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Fecha: enero, 2014
Con dos tacones de Celia Blanco
Xoel Prado - Antúnez 29-01-2014 | 7:44 | 1

Ha caído en mis manos el primer libro de Celia Blanco. A Celia no tengo el gusto de conocerla personalmente, pero sí a través de la maníatica pretensión comunicativa de los ciento cuarenta caracteres. Cuando haces tuit ya no hay stuit, y ella sí que mata el día apareciendo por el telele como @latanace. Latana, así de clara, claro. Por supuesto, también por su blog  “Cuando dejamos de soñar con ser princesas”, del que os dejo aquí el enlace al mismo 

http://latanace.blogspot.com.es/

Celia Blanco acaba de publicar el libro que ha caído en mis manos. Con un título paródico de un imprecación castiza, “Con dos tacones” y publicado por La esfera de los Libros, como quien dice, ayer. Un libro, el primer libro, ése con el que soñaba Celia Blanco cuando estudiaba. Ella nos lo cuenta :

http://www.cadenaser.com/sociedad/audios/celia-hablar-hablar-libro-he-recopilado-fantasias-sexuales-mujeres-espanolas/csrcsrpor/20140114csrcsrsoc_1/Aes/

El libro tiene una razón de ser periodítica. Celia Blanco se reunía con mujeres de diversas edades, y les permitía contar sus sinceras y muy atrevidas fantasías sexuales. Como explica la contraportada del libro, fantasías sexuales para todos los gustos y que imaginan las mujeres en su solipsismo, cuando no han de explicar lo que sienten a nadie. Sin embargo, cuando comienzas a leer el libro te en encuentras con relatos en modo erótico que constituyen en su contenido la mismísimas fantasías de cada una de las muchas mujeres que entrevistó Celia Blanco. No lo olvidéis, en un libro sobre lo relatado, y, en sí, un metarelato de lo imaginario. Porque en efecto, son fantasías, que se inician en su acontecer en la imaginación cuando el resorte de la realidad lo permite y finalizan en la imaginación misma cuando “dos y dos cuatro” o “te traen la luna”, con permiso de la autora. No son ejecuatadas a nivel consciente, claro, sino que su ámbito es el inconsciente: y, así, podemos decir que es, a su vez, una mitocrítica de lo imaginario. Precisamente porque su ámbito es lo inconsciente, se diría que, al margen de que sepamos de su nacimiento periodístico, fuese la propia autora la que se desdoblase a sí misma en cada una de los relatos de cada una de las mujeres y lo vivenciase en propia carne, para transmitirlo con la afectividad propia de quien lo ha refantaseado y así, con la petición expresa de que cada lectura se convierta en un refantasear. Por eso, es preferible no dar ni una sola pista de ni una sola fantasía. Acceder a las mismas virginalmente, siendo la primera vez.

Me gustó el subtítulo: “las fantasías sexuales de las mujeres que dejaron de soñar con ser princesas”. Las que dejaron de soñar con ser princesas, me retrotrajo a aquellos tiempos de mi infancia de cuentos a la luz d ela lumbre donde los príncipes embriagados de aromas licuescientes se lanzaban a la lucha contra todo obstáculo para alcanzar a la princesa durmiente, y como aquello construía nuestro inconsciente para imaginar la posibilidad de mil mundos diferentes a éste. Sin embargo, cuando se dejó de soñar y de contar esos cuentos a la luz de la lumbre de príncipes ensimismados en su tarea y princesas dormidas amparadas en su sueño, comenzó una época donde la imaginación de mundos distintos era un obstáculo a la acaparación de las cosas del mundo, ese brutal capitalismo que dominaba el inconsciente ya  con ese cerdito tecnológico a quien el lobo es incapaz de soplar-sela.  Curioamente, tal apreciación la realizaba aquel que fue maestro de muchos siendo alcalde de todos, Tierno. Supuse que las fantasías sexuales debían de tener que ver más con la ausencia de cuentos a la luz de la lumbre y más con la acumulación capitalista de experiencias sexuales. Si bien es cierto que el partener de la fantaseadora no parece tener que luchar con dragones para acceder a la sexualidad imaginada, también es cierto que es un único arquetipo el que accede a esas fantasías y no una acumulación capitalista de parteneres sin mayor sentido que la propia acumulación. Son fantasías con sentido consentido.

