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Categoría: Crítica de cine
Stars Wars: la nueva Estrella es el matriarcalismo

Con evidente desgana, todo hay que explicarlo, me encaminé con el corazón acelerado a contemplar en la pantalla primorosa la nueva entrega de Star Wars. La desgana me la inoculó con desparpajo y alevosía, la anterior trilogía que no aportaba nada que no se supiese ya sobre la vida exagerada de Luke y su hermana, los Skywalker. Aquella primera película de nuestra adolescencia, que nos deslumbró con sus efectos especiales, y su sonido futurista, sobre todo si podías verla en una sala de primer orden (imperial) y que necesitó una trilogía para poder ser explicada, siempre me pareció en sí misma agotada. Por eso, componer una segunda trilogía para nada, no significaba otra cosa que tratar de exprimir la fuente de capital descubierta.

La primera trilogía no solo desprendía una belleza sin igual desde la pantalla luminosa sino una estética novedosa en la utilización de los recursos cinematográficos y una explicación psicoanalítica en la lucha por la primacía en el gobierno. Ese lugar de gobierno reservado y ejecutado por el padre plenipotenciario y jupiterino, iba a ser reivindicado por el hijo revelador de la Fuerza en nombre de la Madre ausente. El hijo que no sabe que es hijo lucha contra el Padre, que si conoce la identidad del hijo, con la dirección espiritual del hermano del padre, del tío paterno, que es guía angelical. Elías el Profeta/El Árcangel con espada de fuego, Obi Wan Kenobi, ejerce de buen grado esa facies dualéctica sobre el que ha de venir, Luky Skywalker,  y que ha de sucederle a él mismo como profeta. Tras su muerte y dejar tras de sí sólo el manto de su poder profético como legado, guía a Luke como voz en los desiertos y en la soledad del iniciado. Solo tiene ya como misión propia propiciar el encuentro final con el Padre desafortunado y vengativo para no sólo no ocupar su lugar sino permitirle volver al lugar que le corresponde en el lado Bueno de la Fuerza.

Pero si Luke no ocupa el lugar del Padre, ¿quién ostentaba el poder de la República? ¿O todo era Imperial e Imperioso? Se trataba de contestar a esta pregunta, que quedaba en el caos.

Dado que Luke no vino al mundo para ocupar el lugar del Padre sino para que éste ocupase el lugar merecido, no tenía como destino final el Poder. La hermana no tenía lugar en el mundo sino para dar lugar a la siguiente generación e Skywalkers, pues la responsabilidad de la crianza de hijos recaía sobre el tío paterno – y no el materno. El puesto de dirigente de la República estaba vacante y se aprovecha de ello, el Imperio.

La nueva trilogía que comenzaba ayer mismo, trae novedosas transformaciones. En primer lugar y de nuevo, la hermana de Luke da a luz la nueva generación y que, como no puede ser de otra manera, se abandona al cuidado del Otro, del tío Materno. Como en el matriarcalismo trobiand, pero el tío materno pierde el lugar cuando el sobrino primogénito, se deja llevar por el lado oscuro, y, así, desaparece. El hijo pierde la inocencia y dado al lado oscuro, desea que perezca el tío materno para que no pueda compilar la fuerza en nadie inocente. Así, la película, esta nueva entrega, se desenvuelve como una búsqueda del tío habúnculus, a la manera del matriarcalismo Vasco.

Pero esa búsqueda sólo la puede realizar alguien Inocente. Esa inocencia la encontramos en la nueva Skywalker que no sabe de sí y ha de salir a la búsqueda de sí, hegeliánamente. Tiene que descubrir el Amor en sí para donárselo a todos, y si cambiamos Amor Jesusítico por la Fuerza, es de igual manera. Chatarrera en vez de carpintera, descubre poco a poco la fuerza desde su inocencia como elemento pleno en sí, pues ella es el resultado de la Fuerza y la Audacia (Han Solo)  Sólo ha de dejarse llevar por la imagen que cabe en sí y dará con su auténtico Ser. 

