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Temas de Hoy

Ronin de Francisco Narla
Xoel Prado - Antúnez 04-03-2014 | 1:45 | 0

Hemos finalizado la lectura de la última novela de Francisco Narla, Ronin, publicada por Temas de Hoy, de la Editorial Planeta, y con una paginación extensa, 863 páginas, pero muy vivas. La novela en sí son 829 páginas y el resto lo conforma el cuaderno del autor, donde explica, como una gran nota a pie de página, el proceso de escritura de la novela.

Narla es un autor que se descubrió como relator de historias en su anterior novela Assur, una novela que resulto un éxito: novela fresca y con una manera de trabajar muy carismática.

No descubrimos nada si establecemos la predilección de Narla por la novela romántica inglesa, muy a la manera de Sir Walter Scott y su Señor de Balantry. Un personaje central muy reconocible, perfectamente delineado física y psicológicamente, que por herencia le corresponde todo en la vida, pero que la misma vida se lo va arrebatando; y le obliga a luchar por la consecución de lo que pertenece por mor de la aventura audaz. Esa aventura que extraía de los personajes lo mejor de sí mismos y lo peor: lo primero, para ser potenciado; lo segundo, para asumirlo positivamente en la propia identidad. Sin aventura audaz no hay identidad. En este caso, en la novela Ronin, la identidad de Dámaso, que se la ha de construir, como en Assur, alejándose de lo que quiere, perdiéndolo para ganarlo,su Constanza. Y estas resultan ser dos líneas argumentales de la novela.

(Inciso: conste que estas dos líneas argumentales de inmediato nos han remitido a la Odisea. De nuevo, Dámaso, como Ulises, ha de abandonar su tierra para ganarla tras un periplo por la mar océana, repleta de innúmeros peligros, que le manda su contrapeso en la historia y que, en sólo uno, es todo los pretendientes de Penélope, Hortuño de Andrade; y, por supuesto, Penélope, esa Constanza menina, adorada)

Tampoco descubrimos nada, si os digo la especial relación de este relator de historias de juglar, con la Historia en sí misma. Emplea la Historia real para co – fabular sus historias de cantar de ciego en la plaza mayor. En este caso, la embajada que en 1614, trajo “a los enigmáticos samuráis hasta la Península” y que se va a urdimbrar con los otros dos mares argumentales, conformando la totalidad de la novela. Porque esa embajada que llega a España, caso curioso, va a dar pie a que la historia de configuración de identidades entre Dámaso y el Ronin, Saigo Hayabusa, hasta diluirse el uno en el otro. Algo que es del agrado de Narla, esa necesidad de unificar culturas, y que quedaba palpable en Assur. En este caso, la unidad de lo oriental y lo occidental, inconmensurables entre sí por las contradistintas concepciones del tiempo y del espacio, pero que Narla consigue que se asuma en la lectura de la historieta que le sucede a la figura unificada de DámasoSaigo.

Tampoco descubrimos nada nuevo si hablamos de la necesidad de Narla de hacer viajar a sus personajes por el amplio mundo. De la corte Española a Japón; de Filipinas a Monforte de Lemos, de Madrid a Valladolid para salvar las confrontaciones civiles que identifican los mundos paralelos de Japón y España. Para ganar una identidad a través de la recuperación de lo perdido, el honor, la vida, o para construir lo que no se tiene aún. Y éste es el motivo de peregrinaje de los personajes de la novela, a través de la narración de Narla.

Tampoco descubrimos nada nuevo si decimos lo mucho que está documentado cada episodio que transcurre en la novela. Una documentación histórica que Narla sabe introducir sin exasperar al lector, puesto que lo más importante no es lo histórico sino la aventura audaz que enhebra de sentido lo histórico. En efecto, sin ese periplo en ambos sentido culturales, ese periplo de capa y espada o de daga mortal y catana afilada, ese periplo de aventura y odisea, la historia de la embajada de samuráis de 1614, perdería su historicidad y quedaría en un dato anecdótico muy singular; y ya está. Sin embargo, la necesidad de recuperar la identidad perdida o la que jamás se tuvo, a base de la confrontación personal y armada, confiere a la embajada de samuráis en un hecho para la eternidad. No es de extrañar que fuera elegida como la mejor novela histórica del 2013, además de una mención especial, hablo de memoria, del gobierno Japonés.

Tampoco descubrimos nada nuevo si explicamos que el sentido narrativo  de Narla siempre es elegante, desde sus primeras novelas, claro y distinto, muy cartesiano, pero, a la vez, igual que la prosa cartesiana, muy cuidada y elaborada. No os debe engañar esa simplicidad de lo distinto, de la misma manera que no es una novela histórica siendo historicidad pura, tampoco es simple, siendo distinción pura.

Sin embargo sí que hay algo novedoso en la novela de Narla, como un juego oculto pero sin estar oculto. Se trata de la estructura de la novela, basada en el juego del Go, que, como la propia novela, es un juego simple en sus reglas pero complejo en sus estrategias. Al igual que la novela, que se va desarrollando con la simplicidad de su frase elegante, pero la estrategia de cada personaje es compleja. Saigo va ocupando tres parágrafos, igual que Dámaso, luego, dos, luego uno, pasamos a tres. Como si fuese poniendo las piedras blancas y negras sobre un tablero de Go. Y así se va desarrollando la historia y la épica de este cantar de gesta moderno y muy juglaresco.

