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Autor: BESTEIRE
La “Retronostalgia” en el Sonorama: novedades carminha y sexy zebras
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Xoel Prado - Antúnez | 25-08-2017 | 5:18| 0

En el Sonorama ha habido de todo. Porches y reproches, cosas que se alababan y recriminaciones a tutiplen. Siempre que hay gente, hay quien se indigna. Los más, no. Lo hemos pasado en grande. De verdad, la música generó una impronta a la Villa de Aranda que es muy difícil que a ésta le retorne como pátina al menos hasta el año que viene. La vida es lo que ocurre en el Sonorama y después nos invade el absoluto terror al vacío,  a la nausea. Deberíamos erigir una estatua a Sartre.

Os digo que el primer día de conciertos fue estupendo, una espiral de olas y magnolias. Ondas do mar de vigo y magnolias de Aranjuez, lo destacable. Ferreiro, el otro Ferreiro, compendió en una hora un ejercicio de canciones misteriosas y envueltas en un hálito de intimidad que nos frotaba los ojos.

Las magnolias las repartieron entre los asistentes como un olor de familiaridad, como arte y naturaleza, los chicos de Rufus T. Firefly. Un sonido envolvente, hipnótico, para dejarse llevar de viaje en las baquetas de Julia, que es una de las mejores bateristas del panorama musical. Os remito al artículo que aquí mismo hemos publicado sobre ellos.

La música se fue sucediendo no demasiado deprisa, porque a todos los que allí se concentraban les encantaba disfrutarla como si esnifaran las notas del aire. Un aire de música y reconocimientos de las almas en esa música. Todo era faternidad musical. No creo haber dado más abrazos y haber congeniado más en la vida que en estos seis últimos días. Hasta con los de seguridad se congeniaba, y mira que es imposible.

Sin embargo, no solo la música y la fraternidad tuvieron cabida en Sonorama, también la retronostalgia. Si me acompañáis en primer lugar al escenario segundo en importancia y a las cuatro de la mañana, oiremos a Novedades Carminha, el grupo con gruppies más jovencitas que ni tienen acné. Este grupo quiere comparecer en la existencia musical como si fuera una revivificación de Siniestro Total. Sus letras casi punzantes y esa melodía pegadiza, nos hablan a las claras de ese intento. Además salen a la escena con disfraz, aunque no logran entrelazar lo contradictorio como obvio.

En fin, ris ras, con su mono de pintor todos menos uno de melopea. Querían epatar al personal con letras que hoy no encuentran acomodo, “o follamos todos o me tiro al río”, porque hoy supuestamente hay una educación sexual que lleva a una elección profunda y sosegada en esos temas, y no se viene de una penuria de revista porno. Este mono de faena se revestía del color oro del oloroso wisky que bebían a chupitos de botella. A tragos digo.

La canciones son eso, buenas melodías que nos impregnan la tonadilla pero que no van más allá. Les falta la mala leche patibularia de ST, eso que te convierte en una contrariedad hasta para el público, porque no aguarda que de la contradicción surja un orden subvertido. Los chicos de novedades Carminha vienen bien para una ocasión y hay se agotan. Su directo no da para más que saltar y hacer entrechocamientos cuasi neardenthales, como en las romerías nada románticas que se estilan en la galicia rural. No en balde uno de sus éxitos es “Amor rural”.

En fin, canciones para la retronostalgia del punkpopgalaico pero sin la mala leche patibularia ni las contradicciones subversivas que dieron patina y esplendor al mismo. Tanto da escuchar sus discos como verlos en directo, es lo mismo. Quieren ser subversión y no es sino barahúnda, aunque divertida. Se agradece tal por parte de las niñas de veintidós años.

Y hasta retronostalgia se sumaron exhumados Sexy Zebras. Tocaron a pecho descubierto, y pare de contar. Su música quería comparecer como sucia, nerviosa, cuasi esquizofrénica, pero resultaba del todo imposible porque no era explosiva  la impostura en sus notas. Imitativos y nada rotundos, se ahogan en las letras y en la explicación de toda canción, imposible y una mentira. Querían parecer Escorbuto pero les falta la sinceridad de Yosu y les sobra tanta teatralidad inútil.

