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Felix Modroño

La ciudad de los ojos grises de Felix G. Modroño
Xoel Prado - Antúnez 05-02-2013 | 12:47 | 0

0.- Llegué a la lectura de La ciudad de los ojos grises porque era la novela más votada en la bitácora de http://laslecturasdeshaka.blogspot.com.es/donde Sara Montero comenta libros y creó un concurso para elegir la mejor novela del 2012. No acudí a la página por casualidad, sino por causalidad, alguien me advirtió que una de las novelas elegidas para el concurso era la mía propia. Y me llamó la atención la portada, por supuesto, y me llamó más la atención que la novela transcurriera en Bilbao, evidentemente, una ciudad que he recorrido y vivido. Por eso, me empeñé en leer la novela y saber porqué todo el mundo la votaba y más cuando todas las bitácoras la eligieron como la mejor novela del 2012. Seguro que algo habría de tener la novela cuando todo el mundo la hacía sonar en sus recomendaciones de una manera tajante. La mejor novela del 2012.

1.- Inicié la lectura como siempre, oliendo las páginas de tinta de la novela. Y he de comunicaros que La ciudad de los ojos grises desprende un aroma a infancia. Y os digo que las novelas que huelen a infancia en sus páginas, me arrastran a su interior como si se tratara de un huracán, un terremoto, un vórtice de flujo turbulento. Abrí las páginas del libro y fui llevando la mirada de un lado al otro de las mismas descubriendo la historia que me contaba, que se relataba línea a línea. Una serie de líneas quebradas que nos hacían navegar por el chirimiri de una muerte accidental que no resulta ser tal, pero hasta aquí se puede contar. Bueno también se puede decir que el personaje principal, se reencuentra con su hermano y sus viejas amistades de su  su ciudad, de Bilbao, en el trascurso de desentrañar si realmente se trato de un asesinato la muerte de quien fue su gran amor. La historia como podéis comprobar es muy simple, una novela de negritud grisácea.

2.- Esta historia se desarrolla en la ciudad de Bilbao, desde sus ojos grises, el puente de San Antón, hasta la casa de la misericordia, donde reside el secreto de las madres que renunciaron al producto materno. Una ciudad donde no es que llueva, que es la eternidad se diluye en lágrimas de txakoli. Y de estas lágrimas de txakoli van naciendo los personajes que componen la historia. No de otra manera, ya que pasear Bilbao con Félix Modroño es sorprenderse que de unos árboles surja nuestra protagonista con su primer beso de amor o de una calle, como la de San Francisco, surja otra parte de la historia.

Os lo explico, en realidad los personajes se van desgajando de la ciudad de  Bilbao, y van recomponiendo entre las ruinas del Arriaga, en las pequeñas ondas que levantan las gabarras al cruzar las rías, en las noches del siglo XIX que son más frías que la burguesía que las reviste de ensoñaciones parisinas, la historia de nuestro protagonista, pero transitando por el inconsciente bilbaíno, lleno de restaurantes que cocinan su vicio estomacal de manera impecable. Quizá por ello la historia desciende por la ría del Nervión en su margen izquierda hacia la casa de la ama de Portugalete y vuelve por la misma margen a la casa de la Misericordia para encontrar a la amatxu renovada. Pero este viaje se completa con otras “amas” que lo desnudan de su resentimiento imposible.

3.- Así se nos descubre una historia nueva, renovada, que no es la simple novelilla negra de un accidente – asesinato. Así como en el cuadro de Dalí las chimeneas, los sofás, y otros elementos, nos van describiendo el rostro de Mae West, en esta novela de Félix Modroño la historia que nos relata nos va descubriendo el rostro de esa Bilbao como la verdadera protagonista de la Historia. Porque Izarbe es Bilbao. Una Bilbao cuyos ojos son los arcos del puente de San Antón y cuyo cuerpo es la ría del Nervión, que se curvilínea como la misma historia que se relata. Porque la protagonista se hace carne desde esas aguas tan espesas como un lodo primigenio. Esa Bilbao que toma nombre de sueño y es hija de un entrenador inglés y una protagonista de canciones de txiquiteros de barrios altos. Esa Bilbao que cada tiempo de modernidad y estreno retorna a las vías de Abando pare regenerarse y renacer. Esa Bilbao a la que nuestro protagonista lleva en la sangre y le es imposible sentirse hombre a su lado, y debe huir, huir a la Misericordia para recobrar su infancia, a sí mismo. Pero huir, de todas maneras.

