ha contribuido a perpetuar la miseria en África ha sido la ayuda exterior. Occidente sigue financiando dictaduras monstruosas con la aprobación de la izquierda mundial, que incluso clama para que estas ayudas se incrementen. Algunos creen que la pobreza en el Tercer Mundo puede ser erradicada mediante una política sostenida de subsidios. No se dan cuenta de que sólo hay un camino que conduce al desarrollo: el camino que han seguido todas las naciones desarrolladas en los últimos 200 años. Y este camino implica: el respeto por la propiedad privada dentro de un marco legal que la proteja; la defensa del  libre comercio, fuente de todo desarrollo económico; y sobre todo la implantación de un Estado de Derecho que impida a los gobernantes tomar decisiones en base a criterios arbitrarios.

Por otro lado, la ayuda es siempre gestionada por los gobiernos, lo cual tiene consecuencias nefastas para la economía. Juan Ramón Rallo lo explica así: “La ayuda al Tercer Mundo, aparte de los nocivos efectos que pueda tener a la hora de consolidar regímenes tiránicos, promueve la especialización económica de las sociedades pobres, no en bienes y servicios que les permitan insertarse en la división internacional del trabajo, sino en los bienes y servicios que los burócratas creen que son mejores para ellos, lo cual dilapida su tiempo, sus recursos y su riqueza”.

Hay otro aspecto inmoral en la ayuda al desarrollo, más allá de sus consecuencias: su procedencia. La ayuda que los gobiernos entregan a los países en desarrollo, ya sea mediante donaciones o  mediante créditos a tipos de interés ínfimos, provienen de los impuestos de los ciudadanos. Suponiendo incluso que este dinero ayudara directamente al desarrollo real de la economía de un país (cosa que no sucede), nadie puede usar la fuerza para obligar a una persona a ayudar a otra si la primera no lo desea.  La solidaridad, como dije en mi primera entrada, es voluntaria. Cuando es a través de los impuestos, deja de ser solidaridad para convertirse en coacción.

En definitiva, la Cooperación al Desarrollo no es ni cooperación, puesto que se financia mediante impuestos y estos no se pagan voluntariamente, ni fomenta el desarrollo; más bien condena a la miseria a los países que la reciben.

¿Qué camino debe seguir Iberoamérica?

CHÁVEZ Y EL SOCIALISMO POPULISTA

 Por libertarian25 (@luispablohorra)

Chávez se muere. O eso parece. Al menos ése es el anhelo de todos los que amamos la libertad. Pero lo que Carlos Alberto Montaner ha denominado muy acertadamente el fenómeno de los “presidentes-payaso” está lejos de desaparecer. La enfermedad de Chávez y la proximidad de las elecciones presidenciales en Venezuela me han llevado a reflexionar sobre socialismo y populismo en América Latina.

Para comprender la situación actual de Latinoamérica debemos remontarnos a 1959. Concretamente al 1 de Enero, día en el que Castro entró en la Habana poniendo fin a la dictadura de Fulgencio Batista. Aunque Castro había afirmado en varias ocasiones que no era comunista, no tardó en declararse marxista-leninista y en aliarse con la URSS. Cuando cayó el imperio comunista, Cuba pasó por grandes dificultades, aunque finalmente el régimen sobrevivió y a día de hoy Cuba sigue bajo el tiránico gobierno de los Castro. Pero la revolución cubana nunca se limitó a la isla. En su empeño por exportar la revolución, la dictadura castrista siempre se ha inmiscuido en la política de los países vecinos. El mismo Che Guevara, mito y ejemplo para millones de progres, encabezó en los años sesenta un movimiento guerrillero con el fin de tomar el poder en Bolivia. Haciendo un inciso, un día de estos me gustaría analizar el impacto que el Che Guevara ha tenido en los jóvenes (y no tan jóvenes) durante los últimos 40 años. ¿Cómo un asesino confeso, que se vanagloriaba de haber firmado centenares de sentencias de muerte, puede ser referente para tanta gente? Espeluznante.

