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Xoel Prado - Antúnez

Oliendo páginas de tinta

Poundemonium de JULIÁN RÍOS

A bate pronto, Poundemonium, es un “pandaimonenium” – la firma con la que Julián Ríos rubrica sobre el mundo: el paso de su rubricón, con elefante y todo. Sobre todo, por la trompa que todo el mundo muestra y todo el mundo pilla y alguna agraciada de mamas, mama como buena “amamante”. Ante todo, porque todos los demonios emergen del Tam-tam-tam-amnesis, ese Támesis que es memoria y es moralia, pero,contra todos, moralina victoriana, no victoriosa. El rubricón que se recuerda: pan-amnesis, tan-amnesis, Támesis. Un río que es todos los ríos, Julián “oneriver”.

A bote tonto, todo se inicia fenicio en una hoja de aligeramiento, la primera, aquella cuya frase incipiente es un esplendor luciferino en la oscuridad reinosa, copiosa, ruinosa, porque da paso con peso, desde las sombras fondosas de Brook Green a los

escaparates oscuros de Shepherd’s Bush Road, acaudalando a un pobre diablo de sucia manta, todo el Spirit of London y a que alguien remembre mimbroso, un viaje al fondo de la mar, en verdad, una “beodisea” desde “Ship and Whale” hasta el “Albany”, la mar de la mer de quijotesco, de tasca en tasca, ver-odo, lo que incita, citando de buena cítara, a verlo todo, incluso la muerte, la buena fuente, the long wáter, el tam-amnesis que nunca se a gota a gota.

A brote de buen cubero, son las eternas historias de los odiseosos sedados de alcohol, que, como alondras, van por Londres, en un vuelo, en busca de su fuel, y brusca mente, hallan a la turgencia, que con urgencia, aquí al lado, contra locas y “estravestidores”

de puerto, les practican un abrasante “chupatirón” con los labios emporrados, oh, la lang, que longjhon. A canto seguido, cuenta cuántas personas son, milalias con milebrios: Rimbaudelaire y Reybaldo Reis, que si beben se iluminan erróticamente y  les entra un leighmotiv tervergisivo, y se hacen a la Babel de una noche de San Juan, con mil de focs, foscos y ofuscos. Es Ra el que los guía por las extrabraganzas ofelísticas, por los móvil Dicks de la noche, y se mueven con dinero, con LSD, libras, chelines y peniques, pounds and pounds, Ezra Pound que ha muerto.

Ha muerto el mejor fabricante de versos, el poeta, el gran Pound merece un velorio y un villorio, este ingente degente Londres de la patria mía, muros que no muraran, murmurarán! Curioso este poeta que pretendió modificar la poesía a fuerza de traducir del chino un Cathay de poemas, que Confucio! tan confundido. Tal que crea escuela la esquela y su muerte es INRI, es un auto de fénix, fenixio. A cuatro voces en el cuarto discruten discursiblos con la treta en la mano, sobre personae y sorben a la personae de la “madama de manos de mantequilla”.

Y buscan bucaneros a los bruscaneros, el Albany al fin, en Deptford, Tam- amnesis abajo, y finalizar esa vela diosvelante, violantes, en los brazos graciosos de Babelle, que es la mejor frígida para frostarse y acostarse vrigidamente, virginamente, fock con male west!, que sueña con un  alba que no llega nunca en el Albany, o con detener y detonar el alba con tanto desdoblamiento en su última nota, peregrinos por este Londres de

alondras.

Como a buen entendingdong, cualquier disco le fonograss, diré que Poundemoniun es un “Long Pound of a great picture book”, un larga duración de imágenes de libro, un libro de larga duración puesto en imágenes, una imagen que no vela en mil palabras, y las vale.

¡Vale, venga, vengrass above us! Abre el libro y leerelelelé!

Degustar la lectura, el teatro y el amor/humor

Sobre el autor

Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.


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