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Poundemonium de JULIÁN RÍOS
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Xoel Prado - Antúnez | 28-06-2012 | 22:16| 0

A bate pronto, Poundemonium, es un “pandaimonenium” – la firma con la que Julián Ríos rubrica sobre el mundo: el paso de su rubricón, con elefante y todo. Sobre todo, por la trompa que todo el mundo muestra y todo el mundo pilla y alguna agraciada de mamas, mama como buena “amamante”. Ante todo, porque todos los demonios emergen del Tam-tam-tam-amnesis, ese Támesis que es memoria y es moralia, pero,contra todos, moralina victoriana, no victoriosa. El rubricón que se recuerda: pan-amnesis, tan-amnesis, Támesis. Un río que es todos los ríos, Julián “oneriver”.

A bote tonto, todo se inicia fenicio en una hoja de aligeramiento, la primera, aquella cuya frase incipiente es un esplendor luciferino en la oscuridad reinosa, copiosa, ruinosa, porque da paso con peso, desde las sombras fondosas de Brook Green a los

escaparates oscuros de Shepherd’s Bush Road, acaudalando a un pobre diablo de sucia manta, todo el Spirit of London y a que alguien remembre mimbroso, un viaje al fondo de la mar, en verdad, una “beodisea” desde “Ship and Whale” hasta el “Albany”, la mar de la mer de quijotesco, de tasca en tasca, ver-odo, lo que incita, citando de buena cítara, a verlo todo, incluso la muerte, la buena fuente, the long wáter, el tam-amnesis que nunca se a gota a gota.

A brote de buen cubero, son las eternas historias de los odiseosos sedados de alcohol, que, como alondras, van por Londres, en un vuelo, en busca de su fuel, y brusca mente, hallan a la turgencia, que con urgencia, aquí al lado, contra locas y “estravestidores”

de puerto, les practican un abrasante “chupatirón” con los labios emporrados, oh, la lang, que longjhon. A canto seguido, cuenta cuántas personas son, milalias con milebrios: Rimbaudelaire y Reybaldo Reis, que si beben se iluminan erróticamente y  les entra un leighmotiv tervergisivo, y se hacen a la Babel de una noche de San Juan, con mil de focs, foscos y ofuscos. Es Ra el que los guía por las extrabraganzas ofelísticas, por los móvil Dicks de la noche, y se mueven con dinero, con LSD, libras, chelines y peniques, pounds and pounds, Ezra Pound que ha muerto.

Ha muerto el mejor fabricante de versos, el poeta, el gran Pound merece un velorio y un villorio, este ingente degente Londres de la patria mía, muros que no muraran, murmurarán! Curioso este poeta que pretendió modificar la poesía a fuerza de traducir del chino un Cathay de poemas, que Confucio! tan confundido. Tal que crea escuela la esquela y su muerte es INRI, es un auto de fénix, fenixio. A cuatro voces en el cuarto discruten discursiblos con la treta en la mano, sobre personae y sorben a la personae de la “madama de manos de mantequilla”.

Y buscan bucaneros a los bruscaneros, el Albany al fin, en Deptford, Tam- amnesis abajo, y finalizar esa vela diosvelante, violantes, en los brazos graciosos de Babelle, que es la mejor frígida para frostarse y acostarse vrigidamente, virginamente, fock con male west!, que sueña con un  alba que no llega nunca en el Albany, o con detener y detonar el alba con tanto desdoblamiento en su última nota, peregrinos por este Londres de

alondras.

Como a buen entendingdong, cualquier disco le fonograss, diré que Poundemoniun es un “Long Pound of a great picture book”, un larga duración de imágenes de libro, un libro de larga duración puesto en imágenes, una imagen que no vela en mil palabras, y las vale.

¡Vale, venga, vengrass above us! Abre el libro y leerelelelé!

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ASSUR DE FRANCISCO NARLA
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Xoel Prado - Antúnez | 25-06-2012 | 16:36| 0

EDITORIAL: Temas de hoy COLECCIÓN: TH Novela
PÁGINAS: 960.