Uno de los mayores logros de la dictadura cubana fue la llegada al poder en Venezuela de Hugo Chávez. El “gorila rojo”, en sus delirios imperialistas, quiere llevar a cabo el sueño del Che: crear una especie de ente panamericano socialista. Y para ello, no duda en interferir en los asuntos internos de los países latinoamericanos. Esta política ha tenido consecuencias nefastas: en Bolivia, Evo Morales; en Ecuador, Rafael Correa; y en Perú, Ollanta Humala. En el mismo saco de populistas y demagogos podríamos meter al nicaragüense Daniel Ortega (miserable violador de su hijastra), aunque las circunstancias del país centroamericano son bien distintas. El dinero del petroleo permite al golpista Chávez hacer y deshacer a su antojo en América Latina. Todos estos “presidentes-basura”, si me permiten usar una expresión análoga a la de Montaner, ponen en peligro la libertad, la estabilidad y la prosperidad de sus países y de la zona en general.

La libertad está en peligro en América Latina. La muerte de Chávez no garantiza el fin de su delirio imperialista. No debemos olvidar que el proyecto “bolivariano” es ante todo un proyecto socialista. Un proyecto que sólo genera pobreza y miseria. Los países iberoamericanos necesitan más capitalismo y menos estatismo. Más economía de mercado y menos intervención estatal. Sólo así prospera una sociedad.

El capitalismo, por tanto, es la solución, no el problema como algunos repiten constantemente. Si finalmente Chávez sobrevive, confiemos en la sensatez y el buen hacer de los venezolanos a la hora de votar el próximo 7 de Octubre. Lo complicado va a ser asegurar unas elecciones limpias y libres de toda manipulación. Pero como me dijo hace unos días el doctor Rodríguez Braun, “nadie dijo nunca que la libertad fuera algo sencillo de conseguir, de recuperar o de defender”. La lucha es el camino.

EL GRAN FRACASO DEL CAPITALISMO

Por Innuendo91 (@jaimenie)

Años 80, América Latina. La crisis de la deuda estalla con toda su virulencia, dejando las economías de los países hermanos muy maltrechas. La subida de los tipos de interés en EEUU no sólo hizo incrementar el monto de los intereses de la deuda que habían contraído con el Norte, sino que también tornó menos atractivas las inversiones en esta región. En 1989, los organismos internacionales FMI, BM y otros declararon el llamado “Consenso de Washington” con el que dictaban una receta invariable para “salir de la crisis” a los países endeudados, si querían acceder a fondos de estas instituciones. Estas medidas, resumiendo, eran las siguientes: déficit cero, reducción del gasto público, liberalización exterior, desregulación y privatización. El yugo de hierro al que anteriormente estuvieron sometidos por los militares y diversos Gobiernos títeres se sustituyó por otro más ligero pero no por ello menos férreo.

Las catastróficas consecuencias sociales y económicas para América Latina que trajeron estas medidas están ampliamente documentadas y son conocidas: más endeudamiento, incremento de la desigualdad en la distribución de la renta y mayores tasas de pobreza.

Tras años de reptar por esta terrible situación económica, la sociedad se rebeló e hizo que sus respectivos países tomaran las riendas de su destino, enfrentando una rémora histórica en América Latina, la de la dependencia. Así, países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros se deshicieron de estas cadenas y decidieron su futuro, dando la espalda al Consenso de Washington y repudiando parte de la deuda con la que Occidente y sus Instituciones internacionales les dirigían. Las consecuencias, huyendo de falsas idealizaciones, son claras: reducción de la pobreza, del analfabetismo, mejor distribución de la renta, empoderamiento de colectivos desposeídos, etcétera.

Se dice, de Venezuela con descaro, que es una dictadura, cuando en los últimos diez años el actual presidente ha ganado 3 elecciones, superado un golpe de Estado, un referéndum revocatorio y un referéndum constitucional. Aún así, debe hacer mejoras en cuestión de seguridad, corrupción y de represión a la oposición, tal como dice Amnistía Internacional en su informe de 2011. http://www.amnesty.org/es/region/venezuela/report-2011

¿Implica esto que es una dictadura? Si la respuesta que viene a tu mente es “sí”, no lo discutiré, pero te animaré a que reflexiones sobre España, pues según la misma organización, en nuestro país se tortura, se practica el racismo institucionalizado y no se investigan desapariciones forzadas durante la dictadura entre otras cosas. http://www.amnesty.org/es/region/spain/report-2011

Ah, y cambiamos la Constitución sin preguntar a nadie.

La educación, a debate


EDUCACIÓN E IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

Por innuendo91 (@jaimenie)

Movidos por los acontecimientos de la #primaveravalenciana en esta última semana, vamos a dar nuestros puntos de vista el amigo libertarian, estudiante de la Universidad Pública y yo, también estudiante de la Universidad Pública (no por mucho más tiempo, espero).

