El Norte de Castilla
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Fecha: octubre, 2017
Villanueva en Le Club en un zoo para todos
Xoel Prado - Antúnez 25-10-2017 | 8:09 | 0

Sucedió el sábado en la noche, como en las canciones malditas de los años ochenta, un acontecimiento exultante y cuasi angelical. Este sábado pasado para ser exactos y en lugar de Le Club, en Aranda de Duero.villanueva

Ardientes las notas de las canciones se van desgranando en las letras que la voz agradable de Villanueva rasga en el aire como bombas nucleares: nos obliga a aceptar que estamos sentados saciados sobre bombas nucleares a un lado y al otro del mundo y sobre la barra del bar y sobre todo, en un acto de total erotismo mortal y de ebriedad, nos impele a hacer consciente el hecho de que no estamos bien, que debemos estallar de esta esclavitud que nos envuelve y nos revuelve en el patetismo de lo cotidiano.

Es un golpe inevitable al que tenemos que entregarnos y que nos inflamará, nos hará palpitar, pero no debemos permitir que nos deje indiferente. Las flores son lo nuestro, las mentiras nos abrasan, exploran nuestra ceguera. Mejor ebrios que cautivos.

Villanueva con su hacer acústico se acerca al público expectante, que es bastante, y con ellos quiere fundirse en un solo ser – hacerles partícipes de su combatir la locura de los errores que se cometen cuando no se dice ni una sola palabra. Tristemente el tiempo lo gastamos en extrañar en vez de tratar de arder pasionalmente en un erotismo emocionalmente paróxico.zoo1

Tomemos en convite un chupito.

Villanueva se entremezcla con el público excitado en el entusiasmo al que desborda en su voz palpitante de cantante ebrio y voraz en el ámbito de la absoluta espontaneidad. Esta mezcolanza con el público no es algo artificial y rebuscado desde una contranaturalidad generada por compases del tres al cuarto en un ordenador. Al revés, comparece en el concierto como algo congénito a la voz que riega el aire con una esencialidad regular y franca. Una voz nativa, que con una ingénita candidez inocula la afabilidad en el oído del que escucha. Una voz de una pureza sincera que esparce familiaridad entre los asistentes, como si todo fuese un sortilegio para transmutar aquel espacio de esparcimiento en su casa genuina y a todos los asistentes, en seres de su natío.

Villanueva con toda la naturalidad del mundo, abiertamente, a guitarra armado, genuino e instintivo, va vaciando su franqueza de satisfacción ingénita que no precisa, no mandarines de la artificialidad, de meterse en teologías. No, no se meterá en teologías, pero bien que es capaz de hacer la conversión de ese espacio de esparcimiento en el jardín de las delicias. Y aguarda que lo acompañemos como seres camaleónicos que nos descubre, en su picnic en este suelo repleto de pasos dados y perdidos, de ritmos seguidos y guardados.

Todo el mundo lo pasa bien entre los juegos de este equilibrista que salta caseramente e ingenuo del borde de la barra del bar, al abismo de miradas que aletean entre las cuerdas tensadas de su guitarra icástica.zoo

Inmersos en el baño de su sudor natátil, nos vamos yendo por el mar de Vigo flotando, flotando, sin rubias del montón ni gente disfrazada, todo el mundo a la pata la llana, a calzón quitado, sin salvavidas en su mundo de equilibrista sin red.

Y por si esto no fuera suficiente, nada es suficiente en realidad, ni siquiera el mundo, y lo sabía Bond, y Villanueva también acierta en su certeza, hace que nos muerdan sus canciones y nos sienta en el suelo con calma. Y comparece Sean Frutos, que se sienta, y acompañados de toda nuestra expectación y silencio respetuoso, se convocan divinos a un dúo, acompañados por la maestría ceremonial de Javier Ajenjo. Suena casi a capela, la voz de Sean, la voz de Villanueva, emborrachándonos a los asistentes de un erotismo vacío de imperfecciones. No hay peccata minuta.

Y desbordados de diferencia y optimismo fraternal, nos acompañamos con sinceridad para vencer el erial y el tedio que la vida nos da entre Sonorama y Sonorama. Menos mal que nos queda Le Club. Y Villanueva. Y Sean. Y Ajenjo. Y nuestra alegría como vestidura. Y sin nostalgias, porque nunca es la última. ¿Verdad?