El hermano, maldad pero residual, no en estado puro, ha de conseguir el enfrentamiento con el Padre pero no para devolver a éste a su lugar sino para afianzar él el suyo propio. La masculinidad retorna al lado oscuro a la Maldad absoluta, al afrontar el complejo de Edipo no como retorno a la Madre sino como usurpación del puesto del Padre por el puesto mismo. Es decir, el hijo de Leia y Han desea ser Malo.

La Chatarrera, por contra, va descubriéndose a sí misma a través del Padre y sobre todo de la Madre que, finalmente, la dirige al tío Habúnculus, ese nuevo Elías, para que la descubra en su totalidad de Ser, en su Autenticidad. 

La República no tiene más Sentido que el Matrical, el Imperio es Patriarcal y Malvado – y esa es la conclusión de la nueva Trilogía.

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Ocho apellidos vascos

No queda más remedio que encaminarse al cine a verla, tanto es el innúmero número de opiniones en controversia que ha suscitado “Ocho apellidos vascos”. Nada más llegar al cine me aclaro de lo que consigue toda esta controversia, el cine está a estallar, como no lo había visto desde mediados de los ochenta. Una sola entrada para el espectador que venga sólo, que voy a ser yo, claro, los que me preceden son cuatro. Mientras me dirijo a quien corta la entrada y a la sala, repaso en mente las criticas leídas, desde la de Zarzalejos hasta la última de David Torres, pasando por la de Ana Talletxea o Mikel Insausti, sin olvidar, claro la del Raúl del Pozo. Unos se quejaban de que la película era una serie de topicazos intoxicadores de la realidad verdadera de Euzkadi, y otros de que era rematadamente pronto para objetivar a los abertzales como héroes de un chiste sin humillar a las víctimas; los pocos hablaban del humor como elemento corrosivo de la realidad y lo psicológicamente rupturista que resulta en este caso particular. Ninguno ha hablado de la cinta en sí mismas sino e del reflejo distorsionado de sí mismo que le ha provocado la cinta. Y está bien, eso quiere decir que la película que me animo a ver en este instante es al menos y como mínimo transgresora.

Se apagan las luces, se inicia la película y ya, de pronto, me decepciono. No hay nada de lo escrito por tanto intelectual sagaz del abertzalismo esencial ni del españolismo asocial, sino, vaya, una simple comedia americana donde un chico encuentra una chica, la pierde, la recupera, la vuelve a perder y la recupera al fin. Revestido este esquema de toda la realidad cinematográfica mundial con la realidad del topicazo del elenco chistoso español. Cuidado, no se reviste el esquema con la realidad efectiva vasca ni menos, con la andaluza, sino con la realidad idealizada de forma deformante en el chiste grosero. No en balde la película se inicia con el protagonista del metraje contando esos chistes de gracia grosera en el escenario del escenario del film y la protagonista reaccionando de manera grosera en el film estoqueando con los mismos chistes. La imagen de este inicio lo marca Aitziber Garmendia, euskaldún a la que le pesa la peineta marmórea.

Este enfrentamiento inicial lo enfría el sexo. El sexo inexistente claro, porque la bebida Lago, que pudiera pasar por navarra por su poco culo y su espalda cargada al dormir, se ronca, rocosa. Y cuando se despierta, se larga. La hemos perdido, Rovira.

A ganarla se va a una Euzkadi que se transgrede a sí misma, y se deforma en espejo deformante. La Euzkadi de Vaya semanita, el programa de la ETB, capaz de acabar con los mitos sacrales de montes y relatos  Aitoricos. Os digo esto, porque está por ver que en un pueblo guipuzcoano todos sus habitantes tengan coches con matricula de Bilbao, por Dios. Y Rovira va a ganarla y ganarse a sí mismo, claro. Porque entra en Euzkadi con la versión negra y negativista en la mirada y sale de Euskadi, cuando pierde por enésima vez a la chica “morroska de Zestona”, con la mirada limpia de prejuicios y más amor que nunca; de la misma manera que le ocurrirá a Lago, cuando vaya a recuperar a Rovira en calesa y los del Río palmeando.