Demostraré con datos, en primer lugar, el papel de la educación como elemento redistributivo y reductor de la pobreza. Según el estudio de la transmisión intergeneracional de la pobreza del Instituto Nacional de Estadística (INE)(http://www.ine.es/daco/daco42/sociales/transmision_g.pdf) (pág. 6), la renta media de los hogares es creciente con el nivel de estudios del sustentador/a principal.

Es esta evidencia la que nos revela la educación como una herramienta clave en la distribución de la renta. ¿En qué medida cumple la educación ese papel redistributivo? Si el nivel de renta depende del de estudios: en la medida en que todos/as podamos acceder a cualquier nivel educativo independientemente de la clase social de la que provengamos, ¿no es así? En el mismo estudio (pág. 8 y ss.), se demuestra que, efectivamente, a mayor nivel de estudios del sustentador/a principal –y por lo tanto proveniente de un hogar con mayor nivel de ingresos – , mayores son las posibilidades de alcanzar los más altos niveles de estudios y de renta. Concretamente, el 72’3% de los hijos que provienen de hogares de rentas altas logran una titulación universitaria, mientras que esta cifra se ve reducida al 20’2% en los hogares más humildes. Esta es la igualdad de oportunidades de este país, que se traduce en una dramática conclusión: la educación en España no está logrando el objetivo de la igualdad de oportunidades.

No solo esto, sino que desde un punto de vista “macro”, se constata otra terrible evidencia: el gasto en educación con respecto al PIB es menor que en otros países de nuestro entorno económico y cultural, como dicen datos del Banco Mundial: http://datos.bancomundial.org/indicador/SE.XPD.TOTL.GD.ZS

Papel regresivo en vez de progresivo, baja inversión y alto fracaso son los tres principales problemas que quiero destacar, señalando que los tres están interrelacionados. Esto no es gratuito, sino que obedece a una Estrategia de la UE, a la que está suscrita España: mercantilizar el sistema educativo con el objetivo de crear una eufemística sociedad del conocimiento.

En la Universidad lleva tiempo produciéndose, apoyado por los dos partidos gobernantes, primero con la LOU, después con la modificación de la LOU (LOMLOU) y, por último, con la progresiva implantación de Bolonia y la Estrategia Universidad 2015. Los ataques a la educación pública en los niveles básicos también llevan produciéndose tiempo, pero han adquirido un ritmo enloquecedor en el último año.

A nadie debe extrañar, por lo tanto, que los estudiantes anti-LOU, contra Bolonia, la #mareaverde y los estudiantes del Lluis Vives se manifiesten, de fondo, por recuperar esa educación pública garantista, de la que toda la población en su conjunto se beneficia. Las protestas fueron, son y serán, por la igualdad de oportunidades, la inversión educativa y la calidad de la enseñanza. Los calefactores apagados solo encienden la chispa.

EDUCACIÓN Y LIBERTAD

Por libertarian25 (@luispablohorra)

Si habéis leído mis anteriores entradas, sabréis que soy un férreo defensor del capitalismo “laissez-faire”, esto es, de la no intervención del Estado en el economía. Como la entrada de hoy versa sobre educación, trataré de explicar a grandes rasgos cuál es mi postura en base a los principios de dicho sistema político-económico.

La mayoría de la gente tiende a creer que el Estado debe proveer a los ciudadanos de ciertos bienes y servicios “básicos” como la educación y la sanidad. Sostienen que, de no ser así, mucha gente no tendría acceso a ellos, conculcando un supuesto derecho elemental de todo ser humano. Empecemos por rebatir esta idea desde varios enfoques. Desde el punto de vista moral, no debe ser considerado como derecho algo que implica violar la libertad y la propiedad de otros. Esto se hace evidente si tenemos en cuenta que la educación, como cualquier otro servicio, no crece en los árboles sino que alguien debe “producirla” (alguien tiene que construir los colegios, pagar a los profesores, etc.). Si la consideramos un derecho, entonces tenemos derecho a la riqueza de los demás. La educación pública, cuya financiación proviene de los impuestos, implica robar a unos ciudadanos en beneficio de otros. El economista francés del siglo XIX Frédéric Bastiat lo llamó “despojo legal”: el expolio, amparado por la ley, de la riqueza de un individuo en favor de otro. Los únicos derechos inherentes al ser humano son el derecho a la libertad y el derecho a la propiedad. Desde el punto de vista pragmático, en un sistema de libre empresa las instituciones educativas competirían entre sí para atraer clientes, ofreciendo mejores y más baratos servicios. Por tanto, en una sociedad libre incluso los más pobres podrían permitirse escolarizar a sus hijos.

