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Félix G. Modroño

Félix González Modroño, frente al cántabrico: viaje imaginario por la literarura de imaginación
Xoel Prado - Antúnez 02-03-2015 | 11:03 | 0

Nos sentamos sobre un sofá Manoir para hablar distendidamente con Félix G. Modroño. Hablaremos de literatura, de su literatura, de esas novelas que le están cincelando una personalidad literaria innovadora, fresca, rigurosa.
Félix G. Modroño es un escritor vasco, pero de orígenes zamoranos, y recriado en Sevilla. De Bilbao a Sevilla, al revés de la canción de Fito.
El pueblo zamorano de sus padres, Villalpando, fue el promotor de su primer libro, fotográfico; y este libro, fue el modelo para el resto de sus novelas.
Desde las alturas del puente colgante, se puede ver la margen izquierda y la derecha. La de Félix es la izquierda, a nuestro frente Portugalete, allí, a la derecha, Santurtzi.

– De verdad, de la buena, ¿cómo le afectó el cielo vizcaíno, quizá tanto como al hidalgo de la mancha el otro vizcaíno, que le hizo ver que lo suyo eran los entuertos?
– Crecí en Bizkaia en tiempos convulsos. Fui un niño algo enfermizo y mis padres me traían lecturas. Supongo que la imaginación se forja durante la infancia a partir de lo que somos y lo que nos rodea.
Ese niño enfermizo sólo parece notarse en la mirada angelical que te traspasa con una infinidad de palabras con las que reconstruye la realidad en su imaginación enrqiueedora. Unas palabras que surgen de aquellos libros léídos en la enfermedad; y de su impulsiva imaginación actual, la que se forjó en aquellos tiempos convulsos.
Nacido en Portugalete en 1965.
– Disculpe que le comente mi experiencia, pero en Portugalete no se aprende a escribir. Normalmente a potear cuesta arriba, cuesta abajo y a mirar a una ría madre desde una barquilla que gravita, ¿o es que será esto escribir?
– Para escribir hay que vivir. Sobre todo, si se pretende transmitir. Yo empecé a crear historias mucho antes de ponerme a escribir. Uno elucubra con los deseos, con la imaginación… Es inevitable que la infancia y la adolescencia nos marque. Y la mía transcurrió en Portugalete.

Desde el puente de Portugalete, oteamos el horizonte, y nuestra mirada se dirige a Villalpando, lugar donde nacen los padres de Félix, feliz reencuentro con los ancestros. Precisamente, el primer libro de Felix es un libro fotográfico sobre este cruce de carreteras, hacia el noroeste, hacia el suroeste. Entre Galicia y camino de extremadura, hacia la Lusitania.
– Villalpando era siempre un lugar donde paraba el autobúsa Galicia, a Extremadura; pero al observar su libro de fotografías de Villalpando se diría que tiene usted buen ojo para lo inmarcesible, ¿Cómo ve usted la fotografía en sus novelas?
– Ese libro de fotografías de Villalpando está elaborado con más cariño que maestría. Por fortuna, ahora soy mejor fotógrafo que entonces. Elegir encuadres es como elegir escenas que contar. Procuro que mis narraciones sean visuales.

Y aquí, en estos lugare zamoranos, transidos de poemas de León Felipe, de Octavio Uña, transidos de luz y de viento, por los que Castilla paga precio aunque el poeta no lo quiera, surge literariamente el Doctor Zuñiga. Deaquí es llamado y elegido para su primera gran aventura de herreros y arrieros y sangre. La sangre de los crucificados, año 2007, “en una noche triste”…
– A ver, ¿por qué “la sangre de los crucificados”? ¿Por qué Fernando de Zuñiga? ¿Por qué su periplo? ¿No podía haber permitido a su “camarada de estudios” la quietud argumentativa de Baker Street?
-Me pareció interesante recrear una especie de “road movie” en el siglo XVII. La historia me pedía varios escenarios y el doctor Zúñiga, a pesar de sus años, se vio obligado a recorrer España a caballo. La inspiración me vino a través de El Cachorro, una preciosa leyenda sevillana. Y el personaje de don Fernando es uno de mis “alter ego”.

El siglo XVII, el renacimiento, la ciencia, pero también un siglo para el pirronismo desacerbado, la duda en cada deuda, el dado como contraindicación al método. Y la espada.
– ¿Buen siglo el siglo XVII para haber nacido? ¿O se percibe uno más arraigado en este a caballo de siglos tecnológicos?
-Pues ni uno ni otro. Después de escribir “La ciudad de los ojos grises” me enamoré de París en los tiempos de la Belle Époque.

