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Fecha: julio, 2013
La tribu maldita de Víctor F Correa
Xoel Prado - Antúnez 19-07-2013 | 12:08 | 0

La tribu maldita es una novela de Víctor F. Correa, publicada en el 2012, de cuatrocientas ochenta páginas, de la editorial Planeta, en su colección Temas de Hoy. La novela de Víctor F. Correa, según figura en la contraportada de la misma, es una recreación de los antecesores del sapiens en un recorrido iniciático hacia su propia afirmación como entidad humana. Una novela que descubrí por mediación de Sara Montero Dueñas y su blog de lecturas  http://laslecturasdeshaka.blogspot.com.es/

Para hacer esa recreación, el novelista ha recurrido a los descubrimientos en La Sima de los Huesos, sita en los yacimientos de Atapuerca. Una recreación donde vamos a asistir al caminar de la tribu de Anar y Kamu a la búsqueda de sí mismos, más allá de sí mismos. Una novela de conocimiento y fundación.

No cabe duda, nos hallamos ante una novela gnoseológica y epistemológica. Una novela de conocimiento sobre el logro del conocimiento para conocernos más. Desde el conocimiento sobre el conocimiento y el autoconocimiento.

Una novela epistemológica de conocimiento: porque el armazón que rellena la historia de Anar y Kamu y de su tribu, como las dos otras tribus que los acompañan, son los descubrimientos realizados en la famosa Sima de los Huesos de Atapuerca, por los doctores Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga y Robert Sala, y que, por ejemplo, se hallan recogidas en Aún no somos humanos. El propio autor de la novela recoge al final de la misma muchas de las aportaciones al conocimiento de la hominización última y de la primera fase de humanización que han surgido de la excavación y su estudio de esta sima y que han servido como esqueleto de su novela.

Una novela sobre el logro del conocimiento: a través de sus páginas, vamos asistiendo a la dura batalla contra la naturaleza que libran estos homínidos y cómo van aprendiendo de esa lucha a reconocer la realidad que le rodea. Es ejemplarizante una escena en la que Kamu observa desde un promontorio el Valle para proceder a escrutar cuántos elementos de su entorno se han modificado y cuáles siguen igual, y que él mismo ha aprendido de Anar.

Y una novela que reflexiona sobre la consecución del conocimiento: por una parte, el propio autor evidencia esa reflexión, que es autoreflexión, sobre cómo el homínido llegó a alcanzar ese nivel de conocimiento importante, porque de eso va su novela, una parte. Pero a la vez, los propios homínidos reflexionan, autoreflexionan sobre sus nuevas capacidades. Sobre todo Anar, al que vemos, que se lo hace aparecer, como un protochamán.

En segundo lugar la novela es una novela iniciática, una novela de viaje, de un viaje que parece no tener fin, y que se dibuja exclusivamente en la mente del protochamán. Éste, en connivencia con Kamu, mueven la tribu con la finalidad de allegarse al límite de la buena vida, de la buena naturaleza. A ese Valle vergel, que lo otorga todo a sus moradores.

Este viaje no comienza por presentarnos a los homínidos, muy al contrario. Lo primero a lo que tenemos acceso descriptivamente es a la naturaleza, a la cruel naturaleza contra el homínido va a tener que luchar y vencer, para organizar su vida y fundarse sobre esta misma naturaleza.

No debéis olvidar que estamos hablando del antecesor y su posibilidad de iniciarnos. Por eso su viaje es un viaje fundacional, del Mundo, de las cosmovisiones actuales, de nosotros, en definitiva.

Alcanzar el vergel que se imagina Anar en su magín no tiene otra idea que finalizar su realización como homínido y fundarse como ser humano. Y aunque ni Anar ni Kamu lo lleguen a conseguir, serán los nuevos miembros de la tribu los que lo logren, principalmente el hijo de Kamu y la pelirroja Kanai.

La pelirroja Kanai, misteriosa como un numen, una experiencia irracional y no sensorial, el centro mismo de la vida, fuera de toda identidad, pero que parece otorgarla a todo aquel que se acerca a la misma. Aparece como un ser sagrado, a la vez fascinante, pero a la vez terrorífica. Y bien sabe de ello la tribu que la persigue, como aquellas otras que la encuentran, y que le dan el nombre que porta en la novela. Este personaje y su poder numinoso nos reafirman más en el carácter fundacional que tienen este hombre antecesor sobre nosotros.