 

 

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JUEGO DE REINAS DE PABLO NUÑEZ
Xoel Prado - Antúnez 12-10-2017 | 1:05 | 0

Tuve ocasión de acceder al texto de la novela de Pablo Núñez, Juego de Reinas (publicado por Edhasa, 2017), con mucha antelación a su publicación y mientras el autor trabajaba en su pulido. En aquel tiempo de lectura, cuando la novela eran un taco de folios en un ordenador, presté especial atención y en exclusiva, a la parte formal del texto y en la parte material me detuve sólo allí donde el párrafo concitaba mi atención de una manera expresa; pero no tenía ante mí en ese momento la globalidad de la obra. En una frase, no tenía todas las claves, y esta frase dicha por un druida, y quizá lo sea quien esto escribe, vertebra la totalidad de la ficción extremadamente legendaria. No lo vi en esta primera lectura porque no supe ver la globalidad del texto.jr1

 

No pretenderéis que os poronga aquí una sinopsis de la novela, ¿verdad? Seguro que acabaría por proporcionar una alguna pista sobre las claves de la lectura, si no lo he conseguido ya, y, así, no precisaríais lanzaros a la lectura de esta ficción porque podríais hablar de la misma. No. Sabed que os encontráis ante una novela excelente que se escenifica en un contexto de ritos, mitos y arquetipos del pueblo celta; y este es el primer requisito que atender para su lectura. Una novela que nos va a relatar la supuesta fundación del Reino de las Naciones celtas pero que nunca se produjo pero que realmente pudo producirse tal y como nos lo cuenta esta realidad ficcionada que ha trabajado con profusión de datos científicos y legendarios Pablo Núñez; y este es el segundo requisito. Insisto, un relato de legendaria leyenda donde se narra con peligrosidad en los detalles, el arquetipo fundacional de la Diosa Blanca, esa especial divinidad acallada y humanizada que vertebra la realidad de las Naciones Celta; y que es el tercer eje y el principal de lectura de este texto enorme.jr2

 

Como sabréis la Diosa Blanca es la luna con sus dos caras, la cierta y racional, consciente y real, pero nada verdadera; y la incierta e irracional, inconsciente y aunque irreal muy verdadera. La primera visible y luminosa; la otra nunca vista y muy convincente. La Diosa Blanca y sus dos facies, son las reinas a las que alude el título del teto y su juego de vicisitudes de guerreras celtas. La mujer en el mundo celta no es elemento social secundario y forzada, sino principal y gozosa. Mandan y ordenan y Pablo Núñez quiere relatar el ascenso al poder de esta mujer celta para gobernar la sociedad, y nos relata. Y aquí es preciso hacer un inciso en el papel de la mujer en el mundo celta, que no queda relegada a funciones procreativas ni de cuidado de la familia, sino que llega a alcanzar un estatus fundacional de la sociedad y su gobierno. Os reto a la lectura de otro texto de nuestro autor que se ha publicado en la revista Clío de Historia, sobre la función de las Mujeres Celtas, realmente complementario del texto de ficción.jr3

 

El mito de la Diosa Blanca en el texto de Pablo Núñez hace que éste tenga una atracción especial por ese aire de leyenda que se desprende de sus páginas como aroma exquisito, pero a la vez porque intenta ponernos ante la realidad de la mujer celta, no en balde los celtas fiaban toda su realidad a estas divinidades que poblaban su imaginario socio político. Si queréis saber más de este mito tan complejo, podéis leer el texto de Robert Graves, cuyo título es La Diosa Blanca; y el desarrollo íntegro de este mito celta se plasma desde un punto de vista narrativo pero muy real en la novela de Pablo Núñez.

Por cierto, en el desarrollo de esta leyenda de la Diosa Blanca vais a asistir a la aparición y basamento de otras leyendas míticas y místicas más todos aquellos ritos asociados a las mismas, ritos de paso y desarrollo vital, político y familiar.

https://www.facebook.com/pablo.nunez.gonzalez/videos/10203986126490000/

 

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.