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Fecha: octubre, 2012
HASTA LOS CUERVOS PICOTEAN LAS CEREZAS vista por varios lectores antes o después de ser publicada
Xoel Prado - Antúnez 31-10-2012 | 11:21 | 0

Presentación en Benavente

Si todavía no has leído la novela HASTA LOS CUERVOS PICOTEAN LAS CEREZAS, aquí tienes una serie de razones para leerla:

“Una exaltación literaria de Aranda de su comarca, y de sus vinos” (Andrés Rojo, En el corazón del Duero)

“El autor vizcaíno se mete en los entresijos más oscuros, a veces violentos, interesados o tiernos, del ser humano con un barroquismo particular”. El ideal Gallego (Xulio L. Valcárcel)

Portada de la novela

“El lenguaje del libro es innovador, envolvente, tortuoso muchas veces, siempre rotundo. El lenguaje es el sello del autor”. Vicente Torres. Periodista Digital)

El correo de Burgos da noticia de la presentación

No hay en ella una sola frase corriente; aumenta la dosis de los sustantivos, retuerce el cuello de cisne a los adjetivos, revuelve y cambia los tiempos de los verbos, encabalga los complementos, especialmente los adverbios de modo; emplea los juegos arborescentes del idioma como si se tratara de artísticos arcos trilobulados y crea sinestesias muy atrevidas con los colores y los olores… Apuleyo Soto Pajares Zoquejo.como Diario de Segovia

A medio camino entre la novela negra, ya que el trashunto de la misma es el extraño accidente de Javier (el protagonista principal, aunque su implicación entre las páginas, no sea muy abundante), y la novela de costumbres, debido a la cotidianiedad de la que hace gala en casi todos los pasajes de la misma; tiene tintes también burlescos hacia la sociedad de hoy en día y un toque picante que hace que la trama crezca o gane en riqueza compositiva. La pléyade de personajes secundarios (que no lo son a la manera tradicional) se convierten en protagonistas corales de una disputa en la que están dispuestos a todo con tal de alcanzar sus objetivos. Son como cuervos dispuestos a sacarse los ojos. Juan Manuel Lazaro Criado Las nubes no roban estrellas Hasta los cuervos picotean las cerezas es su segunda novela. La novela es de costumbres o negra, quizá, o puede que tenga mucho de teatro y poco de novela. El argumento es muy simple: un accidente de tráfico destapa un entramado de relaciones extrañas, que provocan que la mujer de quien muere en el accidente, sospeche que es más que un accidente. Precisa vengarse y pide nombres a su primo, que se los da. Pero… Como Hamlet siempre hay un deseo de venganza por parte de esta mujer, pero no duda: se venga aunque sea sobre la inocencia. Así descubre a sus compañeros de viaje, dos personas inocentes que se van convirtiendo en reos de una culpabilidad que no le es propia. Marta Rivera Cruz Cadena Cope, La linterna.

Escaparate librería Bayo Aranda de Duero

“De los libros más buscados en las librerías de Aranda” (Bayo, Guitierrez, Todolibro, etc.)

Con gran simpatía por la obra del fallecido escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, el autor de la novela Hasta los cuervos picotean las cerezas se inclina en este libro al género conocido como la novela negra. Es su segunda novela y no prescinde de detalle alguno para fortalecer el drama intrínseco de la misma. José Manuel Prado Antúnez hace gala de su conocimiento más amplio sobre la sociedad española actual, ayudado por su formación profesional como psicólogo y profesor de un IES Sandovay y Rojas en Aranda de Duero, para ofrecer a sus lectores una radiografía social de la misma, a través de su segunda novela. El libro pertenece a la colección de relato joven, pero es mucho más que eso. Los temas que se interrelacionan en la trama forjan una telaraña de misterios que solamente los caracteres escogidos por el autor pueden verbalizar y, poco a poco, comienzan a develar las angustias y temores de todos. JMPA es un escritor agudo y cada uno de sus libros marca una nueva etapa y estilo dentro de su carrera literaria. ¡No se pierda su lectura! (Baquiana, revista de literatura, Miami, numeros 79/80)