Llamo la atención sobre el lenguaje de los homínidos, un lenguaje silábico, propio de las tribus cuando la importancia es la caza y un lenguaje de varón. El lenguaje de la mujer recolectora, cuando a caza ya deja de ser importante, se hace más específico y va a lo individual y precisa de palabras contundentes. Aquí, al comienzo, se precisa al cazador, con su lenguaje violento y a la vez susurrador. Lenguajes de este cariz, aún persisten hoy en día, como el gaélico, un idioma de chamanes, por cierto.

Una novela digna de leer, que no tiene nada que ver con aquella patochada sin rigor que era El clan del Oso cavernario. Su lenguaje envolvente nos acerca más aún a la fundación de nuestra cosmovisión.

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Apuleyo Soto Pajares
Xoel Prado - Antúnez 09-07-2013 | 12:33 | 0

La última visita a las hoces del río Duratón. Esa larga senda hacia la ermita de San Frutos que recorro para desconectar de la mundanal conversación, pétrea política. Una senda de polvo y piedras que recorro en un siglo. La entrada a la ermita, un puente estrecho que vertebra dos rocas y un abismo, que realizó al espada de San Frutos. La salida de la ermita, hacia un cementerio de un único morador. Tras el cementerio me siento, solo, y observo la curva de ballesta del río Duratón, esas curvas de poeta.

Poeta, pienso la palabra y enseguida me viene a la mente un nombre. Apuleyo Soto Pajares. Apuleyo. Apu. ¡Qué gran tipo! Aquí desde las hoces del río que él describió, recuerdo el día en que lo conocí. Lectura poética de uno de mis maestros preferidos, Octavio Uña, que me pidió que lo acompañara. Octavio me presenta a Apuleyo y éste hace que me sienta como de su familia, con esa sonrisa de pipa de fumar que no es pipa de fumar, con su voz seductiva y cóncava, que te arrastra hacia su alma, y ese abrazo segoviano, frontal y severo. Escrutador. La amabilidad labrada en cada pliegue de la piel. Más, en su palabra, mágica, teatral, prestidigitativa, transmutante. Como un chamán, crea el ambiente donde nos conducirá a todos, magnetismo de la palabra, labrantíos versiculares, hay unidiverso converso.

Curioso resulta que con Octavio conocí el corazón de este gran hombre, de esta bella persona, de este inigualable poeta de grandes niños, y con Octavio supimos que aquel corazón también fallaba. El fallo se llamó cuatro baypass. Pero como la palabra fuerte, su fuerza, sus ganas de vivir, su tesón y entrega a la naturaleza apalabrada, le retornó entre nosotros, y lo celebramos. Vaya si lo celebramos.

Entre la primera y la última vez que nos vimos, ha representado los amores del Acipreste por las montañas del Guadarrama, en las mismas montañas del Guadarrama. Ha editado los libros de Pepín Pepino, con fantasma incluido y el miedo, vencido. Y el viaje por el río Duratón, y por el Riaza y, ahora por el Cega. A pie, Apu, y con solo la palabra ante la naturaleza. Y sus libros de poemas en la memoria, que no es usura, sino despliegue de sabores y amores.  Y esos poemillas que nos manda para rememorar nuestra amistad a todos, poemillas sinceros con palabras simples, con rimas de cancioncillas veraniegas.

Apuleyo Soto Pajares, en la SEK, mostró la literatura, más allá de un poema o de una novela, la literatura con mayúsculas. Y nos enseño el camino para no ser escritores, para liberarnos de toda palabra, para alcanzar la naturaleza. Porque si en algo consiste la literatura, según creo haberlo aprendido de él, es andar por los senderos naturales en silencio y con la palabra presta, aguardada. Nos mostró la literatura a través de su palabra, que presentaba ante nosotros, birlibirloque, un día al mes durante nueve meses, a un verdadero valedor de la palabra, para que nos desconociéramos todos al instante.

Perdidos en su sonrisa, perdidos en su semblante, hallados en el interior de su pipa, que no es una pipa, por supuesto. Es humo, como nosotros. O somos nosotros.

Hoy, aquí, solo, frente a la curva de ballesta de los poetas que han cantado a Castilla monótona, Apuleyo está conmigo y yo con él. Supongo que el trabajo de tantos años merecería una recompensa grande, algo que le diesen todos castellanos, y los que no lo son. Pienso, que este amante de la palabra, que nos desviste y nos reviste con ella, merece la consideración de todos. Por ello, me gustaría proponerle, aquí, solo, en la naturaleza, en las hoces del Duratón, para el premio Castilla y León de las letras. Si es que mi voz vale en algo, y mi palabra.

