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Bilbao

Lo que mueve el mundo de Kimen Uribe
Xoel Prado - Antúnez 06-05-2014 | 6:44 | 0

Hay libros que marcan una época y a una generación, y, por ende, a cada individuo de forma parte de esa generación y casi, como quien quiere, de ese mismo libro. Un libro que, aunque no hable expresamente de lo acontecido a esa generación, la marca para siempre por las temáticas familiares y convecinales y casi carnales. Ese libro que a veces es muy conocido en el espectro literario mundial, y otras veces es un libro de amoroso deleite y cálida lectura. Un libro que de tan cercano diríase escrito por uno mismo. Revelo su título para que no estéis en ascuas, que parece esto un exorcismo positivo, si tal cosa fue posible y común.

Se trata de El otro árbol de Guernica, de Luís de Castresana.

Luis de Castresana nació en el barrio de Ugarte y vivió en Barakaldo y casó en una de sus parroquias, la que origina esta populosa ciudad, San Vicente. En su infancia, a Luis le tocó vivir la cruenta guerra civil, junto a sus hermanos y sus padres, que pertenecían a la Unión republicana, igual que su abuelo. En el transcurso de la guerra, cuando se acercaba el cerco a Bilbao y a Barakaldo, los padres de Luis decidieron que tanto él como su hermana embarcasen en la nave que Aguirre, el Lendahakari, había fletado para poner a salvo a los niños de Euzkadi. Luis es uno de estos niños junto con su hermana, que surcan las aguas del cantábricoatlántico en busca de una zona libre de minas  y de bombardeos y de francotiradores, a esa Francia prebélica y a Bélgica. Nos narra Luis transformado en Santi la historia propia de su exilio forzado en ese barco que los dirige lejos, muy lejos de Barakaldo, de sus casas y de sus cosas, de los pasos que él dio en sus calles, hacia esa Bélgica donde se encontrará desarbolado. Esta es la idea central del libro, el hombre es como un árbol que precisa de una tierra donde crecer; y qué triste resulta cuando la tierra es dolor y separación, lejos de Vizcaya. No es de extrañar que Santi busque unas referencias en esa Bélgica donde vive su exilio que le retornen a su Barakaldo natalicio, a su aldea de Ugarte, a su pueblo y a su ciudad, Bilbao. Estos tres elementos serán el orfeón que construyen, la biblioteca, porque Santi quiere ser escritor, que es mejor que Pelotari, y el roble que se encuentra en el colegio de Fleury, que es precisamente el otro árbol de Guernika. De esta manera Santi va sobrellevando su exilio forzoso hasta que retorne a casa con sus padres. A la novela  El otro árbol de Guernika le fue concedido en premio nacional de narrativa en 1967. Sería mucho tiempo después, cuando ocurriría el milagro de encontrar por la calle a Luis de Castresana  y que pudiera hablar con él, en los últimos días de su vida. Por eso es una novela especial para mí, para mi generación, pues nos inculcó ese sentimiento de lejanía de la tierra, del Athletic, ese estar desarbolado. Un sentimiento que supo expresar muy bien no sólo Luis sino también un poeta gallego a su vuelta de Venezuela, Celso Emilio Ferreiro. Preguntado sobre qué le parecía las autonomías y su reconocimiento, en un local de Madrid, cuando ejercía de senador o congresista, se puso melancólico y morriñoso y contestó que Galicia se encontraba donde hubiese un carballo.

Esta digresión claro tiene su origen en un libro Lo que mueve el mundo de Kimen Uribe. Me acerqué a sus páginas porque me encantó Nueva York-Bilbao-Nueva York, y creí que encontraría una historia tan deliciosa y de aprendizaje como en éste. Lo que no supe es que iba a hallar la misma historia que la del otro árbol de guernika con un aderezo postoderno o transmoderno o así, que deshumaniza la historia que pretende relatar. Nada del sentimiento sanguíneo de Luis de Castresana en la novela. Así que, recorrido el primer capítulo, cerré el libro y me dirigí a los anaqueles en los que reposaba El otro árbol de Guernika, miré la dedicatoria y me dispuse a revivir con Santi la necesidad de ser arbóreo, que es eso lo que mueve el mundo y nos mueve por él.

Les invito a que procedan ustedes de igual manera.

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La ciudad de los ojos grises de Felix G. Modroño
Xoel Prado - Antúnez 05-02-2013 | 12:47 | 0

0.- Llegué a la lectura de La ciudad de los ojos grises porque era la novela más votada en la bitácora de http://laslecturasdeshaka.blogspot.com.es/donde Sara Montero comenta libros y creó un concurso para elegir la mejor novela del 2012. No acudí a la página por casualidad, sino por causalidad, alguien me advirtió que una de las novelas elegidas para el concurso era la mía propia. Y me llamó la atención la portada, por supuesto, y me llamó más la atención que la novela transcurriera en Bilbao, evidentemente, una ciudad que he recorrido y vivido. Por eso, me empeñé en leer la novela y saber porqué todo el mundo la votaba y más cuando todas las bitácoras la eligieron como la mejor novela del 2012. Seguro que algo habría de tener la novela cuando todo el mundo la hacía sonar en sus recomendaciones de una manera tajante. La mejor novela del 2012.

