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Ortíz – Osés

Amigo mío
Xoel Prado - Antúnez 03-02-2015 | 1:08 | 0

Decía Aristóteles que se pueden poseer todos los bienes del mundo, contabilizar todo el dinero del mundo, que no sería suficiente para animar a vivir. Lo que nos anima a vivir, sin necesidad de poseer bienes ni contabilizar dinero, es la amistad. Puede ser esta la razón de que Aristóteles se suicidase una tarde en Calcis, tras moler el bulbo de la planta matalobos, que crece en las riberas de los ríos, a gran altitud.
Es curioso, había huido de una muerte segura a manos de los antimacedónicos, que le hubiera reportado un lugar entre los laureados de la historia, pero prefirió huir a la isla que vio nacer a su madre y morir lejos de los amigos. Sin amistad no hay vida, le entendemos, ¿verdad? E incluso nos advierte de que es imposible que exista una ciudad (un estado) sin la amistad – que es probablemente lo que falte en España, la amistad (sin imposición), para poder vernos sin aplicarnos la ley fugas.
¿Qué es la amistad? Alfonso X el sabio, más sabio por viejo que por monarca, que es la vejez lo que establece la amistad. Por eso en España dejamos envejecer, fundamentalmente, los licores, pero nunca los amigos, porque somos eidéticamente borrachos, pero no eidéticamente amigos. Si siguiésemos la tónica de vejez de Alfonso X, llegaríamos a ese concepto aristotélico también de la fatría (la hermandad), que es la estación final de la amistad.
Por cierto, que es el gran acierto de Ortíz – Osés, propugnar esa fatría universitaria, de amantes del cine de Bogart, de nuestra calle, familiar, porque nos obliga a mirar a lo nuestro, a lo que no se debe olvidar ni culturalmente ni antropológicamente – como por ejemplo las múltiples fiestas dedicadas a las Vírgenes que pueblan la península, y que van más allá de lo meramente religioso. En un baño olvidado en su higiene de una estación de tren abandonada en mitad de una meseta sin población, encontré un anónimo que decía “quédate”, la palabra más bonita en el vocabulario de un amigo, terminaba.
Sin embargo, en la meseta no se queda nadie; por eso es el auténtico lugar para tener muchos amigos, que es como no tener ninguno. En esto se empeña hasta Francis Bacon, pues cataloga de desierto al hombre sin amigos. Tampoco debemos caminar al lado del amigo fiel, pues caminos solos, como advierte Bartrina. Lo que me obliga a pensar sino sería Sancho un imaginario de Quijote, al igual que lo es Watson de Sherlock – a este lo podemos ver imaginando cosas víctima de la cocaína, ¿sería también Don Quijote víctima del bálsamo de Fierabras, inútil camello?
Boccacio había leído sin duda a Aristóteles en esa línea de crear desde la amistad la fatría, cuando explica que los lazos de la amistad son más de urdimbre que los de la sangre y la familia (la fatría está más allá de la mafia, porque no exige sacrificio como está) Desde luego, si buscamos la ciencia, no hay mejor lugar que la fatría, pues la ciencia no tiene mejor lugar ni otro del que brotar que de la amistad, y, además, ¡coño!, nos hace libres. Así que si hacemos caso a Aristóteles, Boccacio, Camús y a Ortíz – Osés, la fatría es el lugar donde el hombre adquiere los lazos más fuertes de amistad, de los que hace brotar la ciencia y la libertad, y, por ende, la justicia, pues la amistad sólo pide lo honesto, que es lo nuestro (como explicó Cicerón)
Tengo que admitir que esto de la fatría me gusta, porque los que te acompañan no son como las sombras de Dossi, tan falsas, y es como lo que pedía Duhamel, que si deseamos la amistad en cualquier lugar, debemos llevarla con nosotros mismos, como  dulzura y poesía.

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Eugenio Trias
Xoel Prado - Antúnez 10-02-2013 | 7:14 | 0

Ha fallecido Eugenio Trias.

El filósofo del límite, que no de la limitación.

El filósofo que nos acercó al mapa del mundo. El mundo, ese lugar al cual  podemos aproximarnos  a la idea del mismo porque es pura dynamis, y por ello, jamás pdoremos huir . La dynamis es la emergencia del mundo en su continua reaparición, inagotable, en un proceso de constitución continua. Por eso jamás podemos aferrarnos a una Idea, no da cuenta de la realidad del mundo.

El límite, sin embargo, está ahí. En el límite estamos nosotros. El límite es el hombre mismo, somos nosotros. No podemos sólo quedarnos en la dynamis, es necesario, poder establecer la medición de esa dynamis. La ciencia, por supuesto. Es cierto que no sólo podemos mencionar sino también decir al mundo. Por eso nos debemos acercar al límite, donde el decir y mencionar se reunifican.

El límite es el lugar de la symploke, donde la razón humana que mide la dynamis, se reunifica con la dynamis en su fluir continuo. Donde la razón se une a la sinrazón y a la locura de una manera carnavalesca, donde lo bello y lo siniestro se  entrelazan de una manera inseparable.

La dinámica del límite nos explica que es en ese lugar, el límite, donde se manifiesta el fenómeno y aquello que no quiere manifestarse fenoménicamente. Un istmo fronterizo, muy sutil, pero fundacional, porque en el resurge el Sentido.

El sentido, que es la Verdad  dialógica, lo que no es único y que exige su búsqueda, o no. Igual que en la película Tiburón, que no es necesario ir a pescarlo pero nos llama, con aquella canción tan tonta, adiós y adíe, mi linda dama española…

Por eso el límite es musical, el lugar del cántico de las sirenas. Así que Eugenio, nos veremos en el límite, para nadar entre las bellas mujeres que exhalan el sentido.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.