Apuleyo Soto Pajares, sencillez, prestancia, pulcritud, palabra. Y un amigo.

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Ojos azules en Kabul de Anabel Botella
Xoel Prado - Antúnez 03-07-2013 | 8:18 | 1

Ojos azules en Kabul es una novela de Anabel Botella, publicada por la Plataforma Neo.

Una novela que tiene como protagonista esencial a una niña que perderá la inocencia ante nuestra mirada, porque es diferente. Una niña que sufrirá por su diferencia en un país donde todo se iguala mediante la literalidad de la palabra heredada en boca de los que la guardan. La diferencia de esta niña, va a ser el detonante de la crueldad con que la tratan para conseguir hacerla igual, porque sólo si sufre podrá lograr que los demás se compadezcan y le otorguen el perdón. Sin embargo, nos reencontramos con la protagonista años después, lejos de su lugar de nacimiento y sufrimiento, integrada con su diferencia en una sociedad que no lo otorga compasión, sino el amor.

La novela de Anabel Botella no pretende que tomemos conciencia de una situación particular del trato a la mujer, y a lo desigual, por participación, y que nos rasguemos las vestiduras desde este occidente falsamente solidario por lo que ocurre en ese lejano, lejano oriente. Más bien, lo que pretende es que su novela nos explote en las manos como una bomba y nos cause pánico. Pretende sin duda abrirnos los ojos más allá de que mecánicamente procuremos dar una limosna solidaria a la protagonista de la historia, Saira. No, no creáis que será una lectura donde se os pedirá vuestro apoyo a esta mujer Afgana que sufre sin que nadie lo sepa.

No, no será una lectura fácil de esas de publicidad rosa y fácil, con la cara prestada por la realeza, donde al final se os da un número de cuenta y con eso cubrís el expediente. No, no es la novela de una activista política que pretende crear activistas que la acompañen en una campaña contra la esclavitud, el horror de la igualación, el asesinato sistemático de lo diferente. No. Os digo que es algo mucho más duro, una carga de profundidad contra nuestra ceguera provocada por el buen vivir, una bomba a un corazón, el occidental, que se maneja tan mecánicamente como sus cachivaches tecnológicos, un misil a unos oídos empapados de la cera de las cotizaciones bursátiles.

Todo esto lo comprenderéis en la contraposición dualéctica de Saira arrastrada por Ramin en Kabul, y su correlato contradictorio en Valencia, con una Saira repleta de amor, pero un amor nacido en el sufrimiento, por lo que resulta doblemente maravillante. He ahí el interés que posee esta novela y que debiera

Como habréis comprendido, la novela se sitúa en dos ambientes distintos, y en dos órbitas sentimentales distintas. En la primera, prima la seriedad, el dolor, el sufrimiento, perfectamente delineado por la propia cultura Afgana, a la que se presenta con fundamento en un trabajo de investigación arduo y digno. El segundo ambiente es una nube de color rosa, una habanera de amor que emerge y se sumerge en una Valencia de luz y tracas de sonido triunfante. Lo curioso es que estos dos ambientes no son independientes, sino, muy al contrario, funcionan, y he ahí la originalidad de la novela, como realidades complementarias la una de la otra, como los espejos distorsionantes de las ferias de los pueblos (que no dejan de ser bombas para aquellos que se miran en ellos)

La seriedad del sufrimiento y la veleidad del amor, unidos por ese quicio de sentimentalidad que es la propia Saira, y que hacen que la novela sea al tiempo un conato de sufrimiento y un arrojo de amor, y esto es lo que compromete a que hablemos de una novela bella. La seriedad del sufrimiento en Kabul, con esa escritura dura, un lenguaje que se compone de palabras como explosivo plástico, frente al lenguaje luminoso y puro cuando nos trasladamos a Valencia. Pero no se da el uno sin el otro, y he ahí la elegancia agradable de esta novela, que, sin duda, puede considerarse una lectura que emociona y que puede registrarse en nuestra memoria como lo esperado frente a lo imprevisto,  el aguante para lo inopinado, el sufrimiento frente al amor.

Una novela agradable de leer, que merece el tiempo que le dedicamos.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.