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Todos los buenos soldados

Todos los buenos soldados de David Torres
Xoel Prado - Antúnez 20-03-2014 | 8:37 | 3

He leído hace ya algún tiempo la novela Todos los buenos soldados de David Torres, publicada por Planeta y no me he puesto a escribir nada hasta hoy, porque he preferido que latiera la novela en mi interior, hasta que pasará la conmoción que genera su lectura. Me conmocionó, sí, esa es la palabra, esta historia tan breve en el tiempo de su desarrollo como larga y conflictiva en la memoria que la guarda. He leído doscientas ochenta y dos páginas repletas de peticiones de reconocimiento que exigían unos personajes sentían desesperadamente ninguneados a pesar de que se esforzaban contra los elementos en construir un tiempo heroico en la salvaguarda de la esencia hispánica, recuperar el honor invadiendo otros mundos y que estén en éste, por supuesto. 

Esta historia de recuperaciones esencialistas tiene lugar durante la guerra del Sidi Ifni, guerra del que tengo una imagen triste y una palabra declarativa. La imagen triste es la de Ahí va otro reculta, José Luis Ozores de héroe increíble al tomar una loma; y la palabra declarativa es la de mi propio tío, que siempre afirmo apodíctico que él hizo la guerra del Sidi Ifni, con todas las letras, pero el mundo en general a su alrededor confirmaba que aquella guerra “cebolleta” no consistió sino en un ejercicio paracaidístico.

En este contexto negado y renegado, se va a desarrollar una historia de relaciones chusqueras. Una hermandad de mandos chusqueros que, como siempre, ocultan sus verdaderas relaciones bajo la patriótica divisa de todo por la patria. Una historia que se cuenta de una manera azarosa y amable, cuyo inicio rememora ese recluta con niño que se encuentra con el mando más amable del ejército, que sin duda le ayudará a pasar los malos tragos o así lo intuimos, y, muy al contrario, este mando fuera de la escala de mando, será el quicio que lo explique todo pero desquicie a su vez esta historia. Un cambio de rumbo continuo de unos personajes que son y modifican su conducta al socaire del aire del desierto o si sopla del mar o de la península.

En este contexto negado y renegado y entre esta hermandad de mandos chusqueros aparece la figura real de Miguel Gila, con sus monólogos de toda la vida para alegrar la existencia a la tropa y que sean capaces de subsistir, al menos, un día más. Lo curioso del caso comienza cuando Gila se entremete en la acción por culpa del pensamiento chusquero (cuidado con la reacción de un sargento) y de figura real se transmuta en ente de ficción que deshilvana el mal que aflige a los acuartelados, a través de sus monólogos míticos. Algo más, a través de esta conversión, todos aquellos personajes de ficción adquieren su realidad posible.

En definitiva, todos los estados posibles de cada asunto se hacen reales a través de los monólogos míticos de Gila y la historia que se nos cuenta va retorciéndose de una manera que nos conmociona.

La novela Todos los buenos soldados, es una excelente novela, que salpica nuestra comprensión con todo aquello que se niega y nos exige que pongamos en liza nuestra capacidad de asumirlo.

Bien escrita y mejor hilvanada, va consiguiendo que circulemos por la historia, acompañando a Gila, como el observador que todo lo modifica. Como el gato de Schrödinger, imaginando a cada momento en que instante irreal se encuentra la historia mientras esta se retuerce en el interior de la caja del experimento.

Buena lectura que no sólo calma el hambre de ficción como a un Sultán Schariar sino que nos exige el pensamiento rápido para circular a cada momento por los diferentes cursos y recursos de esta historia, que ya no se nos asemeja tan chusquera, aunque la teja una hermandad de chusqueros.

De imprescindible lectura.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.