Al final esta retronostalgia le viene bien al marketing, que lo vende a pie juntillas y como un riñón.

 

 

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Rufus T. Firefly: Magnolia lisérgica
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Xoel Prado - Antúnez | 15-08-2017 | 11:20| 0

Rufus T. Firefly es una banda musical que he topado en Sonorama 2017. En realidad, en el transcurso de un viaje les escuché en una entrevista más que serena en Radio 3, realizada en Aranjuez, pero no pude prestar la atención debida porque iba conduciendo, camino de casa. De todas maneras, pude captar una canción que tenía su sustrato en una película de animación titulada Mi vecino Totoro. Me gustó la canción, aquel grito “que el bosque muerto, despierte” me captó la atención. Pero volvamos a Sonorama y al escenario desperados, donde ha acabado su actuación Amaro Ferreiro y se afanan los del cuerpo técnico en montar la parafernalia musical del próximo grupo, Rufus T. Firefly.

Pongamos que el cuerpo técnico ya lo ha montado todo y que los del grupo prueban instrumentación y que una chica en la primera fila grita por Víctor, que se afana en su hacer. La batería queda a un lado, el derecho y fuera de tarima. Allí todo el mundo, que es la chica de la primera fila, llama por los miembros del grupo, pero uno desconoce totalmente a los mismos. En fin, espero que se inicie el concierto, porque me gustó, como ya dije, la canción Tsukamori.

Hete aquí que el chico llamado Víctor y que no se enteró nada absorto en claves y clavijas de las veces que la llamó la chica de la primera fila, se puso la guitarra como quien se pone una luciérnaga y el aire se llenó de una repetitiva pincelada de color de una nave espacial nocturna y cuando llegaba a su culmen, las baquetas marcaron una a la otra el ritmo y la mano de Víctor rasgo la noche continuamente con las manos de Julia (me lo han chivado la chica de la primera fila) repiqueteando con sonoridad amorosa en su batería. Suenan las primeras notas de Tsukamori y nadie sabe cómo, pero todo el mundo (incluso yo) estamos inmersos en una sonoridad hipnótica que conforma la elipse que va de las manos de Víctor a las manos de Julia, elipse en la que confluyen con líneas de profundidad los otros tres miembros de la banda. No sé si caerá sobre mí la inmensidad, pero sí caerá una invitación perfecta a perderme en esas notas hipnóticas donde enseguida uno no se pierde, sino que se gana. Sobre todo, cuando llegamos conjuntamente al estribillo, que el bosque muerto despierte.

El resto de las canciones que fueron desgranando del magnolio que crecía en el escenario, persiguieron esa tónica hipnótica que emanaba emergente de las manos de Julia, que a partir de ese momento concitaron la totalidad de mi atención, porque sus rítmicos dedos dirigían la corriente del río, el halcón en su vuelo o al cisne negro. En ese momento caes en la cuenta de que hay una celebración antigua en todo este entramado de canciones, la naturaleza presocrática, como elemento creador y organizador de la Vida en su conjunto; el amor, como cura posible de la herida, como elemento afectivo que sirve para a comprensión de la conciencia del otro, y el arte, que innova creativamente sobre la naturaleza y el amor. ¡El arte como innovación!

Vaya, música y reflexión al mismo tiempo. De repente caigo en la idea de que esta música es algo diferente de los hits que buscan los músicos. Una canción con una melodía pegadiza y triunfante que no se despegue de la consciencia de los individuos que escuchan. Esta música se diluye directamente bajo la lengua y va serpenteante por la totalidad el cuerpo a la búsqueda del inconsciente, y que Jung nos ampare, en este momento la música se conformaba como el supuesto inconsciente colectivo del que todos sorbemos nuestra energía: inmiscuidos en un proceso iniciático. Allí, en el parque del General Gutiérrez, restablecedor de soberanías, sobre el escenario desperados, que es aquello que se busca vivo o muerto, asistimos a la epifanía de la energía que se da como alimento. Y se crea una urdimbre nada metafísica que pide vive, sobre todo vive, entre todos los asistentes al concierto y los músicos, sobre todo con la encarnación de esa urdimbre, las manos de Julia.