Ahora bien, ¿qué pasaría con aquellos que no tienen ningún recurso? Dependerían de las becas de las instituciones privadas y de la caridad. Como ya dije antes, nadie tiene derecho a la riqueza de otro. Esta es una premisa básica. Además, la educación pública lleva implícita la idea de control. Que sea el Estado quien marque los contenidos y objetivos de la educación conlleva un riesgo muy alto de adoctrinamiento ideológico. No se puede esperar otra cosa de un monopolio educativo.

Todos sabemos de la desastrosa situación de la educación en España. Más allá de parches y soluciones parciales, ¿cuál es el camino para mejorarla? Privatizar para fomentar la competencia entre instituciones educativas. La educación pública no sólo es injustificable por principio, sino que es ineficiente y adoctinadora. La solución es sencilla. La pelota está en el tejado de los políticos.

¿Para qué sirven los sindicatos?

EL MITO DE LOS SINDICATOS

Por libertarian25 (@luispablohorra)

¿Han jugado históricamente los sindicatos un papel clave en la mejora del nivel de vida de los trabajadores? ¿Qué papel juegan en una sociedad como la nuestra, ampliamente intervenida por el Estado? ¿Qué papel jugarían en una sociedad totalmente libre? Éstas son algunas de las preguntas que voy a intentar contestar en mi entrada de hoy.

Los sindicatos surgieron durante la Revolución Industrial como gremios o asociaciones que representaban a los trabajadores frente al capitalista. Sin pensar demasiado, ¿qué imagen se le viene a la cabeza cuando oye Revolución Industrial? Seguramente haya pensado en el capitalista cruel y explotador (probablemente con la cara del Sr. Burns), dueño de una fábrica en la que trabajan niños y mujeres en situación de semiesclavitud. Pues bien, la Revolución Industrial produjo una mejora del nivel de vida de los trabajadores sin precedentes. Como dice Ludwig von Mises en su obra La Acción Humana (1949), “los trabajadores dejaron de ser personas meramente dedicadas a atender ajenos deseos. A partir de entonces iban a ser ellos mismos los principales consumidores de los artículos que en las fábricas se producían”¿Se debió esta mejora a la presión sindical? La respuesta es no. La acción sindical nunca ha influido en la mejora del nivel de vida de una sociedad. Es el aumento de la productividad, consecuencia del ahorro y la inversión en capital, lo que ha elevado el nivel de vida de los trabajadores en los último 200 años. Ayn Rand, en su libro Capitalismo, el ideal desconocido (1966), afirma que “fue el interés económico personal de los empleadores lo que los llevó a elevar lo sueldos y acortar las horas de trabajo; no fue la presión de los sindicatos. La jornada de ocho horas se estableció en la mayoría de las industrias estadounidenses mucho antes de que las asociaciones (sindicales) adquiriesen un tamaño significativo o una capacidad económica”.

Hablemos ahora del rol que juegan los sindicatos en las sociedades actuales ¿Le parecería a usted sensato que yo me reuniera con mi vecino y ambos fijásemos, en base a criterios arbitrarios, el precio de las naranjas en nuestro barrio? Pues bien, así funciona la negociación colectiva en España. Los sindicatos, de acuerdo con la patronal, que no es más que un sindicato de empresarios, fijan los salarios usurpando las funciones que le corresponderían al mercado en una sociedad libre. El mercado laboral debería regirse por la ley de la oferta y la demanda, como otros mercados. Hace poco me comentaba una amigo en Twitter que sin derechos laborales los trabajadores cobrarían un salario de subsistencia. O lo que es lo mismo: sin sindicatos que luchen por esos mal llamados derechos, el nivel de vida de los trabajadores caería hasta niveles ínfimos. Ésta es una idea falaz. Cito a Juan Ramón Rallo, economista del Instituto Juan de Mariana: “La falta de poder de negociación de un trabajador poco cualificado frente a un empresario no le condena ni mucho menos a cobrar un salario de subsistencia, ya que el empresario, en realidad, está compitiendo con el resto de capitalistas por contratarlo y es esa competencia la que impulsa al alza los salarios”. Por tanto, los salarios tenderán a subir siempre y cuando exista competencia.

