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La navaja inglesa

La navaja inglesa de José de Cora
Xoel Prado - Antúnez 30-12-2014 | 12:04 | 0

Un ánima y su memoria dentro de una novela con animus, eso es lo que espera al lector al final de la lectura de “La navaja inglesa”, de José de Cora. Novela publicada por Tropo Editores en Madrid, en este mismo año, 2014; y que consta de quinientas veintiséis páginas.

El ánima femenina que sustenta el entramado cultural de la novela y que se materializa en el animus del varón Barón con una navaja inglesa Huntsman en las manos para despertar divinidades femeninas arcaicas. España nunca ha sido un País, como mucho un conglomerado de tribus endogámicas de culto a la Gran Madre. Aunque sea culto semejante, sucede con divergencias importantes y similitudes evidentes.

En primer lugar, la estructura psicológica que es de carácter mítico. Todo lo que es viene envuelto en un ropaje mítico, de realidad ocurrida en otrora, pero en el espacio vivido por los interlocutores. Ese otrora es un tiempo regido por esa divinidad. En la novela de José de Cora, nos enteramos de esos ropajes míticos desde el inicio mismo y más, cuando se encarga unos pliegos de información sobre el culto a la Gran Madre Cibeles a quien no es lego en los asuntos. Quizá, tal aspecto de recopilación informativa sobre la Diosa, sea una de las más acertadas muestras de divulgación sobre esa religiosidad primaria matriarcal.

La estructura psicosocial de la novela es reveladora: el elemento masculino de la misma sólo oficia como elemento subsidiario, en cuanto portador de fecundidad. No en balde en la primitiva Grecia, en Creta, el rey era consorte en el año, y, a su terminación, era degollado para recoger su sangre fecundativa. La novela nos traslada ese mismo mensaje pero, aquí, en el matriarcalismo Castellano, para diferenciarlo del Vasco o el Gallego, por ejemplo, el oficiante es masculino. Es el Barón con manos Hunstman. Y precisamente ahí evidenciamos otro de los elementos diferenciadores de este matriarcalismo ligado a Cibeles: precisa de excesivos sacrificios. Y es así, porque no hay una búsqueda del sentido de la realidad, sino de la identificación de ese destino con un principio individual masculino. El Barón. Efectivamente, el matriarcalismo castellano acaba por hacer desaparecer a la madre divina por favorecer el sacrificio que proporciona el futuro como consuelo a cada individuo particular – no así el matriarcalismo vasco o gallego, verdaderamente centrado en la divinidad. En este matriarcalismo se descubre incluso una lucha individual para ver quien fue el primero en sacrificarse en honor de la diosa madre Cibeles.

Para relatarnos todo esto y más, el lenguaje es un flujo continuo que intenta atrapar el decurso del pensamiento en la vida misma. Un decurso que se va proponiendo como las capas de una cebolla, que nos va descubriendo la realidad ctónica que se oculta bajo la realidad racional en la que vivimos siempre. Y si todo comienza como una racional clase de arquitectura, ésta nos va desvelando, lo que se oculta bajo la misma, unos seculares asesinato rituales, que alguien va a intentar explicar racionalmente, y se verá, así y ahí, involucrados en los mismos.

No os equivoquéis, pues cuando más involucrados os halléis y os sintáis bien en la lectura de la novela, veréis que ésta trata de sexo. La sexualidad, pero no de cualquier manera. Os voy a revelar algo, la sexualidad e prolija en la novela, que lo es, pero no por encima de la historia que se narra, sino como si se despendiese de la misma. Quizá de donde realmente se desprende es de la mismísima diosa madre, Cibeles, como si se tratase de un contagio (pero no de un castigo) Una sexualidad que emana de la diosa Cibeles y que se  irradia como efluvios que se esparcieran por el aire y se difundieran de cuerpo a cuerpo, dilatándolo y generando en el mismo la necesidad perentoria de transcenderse a los otros de manera transcendental, así nos difundiéramos en una comunión divulgativa. Sexo como pura propaganda de la Diosa Cibeles y con el mismo ella se expande tanto como con los ritos sacrales que se ofician en su nombre o con el mero culto, oculto.