Y es que el film debiera servir para esto, principalmente, para que todo el mundo limpiara de prejuicios las gafas empañadas con las que nos amparamos al mirar la realidad efectiva. O dicho de otra manera, que quizás todos estemos viviendo en el tópico del chiste y tememos perder esa realidad del topicazo, por no enfrentar al otro y su vida. Pero hasta Koldo lo logra, a través del amor y el sexo, con la cacereña y aprende que un tricornio también es un cenicero. Koldo, el personaje interpretado por Karra Elejalde, iniciador de estas desmitologizaciones de lo vasco y lo gallego en la fantástica Airbag. Por cierto, que se merece un Goya por su comedida interpretación del Gargantúa bilbaíno trasladado a Guipúzcoa, es decir, de lo desmedido absolutizado. 

Una comedia americana revestida de la realidad desmedida del tópico regionalista español, que ha de servir para limpiar la mirada prejuicial de muchos sin ensuciar la de nadie. Y lo logra, porque en un cine de Valladolid se ríen las gracias, no del tópico sino las de desmitoligización del tópico y se aplaude, efusivamente, a final de la representación.  

Buscar más allá de esto, evidencias de desafuero políticos, o de cualquier otra índole, marca sólo la visión prejuicial a la que está siendo sometida una pura comedia, eso sí, con un par de toques Lubitsch.

Por cierto, uno de los personajes que nos habla a las claras de esa necesidad de la desmitologización es el del aitite Ignacio. Él como conocedor de la verdad de la mentira que se lleva a cabo, no se niega a celebrarla, pero se alegra de que no se celebre. Pide, que la realidad que hay que celebrar sea la realidad efectiva sin mitologías de ningún lugar. 

Que quizá es por lo que nos gusta a todos esta comedia sin lugar, utópica.

 

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Memorias de un zombie adolescente (Warm Bodies)

0. En la preapocalíptica era de los setenta, nacieron las películas de zombies, no la de muertos vivientes, que existen desde 1932 y la famosa “La legión de los hombres sin alma”. Estas películas tenían como misión real transmitir el folclore de las islas haitianas al púbico norteamericano. Básicamente se trataba de trasmitir en películas  las experiencias que contaba W.B. Seabrook, The magic Island. La década de los cuarenta se inicia con las mismas películas de muertos vivientes pero con una peculiaridad, éstos son los componentes del ejercito de un Villano que pretende controlar el mundo, Revenge of the zombies, donde el villano es un nazi. En 1959, los villanos provienen del espacio exterior, son selenitas, como en Invisible Invaiders. La década de los sesenta se abrirá con la película de zombies por excelencia y que marcará por siempre al género. Se trata de la película de George A.Romero, La noche de los muertes vivientes. Un apocalipsis de imprevisibles consecuencias se cierne sobre la totalidad del universo, y es imparable. Como de una consecuencia de la utilización de armas nucleares, los muertos han resucitado a la vida y han de alimentarse, claro. Van por ahí comiéndose a todo lo que se mueve y alimentándose tontamente de los cerebros que consiguen. La utilización de armas nucleares ha vuelto a totdo el mundo robótico y sin alma. Pero se ha vuelto no por la magia que pudiera emplear un sacerdote vudú, es el uso de tecnología avanzada de carácter nuclear la que nos ha transformado a esa manera de ser, de muertos vivientes. En posteriores películas, el desencadenante de la apocalipsis zombie no serán las armas nucleares sino las armas químicas, los estudios avanzados en la ingeniería genética, etc. Los autores de estas películas se erigieron en su momento como críticos furibundos de los avances armamentísticos y de la investigación avanzada en genética. Curiosamente, en vez de unirse el mundo vivo en su integridad contra el avance lento, lento del mundo zombie, los vivos se dedican a putearse entre sí y a robarse todos los enseres y víveres que acumularon. Incluso se preocupan más de hacerse con las investigaciones y sus logros que en acabar con la plaga. No en balde, el final de todo será un juicio final a toda la humanidad.