Este escritor lucense, se luce presentando su tercera novela, de título Assur. Antes nos sorprendió con una delicia de novela, Los lobos del centeno; y con otra, a medio camino entre la ficción y la realidad técnica del vuelo, Caja negra. La primera, me gustó porque remitía a las leyendas ancestrales de Ca- lech, que es como me gusta denominar a mí a esta nosa terra. Aunque el imaginario que rescataba de esa Galicia, era demasiado consciente. La segunda, no pude leerla, lo confieso, excesivamente involucrado en otros quehaceres propios.

Esta nueva novela se ha presentado a todo el mundo como el proyecto más personal de Francisco Narla, y no lo dudamos, porque en cada página, en cada frase, en cada palabra, refulge la mirada ansiosa de procurar la siguiente palabra, la siguiente frase, la siguiente página. Porque la historia le brota como una erupción volcánica necesaria. Es una historia que se cuece en el interior del volcán, como en Lanzarote, en la parrilla sobre la lava, la carne. Y permitidme que inicie la recesión de la novela de Narla de esta manera, la historia de Assur es carne viva o símbolo rescatado que se nos clava en lo profundo del alma y nos remite, queriendo, a lo más profundo del insconciente colectivo. Un incosnciente profundo y verdadero, no manido y de programa televisado. Y quizá sea de esta manera, por lo que es original esta historia.

La historia es larga, no de saga ni epopeya inventada o revelada al autor, sino de historia a sangre y fuego. Una historia contada desde la precisión del coleccionista de hechos, al mínimo detalle, sobre las incursiones de los temibles guerreros nórdicos sobre la capital oficial del otro reino que no es de este mundo, Compostela. Quiero llamar la atención sobre este detalle de interés capital, el rigor en el proceso de documentación, que no es propio de esas novelas “históricas” que inundan las librerías, donde la Historia queda supeditada a la historia como trama. Aquí, al revés, leemos y descubrimos que la historia como trama es el entretenimiento que hilvana la poco conocida Historia elegida por Narla, la invasión vikinga de compostela en el siglo X. Gentes nórdicos a la búsqueda de lo que oculta Compostela, y en su camino, saquean y asesinan, raptan y devastan y muestran su cara más audaz, conquistadora.

Pero faltan novecientas páginas, porque el libro es largo y se asemeja a la carpeta a fin de curso, repleta de apuntes. Aunque no son para quemar, llegados a estas fechas sanjuaneras, sino para disfrutar. O quizá vivificados por el fuego, somos capaces de convenir en la originalidad de la historia, que son los ojos de un niño, que no crece, como un peterpan de Ca – lech, los que nos van conduciendo a la lo largo de esta historia de nórdicos y nordoestanos, en pugna real durante años. Los ojos de niño muy inocente, dedicado a la cuida del ganado y a la pesca de la trucha, al que le cambian la vida estos vikingos, que usurpan la vida de los otros. Y vamos a acompañar a ese niño a lo largo de novecientas páginas, luchando por su vida, por la de los otros, por la vía de las estrellas, por campos de sangre, por campos de amor.

Del hundimiento del ánimo a la resurrección del ánima, quizá pudiera ser el título de estas novecientas páginas que hemos leído, que os invito a leer, donde un niño debiera haber crecido en un paisaje idílico (como tenemos amigos comunes, sé del lugar donde descansa Narla, semejante al edén inicial de la novela, con lobo y todo) pero que precisó retrasar su vida en el edén porque debía cumplir con una misión casi divina. Y en esto consiste la belleza de esta novela, en ese transcendental retorno al origen para volver a crecer y recuperar su infancia, y progredir hacia la madurez. Pero sólo en ese instante puede reemprenderse la vida.

Y como no todo es recesión, toca ahora que dirijáis los pasos a la librería, acojáis entre vuestras manos el libro, lo abráis por la primera página, ASSUR, de Francisco Narla, y comencéis a leerla. Merece el momento de arrebato que requiere.