Se trata de una sexualidad difusa, que se produce por cruzada y así se extiende y esparce, como la entrega de los fieles. No se pueden detener estos personajes en su comunicabilidad, porque sus vidas consisten en divulgar como en comulgar, se difunden en los otros e irradian a la diosa extensa en su propagación. Una sexualidad difusa que se muestra como un contagio divulgativo. Lo que se divulga no pasa sólo de boca a boca sino de piel a piel y más allá de la piel. Rebasa a la mismísima carne, noblemente sádica, y así se transforma en sexualidad circulante y comunicativa.

Tener sexo para tener eco, en eso se traduce esta sexualidad difusa y propagandística. Siempre, eso sí, al amparo secretista de la Dios Madre Cibeles.

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Feria del Libro de Valladolid 2014: Entrevista a José de Cora
Xoel Prado - Antúnez 28-04-2014 | 5:26 | 0

El miércoles a las siete de la tarde, visita la fería del libro de Valladolid, José de Cora,  donde presentará y firmará su última novela, La navaja inglesa, publicada por Tropo Editores.

José de Cora es lucense, periodista, productor audiovisual y escritor. Periodista sanguíneo, que se inció en la agencia Efe como redactor, allá en la década de crisis y cambio en España, mil novecientos setenta; además de ser corresponsal en Madrid de El Progreso y de colaborar con Tiempo. La década de los ochenta lo nombró director de El Progreso y los noventa director general del grupo El Progreso. Como productor audiovisual, produjo la película de Jorge Coira, El año de la garrapata. Ha escrito una ingente obra, ensayística y literaria, de la que destacamos Manual del Perfecto Polítco, Ideologías para un Rey, El libro del viajero feliz o La verdadera historia del último inquensidor y el maravilloso oráculo de la vida. 

JMPA: Periodista, productor televisivo, y ahora, novelista, ¿la vida interpretada en 360º?

 

JdC: La novedad no es tanta. Escribo novela desde los 21 años, hace la friolera de cuatro décadas. Ésta es la cuarta publicada, a las que hay que sumar las inéditas de aquel tiempo. Sí, he trabajado en todas esas actividades y en alguna más, porque todas son una prolongación del mismo afán por comunicar. Da lo mismo cine, teatro que internet. El caso es tener cosas que decir y querer decirlas. La realidad es poliédrica y ojalá se pudiese ver desde los 360º.

 

JMPA: De los quince centímetros de la columna periodística a una novela voluminosa y kilométrica, ¿muchas diferencias entre ambos trabajos? ¿Le costó habituarse a la escritura de la novela?

 

JdC: Ya digo que no hubo gran novedad. Escribo diariamente desde la mocedad, vacaciones incluidas, y hoy arrastro una treintena de libros al margen de otros proyectos que me hacen mayor de edad, aunque joven de espíritu. Lo difícil en todos los trabajos de esa índole es llenar la primera línea de una hoja en blanco. Si sabes a dónde quieres llegar, el camino hasta la última palabra es tan difícil o tan fácil tanto si quieres alcanzar una columna, como una gruesa novela; dicho todo ello con ciertas dosis de exageración.

 

JMPA: La Cibeles, la navaja inglesa y un señor de Lugo, ¿cómo se puede integrar elementos tan dispares en La navaja inglesa?

 

JdC: Vayamos por partes. Cibeles es el nudo gordiano de la novela. Es una diosa extraordinaria, muy censurada y hoy absolutamente desconocida, hasta el punto de que mucha gente cree que es madrileña. Sus ritos sangrientos están presentes en la Semana Santa católica y durante siglos fue la indiscutible diosa de la Tierra. Su llegada a Madrid desencadena una serie de crímenes relacionados con su culto y esa trama me permite darla a conocer para que los forofos del Real Madrid sepan a quién homenajean cada vez que le ofrecen sus títulos y se anden con cuidado. La navaja es el instrumento que el asesino utiliza para castrar a sus víctimas y ofrecer los escrotos a la diosa. Y el señor de Lugo soy yo, vecino de Madrid durante diez años y subyugado por la historia de Cibeles por otras razones que sería prolijo exponer ahora.

 

JMPA:  El lector que se interrogue ante la portada de su novela sobre lo que se puede encontrar en su interior, ¿cómo le convencería para que abra el libro sin sentir ninguna reticencia?

 

JdC: El libro es de lectura obligada para aquél que pretenda pronunciar la palabra Cibeles a partir de ahora sin miedo a hacer el ridículo. Bueno, y para aquél que le guste la buena literatura. ¡Qué voy a decir yo…!