Precisamente por ese sentido consentido y por la invitación a que refantaseémos, traigo aquí a colación este libro, que os reocmiendo vivamente para leer mientras te tomas un café y escuchas en tu magín a la entrevistada, o para que permitas a tu hipocampo fantasear.

PD. Los zapatos de la portada tienen un tacón que es justo la medida de mi fantasía sexual.

 

 

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Pulpo a feira
Xoel Prado - Antúnez 28-01-2014 | 11:23 | 1

Os voy a presentar la receta del pulpo a feira. El pulpo a la gallega, que es algo que se lee mucho por los bares, simplemente, no existe. A feira, es el lugar donde el gallego iba a vender y comprar ganado y otras zarandajas, y donde se comía el pulpo. En A feira, donde se construía una mesa corrida o varias para la degustación del pulpo: a mesa do pulpeiro. Comer en la feira gallega tiene un sentido igualatorio. La mesa de pulpeiro, la típica de la feria, permitía que se sentaran a su alrededor conocidos y desconocidos, ricos y pobres, vendedores y compradores, y viceversa, de izquierdas o derechas, padres e hijos, compartiendo el mismo pan y vino, el mismo pulpo y la carne al caldero. Porque lo importante no consistía en quiénes eran sino en cómo comían. Este sentido igualatorio se pierde en los modernos restaurantes, que esparcen a la gente en mesas redondas para que aparenten lo que no son. Hasta se pierde el menú esencial, pulpo y carne al caldeiro y comienzan a repartir menús para degustar con nomenclaturas fenoménicas. Quizá Europa debiera mirar a Galicia si quiere construirse para no entrar en crisis más y escoger este sentido de igualdad que se extrae en torno a la mesa del pulpeiro.

En cuanto a la receta. El pulpo a de ser de un peso aroximado a 2kilos y medio o tres, mejor más. Un buen rabo, que dicen los expertos y loan al observarlo en su longitudinalidad. Mejor comprarlo congelado. Si lo comprar fresco, congélalo peviamente y luego, descongélalo. Cortalé la cabeza y extrae los ojos. No lo maceres ni golpees, no vas a conseguir nada especialmente, salvo romper la piel del pobre octópodo. 

Pon el agua a cocer sin sal ni cebolla ni nada. Agua a secas. En un puchero de cobre, sería lo suyo. Si no, un puchero normal. Alto, grande. En cuanto el agua comience a hervir, introduce el octópodo en su largura, por vez primera. La función es que se rice y que la piel no se rompa. Tres veces, con los tres primeros hervores. En la última introducción, sumérgelo por completo. Espera a que rompa a hervir y a partir de ese momento, a nuestro pulpo de 3 kilos permítele cocer durante 35 minutos. Ni uno más. En ese instante viene el secreto fundamental de un buen pulpo: apaga el fuego, tapa la olla y deja reosar al cefalópodo durante diez minutos, eso le dará ese toque espléndido que todo el mundo busca. El reposo del pulpo lo es todo.

Ahora, cortamos el pulpo, en rodajas finas de la parte gruesa a la fina, y esta parte más fina, más larga. Se  deposita cada trozo cortado sobre una tabla de madera hasta cortar todo el pulo, incluyendo la cabeciña. A continuación se procede a rociar el pulpo con el pimentón dulce, del centro hacia afuera, en círculos concéntricos. De igual manera se procede con el pimentón picante y con el aceite (sed generosos) Lo último que se deposita es la sal, de la misma manera que el pimentón: de dentro a afuera, concéntricamente.

Ya está. No hay un lecho de cachelos. Estos si queréis, se ponen a parte, y se pueden sapilmentar y aceitar igual que el pulpo. Se denomina, según nomenclatura de mi hermano, pulpo a probe.

No hay más, salvo comerlo con un viño da casa, un vino blanco turbio, cuanto más turbio mejor.

Y cuando más sencilla la mesa más rico el pulpo, el café de puchero en el vaso de Duralex y la espera compartida degustando un vino de la casa, sin lujos ni menús rebuscados y con un palillo como hábil cubierto. EL pulpeiro haciendo la cuenta de cabeza, las gotas y el café por cuenta de la casa…, ¡que no se pierda!

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.