Para finalizar, voy a citar Ayn Rand pues creo que en el libro anteriormente mencionado define a la perfección cuál es la función de los sindicatos en una sociedad libre: “Los gremios pueden tener valor como organizaciones fraternales, o como una manera de mantener informados a los miembros de las condiciones actuales de mercado, o como método de negociación más eficaz con los empleadores (…) Sin embargo, la creencia de que los gremios pueden provocar una alza en el nivel de vida, es un mito”.

Nota: la última cita, aunque podemos encontrarla en el libro de Rand, está sacada de un capítulo escrito por el psicoterapeuta canadiense Nathaniel Branden.

 

SIN SINDICATOS NO HAY FUTURO

Por innuendo91 (@jaimenie)

Este 19 de febrero, las calles de las ciudades más importantes del país se llenaron de personas, convocadas por los principales sindicatos, exigiendo la derogación de la última reforma laboral. Más allá de la lucha política que se abre -de nuevo- a partir de esta fecha, vamos a reflexionar sobre el papel de las asociaciones de trabajadores en distintos ámbitos de nuestras sociedades.

La teoría neoliberal afirma -sin rubor- que los factores que intervienen en el proceso productivo (capital y trabajo) reciben una remuneración acorde con lo que producen, a su productividad. Incluso aunque esto fuera cierto, la teoría oculta que lo que produce un trabajador está determinado por la maquinaria y/o útiles que emplea, algo que no controla pues no le pertenecen. Tendríamos, así, que los trabajadores reciben una remuneración que no depende de ellos mismos, sino de lo que la tecnología es capaz de producir. Esto, que parecen fútiles disquisiciones teóricas está en la raíz de las propuestas anti-sindicales tendentes a ligar los salarios a la productividad en vez de al coste de la vida, para mantener el poder adquisitivo. Según la teoría ortodoxa, los sindicatos elevan el nivel de los salarios por encima del punto de equilibrio del mercado, lo que genera desempleo, que no existiría si no existieran los odiados sindicatos.

Por lo tanto, el poder negociador de los trabajadores es la base para mantener el nivel de vida de las sociedades en su conjunto. Los sindicatos juegan, en esencia, un papel importante en la fijación de los salarios. Especialmente en el salario directo, pero también en el indirecto y el diferido. El 1º es la nómina, el 2º lo que dejamos de pagar en el mercado por ser de suministro público -educación, sanidad- y el 3º las prestaciones que recibimos a cambio de nuestra cotización durante toda nuestra vida laboral. En la ilusión neoliberal, el trabajador individual tiene capacidad para negociar en pie de igualdad su salario con el empresario, la educación y la sanidad las adquiere en el mercado -quien pueda- y genera sus propios ahorros -si puede- para subsistir cuando esté desempleado o jubilado.

En la medida en la que los trabajadores fortalezcan su poder negociador se podrán alcanzar nóminas dignas, servicios que universalicen el acceso a bienes básicos y seguridad financiera cuando no podemos trabajar. Este es el pacto social al que se llegó tras la 2ª Guerra Mundial y que está siendo desmantelado a ritmo vertiginoso en los últimos años.

Es precisamente el absurdo aferramiento de los grandes sindicatos al pacto social el que está provocando una  erosión de la legitimidad de la actividad sindical sin precedentes. En una partida en la que siempre gana el adversario, pues el árbitro -el Estado- ha claudicado ante él, cuando no se encuentra directamente entre sus filas, el pacto no es posible. Por ello, las dignísimas bases sociales seguirán inundando las calles de reivindicación social, movidas tanto por las nuevas formas de organización surgidas tras el 15M como por organizaciones tradicionales de trabajadores, partidos políticos, asociaciones y otros colectivos.

En definitiva, la sociedad civil organizada tratará de suplir el espacio negociador que los grandes sindicatos parecen haber abandonado.

COMIENZA EL COMBATE: PRIMER ASALTO

POR QUÉ SOY DE IZQUIERDAS

por innuendo91 (@jaimenie)

El camarada libertarian25 me sugirió que le enviara para una primera entrada en el blog, a modo de presentación, una reseña titulada “Por qué soy socialista”. No me convenció, como no me convence ninguna postura ideológica estática, sino por contra: razonada, en constante evolución y construcción. C. Darwin, cuyos trabajos impresionaron a K.Marx, se rebeló contra las verdades inmutables y explicadas por sí mismas, teleológicamente, y nos regaló un método científico dialéctico, interrelacionado y cambiante. Todo el pensamiento alternativo ha construido su método alrededor de esta dialéctica, considerando que no existen leyes universales constantes, sino que todo está determinado por las relaciones que los humanos, mal que bien, tejen entre sí: en las relaciones de poder, el contexto histórico, las relaciones de producción. Esta visión colisiona de frontalmente con la, en mi opinión, limitada visión del mundo ofrecida por los liberales, con leyes económicas y políticas que ocultan bajo un “velo de ignorancia”, como el propio J.Rawls diría en su Teoría de la justicia (1971). En virtud de este velo, los liberales plantean una ilusión en la que todos las personas interactuamos en pie de igualdad para dar lugar a un equilibrio automático en el que nos “venden” -nunca mejor dicho- una falsa libertad, pues oculta que la libertad, cuando hay desigualdad, no es tal. Es casi mágico.

