img
Etiquetas de los Posts ‘

David Torres

Palos de ciego de David Torres
Xoel Prado - Antúnez 12-11-2017 | 7:41 | 0

La ceguera, la oscuridad, no ver. La vida siempre la convierten los demás en una ceguera para otros. Como un juego, el de la gallinita ciega, al que a uno se le ciega, y los demás lo abandonan a su suerte mientras anda con las manos al frente, buscando un apoyo para tu mundo. Como en el juego de la piñata, donde a uno le otorgan la posibilidad de poseer el mundo si tiene la suerte de atinar con un palo en la cornucopia de la fortuna. Como vivir en la égida de unaestalin ley que dirige un hombre, todos somos ciegos hasta que se nos precise para un menester cualquiera, cuando se acaba el lapsus, se nos devuelve a la ceguera de la ley. En ambos tres casos, uno camina, golpea, actúa dando palos de ciego. Unos palos de ciego que, en algún momento de suerte, provocan beneficio; en la mayor parte de las ocasiones, nos abocan al fracaso. Un fracaso, además, en el que lo más natural es que permanezcamos de por vida, obcecados. Queda claro que cegar a la gente la obceca con su ceguera y vivir a tientas, a cegarritas, tienta a todos, y todos se ofuscan con la acción que provocó la ceguera – ofuscación que siempre lleva a realizar la búsqueda.

Estas son las cuatro líneas argumentales de la novela de David Torres, Palos de ciego, publicada por la editorial img_20171110_232849Círculo de Tiza, en el pasado mes de octubre. Durante sus 258 páginas somos ciegos guiados por un lazarillo. Ciegos que han permanecido sin ver la realidad de verdad que ocultamos con nuestra ceguera de hipótesis antinewtonianamente. La realidad la hacen los otros.

Líneas argumentales que empiezan con la vida de un solo día de un hermano desconocido, de unos ciegos con cantares que no vieron el canto del gallo porque los fusilaron en Ucrania, por orden del más ciego de los zares rojos, Stalin, y un amor que, como la espada de Miguel Strogoff, nos ciega hasta la Cruz do Ferro, del camino de Santiago, en un ínterin que nos explique la ceguera, no que nos permita recuperar la vista.

La originalidad de la novela estriba en que no hay novela. La novela que vamos a leer ha sido diseñada con estos hilos argumentales por la propia vida y es la historia que el autor quiere escribir, no cabe duda. Sin embargo, cada vez que se pone a escribirla le asaltan las dudas, que es como decir el fracaso. Prefiere escribir y describir ese fracaso david-torres1evidente a la ceguera y la ignominia que origina en las personas, en uno mismo y en los demás. ¿Cómo es posible que se pueda cometer una negligencia médica y que este oculte la desaparición y venta de bebés en una sociedad ciega que nada investiga? ¿Cómo es posible que se fusile a 300 bardos ucranianos ciegos y sus lazarillos y nadie tenga noticia de tal hecho? ¿Cómo es posible que la sociedad estalinista haya sabido de las purgas a los intelectuales y a cualquiera que no pensara igual y se hayan permitido; y que se haya purgado hasta los inventores de las purgas? ¿Cómo nos dejamos llevar por el amor hasta los límites de la desaparición y la ceguera? La pregunta clave es cómo escribir una novela que sea capaz de reventar todos estos entresijos y ponernos ante la cara misma de la ignominia sin sacarse los ojos. ¿Cómo soportar la propia ignominia sin sentirse molesto por la capacidad de ver lo que ocurre, sin sentirse con ganas de revolucionar la vida para cambiarla de verdad? En vez de invitar a sacarse los ojos quizá la invitación debería ser a ponerse las gafas para ver mucho mejor.

Escribir una novela, porque se halla escrita, desde la metafísica de la escritura, y que se materialice ante los ojos del lector, a pesar de la dificultad de escribirla porque siempre se topa con el fracaso, es un logro inmenso y que hace que esta novela sea de una originalidad extraordinaria.

La novela nos obliga a la lectura de cada palabra por ese contradictorio estar entre la imposibilidad de la escritura de la misma y su desarrollo metafísico ante nuestros ojos, originándose de los únicos capítulos escritos realmente y que se nos muestran. El resto de la novela es el planteamiento de la posibilidad imposible de llegarse al núcleo mismo de la ignominia y si me permitís, de lo siniestro. Sé que no existe el mal como encarnación, sé que hay cerebros más dados a la violencia que otros y que el bien es pura empatía con los demás, entonces, ¿por qué razón hay médicos que vendieron niños de otros y recién nacidos a familias que por razones biológicas no podían tenerlos y por qué hubo y hay quien hace la vista ciega a ese suceso? ¿Por qué se asesinan a 300 ciegos en un páramo desolado y a nadie le importa ni nadie lo consigna salvo la leyenda? Podríamos seguir, pero más vale que seáis vosotros los que lo descubráis en su lectura y comprobéis en la lectura la aparición de esa novela imposible de la reflexión metafísica sobre la ceguera, la ignominia, en definitiva, de lo siniestro.