Sin duda París también se otea desde el puente de Portugalete, es más, ahora mismo estamos sobre medio París, sobre una torre Eiffel tumbada amorosamente sobre el Nervión, que es medio Sena. No es de extrañar ese enamoramiento de París, ya que vale una misa, una fiesta, y puede ser siempre el comienzo de una gran amistad. Como esta nuestra. Sin embargo, su Zuñiga, el doctor, maestro en todo por renacentista, viaja de lar en lar, por esta España alejada de cogitos y sumnes, piel de toro, crueldad extrema.
– Hablando de moverse, Salamanca, Madrid, Sevilla, Bilbao, ¿ida y vuelta o en alguna de estas ciudades permanecerías por siempre jamás? ¿Dónde moriría Zuñiga si no fuese eterno?
-Félix Modroño se ve en un lugar frente al Cantábrico. Zúñiga morirá en otro lugar. Ya sé cómo ocurrirá. Me encantaría poder escribir esa historia dentro de 15 años.

Quince años, una adolescencia de espera, para saber del destino del doctor Zuñiga. Parece que en la mente de Félix ya tiene la suerte echada, el destino escrito, ¿podrá reescribirlo como su racionalidad le indica o debera conformarse con ser este Zuñiga sólo un aquetipo sentimental que requiere hermenéutica?
– ¿Con sus novelas pretendes apelar a la racionalidad civilizada o la sentimentalidad arquetípica?
– Somos híbridos entre instinto y cultura, entre biología y moral. Por eso mis personajes tienen tantos recovecos y matices.

De nuevo en Zamora, de nuevo con Zuñiga, que recibe una carta, una carta de venganza. Y sale rápido para cobrarla, hacia Balmaseda, hacia Bilbao dirección Norte, de vuelta a la leyendas matriarcales, al enamoramiento con las sorguiñes.
– Sabido era que la muerte tenía un precio, pero que fuese dulce, ¿por qué?
-En el mus, “Muerte dulce” significa que se gana con la puntuación justa, casi sin querer. Me pareció un buen juego de palabras.
– Mus, Bizkaia y la muerte, ¿será por esta unidad de imposibles que este juego de cartas tiene tanta aceptación en el mundo?
-Tiene aceptación porque nació como compendio de los juegos anteriores. Pero su grandeza reside en que no siempre gana quien mejor cartas tiene. Es a la vez un juego de mentiras y un juego de honor. Nos sentimos atraídos por las incongruencias.

El honor y la muerte, la incongruencia, la mentira y la familia. Parece la definición de lapróxima novela de Felix, la que transcurre de Portugalete a Bilbao, esa orilla de sardineras. La ciudad de los ojos grises, que ya no es tan gris en su cielo, quizá por ese Guggenheim dispuesto a tarer el calor de la pintura. Pero esta novela es la incongruencia entre hermanos, la familia y su mentira. Una novela impresionante, que deja alado al lector para asumir eel honor, y la muerte, entre platos de bacalo a la vizcaina y la bizkaina.
– La ciudad de los ojos grises. Bilbao es la protagonista de tu penúltima novela, y, a la vez, en ella transcurre una historia de amor y venganza, ¿estarías de acuerdo con tal aseveración?
– Mi pretensión era homenajear a Bilbao. Por eso quise construir una novela que la evocara. Efectivamente, es una historia de amor a una mujer… y a una ciudad.
– Y la ría que lo vigila todo, desde los primeros besos, hasta el bacalao a la vizcaína o la vizcaína, gran dificultad entraña integrar tantos acontecimientos y que salga perfecta la historia, la novela. Hasta la portada. ¿Desde la añoranza se escribe mejor?
– Escribí esa historia durante la enfermedad de mi madre. Ese halo nostálgico tiene que ver con mi momento emocional y, por supuesto, con haberla escrito a cientos de kilómetros de mi tierra natal.

Y hoy miramos desde Bilbao a Sevilla, del arenal al arenal, desde las siete calles a la calle Sierpes, desde el botxo al botxo, el bar que regentaba un par de bilbaínos frente al Sánchez Pizjuán. Y vemos a Felix feliz, exultante, con el premio ciudad de Sevilla recién estrenado y más, por esa nueva novela que es el objeto del premio, Secretos del arenal.
– Y ahora, un premio para su escritura y sus mujeres, tan iguales, tan distintas, o viceversa.
– Las protagonistas de “Secretos del Arenal” tienen mucho en común, aunque sus infancias fueran bien distintas. Me gusta que mis personajes evolucionen a lo largo de la historia. Quizás no todo el mundo actuaría igual que ellas, pero seguro que son comprendidas.

– Desde Sevilla a Bilbao o viceversa, para redescubrir, el amor, la muerte, la venganza, ¿no hay felicidad posible salvo en la palabra fin?
– La felicidad no existe como tal. Siempre habrá algo que nos impida ser plenamente felices. A lo máximo que podemos aspirar es a acumular pequeños momentos de bienestar… cuantos más, mejor.