Es por eso que todas las posiciones, desde la política, la economía o la sociología, alternativas a la ortodoxia liberal, proceden, en mayor o menor medida, de este método analítico. Inconscientemente, por el también mágico proceso histórico en el que el conocimiento se va incorporando y superponiendo a los nuevos conocimientos, todas las teorías ajenas a la ortodoxia, tienen algo de este método en su ADN. Como dije en un primer momento, no me gustan las posiciones estáticas. Me interesa el método analítico, no se puede responder a la ortodoxia con otra ortodoxia de signo contrario. Me sitúo en la izquierda activa, militante y crítica. Me apasiona desnudar las debilidades del discurso liberal, así que libertarian25 no se va a aburrir. Nos conocemos desde los 4 años y me empecé a interesar por la política gracias a él, quién lo iba a decir.

Discutir es bello.

POR QUÉ SOY LIBERAL

por libertarian25 (@luispablohorra)

Hoy en día, el liberalismo es una opción política minoritaria en Europa. A pesar de que no son pocos los partidos europeos que se denominan “liberales”, la mayor parte de ellos aboga por la intervención, en mayor o menor medida, del Estado en la vida económica del país. Por ello, antes de contestar a la pregunta y por lo confuso que a veces resulta el término, me gustaría explicar qué implicaciones tiene para mí ser liberal. Ser liberal significa defender el capitalismo hasta sus últimas consecuencias, es decir, oponerse a cualquier tipo de estatismo. Toda interferencia estatal en la vida económica, más allá de sus consecuencias, es inmoral por principio. Esto resulta evidente si pensamos que para beneficiar a algunos, se debe perjudicar a otros. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es la Política Agraria Común. No sólo impide competir a los agricultores de los países subdesarrollados, condenándolos a la pobreza (en situación de igualdad los agricultores europeos serían barridos por la competencia y tendrían que adaptarse a la nueva situación), sino que las subvenciones que reciben proceden de dinero del contribuyente. En definitiva, el expolio de muchos en favor de unos pocos. ¿Significa esto que el Estado debe desaparecer? No. El Estado debe limitarse a las funciones que le son propias: la seguridad interior (policía), la seguridad exterior (ejército) y la justicia. Toda intromisión que sobrepase estas funciones es ilegítima.

Dicho esto, intentaré contestar a la pregunta planteada. Soy liberal porque creo en la libertad, sin matices, sin peros, sin imposiciones. Soy liberal porque creo en la solidaridad, pero no creo que ésta deba ser impuesta por la fuerza. Soy liberal porque creo que el producto del esfuerzo de una persona es solamente suyo, y no está obligado a ceder parte de éste en aras de la llamada “justicia social”. Soy liberal porque creo que la redistribución no sólo no crea riqueza, sino que penaliza a los más inteligentes y hábiles de una sociedad. Soy liberal porque creo que la ley debe limitarse a proteger los derechos individuales y la propiedad privada. Soy liberal porque creo que el capitalismo funciona, y que no existe ninguna alternativa a la economía de mercado. Y por último, soy liberal porque creo que el capitalismo “laissez-faire”, es decir el capitalismo sin la intervención del Estado más que para defender la propiedad y la libertad, es el único sistema que respeta plenamente la libertad del individuo. Porque no nos engañemos. La batalla se debe dar en el ámbito de las ideas. Lo importante del capitalismo no es que sea el sistema que ha mejorado el nivel de vida de mayor número de personas en las historia de la humanidad (a pesar de que se ha aplicado sólo parcialmente). No. Lo más significativo del capitalismo es que es el único sistema político-económico que defiende que las personas no son un medio para conseguir ciertos objetivos, sino que son un fin en sí mismas. Acabaré con un cita de la gran filósofa Ayn Rand: “El socialismo puede ganar sólo por omisión, por el defecto moral de sus supuestos adversarios”.

El Norte de Castilla

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