La novela es una reflexión sobre lo siniestro, sobre la perversidad de la conducta humana, sobre la desmoralización del otro hasta conseguir que se pliegue a los deseos de protervidad del otro. Quizá en esto consista la imposibilidad punto-de-fisionde escribir la novela, el hecho de poder comprender porqué se comporta la gente con esa vileza. No será la primera vez que por toda explicación se oferte aquel aforismo de que las paredes del infierno están construidas con buenas intenciones. Sin embargo, el infierno no existe en sí, el mal no se encarna en sí, y enfrentarse a la perversidad de quien vende y asesina nos puede convertir a nosotros en perversos.

La belleza de la novela radica en que para escribir esta novela se ha construido desde la reflexión ante la imposibilidad de escribirla y que esa reflexión nos puede convertir a nosotros en perversos, al comprender el mal.

Por toda explicación, una piedra blanca en una estatua.

Ver Post >
Todos los buenos soldados de David Torres
Xoel Prado - Antúnez 20-03-2014 | 8:37 | 3

He leído hace ya algún tiempo la novela Todos los buenos soldados de David Torres, publicada por Planeta y no me he puesto a escribir nada hasta hoy, porque he preferido que latiera la novela en mi interior, hasta que pasará la conmoción que genera su lectura. Me conmocionó, sí, esa es la palabra, esta historia tan breve en el tiempo de su desarrollo como larga y conflictiva en la memoria que la guarda. He leído doscientas ochenta y dos páginas repletas de peticiones de reconocimiento que exigían unos personajes sentían desesperadamente ninguneados a pesar de que se esforzaban contra los elementos en construir un tiempo heroico en la salvaguarda de la esencia hispánica, recuperar el honor invadiendo otros mundos y que estén en éste, por supuesto. 

Esta historia de recuperaciones esencialistas tiene lugar durante la guerra del Sidi Ifni, guerra del que tengo una imagen triste y una palabra declarativa. La imagen triste es la de Ahí va otro reculta, José Luis Ozores de héroe increíble al tomar una loma; y la palabra declarativa es la de mi propio tío, que siempre afirmo apodíctico que él hizo la guerra del Sidi Ifni, con todas las letras, pero el mundo en general a su alrededor confirmaba que aquella guerra “cebolleta” no consistió sino en un ejercicio paracaidístico.

En este contexto negado y renegado, se va a desarrollar una historia de relaciones chusqueras. Una hermandad de mandos chusqueros que, como siempre, ocultan sus verdaderas relaciones bajo la patriótica divisa de todo por la patria. Una historia que se cuenta de una manera azarosa y amable, cuyo inicio rememora ese recluta con niño que se encuentra con el mando más amable del ejército, que sin duda le ayudará a pasar los malos tragos o así lo intuimos, y, muy al contrario, este mando fuera de la escala de mando, será el quicio que lo explique todo pero desquicie a su vez esta historia. Un cambio de rumbo continuo de unos personajes que son y modifican su conducta al socaire del aire del desierto o si sopla del mar o de la península.

En este contexto negado y renegado y entre esta hermandad de mandos chusqueros aparece la figura real de Miguel Gila, con sus monólogos de toda la vida para alegrar la existencia a la tropa y que sean capaces de subsistir, al menos, un día más. Lo curioso del caso comienza cuando Gila se entremete en la acción por culpa del pensamiento chusquero (cuidado con la reacción de un sargento) y de figura real se transmuta en ente de ficción que deshilvana el mal que aflige a los acuartelados, a través de sus monólogos míticos. Algo más, a través de esta conversión, todos aquellos personajes de ficción adquieren su realidad posible.

En definitiva, todos los estados posibles de cada asunto se hacen reales a través de los monólogos míticos de Gila y la historia que se nos cuenta va retorciéndose de una manera que nos conmociona.

La novela Todos los buenos soldados, es una excelente novela, que salpica nuestra comprensión con todo aquello que se niega y nos exige que pongamos en liza nuestra capacidad de asumirlo.

Bien escrita y mejor hilvanada, va consiguiendo que circulemos por la historia, acompañando a Gila, como el observador que todo lo modifica. Como el gato de Schrödinger, imaginando a cada momento en que instante irreal se encuentra la historia mientras esta se retuerce en el interior de la caja del experimento.

Buena lectura que no sólo calma el hambre de ficción como a un Sultán Schariar sino que nos exige el pensamiento rápido para circular a cada momento por los diferentes cursos y recursos de esta historia, que ya no se nos asemeja tan chusquera, aunque la teja una hermandad de chusqueros.

De imprescindible lectura.