1. Hay un caso donde los zombies no nacen ni para servir ni para conocer las consecuencias de la utilización de armas nucleares o químicas. Es por venganza. The Walking dead, una película de Curtiz antes de Casablanca. Elfmann, el protagonista, es señalado como chivo expiatorio de un crimen que cometieron otros. La silla eléctrica y muerto, lo revivie el profesor Beaumunt, como parte de sus experiementos. A partir de ahí, el nuevo Elffmann revivido, gozará con la venganza. Suele decirse que era el primer zombie bueno de la historia, aunque en realidad, asistimos a una película básicamente de gangters (curiosamente, han resucitado el título en una nueva serie donde las venganzas y las traiciones son lo fundamental)

2. Memorias de un zombie adolescente, comienza como una película de zombies normal. Desde el primer momento, asistimos a un mundo apocalíptico lleno de zombies. Como si se tratara de una metapelícula de zombies que se ríe de sí misma. El protagonista nos muestra su dudas exsitenciales zombies, como si le conciencia fuese la parte más viva de él, muerto. Así, nos muestra el mundo zombie y cómo era antes, y la verdad, se da cuenta, que el mundo de vivos de antes, no era menos zombie que el actual, la teconología emboba. Esta primera parte d ela película provoca carcajadas porque el público se sabe de memoria lo que ocurre. Inlcuso se permite hacer un chiste con la necesidad de no mirar mientras come. La segunda parte de la película se abre cuando tiene que hacerse cargo de una viva en su mundo zombie. Una chiquilla que forma parte de sus sueños zombies por haberse desayunado el cerebro de su  novio. En el trascurso de esta parte, la viva comprende y se va enamorando del muerto viviente, a pesar de haberse comido a su prometido (¿no es tal la razón por la que todos nos casamos?) o quizá por eso. En la tercera parte, asistimos al abandono de la condición de zombie del protagonista y de sus acompañantes, gracias al amor y a la comprensión de los vivos.

Y este es el mensaje: sólo el amor hará que abandonemos la condición de muertos vivientes. Es más, sólo el amor y la comprensión hará que la comunicación sea de nuevo ese vis a vis perdido en la vida virtual. Porque eso es lo que es el mundo zombie, como un mundo generado en el ordenador y gobernado por unos seres semejantes a los de los juegos de esos aparatejos novedosos. Puede que la tecnología  esté bien, pero es más emocionante el amor.

3. Desde luego, parece que todo no está perdido. Todos esos seres que caminan por el mundo pegados a una tablet o a un ordenador o un móvil, son recuperables a través de amor. De un amor erótico, donde volvemos a bucar aquello que nos falta, lo que nos es ausente. El muerto viviente que cada uno requiere, si se le busca, se le puede reconvertir a través del amor, y solo del amor. Se puede cambiar el mundo, si nos desacomplejamos sobre el amor y nos mostramos descaradamente optimistas. Eso es lo que nos quiere transmitir la película, a través de unas actrativas interpretaciones, en un correcto ritmo, sin caer en reiteraciones. Correctamente dirigida, se dirige a crear un sentido del humor sobre el zombie. No es para tratarla como una obra de arte pero tampoco es un bodrio. Probablemente una buena película que se deja ver con agradabilidad y nos crea una buena sonrisa para mantener durante un buen rato.

