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una muñeca hinchabe

WILT de TOM SHARPE (versión teatral)
Xoel Prado - Antúnez 28-10-2012 | 8:41 | 0

Ayer asistí a la representación teatral de Wilt. La representación es una versión de la famosa novela de Tom Sharpe, con el mismo título. Representar en escena una obra narrativa y además archiconocida y setentera (y que no aguanta hoy una relectura porque la realidad la ha rebasado con creces) es arriesgado. No me olvido, en este sentido, de “El pisito”, la famosa película que fue llevada a la escena y sólo el extraordinario hacer en la misma del grupo de actores, la sacó adelante.

El otro punto de riesgo se encuentra en que casi todo el mundo que asiste a la representación ha leído y hasta releído la obra narrativa y la historia de Wilt reside en la mente del espectador. Por lo tanto, sacar adelante una obra teatral con estos obstáculos de inicio es una demostración no sólo de pundonor, sino de saber hacer con excelencia el trabajo y tener lo que se dice, sentido de escena. Es decir, ser un “animal teatral”, como explicaría Aristóteles se pudiera.

Se alza el telón y se inicia la representación.

La escena es sorpresiva, sólo unas sillas de cuero negro y dos pantallas separadas de proyección, el resto salidas y entradas de vodevil. Salidas y entradas de la verdad a la mentira, de la mentira a lo que queramos creernos, de la representación a la proyección que presenta, y, además, nos hacen creer que el escenario es rotatorio, como si la vida circulase de derecha a izquierda y, sobre todo, por detrás, tras los proyectores (lo que me trajo a la memoria aquella frase de Goethe en su famoso Fausto, cuando a éste le indica el diablo que la verdad siempre se daba von hinten, es decir, por detrás)

Y en este escenario se va a desarrollar la historia ya conocida. ¿Cómo? La solución al problema teatral con recursos cinematográficos. Vamos a ver cómo se desenvuelve el embrollo a través de un flashback cuasi en el presente continuo. Un flashback que va a sostener Wilt y las pantallas cinematográficas, donde se va a proyectar los deseos imposibles de los protagonistas. Un flashback que va y viene de manera vodevil y en circular, en un tempo agitato ma non troppo. Este agitato en presente continuo consigue que la representación teatral sea novedosa, e incluso sorpresiva, para quien ya ha leído la novela. Además de este flashback, también se utiliza una interpelación al público para buscar una complicidad de Wilt con el mismo, ya que Wilt se presenta desde el comienzo sabedor de la historia, que la cuenta, y no va a evolucionar desde lo alicaído hasta que alcanza su personalidad meritoria.

Como podéis ver la parte formal de la obra se ha trabajado perfectamente bien y con el objetivo de que trasladarle al espectador a la sorpresa al ver la obra, y vean a un Wilt distinto. Objetivo que se alcanza por el esforzado trabajo de los  actores de una manera eficiente.

Empezando por Koldo Losada y Aitziber Garmendía. Estos dos actores van a componer el esqueleto de la obra, un esqueleto que no es de plástico, por supuesto. Entre ambos, van a interpretar a los ocho personajes que dan continuidad al flashback de Wilt, hasta que convierten la representación teatral en un presente continuo. El esfuerzo interpretativo y la capacidad de registros, que Ana Milán define con un movimiento de dedos y un chas – chas, de ambos actores les confiere una genialidad que traspasan a la obra y que elevan al espectador al engaño de la representación. Sobre todo, la interpretación de Gastón por Koldo Losada, inconmensurable; y la de Aitziber cuando suda y nos convence con la interpretación de la profesora entrometida.

Ángel de Andrés me convence como un inspector Flint que se ríe de sí mismo, como si nunca quisiera que acabase la representación y seguir siendo Flint en el eterno retorno del vodevil en el que participa por convicción. Porque él es un inspector de verdad, incluso cuando le rebaja Koldo Losada interpretando al encargado de la obra, a sargento; o cuando llora su desesperación inspirativa, con ese Wilt a lágrima sosegada.

Fernando Guillén inventa a Wilt, reinventa a Wilt. Porque el Wilt narrativo y cinematográfico es un personaje anodino, apocado, incapaz, pisoteado, queda oculto en las pantallas que proyectan lo que fue, y él ya es en el presente continuo del flashback el Wilt renovado. Eso le da al personaje unos matices novedosos que nunca tuvo antes y recrea la obra y la innova. Es encantador en sus gestos de admiración y sorpresa, cuando enmarca las cejas como acentos circunflejos y su silencio es conmovedor.

Ana Milán. Confieso que esperé su salida a escena para verla en escena por vez primera, con la imagen de su televisibilidad en la cabeza. Y aparece con un esplendor que llena la escena por completo, animal de escena, que me retrotrajo a la obra que ví en el 92 en Madrid, Viva el cuponazo, con Rafaela Aparicio. Y es que, como aquélla, sale a escena, te gana y quieres que siga siempre. Es más, cuando desaparece de escena, se la echa de menos, y esperas que salga ya y que vuelva a representar el optimismo expreso que su sonrisa marca y su mirada remarca. Es cierto que quieres más y no te importaría volver a repetir la experiencia de reveer la obra, por cierto.

Lo dicho, un esfuerzo de formalidad teatral que aprovecha toda la potencialidad que tiene un escenario por sí mismo y sólo revestido de la carnalidad interpretativa de los actores, geniales todos. Unos porque arman el esqueleto de la representación, los otros porque la recubren y todos al conseguir que la obra resulte novedosa, a pesar de los obstáculos de los que parten.

Absolutamente recomendable, y para no perdérsela, si quieres poder hablar de un gran acontecimiento teatral.

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.