4.- La ciudad de los ojos grises de Félix Modroño resulta excesivamente interesante porque juega con nosotros, ya lo habéis visto, a ocultarnos la realidad de la Bilbao eterna, verdadera, soñada, hija libérrima de un inglés y una mujer maltratada por la extrañeza de un mundo que nunca se conmueve. Resulta interesante porque cubre la realidad de Bilbao con un txirimiri de ironía. La burguesía vasca naciente tiene los pies de agua, de agua de la ría Nervión, que es como decir de lodo. Y se ha de sustentar siempre sobre la muerte de la propia Bilbao. Es interesante, desde luego, porque la lectura es una invitación a conocer bilbao y a Bilbao. O si me permitís, Félix Modroño ha conseguido que Bilbao sea un lugar de podrida Belleza e insustituible. Como la Dublín de Joyce, ha generado en lector la necesidad y el ansia de conocer Bilbao y a la Bilbao.

5.- La belleza de la novela es una belleza libre, sin finalidad alguna. Sólo la necesidad que tiene el autor de mostrar su Bilbao y a Bilbao, esa ciudad que lleva en la sangre y que le obliga a   amarla en la lejanía. Y obtenemos una enseñanza original, no podemos amar lo más propio si no es en la lejanía. En las ensoñaciones parisinas, se le antoja a Félix Modroño. En las nocturnas visitas a los cementerios ingleses, se le ocurre al protagonista de la novela.

6.- Llegamos así a lo agradable que nos inocula la novela, la búsqueda de la Amatxu para salvar el recuerdo de esa Bilbao que llevamos en la sangre y que flota en la ría, de la que emerge sólo así, cuando abracemos a la amatxu. No hay otra manera de conciliarnos con nuestro amor de infancia. Por eso el libro olía sólo a infancia, aunque sea una infancia castrada. Así sólo es capaz el protagonista, nosotros mismos, de releer la carta de Izarbe al fin y amarla. Amarla como se aman las cosas familiares.

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Mis autores, que no debéis perder de vista
Xoel Prado - Antúnez 29-01-2013 | 11:02 | 0

Estamos llegando a final de enero y la mayoría de los periódicos publican unos artículos bien poblados de títulos y nombres propios de aquellos autores que “cagarán” una novela como quien amasa un churro o estira un acorde hacia el infinito. No entiendo cómo alguien, a no ser bajo la admonición del contrato, puede publicar una novela cada seis meses o escribirla en dos semanas. Bueno, sí, una novela puede estar preparada en un día, si te pones a la labor y no te molesta ni Boyero con sus contracrónicas cárnicas de Riddick. Lo que cuesta realmente es crear una obra literaria. Una obra literaria, que es lo que todos quisiéramos tener ante los ojos siempre. Pero supongo que es difícil, porqueno todo el mundo escribe obras literarias y se conforman con parir una novela. El otro día se publicaba una noticia que anunciaba que se publican en España en torno a 15.000 novelas anuales. Tantas novelas que son buenas, malas, regulares o simplemente humo. Pero sólo diez o doce pueden ser consideradas obras literarias.

Una obra literaria es aquella novela, en este caso, porque es lo que toca, aunque pudiera ser poema o teatro, que si no la lees te sientes huérfano de tiempo y más que encontrarla, es ella la que se epifenomiza. La epifanía de la obra literaria, sacral momento que nos arrebata el tiempo. La obra literaria, por supuesto, no precisa presentación, se presenta sola, claro, se aparece con la humildad propia de lo que se precisará por siempre. La obra literaria se revela y nos convierte en algo ecuménico, universal, es decir, el fondo inconsciente según el cual funciona la realidad, se patentiza.

