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Pedro de Paz

Mis autores, que no debéis perder de vista
Xoel Prado - Antúnez 29-01-2013 | 11:02 | 0

Estamos llegando a final de enero y la mayoría de los periódicos publican unos artículos bien poblados de títulos y nombres propios de aquellos autores que “cagarán” una novela como quien amasa un churro o estira un acorde hacia el infinito. No entiendo cómo alguien, a no ser bajo la admonición del contrato, puede publicar una novela cada seis meses o escribirla en dos semanas. Bueno, sí, una novela puede estar preparada en un día, si te pones a la labor y no te molesta ni Boyero con sus contracrónicas cárnicas de Riddick. Lo que cuesta realmente es crear una obra literaria. Una obra literaria, que es lo que todos quisiéramos tener ante los ojos siempre. Pero supongo que es difícil, porqueno todo el mundo escribe obras literarias y se conforman con parir una novela. El otro día se publicaba una noticia que anunciaba que se publican en España en torno a 15.000 novelas anuales. Tantas novelas que son buenas, malas, regulares o simplemente humo. Pero sólo diez o doce pueden ser consideradas obras literarias.

Una obra literaria es aquella novela, en este caso, porque es lo que toca, aunque pudiera ser poema o teatro, que si no la lees te sientes huérfano de tiempo y más que encontrarla, es ella la que se epifenomiza. La epifanía de la obra literaria, sacral momento que nos arrebata el tiempo. La obra literaria, por supuesto, no precisa presentación, se presenta sola, claro, se aparece con la humildad propia de lo que se precisará por siempre. La obra literaria se revela y nos convierte en algo ecuménico, universal, es decir, el fondo inconsciente según el cual funciona la realidad, se patentiza.

Es cierto, no todas las novelas pretende esto. Las hay que sólo cuentan una historia más o menos cierta, más o menos verídica, con más o menos fortuna y no se hace precisa su lectura a nadie. Si sólo se editaran y pasaran a manos del ama de Quijana para ser lanzadas a la hoguera que en el patio hiciera, nada se perdiera. Hay novelas que sólo narran un acontecimiento y se acaba, como si buscara por exclusiva pretensión matar el tiempo y que éste transcurra, sin más. Esta claro que la obra literaria pretende más bien amplificar el tiempo para que este no transcurra, o que se haga uno con el espacio, se solapen, relativizándose. La obra literaria pretende que nos hagamos cargo del tiempo, que carguemos con él, pero en la dimensión del inconsciente colectivo, a la manera de Jung. En otras palabras, la obra literaria nos une a ella con un lazo que nos agiganta con ella, que nos amplifica, que nos convierte en symploke, esa plabra que a Platón le entusiasmaba y que aplicaba a su ciudad para explicar que en ella todo quedaba unido de manera indestructible, y que en español traduciríamos como conexionar (el entrelazamiento cuántico que define a la no separabilidad matemática y la decoherencia)

Conforme a esto, esperamos que este año se produzcan varias obras literarias, en la novela en este caso. ¿De quiénes prodrán provenir estas obras? ¿Quiénes son los autores de obra literaria en la novela? Los actuales, por supuesto, que los consagrados ya nos la otorgan de por sí, por el nombre. Nadie duda de Vargas Llosa o de Eduardo Mendoza, por dar don nombres. Pero los actuales, los que perdurarán en el entrelazamiento cuántico.

Espero este años una nueva obra literaria de Carlos Marzal, que vaya más allá de los reinos de la causalidad.

También llegará la nueva obra literaria de Marta Rivera, donde nos devuelva  a Ribanova, ese reino literario donde el espacio y el tiempo se confunde hasta con la metereología y la gastronomía, y aparezca algún nuevo personaje suave e inquietante en este horizonte.

Esperamos también una nueva obra literaria de Pedro de Paz, quizá esta vez por sendas no trazadas, donde la enfermedad y su descubrimiento repentino en los ojos pendulares de una enfermera Boscosa.

En las manos podremos tener el próximo hallazgo de David Torres, con sus surreales repeticiones de la realidad bucólica. Y en la misma línea pero aún más salvaje, Juan Bas.

Y Rafa Reig, que encubre entre las frases de sus novelas tanta filosofía de lonja clandestina que se escribe con la misma otra novela de iniciación.

Y Pablo Nuñez, que apura la historia hasta la Historia y nos permite que abordemos a las hijas “mouras” de un César desbrido como a los comandos que recuperan el legado exportable.

José ángel Barrueco, del que esperamos nos sorprenda con su especial, por sensible, captación de la realidad a través de los ojos poliédricos de una mosca en su vuelo sempiterno.

Ángela Vallvey, que nos agota tras las lecturas y relecturas de sus novelas de infinidad de vericuetos versiculares, donde se escribe la historia deshecha de esos personajes tan vivos como desnortados.

Francisco Narla, que descubrió el camino que lleva a su corazón mirando en las cristalinas aguas, en los cristalinos ojos del río Furco, de Furco, y ahora nos debe todas las literaturas que emergan entre sus vuelos.

Juan Carlos Martínez Barrio, con sus historias de corazón y tierra, de sabor a carne y sangre visceral.

Luis Amezaga, penetrante como el cuchillo sobre la mantequilla, de escritura sudorosa.

Mientras esperamos releemos con gozo nuevas obras que cayeron en nuestras manos. “Una tienda en París”, que es un compendio de la afectividad que surge en la reorganización de nuestra vida. Maxím Huerta, un gran autor lterario, por cierto. Una novela que merecerá aquí una recesión pronta, “La ciudad de los ojos grises” de Felix Modroño, magnífico. La última novela de Carmen Posadas, que también será recesionada, una novela del abajo y el arriba, “El testigo invisible”.