Ver Post >
Las mejores novelas del 2012
Xoel Prado - Antúnez 07-01-2013 | 9:25 | 0

Hago esta lista desde la más absoluta subjetividad, porque en esta elección, no puede uno ser objetivo. La verdad es que establecer que alguien esté en una lista o no, sólo puede ser establecido desde unas coordenadas estéticas, y las mías son la originalidad, la belleza, lo agradable y lo interesante. Siguiendo estas estelas establezco las siguientes novelas como mejores de este 2012:

La vida después de Marta Rivera de la Cruz

Ostras para Dimitri de Juan Bas

La senda trazada de Pedro de Paz

Assur de Francisco Narla

Punto de fusión de David Torres

Mientras duermen os murciélagos  de Emilio Aragón

El asesino de Venecia de Antonio Civantos

Lo que no está escrito de Rafael Reig

Una tienda en París de Maxím Huerta

La ciudad de los ojos grises de Felix G. Modroño

Misión olvido de Maria Dueñas

y permitidme que entre yo mismo en esta lista, porque en ella me introdujeron en una web llamada las lecturas de shaka:

Hasta los cuervos picotean las cerezas de JM. Prado – Antúnez

Es indudable que caben más, pero máñana os listaré aquellas que son las peores. Nunca he sido partidario pero es indudable que si no lo escribo, las peores, nunca me tomarán en serio.

 

 

Ver Post >
PUNTO DE FISIÓN DE DAVID TORRES
Xoel Prado - Antúnez 04-07-2012 | 5:56 | 0

La lectura de Punto de fusión, la última novela de David Torres, me la proporcionó la lectura de su novela anterior, “Niños de tiza”. Esta novela me llegó porque proponía algo muy elemental, toda nuestra vida depende de la infancia, y fundamentalmente, de la infancia de los demás. Si esta es desgraciada, nos veremos viviendo en una vida de perdedor, y viceversa. Y en “Niños de tiza”, el protagonista tiene la desgracia en un mundo líquido, en una piscina, donde muere su infancia a manos de una mano negra. O de la negrura del alma de un payaso enfermizo. Sea como sea, aquel ambiente de polución de naranja mecánica, atrapaba al lector para traspasarlo de agonías explosivas perpetradas por manos negras equivocadas. Con el regusto de esta novela, que compró mi hijo sin saber porqué, salí a la búsqueda de la última, este Punto de fisión, premio ciudad de Logroño de novela, y editada por Algaida. Creía que me iba a encontrar con personajes que se meten en todos los líos del mundo al encuentro de un trasunto de Dios cuando se ven involucrados en desatar el bien a su alrededor. No sé porqué se me había metido en la cabeza, que esta debía de ser la continuación esencial de Niños de tiza.

Aquella misma mañana había sucedido determinados acontecimientos políticos que me llevaron a escribir algo parecido a esto: “hoy me he levantado con ganas de quemar España por los cuatro costados y luego licuarla”. Hay días en que la intuición puede más que la lógica.

Y este puede ser el arranque para una lectura original y bella de esta novela, remitirla a lo que significa punto de fisión en la física nuclear, ni más ni menos que la temperatura de equilibrio en la que se funde la materia y pasa a ser líquido. En el caso de la novela, es la temperatura de la explosión que tuvo lugar en Chernobil, que da lugar a que Sergei Berkoff escriba una novela que se titula igual que la novela que estamos leyendo, Punto de fisión, donde los personajes son entidades muy sólidas, con relaciones consolidadas, pero que la explosión va a licuar, y van a actuar de maneras tan impropias en ellos, que ni se van a creer lo que son.

Pero para que veamos que el Punto de fisión literario al que asistimos al inicio de la novela, esa novela dentro de la novela, no ocurre sólo en la ficción real, nos atrae el escritor hacia un lugar sin explosiones nucleares por accidente, donde per accidents ocurre lo mismo, un punto de fisión. Los personajes se creen tan imbuidos de propiedades solidificadas que a ellos no les afectará la licuación, y se ven licuados a la menor oportunidad, como por ejemplo, el editor del lenguaje impoluto. Una realidad ficcionada al ritmo de la fisión eléctrica, ese escritor que no para de escribir el mundo tras caerle un rayo, y que descubre las amplias posibilidades del humor para licuar mentes sepultas.  Excepción hecha del comisario de policía, que parece el único personaje histerésico, es decir, el que es capaz de salvar sus propiedades a pesar de encontrarse cercano al punto de fisión, quizá por la indiferencia ante el mundo o por su capacidad para generar sonetos como estrellas.

No queremos olvidar que una parte muy importante de la belleza de la novela se encuentra en su utilización salvaje del humor, muy a la manera de aquellas películas sesenteras corales, con un gran reparto y grandes estrellas, ¿qué tal pussycat? o la propia El guateque. Es decir, que hay también mucha cinefilia (y cinefobia) en esta novela, y es algo a descubrir en cada página.

En definitiva, una novela que se complica en la ficción de las vidas que pintay se recomplica en la realidad de sus tramas imaginadas, pero esta complicación está conseguida desde una sencillez formal envidiable.  Una complicación que merece un atención especial y que obliga, como lectores, ha iniciar la segunda lectura, y la tercera…Es indudable que os llamará la atención su lectura y no os dejará indiferentes

JM. Prado – Antúnez

Ver Post >
Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.