YPF: una nacionalización, dos puntos de vista

EXPROPIAR ES ROBAR 

Por libertarian25 (@luispablohorra)

Hace unos meses, la diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela María Corina  tuvo el valor de enfrentarse a Chávez durante el acto de Memoria y Cuenta que se celebra anualmente en Venezuela. Corina se atrevió a reprocharle al tirano su falta de respeto por la propiedad privada y tuvo el valor de decirle (no muchos venezolanos tienen el valor de enfrentarse a Chávez con tanta determinación) que expropiar era robar.

Recientemente hemos conocido la intención del Gobierno argentino de tomar el control de la petrolera YPF expropiando el 51% de las acciones en manos de Repsol. Una de las razones que la populista Cristina Fernández de Kirchner (CFK) ha esgrimido para perpetrar este latrocinio es que la producción de hidrocarburos ha caído por falta de inversiones de la multinacional española, hasta el punto que Argentina se ha visto obligada a importar. Aunque esto fuese verdad, YPF sólo representa aproximadamente un tercio de la producción total de hidrocarburos en Argentina. No puede ser ésta, por tanto, una razón en sí misma para la expropiación. Y más teniendo en cuenta que en 2011, las inversiones de Repsol superaron los 13.300 millones de pesos (3022,7 millones de dólares), un 50 % más que en 2010.

Otra de las razones apuntadas por CFK para atentar contra la propiedad privada es la “utilidad pública”. Bajo este etéreo manto, se justifican todo tipo de robos y expolios, eso sí, en aras del “bien común”. Aunque esto no es exclusivo de repúblicas bananeras. La Constitución Española en su artículo 33.3 recoge que “nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por la leyes”. Toda una potencial[i] agresión contra la propiedad y la libertad.

Incluso el presidente de Repsol-YPF ha llegado a decir que “todos los Estados tienen derecho a expropiar”. Analicemos la afirmación. Según la RAE, expropiar es “privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho, dándole a cambio una indemnización” y “se efectúa por motivos de utilidad pública o interés social previstos en las leyes”. Los Estado no tienen derecho a privar a una persona de su propiedad. No en una sociedad libre. Aun existiendo un sistema legal que ampare este latrocinio, no deja de ser injusto y contrario al derecho más elemental del ser humano: el derecho de propiedad. El Estado carece de derechos y solamente tiene un deber: garantizar la propiedad y la libertad.

No comparto para nada la extendida idea de que los recursos naturales pertenecen al Estado y su gobierno puede gestionarlos como quiera, esto es, privatizando y nacionalizando a su antojo. Tener recursos no basta para conseguir la independencia energética. Es necesaria una gestión eficiente de los mismos a través de grandes inversiones tecnológicas.  Repsol tiene derecho a los recursos que ha explotado gracias a la tecnología y al dinero invertido para ello. Esos recursos son, por derecho contractual, de quien los explota. Ayn Rand lo explica a la perfección en este vídeo.

Consideremos ahora las consecuencias económicas que para Argentina supone la nacionalización YPF. Por un lado,  la inseguridad jurídica que esta decisión supone para las empresas extranjeras que desarrollan su actividad en el país andino. Cualquier empresa que tuviese intención de invertir en un futuro se lo pensará dos veces antes de hacerlo, ante la falta de un gobierno serio y previsible. Por otro lado, la nacionalización no garantiza el autoabastecimiento, por lo menos a corto plazo. La eficiencia del Estado para gestionar cualquier empresa es siempre menor que la del sector privado.

Argentina tiene dos caminos a seguir. El primero es el camino que marca Chávez: el  del proteccionismo y la inseguridad jurídica, esto es, el camino del “Socialismo del siglo XXI”; el segundo es el camino del libre mercado, de la globalización y de la defensa de la propiedad privada. En definitiva, el camino de la libertad. De momento sabemos cuál ha elegido y a dónde lleva ese camino. Esperemos que sepa rectificar a tiempo.



[i]  Si consideramos los impuestos como una forma de expropiación en “interés” o “beneficio” de la sociedad (nótese el entrecomillado; las sociedades no se benefician, lo hacen los individuos), es decir, como lo que son, la agresión ya no es potencial sino real.

¿ESHTASH NERVIOSHO REPSHOL?

Por Innuendo 91 (@jaimenie)

Voy a ser osado y me voy a adelantar a Sir Libertarian y apuesto a que opina, como buen liberal, que el Estado Argentino ha robado el oficioso y sufrido trabajo de un emprendedor que ha levantado, ladrillo a ladrillo, ese gran edificio que es Repsol-YPF.

Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) era una empresa pública fundada nada menos que en 1922 y que el neoliberal Carlos Menem vendió a precio de saldo a Repsol en 1999. La empresa fue enajenada por un Gobierno neoliberal que se arrogó el poder para malvender lo que era patrimonio de los argentinos. Ahora, Argentina recupera para sí la soberanía -parcial, pues hay otras petroleras en el país- sobre la extracción de uno de sus recursos y así poder tomar de nuevo el timón de su soberanía energética, algo sobre lo que debería reflexionar España, como más tarde añado.

Durante el tiempo que YPF perteneció a su propietario, el Estado argentino, esta contribuyó notablemente al desarrollo económico de la nación convirtiéndola en una de las más prósperas en la época de posterior a la 2ª Guerra Mundial, antes de la llegada de la dictadura.  Los recursos gestionados por la empresa estaban al servicio de la sociedad y se podía identificar la bonanza de la empresa con la del país. ¿Podemos decir lo mismo de Repsol?
Como vemos en la distribución accionarial de la empresa, el 32’3% pertenece a 3 grandes empresas y el 42% a Instituciones Extranjeras, en su mayoría fondos de inversión gestionados por grandes bancos extranjeros. El 74’3% de la empresa pertenece a multimillonarios. Así, los intereses de Repsol no son los del país, sino son los de un puñado de gigantes empresariales. No entiendo, por tanto, el revuelo patriotero que ha levantado la decisión argentina.

Como avanzaba antes, no solo la titularidad de la empresa es lo que debe preocupar. Hay que repensar el modelo energético, pues España importa el 79% de la energía que consume, al nivel de países diminutos que -por razones obvias dado el nivel de consumo abusivo del modelo Occidental- tienen más dependencia exterior. Si redujéramos esa dependencia exterior minorando el consumo y produciendo energía a partir de fuentes no agotables, Repsol no necesitaría estar en Argentina extrayendo su petróleo gracias a la complicidad de un Gobierno títere que lo malvendió.

Quería finalizar la entrada confrontando privatización frente a servicio público pero creo que esto da para otra entrada completa, otro día. Tan solo apuntar que, con la nacionalización, Argentina podrá incorporar objetivos ajenos a la maximización del beneficio empresarial para su política energética,

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El Norte de Castilla

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