JM. PRADO – ANTÚNEZ

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LA SENDA TRAZADA DE PEDRO DE PAZ
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Xoel Prado - Antúnez | 21-06-2012 | 17:54| 0

XX Premio de Novela Luis Berenguer. Algaida, Sevilla, 2011. 358 pp. 20 €

He finalizado la novela de Pedro de Paz, la senda trazada. Sé de otras novelas que ha publicado este autor, como “El hombre que mató a Durruti” , “Las muñecas tras el cristal” o “El documento Saldaña”. Cualquiera de esas novelas vale el tiempo de leerlas, por supuesto. Pero, centrémonos en La senda trazada, a la que, como veis, se la otorgó el XX premio de novela Luis Berenguer. Una novela que cualquiera por su portada, la cataloga de género, y negro por supuesto. Pero más bien podría decirse que es novela turbia, como el bien ribeiro de mesa, de la casa, que lo dicen. No en balde, lo interesante de la novela comienza por su personaje principal, un mediocre fotógrafo, que, como se autoproclama frelance, se cree la reencarnación de Brasai. Como dirá Sócrates, quién si no, nosotros mismos somos este personaje principal, nuestra vida paupérrima, vulgar siempre, y que nos hunde en la desesperación porque no hayamos ese triunfo buscado. Y mientras llega o no llega ese famoso triunfo que con denuedo buscamos, huimos como el humo de los perseguidores acaudalados que pretender que nos convirtamos en caudal de su caudal. Y aquí se inicia la originalidad de esta novela, cuando el personaje principal, Alfonso Heredia, accede a Nostradamus, San Germain y Alesteir Crowley en un sólo libro encuadernado pero escrito hasta cierta página.

Vaya que cuando peor estamos y hasta con los acreedores en los talones, la compasión por nos, proviene del mundo mágico, de las librerías de viejo que surgen de la nada en los barrios más viejos. Y hete aquí que, de la noche a la mañana nos vemos con todo el oro del mundo en las manos. Dicho lo cual, sabemos que no se hace camino al andar, sino que la vida es una andanada de hostias que podemos evitar si sabemos leer en los libros (en todos los libros) las pistas que nos van dando para que hallemos ese tesoro que es lo que esperamos durante toda la vida, esa eterna necesidad del conocimiento, en este caso, del quién y el qué nos descubre el descubrimiento, quién ha dado ese paso adelante para ponernos ante los ojos la realidad – la verdad está al otro lado, en los criptomágico, en lo intramundano, en lo “cismundano” diría Álvarez de Miranda.

Y aquí comienza la parte frenética – pausada de la novela, la necesidad del descubrir, de olvidarse por un instante de las revelaciones, para saber quien es el rebelderevelador de todo esto. Y perdemos el significado del mundo – esas amistades que pos egoísmo mantenemos, porque nos mantengan – para hacer emerger el sentido de todo lo que sucede, sobre todo del porqué a mí: del egoísmo al egolatrismo, que son distintos con ser el mismo ego.

La belleza de esta novela reside en que todo lo que hemos apuntado que oarece suceder lo ahce en imágenes. Sí, amigos, uno va viendo el suceder de las frases como un suceder de imágenes: es un libro en film, poque cada letra, cada frase, el conjunto de la novela, se muestra como un agradable film  lance, donde va aconteciendo la realidad posmoderna de la liberación, la contrarealidad amoderna de la liberalidad mágica, la necesidad de robar a los demás su egolatría y el desenlace apropiado para todo este maremagnúm de puro rockandroll y que dejamos a la mirada indiscreta del lector de solapas, cuando la solapa se acaba y exige que se siga más allá, hacía la blanca página escrita que es como la negra pantalla cinematográfica donde se va a representar la ascensión siempre en caída de otro Heredia. A leerlo nuevo o de nuevo, si ya lo leíste.