 

JMPA: Una novela de género o una novela sin más…

 

JdC: La navaja… es una novela de géneros. Yo la bautizo como novela esdrújula, porque en partes equilibradas y equidistantes, es histórica, policíaca, mistérica, esotérica, erótica, mitológica, sádica, didáctica, eclesiástica, humorística, madridística y arquitectónica.

 

JMPA: Hay una mezcolanza de personajes reales con personajes trazados por su pluma, ¿cómo se integran en la novela todo este río de acciones? ¿En un drama o en una comedia o en una conspiración erótica o quizá como un puzzle de la vida con una pizca de cada cosa?

 

JdC: Los reales, existieron. Los ficticios, no, pero bien pudieron haberlo hecho. Todos son necesarios para contar la decisión de Carlos III de colocar una diosa de características tan brutales como Cibeles en el centro exacto de la moderna ciudad de Madrid. Lo hace porque la mayoría desconoce quién es esa señora, pero la Iglesia se inquieta y algunos madrileños, como el asesino, sufren transformaciones íntimas. La novela es como la vida. Tiene de todo y en proporciones adecuadas. Muerte y sexo; erudición y humor; aristocracia y pueblo llano; sacro y profano. Al lector no le van a faltar elementos para la diversión y la inquietud.

 

JMPA:  Confieso que no he podido leer aún la novela, pero en el adelanto que se realizó de la misma, sí que he podido advertir esa su manera de escribir costumbrista y de la que usted dota a su serie de Los Pelúdez en el San Froilán. En esa serie, los personajes parecen muy vivos y como si se moviesen por sí mismos, vivos, ¿sucede lo mismo con los personajes de La navaja inglesa?

 

JdC: Ésa ha sido la pretensión y por lo que escucho de los lectores, parece que no está lejos de haberse conseguido. Por supuesto, nada tiene que ver con Pelúdez, un personaje humorístico de pies a cabeza, salvo en el afán de divertimento con distintas armas.

 

JMPA: La navaja inglesa tiene alguna pretensión más allá de la de ser un entretenimiento para el lector, un disfrute para él…

 

JdC: Me remito a una de las preguntas anteriores. Dentro de los adjetivos que le avienen a La navaja… está la intención didáctica, el entretenimiento, la excitación carnal, el estremecimiento y el gusto por una literatura cuidada y acorde a la época que se narra.

 

JMPA: Un disfrute mitológico con la diosa Cibeles pero teñido de la sangre adolescente, ¿la mitología “negra” como fundación del Madrid moderno?

 

JdC: Sí, es evidente que Carlos III, Hermosilla, o Ventura Rodríguez no pusieron la Cibeles donde lo hicieron porque quedaba bonito. Esas horteradas las hacemos hoy, construyendo sin sentido simbólico o decorando con colorines sin saber qué significa cada uno de ellos. Cibeles es patrona de las ciudades que preside y fue llevada a Roma para combatir la amenaza de Aníbal y de la hambruna con éxito total. Carlos III, que venía de Italia, sabía lo que se traía entre manos.

 

JMPA: ¿Qué pueden hacer hoy los arquitectos por mejorar nuestras ciudades o ninguna es mejorable ya?

 

JdC: Pueden hacer mucho, siempre que les dejen. Lo primero, fijarse en los clásicos y devolver a la arquitectura el sentido de equilibro entre la nueva materia y el entorno donde se instala, pero yo no soy quién para dar lecciones a los arquitectos.

 

JMPA: Suele decir que las ciudades se distinguen en dos clases, las de belleza podrida y las de podrida belleza, excepción hecha de Lugo, que es el paraíso; ¿será por eso que es un lucense el que ha de resolver los intríngulis de la historia de La navaja inglesa?

JdC: Aunque está bastante destrozada, Lugo conserva muchos rasgos de su primitiva concepción, anterior a la construcción de la muralla. Quizás eso haya podido influir porque los lucenses siempre estamos dale que te pego con el diseño ciudadano. No obstante, en mi caso han pesado más las ganas de contar una historia interesante, estremecedora y esclarecedora.

 

JMPA: Tras este periplo de presentación de su novela que hoy le detiene en Valladolid, ¿tendremos una nueva novela de José de Cora?

 

JdC: Sí, ya está terminada y en fase de corrección. Veremos cuándo puede ver la luz.

 

 

 

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.