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Costas

Coppini: espíritu punk, voz de Till
Xoel Prado - Antúnez 26-12-2013 | 3:09 | 8

Falleció Coppini, que no murió. Quien tras de sí testamenta un legado tan rico por realizar, no puede morir. Lo trasmití en la mesa de Navidad, acaba de morir Germán Coppini, y fue mi hijo quien me precisó, fallecido, que quien ha construido un mundo personal y poético de tan extraordinaria riqueza, permanece siempre en los ojos de la gente.

Mira tú por dónde, ahora sí podemos mirar a los ojos de la gente.

Nos enteramos por Costas, la misma noche del fallecimiento, que lo anunció en un gorgojéo cruel. Harto increíble, prefería pensar que se trataba de una equivocación o algo así. ¿Cómo podía morir de repente alguien que tiene sólo dos años más que el que esto escribe? Sin embargo, otro texto breve de Costas no permitía lugar a hurgar en la duda, había fallecido y nadie se encontraba con humor de contar nada.

Coppini con Costas y Hernández fundan Siniestro Total, al carón de un siniestro real y total. Conocemos así la voz grisácea del cantor que lucía con la misma protocolaria inercia y desgana, una gabardina trescuartos mientras le picaba un huevo o un traje de ejecutivo vagante al tiempo que exigía con floja flema en la voz, un chupito de amor. Una voz grisácea y ociosa, que había tomado la determinación de ser ella misma lo grisáceo en sí, para que el resto del mundo ya no fuese mudo y colorease su voz de lo primario. De lo más primario.

A la vez, cálida la voz, que envolvía como el fluido donde se gesta la vida, amniótico. Una envoltura amniótica que invitaba a romper las costras de otrora para edificar un mundo sin resentimiento. Una invitación a que realizásemos lo mejor que sabíamos hacer, es decir, nada. Ah, ¿sí?, pues a hacer nada.

Aquella grisácea calidez que nos permitió acceder a qué consistía la movida, así mal llamada, porque consistía en una inacción despreocupada en la que tanto valía el roto como el descosido y el moco y la ladilla y el pedo y la putilla. La movida que consistió en moher lo patéticamente hipócrita que se había heredado del dictador de palio y palo, y que hoy está de nuevo presente en lo políticamente correcto.

Aquella grisácea calidez que era poética de la imaginación y del desgarro nos mostraría, a través de melodías de un minuto, precoces como Ulises, que la movida prendía en algo interno y era brote psicótico esquizofrénico de le mejor cepa, como se diría del dada, y aunque se denominó punk, es como decir dada.

Aquella grisácea y cálida voz que flotaba sobre una ría, como la ciudad que la vio surgir por vez primera en la Navidad Rock de 1981, Vigo, y que se convirtió en vigía de esa nueva navegación interior, mal llamada movida. Vigo, pero también Lugo y Bilbao y Gijon y Hawai, desde donde la transmitió para el mundanal silencio, Ordovás (el nombre al que escuchaba todo el mundo, incluso los que se hacían los sordos porque eran de otro caudillo)

Aquella grisácea y cálida voz que persistió en su internalización a la búsqueda de la mismísima imaginación, para encarnarla, y que fructificó en aquellas músicas poéticas que se adelantaron incluso a este tiempo, Golpes Bajos.

Aquella grisácea y cálida voz que persistió en su afán de ser voz que flotara sobre una ría y navegara hacia el futuro, trayendo ya un mensaje que era un masaje que no supimos recibir, habrá malos tiempos para la lírica, habrá un momento en que las ciudades no floten sobre las rías ni los ríos, llegara aquel día fatídico donde se mate al rock en beneficio del Beneficio, creando voces frankenstein.

Aquella grisácea y cálida voz, repleta de talento, que era ya gran voz, alertó sobre los fantasmas del futuro, no sólo con el advenimiento de los tiempos sin lírica, sino con la desgracia de que todos los que se confabularon en aquella movida interior que se denominó movida, se transformarían en grandes desconocidos, lo que propiciaría aún más si cabe, la llegada de estos tiempos adadaísticos, postpunkis, de vocecillas que tienen la calidez impostada.

German Coppini nació con su voz en el Nadal rock de 1981 y se nos oculto en un Nadal sin rock del 2013, indicándonos sin duda, que debiéramos recuperar aquella movida interior de una vez, y que dejásemos de ser desconocidos.

Los dioses de la infancia parecen dormidos, acobardados o han declinado nuestra compañía.

Geman Coppini y golpes bajos

 

Postda:  Dedico este poema de Perdurablemente Anfetamínico, a Coppini. Como ninguno de los poemas poseía título, este lo gana, Canción Coppini

Todo vivía lleno de ángeles, arcángeles,

nuestras venas de elípticos daimones,

oscuras petulancias, los ojos oquedades,

nada hallamos que no fueran obviedades.

 

Que debíamos la voz y la centena,

la falange del dedo meñique, al chatarrero,

un beso al contrahecho portero,

el humor y la hierbabuena.

 

Todo estaba lleno de ángeles, arcángeles,

rubias que miraban luctuosas al rictus bucal,

danzantes que equivocaron el paso al saltar,

enmiendas a un político que conoce a Satán.