Esta banda tiene un interés terrible, y ya. Básicamente por su autenticidad. Una música auténtica que refleja la autenticidad de los que la componen. Autenticidad es creatividad y superación. La creatividad viene dada porque es evidente que debemos realizarnos a nosotros mismos, que es la manera de ser libres. Define la música de Rufus T. Firefly la libertad absoluta, con ausencia de temporalidad, siendo capaces de afrontar la realidad mundana y decidir qué es lo que queremos y qué es lo que no. En este caso los recuerdos gratos, y modifican la realidad de quien escucha, porque le obligan a reconocer sus buenos recuerdos de igual manera. Una música que nos integra en la misma para reconocernos. De verdad, hace mucho tiempo que no existía una propuesta de tal exigencia en el mundo musical. Hemos asistido a la degeneración más absoluta de la música, hasta rebajarla a ser imitación o réplica unos de otros, sin que hubiera verdadera autenticidad en lo que los músicos hacían. Aquí, sin embargo, tenéis una música que quiere ser transcripción del ánima del mundo, naturalidad de la realidad vivida, propiedad del ser humano. Por eso, no encontrareis en la misma hits de reproducibles melodías, pero sí rotundidad y claridad de la propia existencia.

Y la continuidad, porque las canciones no son independientes, sino que son entre ellas urdimbre, que es lo que pretenden crear. Una continuidad contigua que pone en contacto músicos y a los escuchantes, de tal manera que estas notas que son eco del mundo, entestan a todos, unen. Una música inmediata, que no necesita de otro elemento para ser entendida. Es importante entender que la propia música no necesita de nada para entenderla, que es ella misma la que centrifuga a quien la oye a través de las manos de Julia.

Por supuesto, la música posee una belleza lisérgica. Así la han definido los propios músicos, pero se han apresurado a establecer que es un lisercicidad buena, de viaje querido y con los buenos recuerdos por delante; y no un mal viaje, establecido sobre la base de una sobredosis de lisercicidad.

El buen viaje consiste en un levantamiento del ánimo sobre la base de recorrer la naturaleza, lo cual supone una realización personal. Deberíamos comenzar a educar por aquí: la vida no consiste en acumular cosas ni gente, sino en realizarse junto a ellos, Por eso definimos mal hasta el amor. Toda definición está fundada en la acumulación y no en la comprensión – y el amor es comprensión de la conciencia del otro, que es precisamente lo que pide la música de Rufus T. Firefly. Un incremento de la percepción sensorial, lo que supone una mayor sensorialidad en el arte (y en el amor y viceversa) y de esa manera integramos hasta las cosas más insignificantes con las más agradecidas, con las más relevantes, en un totum revoluntum, en una acraticidad permanente. Y en esa acriticidad nos sentimos todos complementarios, sin que nadie sobre.

Es inusual esta propuesta en la música española y por eso es original, muy original.

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Eres mi amiga íntima (I)
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Xoel Prado - Antúnez | 14-06-2017 | 1:51| 0

He de reconocer, con parvulario dolor de mi anima, la imposibilidad manifiesta de la amistad íntima entre hombres y mujeres. No sé si por una deficitaria definición de lo que es la amistad o porque esta palabra no le cabe el apellido de íntima. Algo así como compartir  esas parrafadas de todos los asuntos que a dos personas interesan y que los enriquecen, pero sin que intervenga para nada la naturaleza sexual biológica.

Si hubiese recordado la lectura de Freud hubiese visto desde el comienzo que esa amistad íntima es imposible porque somos naturaleza salvaje, inconsciente, It, y el deseo libídico siempre surge como colofón de la reunión y obstáculo salvable con caer en el deseo. ¿Qué sucede empero no pretendemos caer en el deseo pero precisamos de esa amistad íntima? Nada. Todo se va al garete,

El caso es que desde comienzos del siglo XX se nos convence a diario de que somos un constructo social y que nuestra naturaleza es la sociedad en la que vivimos y el constructo lingüístico. Si esto fuera así no habría ningún problema en mantener esa amistad íntima, e, incluso, aunque ambos amigos estuviese casados con otra persona.

Pero no. Como dijo Umbral, parece que siempre tiene que salir el antropoide que llevamos dentro, “mortal y rosa”, que en el caso del homínido macho lo obliga a la cópula instantánea sin miramientos; y en el caso del homínido hembra a aparearse si considera que ese macho nuevo puede darle mejores vástagos. Bendita naturaleza salvaje que surge sin esperarla.