 

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Django, el de la d muda

Es evidente que todo elmundo va a estar de acuerdo en que la última de Trantino es una genialidad, que no hay director como él que te pegue durante tres horas a una butca de cine y te mantenga expectante aunque no suceda nada en el dicurrir normal de la historia adicional que te propone, a parte del film que te presenta. Todo el mundo va a acordar y consensuar que no hay actores hasta que no trabajan con Tarantino, y recordarán como el buen tipo que es Travolta alcanzó su orgásmica actuación en Pulp fiction, y que Samuel L. Jackson sólo con Tarantino se semeja al actor que es, más allá no parece que ni interprete. La música de las películas de Tarantino pasan al inconsciente colectivo y se manifiestan en cualquier momento, pero fundamentalmente en la ducha o mientras visitas tetramensualmente a la mujer casada y con dos hijos que atender, refugiados en tu hotel. No hablemos ya de la ssabia elección de canciones que forman parte ya del elenco popular, las más tatareadas. Y no quiero deciros nada sobre su cine según Hitchcock, que le impele a plantarse en alguna parte del film como parte de la historia que cuenta, y que nunca parece tener la importancia debida, porque no la tiene, por supuesto. Por todo ello, mis amigos y vostros habéis declarado al Tarantino bueno  un genio y no me permitís que explique nada de él, salvo pena de excomunión cinematográfica. Incluso ponéis en duda la veracidad de la afirmación “yo sí he visto pelis de Tarantino”.

Para mí Tarantino no es más que un ineligente fabricante de pastiches. Coge de aquí, pone de allá, hallá acula, y equilicuá, ya tenemos el monstruo. El monstruo se ha denominado de muchas maneras, Reservoir Dogs, Pulp Fiction, Kill Bill, Malditos Bastardos, y ahora Django desencadenado. No acaba de salirle la película que el desea y como el la precisa, y por ello ha de repetirla con distintos recortes y con distintos trajes, si lo deseais, con precisos géneros. Desde el cine de gangsters pasado por la paleta de Billy Wilder, hasta este film que nos ocupa hoy, este Django con tintes de Dennis Hooper/Peter Fonda. Un pastiche psicológico, porque Tarantino vive el mundo como si fuera un cine y la realidad no existiera; porque Tarantino es un perpetuo adolescente que a la búsqueda de su propia identidad prefiere vivir como si fuera otros, y profundamente. En el cine de Tarantino no se sabe donde comienza la vida y en la vida de Tarantino nunca se acaba el cine, porque cine y vida, son una misma facies fenomenológica.

Un fabricante de pastiches. Bien sabe Tarantino que a todos nos encanta la serie B y la serie Z, y que son las pelñiculas que más disfrutamos. Nada de intelectualoides films nobles sobre el árbol de la vida o sobre the master. Lo que nos provoca un buen orgasmo fílmico es ver como los actores se martirizan a sí mismos en la búsqueda de la mejor frase, del mejor chiste, de los quince minutos de gloria. Esos mismos quince minutos que Tarantino se concede a sí mismo para soltarse en el mundo como una gracia de Rubens, desnudo de alma y sólo una corporalidad hiriente, como en abierto Hasta l amanecer. Por eso en las películas de Tarantino no ocurre nada, es como si ocurriese pero en realidad ya ha ocurrido en las películas de Sergio Corbucci, en este caso. Por eso en als películas de Tarantino no hay violencia ni sexo ni besos ni muertes, es como sí los hubiere, pero esa violencia te remite a la violencia original de las obras que pastichea.

Un buen fabricante de pastiches, y por eso me ecanta ir a ver sus películas, porque es la manera de disfrutar del cine dentro del cine y que remite al cine. Es como si la vida normal y corriente que vivo todos los días desapareciese de verdad de la realidad y hablásemos de otra cosa, de otra vida, de aquella que yo puedo fabricar a mi gusto, que Tarantino fabrica al gusto propio, y vosotros al gusto que deseeis, incluso podéis hacerla a disgusto de todos. No hay límites, y quiza hay encontremos la semilla de la genialidad Tarantinesca, en la ausencia de límites formales a la vida.