 

Que debíamos el cereal, el lúpulo,

el horror y el tomillo,

una caricia al rebocillo,

el hedor al jardinero sin escrúpulo.

 

Todo estaba lleno de ángeles, arcángeles,

comprobaciones del aire infectado,

conexiones a dioses sin errores,

cuentos, cuentas, el cuerpo detallado.

 

Subí riscos, bajé salinas, la vida: ociosa.

 

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Alguien tenía que hacerlo, Miguel Costas y Costas Band
Xoel Prado - Antúnez 16-04-2013 | 7:00 | 0

0. El panorama musical en España es un desierto, con lo cual se ha convertido transitable únicamente para los camellos, claro. La música que se compone se descompone de manera inmediata entre quien pide un Bis pide un Bal y muere de fatalidad patética a quien sólo sabe pedir gasolina, gasolina. La música actual surge de la puerta de urgencia triunfalmente operada, músia puamente estética para la estática escucha que se produce en ese medio que es una mediocridad, que se llama internet. Una mera cuestión de Psy-mpatía.

Una música operada no es música ni es nada, que es ortopedia para reconstruir y estetizar. O bien ha sido este un tiempo de recopilatorios, que nunca se sabe cuando te va a asaltar desde los anaqueles de los grandes almacenes, lugar donde ahora se vende la música, el último de Queen, con ese Freddy Mercury, que se presenta más a sus fieles que el propio Cristo a sus apósteles en día de pesca. Recopilatorios de vivos y muertos y zoombies de demacradas carnes, que se espesan y se caen al suelo por su graciosa gravedad. El parque Jurásico de la música, que cada año hay un grupo regenerado que se prodiga en un larga duración, que se hace eterno. Uno cae en la cuenta de que cualquier día de estos encuentran cómo duplicar a The Mama’s and the papa’s y lo llaman milagro, sin miramientos.

1.La música en directo no se escucha en directo porque todo el mundo se ecuentra más pediente de las luces y las multipantallas que circudan artísitcamente a los miembros del grupo o al cantante de la moda operativa. ¿Dónde está la música? Uno duda de que allí se toque ni que se cante pero sí que se da el cante cantizano con peelículas, fotos y monsergas. Tengo que decir que los os conciertos más legales a los que asistí fue al de las fiesta patronales lucenses, el último de los ilegales; y a uno de fórmula quinta, en el mismo lugar,  esa plaza novedad lucense, que todos llaman la “Plaza inutil”. Así, claro, uno piensa, ¿cómo demonios vas a interesarte por la música? Y no te queda más remedio que recuperar los vinilos del pasado, y ponerte a escuchar las emocionantes canciones que en el pretérito pluscuamperfecto extrajeron de ti las más dispersionantes emociones.

Y aquellos que se despiden y luego se arrepienten pero se vuelven a despedir y retornan, que de tanto volver, nos revuelven el alma y vomitamos “bonustrack”. ¡Codicioso panorama musical.

2. Y en esta tesitura silicónica-jurásica, alguien tenía que hacerlo, convulsionar este panorama para morir, donde hasta Grace Jones parece Zeta Bonds, y como un ciclón en un mundo realmente desalmado, nos traslade a un mundo de Oz. Un trabajo sucio éste, pero alguien tenía que hacerlo y quién mejor que Costas & Costas Band para llevarlo a cabo. Un barrido borrador basado en el corrosivo ecleticismo de este compositor omphálico que nos acompaña ad eternum y su nueva banda “virguesa” (virguerías viguesas vitales) que nos desviga el oído con sus canciones y nos revigoriza. Como el superratón: música para mineralizarse.  Y antes de salir el disco, ha recorrido alguien tenía que hacerlo la veracidad de los escenarios, el directo que da cercanía cárnica y sudorífica.

La música de Costas & Costas Band, es una música iconoclasta, capaz de derribar la autoridad dispuesta a imponernos la realidad material, la del dinero. Recuerden que Costas se ha mantenido al margen de la oficialidad musical, grabando este disco en su propio estudio. Una música que no está grabada ni dirigida a jerarquías ni sociedades secretas o no, sino del individuo que se sabe a sí mismo contradictorio y se lo cuenta como al oído al individuo que salta y salta y alta, y quizá sea esta la razón de que muchas de sus canciones se hayan convertido en himnos para ir cantando en la ducha cuando el agua surge o fría, fría o caliente, caliente. Himnos que alegran fundamentalmente el alma. Una música espontánea, que nace sin excesiva reflexión y que se lanza directamente contra la afectividad del individuo que la escucha para que se comporte de una manera espontánea. Y música para celebrar y beber, como los dioses celtas, claro.

3. Iconoclasta, antijerárquica, indivudalista, contradictoria, afectiva, y por ello, extrayendo una sonrisa sonriente, impoible, y por ello, aconsejo tanto que escuchéis el disco como que vayáis al directo, a cualquiera de los conciertos, y más, quizá, a los conciertos. Música total, aerolíneca, feliz, y muy Costas y Costas Band. Y de esta manera, os reconfrontaréis psicoanalíticamente de las cirugías mediáticas del triunfo de gala, de los que se van y vuelven y retornan y se regresan, de los que sólo sacan recopilaciones hasta desde la muerte.

 

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.