No somos constructos. Si así fuese nada malo habría y nada malo hay en mantener una amistad íntima con una persona del sexo contrario sin ningún tipo de problema, ya que quedaría involucrada como cualquier otra relación de esa envergadura en el mero enriquecimiento personal.

He de deciros y frustraros así, que somos naturaleza salvaje, triste y pura naturaleza salvaje y que no hemos perdido nada de ese antropoide que llevamos dentro salvo que lo domesticamos con el miedo y la renuncia.

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Entre estornudos y veleidades: el estornudo de la mariposa de José de Cora
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Xoel Prado - Antúnez | 10-12-2016 | 12:49| 0

Es de lógica pensar que los eventos relevantes que la Historia nos narra fueron llevados a buen término por personas principales y de buen hacer, con pedigrí de buena familia y con influencia y relevancia en la Historia de la Humanidad prácticamente desde la Era primigenia, en los orígenes. Es de lógica pensar que tales personas sean descendientes de los dioses, casi. Nadie imagina a los creadores de una vacuna esencial o descubridores de un elemento fundamental a la existencia humana muy humanos y naciendo en el portal de al lado de casa o vecinos de cama en la habitación del paritorio. Uno se los imagina surgiendo a la existencia prácticamente con la urgencia del descubrimiento en la mirada.

Sin embargo, en la novela de José de Cora, en la novísima novela titulada “El estornudo de la mariposa”, se nos extrae de este mito infundamnetado y casi leyenda urbana. No hay que ser hijos de los dioses ni héroes grecolatinos para influir sobremanera en la historia y en la Historia, sólo hay que desearlo y urgirlo y pedirlo cuantas veces se precise pero ante quien es menester y no arrodillarse ante cualquier frailecillo conventual. 

El estornudo de la mariposa nos pone precisamente ante todo lo contrario. La historia y la Historia no la escriben ni los ganadores ni los perdedores ni las grandes firmas que prevalecen en la hagiografía de los Grandes Nombres Históricos sino en una serie de personas que ni los miraríamos al pasar ni los saludaríamos de no ser porque resultan ser nuestro vecino o un señor que pasaba por allí o la chica que más se implica en la ayuda a los demás. Gente corriente, la denominó Redford en su película del ochenta y dos. Gente corriente es una buena denominación para los dos protagonistas de la novela de Cora. Gente corriente de lugares corrientes y que no hacen nada fuera de la corriente. Juan y Araceli, de Barcelona y Lugo, que se encuentran por azar mariposoidal en Burgos y se autoconvencen que son absolutamente imprescindibles para la Historia de Europa.

Este el desconocido mundo de Garbo y de Greta, del espía más zarzuelesco de la II Guerra Mundial y de su diáfana mujer, que era todo un Coro Wagneriano. La desconocida historia de Garbo, porque la Historia oficial se ha contado y de manera majestuosa, como parte de la Historia; pero la historia de este matrimonio sutil y distinto. 

Una novela que parece absolutamente inventada por lo absurdo de cada una de las situaciones por las que pasaron de manera real los protagonistas y que en un film de carácter surrealista tendría su coherencia, a la lectura parece que pasemos por el mismísimo origen de la vergüenza ajena, ¿es esto cierto?, ¿de veras que es verísima la historia que nos relatas/delatas, José?, ¿no te estarás quedando con el público lector con una de esas sinfónicas historietas de última página de los Pelúdez en el Sanfroi? 

Decidme que no, pero tan sólo por este choque cruel entre la realidad real y la apariencia realística merece la pena leer la novela. Si luego os acordáis del lenguaje claro y diáfano en la manera de narrar que utiliza siempre de Cora y ese aire de sutileza adjetival que compone en su aire lingüístico más arrimado al periodismo de última página, veréis que no os defraudará la novela. 

Bien desarrollada en sus tres partes fundamentales: la primera como un punto contrapunto de los dos personajes fundamentales en su río vivencias por las ciudades que les atan sus las de mariposa (aunque a veces resulte paralizante); la segunda como un diario de meses largos e historias cortas; y la tercera, un desenlace más carnavalesco que Ionesco, y que os divertirá emotivamente.