El amigo Pablo Nuñez, me trata bien:

Casi con el fin de este 2013, o de algo más según los augures mayas, llega a Lugo una enorme novela, esta noche de viernes en la librería Biblos de Lugo entra en casa “Hasta los cuervos picotean las cerezas”. La última obra de Xosé Manuel Prado-Antúnez ha sido preñada de misterio, de reflexiones, de engaños y de giros, de ternura y de crueldad, de sarcasmo, y de una calidad literaria tan bestial, que es capaz de envolver a todas las anteriores para anidarlas sobre el papel de un libro.

Cuando hablas, o escribes, sobre alguien a quien aprecias como yo aprecio a Jose, resulta complicado no confundir sentimientos con lo estrictamente literario, como debería hacer yo en este artículo. Pero salvo esa breve introducción a su última obra, y no quiero destripar ni una sola de sus frases, creo que ante personas de humanidad tan arrolladora como la de este escritor y amigo, apetece recordar pequeños detalles que nos han unido, quizá por azar, quizá por el jugueteo del destino.

Recuerdo que me habló de él otra amiga y escritora, Marta Rivera, me dijo algo así como “escribe como los ángeles” y me recomendó su poesía, porque Prado-Antúnez, acertaba Marta, es uno de los mejores poetas de este país. Se quedó, o nos quedamos cortos ambos en algo, realmente escribe “como los dioses”. Pero su literatura, aunque alcance lo sublime en poesía, no se ciñe a ésta y alcanza la novela, el ensayo y el mayor género, literario o no, que es capaz de cosechar: la amistad.

Les esperamos a las 8 y media de la tarde.

El amigo Trifoncaldereta, firma la siguiente opinión:

Non hai moito tempo falaba con Chiño Barral, un meu amigo vigués, mestre e escritor, do auxe que a novela de misterio semellaba retomar nos últimos anos.

Acaso nunca o deixou de ter, si temos en consideración o númaro de estantes que La Casa del Libro adica hoxe á novela negra.

Tiña finiquitado servidor o xénero coa ladaíña do detective Carvalho de Vázquez Montalbán (á que fraco favor lle fixo don Manuel cedendo os dereitos para unha infumábel serie televisiva), mais recoñezo ter lido dous libros e medio dos tres que compoñen a serie de Millenium.

Falaba, non obstante, co meu amigo, da dificultade intrínseca que ten unha novela de estas características para non cair nos estereotipados personaxes do inspector de policía, do detective privado, do forense, ou da velliña curiosona e cazapelo.

E lle mentaba, como fago sempre que podo meter a cuña, o exemplo de Xose María Álvarez Blázquez coa obra que foi finalista do primeiro Premio Nadal, que ao cabo ganara Laforet con “Nada”.

Veñen ao caso, estas reflexións, porque acabo de ler a novela “Hasta los cuervos picotean las cerezas” do noso contertulio, e paisano, PRADO-ANTUNEZ. Novela que si ben non é do xénero negro, xoga co misterio para falar das paixóns humanas -as mais ruíns, as mais sublimes- nun marco localista maxistralmente presentado e cuns persoeiros tan cercanos, que sería doado fosen familiares de calquera de nós.

Mantén Jose Manuel a tensión durante as mais de trescentas páxinas a través de diálogos cruzados que obrigan á atención lectora.

Os párrafos descriptivos son os xustos – don Pío Baroja, gran lector dos autores rusos, os saltaba todos- para unha xeografía ubicadora. Pero o atlas das viviseccións ás que somete aos actores é dunha crueza tan real, que se me antollan coñecidos e non seres novelescos.

Os xogos aliterativos, que adiviñan as dublinesas fontes das que bebeu o autor, son preciosismos de alta literatura, escasos nos libros de misterio. E son de agradecer polos que buscan algo mais, amén de que lle conten o conto “de la buena pipa”.

