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Pablo Nuñez

JUEGO DE REINAS DE PABLO NUÑEZ
Xoel Prado - Antúnez 12-10-2017 | 1:05 | 0

Tuve ocasión de acceder al texto de la novela de Pablo Núñez, Juego de Reinas (publicado por Edhasa, 2017), con mucha antelación a su publicación y mientras el autor trabajaba en su pulido. En aquel tiempo de lectura, cuando la novela eran un taco de folios en un ordenador, presté especial atención y en exclusiva, a la parte formal del texto y en la parte material me detuve sólo allí donde el párrafo concitaba mi atención de una manera expresa; pero no tenía ante mí en ese momento la globalidad de la obra. En una frase, no tenía todas las claves, y esta frase dicha por un druida, y quizá lo sea quien esto escribe, vertebra la totalidad de la ficción extremadamente legendaria. No lo vi en esta primera lectura porque no supe ver la globalidad del texto.jr1

 

No pretenderéis que os poronga aquí una sinopsis de la novela, ¿verdad? Seguro que acabaría por proporcionar una alguna pista sobre las claves de la lectura, si no lo he conseguido ya, y, así, no precisaríais lanzaros a la lectura de esta ficción porque podríais hablar de la misma. No. Sabed que os encontráis ante una novela excelente que se escenifica en un contexto de ritos, mitos y arquetipos del pueblo celta; y este es el primer requisito que atender para su lectura. Una novela que nos va a relatar la supuesta fundación del Reino de las Naciones celtas pero que nunca se produjo pero que realmente pudo producirse tal y como nos lo cuenta esta realidad ficcionada que ha trabajado con profusión de datos científicos y legendarios Pablo Núñez; y este es el segundo requisito. Insisto, un relato de legendaria leyenda donde se narra con peligrosidad en los detalles, el arquetipo fundacional de la Diosa Blanca, esa especial divinidad acallada y humanizada que vertebra la realidad de las Naciones Celta; y que es el tercer eje y el principal de lectura de este texto enorme.jr2

 

Como sabréis la Diosa Blanca es la luna con sus dos caras, la cierta y racional, consciente y real, pero nada verdadera; y la incierta e irracional, inconsciente y aunque irreal muy verdadera. La primera visible y luminosa; la otra nunca vista y muy convincente. La Diosa Blanca y sus dos facies, son las reinas a las que alude el título del teto y su juego de vicisitudes de guerreras celtas. La mujer en el mundo celta no es elemento social secundario y forzada, sino principal y gozosa. Mandan y ordenan y Pablo Núñez quiere relatar el ascenso al poder de esta mujer celta para gobernar la sociedad, y nos relata. Y aquí es preciso hacer un inciso en el papel de la mujer en el mundo celta, que no queda relegada a funciones procreativas ni de cuidado de la familia, sino que llega a alcanzar un estatus fundacional de la sociedad y su gobierno. Os reto a la lectura de otro texto de nuestro autor que se ha publicado en la revista Clío de Historia, sobre la función de las Mujeres Celtas, realmente complementario del texto de ficción.jr3

 

El mito de la Diosa Blanca en el texto de Pablo Núñez hace que éste tenga una atracción especial por ese aire de leyenda que se desprende de sus páginas como aroma exquisito, pero a la vez porque intenta ponernos ante la realidad de la mujer celta, no en balde los celtas fiaban toda su realidad a estas divinidades que poblaban su imaginario socio político. Si queréis saber más de este mito tan complejo, podéis leer el texto de Robert Graves, cuyo título es La Diosa Blanca; y el desarrollo íntegro de este mito celta se plasma desde un punto de vista narrativo pero muy real en la novela de Pablo Núñez.

Por cierto, en el desarrollo de esta leyenda de la Diosa Blanca vais a asistir a la aparición y basamento de otras leyendas míticas y místicas más todos aquellos ritos asociados a las mismas, ritos de paso y desarrollo vital, político y familiar.

https://www.facebook.com/pablo.nunez.gonzalez/videos/10203986126490000/

 

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Mis autores, que no debéis perder de vista
Xoel Prado - Antúnez 29-01-2013 | 11:02 | 0

Estamos llegando a final de enero y la mayoría de los periódicos publican unos artículos bien poblados de títulos y nombres propios de aquellos autores que “cagarán” una novela como quien amasa un churro o estira un acorde hacia el infinito. No entiendo cómo alguien, a no ser bajo la admonición del contrato, puede publicar una novela cada seis meses o escribirla en dos semanas. Bueno, sí, una novela puede estar preparada en un día, si te pones a la labor y no te molesta ni Boyero con sus contracrónicas cárnicas de Riddick. Lo que cuesta realmente es crear una obra literaria. Una obra literaria, que es lo que todos quisiéramos tener ante los ojos siempre. Pero supongo que es difícil, porqueno todo el mundo escribe obras literarias y se conforman con parir una novela. El otro día se publicaba una noticia que anunciaba que se publican en España en torno a 15.000 novelas anuales. Tantas novelas que son buenas, malas, regulares o simplemente humo. Pero sólo diez o doce pueden ser consideradas obras literarias.