Es cierto, no todas las novelas pretende esto. Las hay que sólo cuentan una historia más o menos cierta, más o menos verídica, con más o menos fortuna y no se hace precisa su lectura a nadie. Si sólo se editaran y pasaran a manos del ama de Quijana para ser lanzadas a la hoguera que en el patio hiciera, nada se perdiera. Hay novelas que sólo narran un acontecimiento y se acaba, como si buscara por exclusiva pretensión matar el tiempo y que éste transcurra, sin más. Esta claro que la obra literaria pretende más bien amplificar el tiempo para que este no transcurra, o que se haga uno con el espacio, se solapen, relativizándose. La obra literaria pretende que nos hagamos cargo del tiempo, que carguemos con él, pero en la dimensión del inconsciente colectivo, a la manera de Jung. En otras palabras, la obra literaria nos une a ella con un lazo que nos agiganta con ella, que nos amplifica, que nos convierte en symploke, esa plabra que a Platón le entusiasmaba y que aplicaba a su ciudad para explicar que en ella todo quedaba unido de manera indestructible, y que en español traduciríamos como conexionar (el entrelazamiento cuántico que define a la no separabilidad matemática y la decoherencia)

Conforme a esto, esperamos que este año se produzcan varias obras literarias, en la novela en este caso. ¿De quiénes prodrán provenir estas obras? ¿Quiénes son los autores de obra literaria en la novela? Los actuales, por supuesto, que los consagrados ya nos la otorgan de por sí, por el nombre. Nadie duda de Vargas Llosa o de Eduardo Mendoza, por dar don nombres. Pero los actuales, los que perdurarán en el entrelazamiento cuántico.

Espero este años una nueva obra literaria de Carlos Marzal, que vaya más allá de los reinos de la causalidad.

También llegará la nueva obra literaria de Marta Rivera, donde nos devuelva  a Ribanova, ese reino literario donde el espacio y el tiempo se confunde hasta con la metereología y la gastronomía, y aparezca algún nuevo personaje suave e inquietante en este horizonte.

Esperamos también una nueva obra literaria de Pedro de Paz, quizá esta vez por sendas no trazadas, donde la enfermedad y su descubrimiento repentino en los ojos pendulares de una enfermera Boscosa.

En las manos podremos tener el próximo hallazgo de David Torres, con sus surreales repeticiones de la realidad bucólica. Y en la misma línea pero aún más salvaje, Juan Bas.

Y Rafa Reig, que encubre entre las frases de sus novelas tanta filosofía de lonja clandestina que se escribe con la misma otra novela de iniciación.

Y Pablo Nuñez, que apura la historia hasta la Historia y nos permite que abordemos a las hijas “mouras” de un César desbrido como a los comandos que recuperan el legado exportable.

José ángel Barrueco, del que esperamos nos sorprenda con su especial, por sensible, captación de la realidad a través de los ojos poliédricos de una mosca en su vuelo sempiterno.

Ángela Vallvey, que nos agota tras las lecturas y relecturas de sus novelas de infinidad de vericuetos versiculares, donde se escribe la historia deshecha de esos personajes tan vivos como desnortados.

Francisco Narla, que descubrió el camino que lleva a su corazón mirando en las cristalinas aguas, en los cristalinos ojos del río Furco, de Furco, y ahora nos debe todas las literaturas que emergan entre sus vuelos.

Juan Carlos Martínez Barrio, con sus historias de corazón y tierra, de sabor a carne y sangre visceral.

Luis Amezaga, penetrante como el cuchillo sobre la mantequilla, de escritura sudorosa.

Mientras esperamos releemos con gozo nuevas obras que cayeron en nuestras manos. “Una tienda en París”, que es un compendio de la afectividad que surge en la reorganización de nuestra vida. Maxím Huerta, un gran autor lterario, por cierto. Una novela que merecerá aquí una recesión pronta, “La ciudad de los ojos grises” de Felix Modroño, magnífico. La última novela de Carmen Posadas, que también será recesionada, una novela del abajo y el arriba, “El testigo invisible”.

Y dejo para el final una recomendación de futuro. La novela que escribe con denuedo Ana I. Prado Antúnez, y que seguro sorprenderá a todos.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.