Gracias a este juego implícito en la novela, no es sólo una novela sino mucho más, y requiere más que la lectura, la relectura.

Y no olvidéis que aún nos queda el cuaderno de notas, para refrescarnos históricamente.

Ahora, toca leerla por vuestra parte, claro. ¿A qué aguardáis? Podéis jugar leyendo y llegara ser SaigoDámaso.

Inciso: no creo que sea una novela de venganza, ni que esta comparezca como elemento mediador entre ambas culturas. Más bien, se trata de una recuperación de lo expoliado por el otro ventajista.

Último inciso: como en Assur, la amistad es el elemento que ayuda en la confrontación recuperativa. En Assur, esta amistad era con fundamento en la Naturaleza, Furco, ese lobo salvaje que acompañaba al personaje central. Aquí la amistad es a través de la cultura, porque se supone que de esa recuperación que realizan SaigoDamaso, surge la unidad del yin y el yang, comparece en Tao, lo Uno: la necesidad de la espera del samurái en unidad dualéctica con la aventura audaz del mundo angloromántico.

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ASSUR DE FRANCISCO NARLA
Xoel Prado - Antúnez 25-06-2012 | 6:36 | 0

EDITORIAL: Temas de hoy COLECCIÓN: TH Novela
PÁGINAS: 960.

Este escritor lucense, se luce presentando su tercera novela, de título Assur. Antes nos sorprendió con una delicia de novela, Los lobos del centeno; y con otra, a medio camino entre la ficción y la realidad técnica del vuelo, Caja negra. La primera, me gustó porque remitía a las leyendas ancestrales de Ca- lech, que es como me gusta denominar a mí a esta nosa terra. Aunque el imaginario que rescataba de esa Galicia, era demasiado consciente. La segunda, no pude leerla, lo confieso, excesivamente involucrado en otros quehaceres propios.

Esta nueva novela se ha presentado a todo el mundo como el proyecto más personal de Francisco Narla, y no lo dudamos, porque en cada página, en cada frase, en cada palabra, refulge la mirada ansiosa de procurar la siguiente palabra, la siguiente frase, la siguiente página. Porque la historia le brota como una erupción volcánica necesaria. Es una historia que se cuece en el interior del volcán, como en Lanzarote, en la parrilla sobre la lava, la carne. Y permitidme que inicie la recesión de la novela de Narla de esta manera, la historia de Assur es carne viva o símbolo rescatado que se nos clava en lo profundo del alma y nos remite, queriendo, a lo más profundo del insconciente colectivo. Un incosnciente profundo y verdadero, no manido y de programa televisado. Y quizá sea de esta manera, por lo que es original esta historia.

La historia es larga, no de saga ni epopeya inventada o revelada al autor, sino de historia a sangre y fuego. Una historia contada desde la precisión del coleccionista de hechos, al mínimo detalle, sobre las incursiones de los temibles guerreros nórdicos sobre la capital oficial del otro reino que no es de este mundo, Compostela. Quiero llamar la atención sobre este detalle de interés capital, el rigor en el proceso de documentación, que no es propio de esas novelas “históricas” que inundan las librerías, donde la Historia queda supeditada a la historia como trama. Aquí, al revés, leemos y descubrimos que la historia como trama es el entretenimiento que hilvana la poco conocida Historia elegida por Narla, la invasión vikinga de compostela en el siglo X. Gentes nórdicos a la búsqueda de lo que oculta Compostela, y en su camino, saquean y asesinan, raptan y devastan y muestran su cara más audaz, conquistadora.

Pero faltan novecientas páginas, porque el libro es largo y se asemeja a la carpeta a fin de curso, repleta de apuntes. Aunque no son para quemar, llegados a estas fechas sanjuaneras, sino para disfrutar. O quizá vivificados por el fuego, somos capaces de convenir en la originalidad de la historia, que son los ojos de un niño, que no crece, como un peterpan de Ca – lech, los que nos van conduciendo a la lo largo de esta historia de nórdicos y nordoestanos, en pugna real durante años. Los ojos de niño muy inocente, dedicado a la cuida del ganado y a la pesca de la trucha, al que le cambian la vida estos vikingos, que usurpan la vida de los otros. Y vamos a acompañar a ese niño a lo largo de novecientas páginas, luchando por su vida, por la de los otros, por la vía de las estrellas, por campos de sangre, por campos de amor.

Del hundimiento del ánimo a la resurrección del ánima, quizá pudiera ser el título de estas novecientas páginas que hemos leído, que os invito a leer, donde un niño debiera haber crecido en un paisaje idílico (como tenemos amigos comunes, sé del lugar donde descansa Narla, semejante al edén inicial de la novela, con lobo y todo) pero que precisó retrasar su vida en el edén porque debía cumplir con una misión casi divina. Y en esto consiste la belleza de esta novela, en ese transcendental retorno al origen para volver a crecer y recuperar su infancia, y progredir hacia la madurez. Pero sólo en ese instante puede reemprenderse la vida.

Y como no todo es recesión, toca ahora que dirijáis los pasos a la librería, acojáis entre vuestras manos el libro, lo abráis por la primera página, ASSUR, de Francisco Narla, y comencéis a leerla. Merece el momento de arrebato que requiere.

JM. PRADO – ANTÚNEZ

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.