O poeta sempre se descobre, por moito que se agoche.

Unha novela espléndida, feita en Portomarín á que soamente poñería un pero : Mais recomendable que o Bagús, José Manuel, é o Selección de López Cristobal. Non te deixes levar pola edade das cepas: O Selección fai a crianza en bocois de carballo francés (exclusivamente), e o Bagús noutros que son de americano/francés fitín fitín (“a medias”, en inglés).

Digocho eu, que son dos de Rioja, cunha fonda e admirada aperta.

Trifón Caldereta

La última reseña en aparecer sobre la novela, ha sido realizada por Sara Montero Dueñas, en blog  Las lecturas de Shaka, y que podéis leer en este enlace http://laslecturasdeshaka.blogspot.com.es/2013/04/hasta-los-cuervos-picotean-las-cerezas.html?spref=fb

Me gusta la reseña por dos motivos:

a.- porque destaca el lenguaje poético que puebla la novela. Y es necesario porque con el lenguaje la novela sueña y juega, es el lugar del inconsciente y donde más se desarrolla la irrealidad de esta trama muy real. Curioamente, Sara Montero ha sido de los primeros lectores en destacar no sólo la credibiliad de los personajes, sino de la historia que se narra en sí misma. Sobre todo, que en el final ees donde se halla el encaje de las peizas de ese ropecabezas que comenzó con un café en un bar de pueblo.

b.- Porque por vez primera se destaca a Yolanda como personaje cuasi protagonista, cosa que me empeñé en conseguir, pero parece que fue imposible. Hay quien destaca a Lourdes o a Jon (al que convertí en un Guadiana de quita y pon) o a Javier o incluso a Álvaro, pero nadie había reparado enYolanda, que se movía por la novela como el mujer invisible.

c.- Porque de sus palabras se deduce que la novela le ha parecido original, difícil de lograr la integración de una traa de corte negro (y erótico furtiva) con un lenguaje poético.

d.- En último lugar, porque la reseña de Sara supone la presentación en la sociedad bloguera, y que el libro dé un pasito más hacia su reconocimiento.

Gracias Shakalectora

 

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WILT de TOM SHARPE (versión teatral)
Xoel Prado - Antúnez 28-10-2012 | 8:41 | 0

Ayer asistí a la representación teatral de Wilt. La representación es una versión de la famosa novela de Tom Sharpe, con el mismo título. Representar en escena una obra narrativa y además archiconocida y setentera (y que no aguanta hoy una relectura porque la realidad la ha rebasado con creces) es arriesgado. No me olvido, en este sentido, de “El pisito”, la famosa película que fue llevada a la escena y sólo el extraordinario hacer en la misma del grupo de actores, la sacó adelante.

El otro punto de riesgo se encuentra en que casi todo el mundo que asiste a la representación ha leído y hasta releído la obra narrativa y la historia de Wilt reside en la mente del espectador. Por lo tanto, sacar adelante una obra teatral con estos obstáculos de inicio es una demostración no sólo de pundonor, sino de saber hacer con excelencia el trabajo y tener lo que se dice, sentido de escena. Es decir, ser un “animal teatral”, como explicaría Aristóteles se pudiera.

Se alza el telón y se inicia la representación.

La escena es sorpresiva, sólo unas sillas de cuero negro y dos pantallas separadas de proyección, el resto salidas y entradas de vodevil. Salidas y entradas de la verdad a la mentira, de la mentira a lo que queramos creernos, de la representación a la proyección que presenta, y, además, nos hacen creer que el escenario es rotatorio, como si la vida circulase de derecha a izquierda y, sobre todo, por detrás, tras los proyectores (lo que me trajo a la memoria aquella frase de Goethe en su famoso Fausto, cuando a éste le indica el diablo que la verdad siempre se daba von hinten, es decir, por detrás)