Novela para pasar un grato rato descubriendo que tu prima puede ser la Espía que la armó en la II Guerra Mundial y tú sin saberlo; y una gran lectura de un sólo tirón.

 

https://www.youtube.com/watch?v=WCv4hYBhYtU

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Oscar Avendaño’s Conzert at Kannion Surf
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Xoel Prado - Antúnez | 20-09-2016 | 8:06| 0

En un lugar donde le tiempo se detiene y el mar parece dar salitre al mal y a la distancia, asistimos a un concierto de Oscar Avendaño. Nos informaron de que tocaría en la playa de Montalvo de Portonovo; e imaginamos, con toda la libertad de la que arbitramos, que dispondrían un escenario en la playa y con una ola y otra ola nos mecerían los riffs de equilibrista de Oscar y lo reposados.

Eso, reposados sobre la arena…

En la playa no había nada más allá de arena y surferos que con tablas y neoprenos aguantaban la baja temperatura del mar. Uno de aquellos surferos nos indica con el dedo de engatillar la vida que el concierto de Avendaño se desarrolla en un cubo geométrico donde se come muy bien y que recibe el nombre de Kannion Surf.

Pocos pasos nos separan del local desde la playa, salir de la misma, cruzar el asfalto, traspasar el umbral, y tras la cristalera de un recibidor habilitado con mesas para yantar, han colocado un micro y Avendaño con su vieja guitarra y una caja de armónicas se dispone a probar su voz y todos los acordes que como dones, sus dedos atesoran.

Somos suficientes para formar un ambiente familiar y muy musical porque en mitad de este cubo tras la curva comen y se preparan para lo porvenir los Dead Wood, que serán coro de palmas y ojos sentidos en cada canción que va a ir surgiendo en buena vibración de las cuerdas nuevas de la guitarra acústica de Avendaño.

Oscar, controvertidamente serio, camina del cubo a su apertura y devuelta, introvertidamente hablante, a la espera del tiempo de la música. Sí, claro, porque si no os habíais apercibido de la movida, hemos aterrizado en este cubo de película para escuchar rock and roll.

Para quien cree que el rock ha sido fagocitado por la estrella de los concursos televisivos, es que no se mueve en estas venas alternativas que alimentan a los vampiros ávidos de limpieza de corazón, de dar hasta las entrañas y del tumbo del dado.

Creedme si os digo que las palabras más verbales que definen a la música que Avendaño no dio con la continuidad del Potlatch son sinceridad, liberalidad y sortilegio.

La sinceridad como ingenuidad, esa naturalidad en la expresión y en los movimientos que se realizan y con los que evidenciamos que hemos nacido libres y que no se acepta la imposición moral recalcitrante, que todo se entiende desde la órbita individual de quien viaja a carro de su guitarra y las notas como camino, ese free world, que diseminaba el bueno de Neil Young.

La liberalidad de quien todo lo tiene y nada le falta y lo da todo y más porque puede con cada canción. Es cierto que en sus canciones están todas las canciones y cuando las otorga a quien escucha le embadurna de demasiado oro. Con franca y larga mano para llegar al último arpegio, las notas que desgrana van dando buena cuenta de las cadenas que nos atan a los clavos ardiendo con los que morimos oprimidos por perseguir el orden y la legitimidad como lemmings.

El sortilegio, que es la manera en la que las sorguiñes o meigas nos deparan el futuro y hay que explicar que en las canciones de Avendaño hay mucha adivinación del futuro que nos aguarda por esas artes simbólicas que median la vida y la remedian, expulsando de la misma la casualidad.

Ojalá hubierais estado allí para escucharlo, como tuvimos la suerte los que acudieron a esta especie de Picnic at HungingRock, película que relata comoe en la inusitada placidez del paisaje idílico llegó la convulsión de la matanza, en Kannion Surf, en la playa de olas de surf, se abrió las venas Avendaño y nos alimentó de sinceridad para unos cuantos meses.

No me sorprende que haya quien establezca que es uno de los músicos de mayor recorrido en el futuro, y ya ahora, por supuesto.

PD. Gracias a los chicos del Kannion Surf por el alimento de alma y del cuerpo, claro.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.