1.- Inicié la lectura como siempre, oliendo las páginas de tinta de la novela. Y he de comunicaros que La ciudad de los ojos grises desprende un aroma a infancia. Y os digo que las novelas que huelen a infancia en sus páginas, me arrastran a su interior como si se tratara de un huracán, un terremoto, un vórtice de flujo turbulento. Abrí las páginas del libro y fui llevando la mirada de un lado al otro de las mismas descubriendo la historia que me contaba, que se relataba línea a línea. Una serie de líneas quebradas que nos hacían navegar por el chirimiri de una muerte accidental que no resulta ser tal, pero hasta aquí se puede contar. Bueno también se puede decir que el personaje principal, se reencuentra con su hermano y sus viejas amistades de su  su ciudad, de Bilbao, en el trascurso de desentrañar si realmente se trato de un asesinato la muerte de quien fue su gran amor. La historia como podéis comprobar es muy simple, una novela de negritud grisácea.

2.- Esta historia se desarrolla en la ciudad de Bilbao, desde sus ojos grises, el puente de San Antón, hasta la casa de la misericordia, donde reside el secreto de las madres que renunciaron al producto materno. Una ciudad donde no es que llueva, que es la eternidad se diluye en lágrimas de txakoli. Y de estas lágrimas de txakoli van naciendo los personajes que componen la historia. No de otra manera, ya que pasear Bilbao con Félix Modroño es sorprenderse que de unos árboles surja nuestra protagonista con su primer beso de amor o de una calle, como la de San Francisco, surja otra parte de la historia.

Os lo explico, en realidad los personajes se van desgajando de la ciudad de  Bilbao, y van recomponiendo entre las ruinas del Arriaga, en las pequeñas ondas que levantan las gabarras al cruzar las rías, en las noches del siglo XIX que son más frías que la burguesía que las reviste de ensoñaciones parisinas, la historia de nuestro protagonista, pero transitando por el inconsciente bilbaíno, lleno de restaurantes que cocinan su vicio estomacal de manera impecable. Quizá por ello la historia desciende por la ría del Nervión en su margen izquierda hacia la casa de la ama de Portugalete y vuelve por la misma margen a la casa de la Misericordia para encontrar a la amatxu renovada. Pero este viaje se completa con otras “amas” que lo desnudan de su resentimiento imposible.

3.- Así se nos descubre una historia nueva, renovada, que no es la simple novelilla negra de un accidente – asesinato. Así como en el cuadro de Dalí las chimeneas, los sofás, y otros elementos, nos van describiendo el rostro de Mae West, en esta novela de Félix Modroño la historia que nos relata nos va descubriendo el rostro de esa Bilbao como la verdadera protagonista de la Historia. Porque Izarbe es Bilbao. Una Bilbao cuyos ojos son los arcos del puente de San Antón y cuyo cuerpo es la ría del Nervión, que se curvilínea como la misma historia que se relata. Porque la protagonista se hace carne desde esas aguas tan espesas como un lodo primigenio. Esa Bilbao que toma nombre de sueño y es hija de un entrenador inglés y una protagonista de canciones de txiquiteros de barrios altos. Esa Bilbao que cada tiempo de modernidad y estreno retorna a las vías de Abando pare regenerarse y renacer. Esa Bilbao a la que nuestro protagonista lleva en la sangre y le es imposible sentirse hombre a su lado, y debe huir, huir a la Misericordia para recobrar su infancia, a sí mismo. Pero huir, de todas maneras.

4.- La ciudad de los ojos grises de Félix Modroño resulta excesivamente interesante porque juega con nosotros, ya lo habéis visto, a ocultarnos la realidad de la Bilbao eterna, verdadera, soñada, hija libérrima de un inglés y una mujer maltratada por la extrañeza de un mundo que nunca se conmueve. Resulta interesante porque cubre la realidad de Bilbao con un txirimiri de ironía. La burguesía vasca naciente tiene los pies de agua, de agua de la ría Nervión, que es como decir de lodo. Y se ha de sustentar siempre sobre la muerte de la propia Bilbao. Es interesante, desde luego, porque la lectura es una invitación a conocer bilbao y a Bilbao. O si me permitís, Félix Modroño ha conseguido que Bilbao sea un lugar de podrida Belleza e insustituible. Como la Dublín de Joyce, ha generado en lector la necesidad y el ansia de conocer Bilbao y a la Bilbao.

5.- La belleza de la novela es una belleza libre, sin finalidad alguna. Sólo la necesidad que tiene el autor de mostrar su Bilbao y a Bilbao, esa ciudad que lleva en la sangre y que le obliga a   amarla en la lejanía. Y obtenemos una enseñanza original, no podemos amar lo más propio si no es en la lejanía. En las ensoñaciones parisinas, se le antoja a Félix Modroño. En las nocturnas visitas a los cementerios ingleses, se le ocurre al protagonista de la novela.

6.- Llegamos así a lo agradable que nos inocula la novela, la búsqueda de la Amatxu para salvar el recuerdo de esa Bilbao que llevamos en la sangre y que flota en la ría, de la que emerge sólo así, cuando abracemos a la amatxu. No hay otra manera de conciliarnos con nuestro amor de infancia. Por eso el libro olía sólo a infancia, aunque sea una infancia castrada. Así sólo es capaz el protagonista, nosotros mismos, de releer la carta de Izarbe al fin y amarla. Amarla como se aman las cosas familiares.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.