Y en este escenario se va a desarrollar la historia ya conocida. ¿Cómo? La solución al problema teatral con recursos cinematográficos. Vamos a ver cómo se desenvuelve el embrollo a través de un flashback cuasi en el presente continuo. Un flashback que va a sostener Wilt y las pantallas cinematográficas, donde se va a proyectar los deseos imposibles de los protagonistas. Un flashback que va y viene de manera vodevil y en circular, en un tempo agitato ma non troppo. Este agitato en presente continuo consigue que la representación teatral sea novedosa, e incluso sorpresiva, para quien ya ha leído la novela. Además de este flashback, también se utiliza una interpelación al público para buscar una complicidad de Wilt con el mismo, ya que Wilt se presenta desde el comienzo sabedor de la historia, que la cuenta, y no va a evolucionar desde lo alicaído hasta que alcanza su personalidad meritoria.

Como podéis ver la parte formal de la obra se ha trabajado perfectamente bien y con el objetivo de que trasladarle al espectador a la sorpresa al ver la obra, y vean a un Wilt distinto. Objetivo que se alcanza por el esforzado trabajo de los  actores de una manera eficiente.

Empezando por Koldo Losada y Aitziber Garmendía. Estos dos actores van a componer el esqueleto de la obra, un esqueleto que no es de plástico, por supuesto. Entre ambos, van a interpretar a los ocho personajes que dan continuidad al flashback de Wilt, hasta que convierten la representación teatral en un presente continuo. El esfuerzo interpretativo y la capacidad de registros, que Ana Milán define con un movimiento de dedos y un chas – chas, de ambos actores les confiere una genialidad que traspasan a la obra y que elevan al espectador al engaño de la representación. Sobre todo, la interpretación de Gastón por Koldo Losada, inconmensurable; y la de Aitziber cuando suda y nos convence con la interpretación de la profesora entrometida.

Ángel de Andrés me convence como un inspector Flint que se ríe de sí mismo, como si nunca quisiera que acabase la representación y seguir siendo Flint en el eterno retorno del vodevil en el que participa por convicción. Porque él es un inspector de verdad, incluso cuando le rebaja Koldo Losada interpretando al encargado de la obra, a sargento; o cuando llora su desesperación inspirativa, con ese Wilt a lágrima sosegada.

Fernando Guillén inventa a Wilt, reinventa a Wilt. Porque el Wilt narrativo y cinematográfico es un personaje anodino, apocado, incapaz, pisoteado, queda oculto en las pantallas que proyectan lo que fue, y él ya es en el presente continuo del flashback el Wilt renovado. Eso le da al personaje unos matices novedosos que nunca tuvo antes y recrea la obra y la innova. Es encantador en sus gestos de admiración y sorpresa, cuando enmarca las cejas como acentos circunflejos y su silencio es conmovedor.

Ana Milán. Confieso que esperé su salida a escena para verla en escena por vez primera, con la imagen de su televisibilidad en la cabeza. Y aparece con un esplendor que llena la escena por completo, animal de escena, que me retrotrajo a la obra que ví en el 92 en Madrid, Viva el cuponazo, con Rafaela Aparicio. Y es que, como aquélla, sale a escena, te gana y quieres que siga siempre. Es más, cuando desaparece de escena, se la echa de menos, y esperas que salga ya y que vuelva a representar el optimismo expreso que su sonrisa marca y su mirada remarca. Es cierto que quieres más y no te importaría volver a repetir la experiencia de reveer la obra, por cierto.

Lo dicho, un esfuerzo de formalidad teatral que aprovecha toda la potencialidad que tiene un escenario por sí mismo y sólo revestido de la carnalidad interpretativa de los actores, geniales todos. Unos porque arman el esqueleto de la representación, los otros porque la recubren y todos al conseguir que la obra resulte novedosa, a pesar de los obstáculos de los que parten.

Absolutamente recomendable, y para no perdérsela, si quieres poder hablar de un gran acontecimiento teatral.

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UNA TIENDA EN PARIS DE MAXIM HUERTA
Xoel Prado - Antúnez 22-10-2012 | 11:53 | 0

Una tienda en París, es la novela última que ha publicado Màxim Huerta, y se publica en MR.