Una obra literaria es aquella novela, en este caso, porque es lo que toca, aunque pudiera ser poema o teatro, que si no la lees te sientes huérfano de tiempo y más que encontrarla, es ella la que se epifenomiza. La epifanía de la obra literaria, sacral momento que nos arrebata el tiempo. La obra literaria, por supuesto, no precisa presentación, se presenta sola, claro, se aparece con la humildad propia de lo que se precisará por siempre. La obra literaria se revela y nos convierte en algo ecuménico, universal, es decir, el fondo inconsciente según el cual funciona la realidad, se patentiza.

Es cierto, no todas las novelas pretende esto. Las hay que sólo cuentan una historia más o menos cierta, más o menos verídica, con más o menos fortuna y no se hace precisa su lectura a nadie. Si sólo se editaran y pasaran a manos del ama de Quijana para ser lanzadas a la hoguera que en el patio hiciera, nada se perdiera. Hay novelas que sólo narran un acontecimiento y se acaba, como si buscara por exclusiva pretensión matar el tiempo y que éste transcurra, sin más. Esta claro que la obra literaria pretende más bien amplificar el tiempo para que este no transcurra, o que se haga uno con el espacio, se solapen, relativizándose. La obra literaria pretende que nos hagamos cargo del tiempo, que carguemos con él, pero en la dimensión del inconsciente colectivo, a la manera de Jung. En otras palabras, la obra literaria nos une a ella con un lazo que nos agiganta con ella, que nos amplifica, que nos convierte en symploke, esa plabra que a Platón le entusiasmaba y que aplicaba a su ciudad para explicar que en ella todo quedaba unido de manera indestructible, y que en español traduciríamos como conexionar (el entrelazamiento cuántico que define a la no separabilidad matemática y la decoherencia)

Conforme a esto, esperamos que este año se produzcan varias obras literarias, en la novela en este caso. ¿De quiénes prodrán provenir estas obras? ¿Quiénes son los autores de obra literaria en la novela? Los actuales, por supuesto, que los consagrados ya nos la otorgan de por sí, por el nombre. Nadie duda de Vargas Llosa o de Eduardo Mendoza, por dar don nombres. Pero los actuales, los que perdurarán en el entrelazamiento cuántico.

Espero este años una nueva obra literaria de Carlos Marzal, que vaya más allá de los reinos de la causalidad.

También llegará la nueva obra literaria de Marta Rivera, donde nos devuelva  a Ribanova, ese reino literario donde el espacio y el tiempo se confunde hasta con la metereología y la gastronomía, y aparezca algún nuevo personaje suave e inquietante en este horizonte.

Esperamos también una nueva obra literaria de Pedro de Paz, quizá esta vez por sendas no trazadas, donde la enfermedad y su descubrimiento repentino en los ojos pendulares de una enfermera Boscosa.

En las manos podremos tener el próximo hallazgo de David Torres, con sus surreales repeticiones de la realidad bucólica. Y en la misma línea pero aún más salvaje, Juan Bas.

Y Rafa Reig, que encubre entre las frases de sus novelas tanta filosofía de lonja clandestina que se escribe con la misma otra novela de iniciación.

Y Pablo Nuñez, que apura la historia hasta la Historia y nos permite que abordemos a las hijas “mouras” de un César desbrido como a los comandos que recuperan el legado exportable.

José ángel Barrueco, del que esperamos nos sorprenda con su especial, por sensible, captación de la realidad a través de los ojos poliédricos de una mosca en su vuelo sempiterno.

Ángela Vallvey, que nos agota tras las lecturas y relecturas de sus novelas de infinidad de vericuetos versiculares, donde se escribe la historia deshecha de esos personajes tan vivos como desnortados.

Francisco Narla, que descubrió el camino que lleva a su corazón mirando en las cristalinas aguas, en los cristalinos ojos del río Furco, de Furco, y ahora nos debe todas las literaturas que emergan entre sus vuelos.

Juan Carlos Martínez Barrio, con sus historias de corazón y tierra, de sabor a carne y sangre visceral.

Luis Amezaga, penetrante como el cuchillo sobre la mantequilla, de escritura sudorosa.

Mientras esperamos releemos con gozo nuevas obras que cayeron en nuestras manos. “Una tienda en París”, que es un compendio de la afectividad que surge en la reorganización de nuestra vida. Maxím Huerta, un gran autor lterario, por cierto. Una novela que merecerá aquí una recesión pronta, “La ciudad de los ojos grises” de Felix Modroño, magnífico. La última novela de Carmen Posadas, que también será recesionada, una novela del abajo y el arriba, “El testigo invisible”.

Y dejo para el final una recomendación de futuro. La novela que escribe con denuedo Ana I. Prado Antúnez, y que seguro sorprenderá a todos.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.