Y dejo para el final una recomendación de futuro. La novela que escribe con denuedo Ana I. Prado Antúnez, y que seguro sorprenderá a todos.

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Las mejores novelas del 2012
Xoel Prado - Antúnez 07-01-2013 | 9:25 | 0

Hago esta lista desde la más absoluta subjetividad, porque en esta elección, no puede uno ser objetivo. La verdad es que establecer que alguien esté en una lista o no, sólo puede ser establecido desde unas coordenadas estéticas, y las mías son la originalidad, la belleza, lo agradable y lo interesante. Siguiendo estas estelas establezco las siguientes novelas como mejores de este 2012:

La vida después de Marta Rivera de la Cruz

Ostras para Dimitri de Juan Bas

La senda trazada de Pedro de Paz

Assur de Francisco Narla

Punto de fusión de David Torres

Mientras duermen os murciélagos  de Emilio Aragón

El asesino de Venecia de Antonio Civantos

Lo que no está escrito de Rafael Reig

Una tienda en París de Maxím Huerta

La ciudad de los ojos grises de Felix G. Modroño

Misión olvido de Maria Dueñas

y permitidme que entre yo mismo en esta lista, porque en ella me introdujeron en una web llamada las lecturas de shaka:

Hasta los cuervos picotean las cerezas de JM. Prado – Antúnez

Es indudable que caben más, pero máñana os listaré aquellas que son las peores. Nunca he sido partidario pero es indudable que si no lo escribo, las peores, nunca me tomarán en serio.

 

 

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LA SENDA TRAZADA DE PEDRO DE PAZ
Xoel Prado - Antúnez 21-06-2012 | 7:54 | 0

XX Premio de Novela Luis Berenguer. Algaida, Sevilla, 2011. 358 pp. 20 €

He finalizado la novela de Pedro de Paz, la senda trazada. Sé de otras novelas que ha publicado este autor, como “El hombre que mató a Durruti” , “Las muñecas tras el cristal” o “El documento Saldaña”. Cualquiera de esas novelas vale el tiempo de leerlas, por supuesto. Pero, centrémonos en La senda trazada, a la que, como veis, se la otorgó el XX premio de novela Luis Berenguer. Una novela que cualquiera por su portada, la cataloga de género, y negro por supuesto. Pero más bien podría decirse que es novela turbia, como el bien ribeiro de mesa, de la casa, que lo dicen. No en balde, lo interesante de la novela comienza por su personaje principal, un mediocre fotógrafo, que, como se autoproclama frelance, se cree la reencarnación de Brasai. Como dirá Sócrates, quién si no, nosotros mismos somos este personaje principal, nuestra vida paupérrima, vulgar siempre, y que nos hunde en la desesperación porque no hayamos ese triunfo buscado. Y mientras llega o no llega ese famoso triunfo que con denuedo buscamos, huimos como el humo de los perseguidores acaudalados que pretender que nos convirtamos en caudal de su caudal. Y aquí se inicia la originalidad de esta novela, cuando el personaje principal, Alfonso Heredia, accede a Nostradamus, San Germain y Alesteir Crowley en un sólo libro encuadernado pero escrito hasta cierta página.

Vaya que cuando peor estamos y hasta con los acreedores en los talones, la compasión por nos, proviene del mundo mágico, de las librerías de viejo que surgen de la nada en los barrios más viejos. Y hete aquí que, de la noche a la mañana nos vemos con todo el oro del mundo en las manos. Dicho lo cual, sabemos que no se hace camino al andar, sino que la vida es una andanada de hostias que podemos evitar si sabemos leer en los libros (en todos los libros) las pistas que nos van dando para que hallemos ese tesoro que es lo que esperamos durante toda la vida, esa eterna necesidad del conocimiento, en este caso, del quién y el qué nos descubre el descubrimiento, quién ha dado ese paso adelante para ponernos ante los ojos la realidad – la verdad está al otro lado, en los criptomágico, en lo intramundano, en lo “cismundano” diría Álvarez de Miranda.

Y aquí comienza la parte frenética – pausada de la novela, la necesidad del descubrir, de olvidarse por un instante de las revelaciones, para saber quien es el rebelderevelador de todo esto. Y perdemos el significado del mundo – esas amistades que pos egoísmo mantenemos, porque nos mantengan – para hacer emerger el sentido de todo lo que sucede, sobre todo del porqué a mí: del egoísmo al egolatrismo, que son distintos con ser el mismo ego.

La belleza de esta novela reside en que todo lo que hemos apuntado que oarece suceder lo ahce en imágenes. Sí, amigos, uno va viendo el suceder de las frases como un suceder de imágenes: es un libro en film, poque cada letra, cada frase, el conjunto de la novela, se muestra como un agradable film  lance, donde va aconteciendo la realidad posmoderna de la liberación, la contrarealidad amoderna de la liberalidad mágica, la necesidad de robar a los demás su egolatría y el desenlace apropiado para todo este maremagnúm de puro rockandroll y que dejamos a la mirada indiscreta del lector de solapas, cuando la solapa se acaba y exige que se siga más allá, hacía la blanca página escrita que es como la negra pantalla cinematográfica donde se va a representar la ascensión siempre en caída de otro Heredia. A leerlo nuevo o de nuevo, si ya lo leíste.

JM. Prado – Antúnez

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.