Tengo que explicar que no fui a comprarla compulsivamente, porque era la novela de un presentador televisivo, y se tiene siempre sobre ellos la presunción de la negrura. Bien es cierto que había echado un vistazo a su anterior libro, el susurro de las caracolas, y me atrajo. Atracción mental. Así que al pasar por al librería de cabecera lo pedí, que acaso lo tuvieran, y así fue, oculto entre lo recién recibido pero no dispuesto en las baldas de Todo libro. Además, claro, tenía en la cornucopia de mi oído la recomendación susurrante de Marta Rivera.

Bueno, pues nada, adelante, abrí la novela y me introduje en sus palabras entretejientes de historia. Enseguida llama la atención la protagonista principal, por esa impoderable necesidad de coleccionar los dobladillos. Así la propia novela se convierte en una tienda de dobladillos que se coleccionan pero que no se sabe muy bien qué hacer con ellos, salvo ir guardándolos por si acaso. Dobladillos, que es lo que tiene color por cierto, porque el mundo que rodea a esta tienda de dobladillos es un espacio sepia, sin color, gris, de difuminación y que evita que pueda mirar en el doble del dobladillo y sólo la arrope el tedio grisaceo.

Aquí se incia el interés de la novela, pues esa maleta de dobladillos, esa ausencia de color, ese tedio que aplasta, se convierten en el paréntesis (epojé, literalmente suspensión del juicio mediante el cual uno es incapaz de afirmar ni negar nada) que va a envolver a la protagonista y que la va lanzando fuera de la realidad, como si ella no fuera nada. De la misma manera, esta misma epojé hace que Teresa deambule por la ciudad como un trasunto de Ulises a la búsqueda de su Ítaca de color, y encuentre una  puerta a otra realidad. La otra realidad, claro, es la realidad de la huida. Lo agradable del caso es que esta huída es gustosa y hospitalaria y la protagonista no se esfuerza en ningún instante por evitarla, como si esta huida la estuviera suavizando el alma, poco a poco. Lo agradable es que el propio lenguaje va revelando la senda de huida a la Teresa escéptica que ni si ni no, pero quiere no permanecer en el mismo lugar más tiempo. Por eso acepta la huida, y se lanza sin cuestionar al viejo París/Hemingway. Curiosamente Hem significa dobladillo, y hemingway podría traducirse como el camino del dobladillo. Y ese París año veinte, locura sin ambición va a presidir como estrella la próxima nueva vida de nuestra protagonista.

La originalidad de esta nueva parte de lectura de la novela reside en que aquella sirena parisina que atrae a Teresa a París revive de los doladillos de la vida, de las fotografías en blanco y negro, de los cuadros que se pintan en la época y da la vida desde la vida anterior de la nueva protagonista, la dueña de la tienda en Paris,  Alice. Y a la vez que la vida de Alice renace fenixea de la dura forografía en blanco y negro asistimos al renacer espiritual de la vida de Teresa apagada a la realidad novedosa parisina del siglo XXI y en color. Vidas paralelas que se desdoblan de los dobadillos de tela que Teresa encuentra en un sótano como fotografías y que le explican su propia vida en color al lado del coloreador que no morirá ya más.

Y de esta manera se cierra el paréntesis y la epoje, y pasamos de un juicio en suspenso que  no nos permite vivir a una vida en dinámica amorosa, y he ahí la belleza de la novela, una belleza que nace de al conjunción de ambas vidas, en comunión perfecta, y que se refleja en esas fotos del pasado, en esos colores del presente, en esos dobladillos a los que hace falta mirar siempre, porque esconden todo lo que precisamos conocer, el amor, es decir, esa relación que diluye a la entidad y la hace de color, y se acaba el escepticismo.

Absolutamete recomendable esta novela de un verdadero escritor, y me arranco los prejuicios.

JM. Prado – Antúnez

 

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.