La película hubiera alcanzado una total ilimmitación si la hubiera podido interpretar José Bódalo, en el papel de malo malísimo, qué deleite final para la ilimitación fílmica. Disfrutar, con d muda, claro, del cine diluído, con d fricativa.

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Jack Reacher

Finalmente se estrena el próximo viernes la película que potenciará de nuevo la vida sin rumbo de su actor principal, Tom Cruise. Porque como todos sabéis este actor había inciiado un declive triste al prestarse a participar en cualquier peliculilla, en cualquier papelillo. Qué triste cuando uno lo mira pasearse por la pantalla como una imagen deprimida del  cantante de Aerosmith, aunque sepamos que canta él mismo.

No voy a caer en la tentación de decir que el famoso actor ya no lo es y que ha perdido el glamour, si que alguna vez lo tuvo. O quizá si lo tuvo, pero al lado de Nicole, al lado de este otro actor cuyo nombre lo asocio ahora con un perfume oleico. En fin, que su caída en declive es más bien por sobrepasar la cincuenta que por su capacidad interpretativa. Y cuando ecribo estas líneas me viene a la mente la imagen de Cruise con la coctelera en la mano, sin saber cómo moverla.

La película detuvo su estreno debido a la matanza que se produjo en USA, cuando un  adolescente disparó repetidmente y sin sentido contra 22 personas. Siempre que en la realidad ocurren sucesos que sobrepasan la ficción, ésta se oculta por un tiempo, hasta que todos hemos olvidado más o menos el suceso y la ficción puede volver a pasar por una mentira romántica o no por una realidad novelesca.

Werner Herzog, con su mirada inquietante

Si Cruise se presentase en la película solo, con la compañía de una chica y un malo relativo, que no le hiciese sombra, la película podría titularse La era del rock o el fiasco de Colateral o esa etedura de pata que se visionaba mejor como parte de Scary Movie 4,  La guerra de los mundos. Por eso, no puede tratar a este nuevo film tan mal, sobre todo si quiere recuperar  sus derechos de imagen, y que nadie lo olvide. Porque la tendencia con los actores actuales frente a los de otras generaciones es al olvido, por mucho que hayan hecho.

La solución estriba en dos elementos interesantes. Uno es el director del filme,  Christhoper McQuarrie, quien ganó un Óscar en 1996 al mejor guión original porSospechosos Habituales(The Usual Suspects), y que sabe contar las tramas y establece grandes diálogos, no esas maneras de hablar propias de idiotas que parlotean en las películas actuales. La otra  baza con la que va a jugar la película es con el coprotagonista pero más protagonista que co, que es Werner Herzog. El director alemán de films de arte y ensayo como También los enanos empezaron pequeños y Nosferatu el Vampiro o Donde sueñan las hormigas verdes, películas todas ellas comprometidas ecológicamente, se pone delante de la cámara para actuar en una película taquillera, como un best seller literario, lo que no resulta lógico. A este director ecológico, capaz de talar un bosque amazónico y hacer que sus actoes trasladen un barco de un lado al otro de amazonas en Fitzcarraldo o hipnotizarlos para actuar en El corazón de cristal, un verdadero malo maléfico, es alo que se enfrenta Cruise. De verdad,

Si acudís al estreno de la película, asistiréis probablemente en una de sus mejores interpretaciones de Cruise, obligado por el malo del film, claro, y por la estupenda dirección de Christopher McQuarrie. Lo que no se supondrá para Cruise una recuperación de su imagen publicitaria pero sí que lo va a elevar a esa casta de actores del Olimpo de Hollywood.

Un producto de Hollywood sin Hollywodd y sólo para nuestros ojos. ¿Qué más se puede pedir?

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.