No nos podemos despedir de Félix sin peguntar por Zuñiga, ese extraño ser en aquella España del siglo XVII, el zamorano adelantado a su tiempo.
– ¿En qué historias anda enfrascado ahora, con qué acero se debate su pluma, o pretende descansar como Zuñiga? ¿No es hora de resucitarle?
– Recojo el guante. Estoy preparando la tercera entrega de Zúñiga. Y sigue viajando, incluso ahora más lejos. Esta vez nos iremos a Venecia.

Un viaje más para este arriero a medio camino entre Descartes y un capitán de la Guardia Real.

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Secretos del arenal de Félix G. Modroño
Xoel Prado - Antúnez 10-02-2015 | 7:04 | 0

Vamos a hablar de la novela “Secretos del Arenal”, la última obra publicada por Félix G. Modroño. Publicada por la editorial Algaida, en Sevilla, en el mes de octubre del 2014. Una historia que se desarrolla a la manera de una novela negra, en sus trescientas ochenta y una páginas. La novela se publica tras recibir el premio Ateneo de Sevilla de novela, en su XLVI edición. 

A Félix G. Modroño se le conoce de sobra. Autor de novela de carácter negro desde siempre, con su famoso Zuñiga, y las novelas La sangre de los crucificados y Muerte dulce, o la más encomiable de las novelas leídas en 2012, La ciudad de los ojos grises.

La novela que nos ocupa ahora es sencillamente caleidoscópica. Una novela que, como se advierte en la misma portada, va a portarnos al destino entrelazado de dos mujeres, en dos ciudades y dos épocas diferentes.

Las dos ciudades son Bilbao y Sevilla, como la canción de Fito. Las dos mujeres son las protagonistas indiscutibles del relato, Silvia y Olalla; y las dos épocas diferentes, una la actualidad de la conciencia presente, y la otra, la rememoración del pasado histórico, esa guerra civil cruenta y deleznable.

Dos historias, dos mujeres, dos ciudades, dos épocas distintas. Dos, dos, dos, y creo que todo el mundo va a caer en la tentación de leer el libro como si realmente se tratara en el mismo dos historias independientes que se van entrecruzando para sorprendernos con un final inesperado. Por supuesto, un final donde ambas historias se entrecortan. No está mal esta lectura – una lectura diacrónica de sucesos semejantes que les ocurren a personas semejantes en épocas tumultuosas. Sí, porque el presente que vive Silvia es tan tumultuoso con el que se revive en la historia de Olalla. Así, Silvia nos estaría contando su historia en primera persona a la vez que nos obliga a revivir, como si fuésemos propiamente “su” Mateo, una historia impropia, pero carnal, en tercera persona.

Pero intuimos una lectura sincrónica en la novela. Esta lectura sincrónica nos obliga de repente a planearnos la existencia de una sola mujer, Silvia, que a la par que se va confesando en primera persona en conciencia (moral, psicológica y personal), nos va abriendo su inconsciencia individual y colectiva, para que comprendamos su dolor y más, sus momentos de satisfacción. Porque como confiesa el autor en una entrevista, no existe la felicidad así, grosso modo, sino cachitos de bienestar por los que vamos luchando. Precisamente, Silvia quiere justificarnos esos momentos variados y singulares de su bienestar en la casa de la playa o junto a Mateo, a pesar de que su momento de tumultuosa realidad es la muerte de su hermana. Y no tiene mejor manera de mostrarlo que abriéndonos su inconsciente colectivo, donde mora esa mujer Olalla, que, de igual manera, luchó por esos momentos de bienestar entre tanto tumulto de sangre. 

Las dos lecturas son factibles y dejan una sensación de bienestar al llegar a la última línea, como si la propia novela nos permitiese a nosotros apropiarnos de ese momento de bienestar de ambas/única protagonista.

La historia está construida sobre un lenguaje que circula con la probidad del escultor, que sabe precisar la palabra adecuada, sin más aditamentos. Una palabra labrada, que va construyendo la historia concreta, con la adecuada especificidad. Pero no es nuevo, ya lo encontrábamos en la novelística anterior del autor. Y este lenguaje eleva la historia a nivel de lo colectivo, de tal manera que parece singularizarse la historia en uno mismo. El lenguaje que el autor emplea nos obliga, en conjunción con la misma historia, a asumirla como propia, como si nosotros fuésemos el sujeto consciente por encima de Silvia y la propia Olalla.

Una novela cuya belleza se concentra precisamente en ese juego de asumir lo colectivo como propio, la historia no sólo como algo de los otros y que se relata, sino, como algo propio, carnal y despiadado.

Pero, que deja un poso de bienestar…

 

 

 

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.