JM. Prado – Antúnez

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Una tarde con Angélica Tanarro
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Xoel Prado - Antúnez | 20-06-2012 | 09:04| 0

Vuelan elegantes y galantes, atentos y  serviciales, los vicarios carismáticos de la cosmética y provinciana radio.  Revuelan lánguidos y guiados, angulosos y adosados, los becarios cariacontecidos  de la carterista y conveniente amistad. Revolotean ansiosos y sosos, sostenidos  y dosimétricos, los estudiantes tespiádicos de la diacrítica y caseaciónica SEK.  Sobrevuelo breve y lóculo, logogrífico y conturbado, invitado vitalicio de la  talismán y manumitir SEK. Un torbellino, como véis.
Sobresale, soberana entre el tropel pelotón,  brillante y leyenda, llana y dativa, la valedera poeta para un tácito y táctil  recital, Angélica Tanarro, ¿supongo?, que extiende la mano al frente, Teniente,  y encuentra mi mano tímida, tagarote.

Silenciosamente, sonrientemente. Me he quedado solo, de repente, alguien me han robado a la poeta angelical, y ha sido  el benévolo, gesticulante y conmovedor Apuleyo Soto, presentador sensitivo y  boxeador contra insípidos versiculadores, su gran corazón la encamina vadeando a  vicarios, becarios, estudiantes y a mí, a otros ríos, a otras risas. Quedo como  queda, tan solo, daguerrotipo y domo, momificado, quien será tipificado como  padre de la poeta, al final del recital. Ahora, nos miramos mostrando cada uno  su trance, y nos metemos, con todos los demás ya sentados, a la sala donde se  cocina la ondulante poesía. Oigamos a la poeta…
– Antes de leer mis  poemas, quisiera explicaros lo que es para mí el poema…
Paremos. Cerremos  los ojos. Imaginemos la mesa presidencial desde donde se presenta y se leerá.  Ante el público asistente, se muestra, tentadora, la voz y la fuerza de una  mujer extremadamente frágil en apariencia. Menuda pero bella, llamativamente.
Extraña belleza que bebe del nervio y la entereza, de la biopsia y la tersura,  del sialismo y la sura. Rampante belleza, que emana maravillosa desde los dedos  enervados y salientes dedos, que vuelcan el mundo hacia arriba, como si lo  elevasen secretamente hacia la cabeza. Los dedos de Angélica cáusticamente, con  cautela, cauterizan el límite del mundo o lo pretenden. En los dedos de Angélica  se inicia su poesía. Ya se lo declararé, enamorado, rendido caballero, si llega, redonda, la ocasión.
– Por mi profesión, periodista, tengo que viajar,  entrevistar, escribir. El ajetreado mundo en el que me muevo, me emboca a buscar
la gozosa satisfacción y tranquilidad de la poesía. Y la escribo, la enfrento en  mi casa.
Relata, entonces, que su casa es más que una morada; un santuario. En la misma, viven infinidad de amantes y testigos, de asesinos y
detectives, de protagonistas y antagonistas, todos los héroes y mendigos de la  literatura, que su casa es lugar de libros y liberadoras lecturas. Leer y  escribir, suturar el estrés de la entrevista, de la página periodística, lectura  para hoy, olvido de mañana, con el poema, hambre para otros, para todos.
Nuevamente veo la casa de Angélica, la descripción que ella misma nos delata,  como sus dedos, aglutinando la vida, volcándola al interior de un corazón que  busca el límite, el lugar donde ponerse un sombrero, subirse a un taxi, admirar  a la gente viajando en autobús.
– Viajar me da vida, me pone ante  contrariedades y travesuras, que después me sirven para buscar la poesía que  anida como dádiva valiente en la vida como diva vademécum.
La mujer que viaja en autobús, por ejemplo, con sus torpezas y sus vigilias y sus jadeos, con  sus olvidos, con la vida como dádiva que divide en vano, notoria. Ese es el  límite, que en el santuario literario del hogar, arrellanada y respaldada durante horas en el recibidor, vestida de insomnio, intenta suturar esta angélica andábata. Y lee, con su voz frágil y potente, segura y gutural, poemas
del libro Poemas en el límite.
Cuando escucho recitar, por cubrir la  extensión de la palabra, cierro los ojos, e imagino. La voz y la palabra  angelical de Angélica vueludas me llevan de viaje vincular. Encerrados en un  taxi que no se pudiera abrir, sentados en la proa de un barco que surcara los  lodosos recovecos de un pantano sin fin, viajamos viendo los objetos deformes de  este límite, sin bajarnos a tocarlos, a sentir sus sinuosidades, su viscosidad.
Nos conformamos con limitar en el límite, con llegar a intuir que aquello es lo  buscado, pero sin bucear en lo arcano que nos explicaría sus cadencias. Se lo he  descubrir.
Sin darnos cuenta nos ha emplazado en una habitación de un  hotel neoyorquino, para que desde sus ventanales venales veamos el natalicio del
mundo. Ver desde la extensión larga en kilómetros, esto es Segovia, el extenso  panorama que se divisa viandante desde el voladizo ventanal, aquello es Nueva  York. Nuevamente en el límite, pero sin allegarnos al mismo, que supondría  sostenerlo ponderosamente, quizá.
– Me gusta la sencillez, el  allegamiento a la gente. Quizá lo aprendí en las entrevistas que realizo a esas  estrellas rutilantes que parecen inalcanzables, pero que se muestran tan  accesibles.
¿Por qué no escribes más? Parece como si le molestara alcanzar ese límite ansiado y su explicación plausible. Significa, quizá, que
hay un miedo oculto y menguado que impide dar a los demás todo aquello que se escribe.
– Se escribe mucho. Yo entro en casa y medito el poema, lo escribo mentalmente. Recuerdo ahora que escribí un poema que espera que sea
acabado, y que inicié la escritura del mismo hace tanto tiempo. Quizá esta misma noche, en connivencia con mi insomnio, lo acabé. Pero no sé porqué darlo a conocer… se precisa que ese poema, en un conjunto, se preste, adquiera significado.

Mientras se explica expresiva y entregada, sus dedos se alargan luengos y huesudos, nerviosos, tensos, como si de aquel seno que fundan
con el torso, naciera el poema, cada uno de sus poemas. Se lo advierto. Y veo sus ojos presos de luz, preciosos, luminarias, anunciando que se nace un poema nuevo en este instante, pero un poema perdido, divisado como perversidad o simetría, versatilidad o singladura, salinidad o gladiolo. Se lo expongo. Me ha hechizado la lectura, levitante y vital. Me siento cansado, he pasado una noche de insomnio velando sagaz palabras en un recibidor, o viajando en un taxi omniabarcante… y subsiste la sensación salada de que jamás nos adentramos al interior de la viscosidad del límite, sí, sonreírnos, sí, como si nos asentáramos un sombrero…
– No creo que lleves razón, los vestigios permanecen en las palabras de mis poemas…
Y en tus ojos luminosos, y en las manos nota bene, y en el seno conformado entre la tensión de los dedos y el torso torzal, donde nacen los poemas, donde cena Poe, en el santuario angélico de la Tanarro. El día que finalice el insomnio de Angélica (lo pienso a la par de la sonora señora que me rapta para confesármelo), crecerá crepuscular y cernida la obra literaria y brasca, que funde y funda un mundo detonador y lo dola.

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OSTRAS PARA DIMITRI DE JUAN BAS
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Xoel Prado - Antúnez | 10-06-2012 | 10:01| 0

Ficha técnica
Título: Ostras para Dimitri
Autor: Juan Bas
Editorial: Ediciones B
248 páginas
15 euros

 

Mi hermano solía escoger los libros por la portada y por arrebatos. Es así como llegó a casa “Alacranes en su tinta”. Leí el libro, me encantó, pero lo que más me arrebató fue la fórmula para hacer “agua de bilbao”, que abría el libro. Pero también nos sorprendió por el personaje principal, Pacho Murga, un juantxu dadaísta, que pensaba que Bilbao era suyo, principalmente en lo que se refiere a los buenos restaurantes y las mejores coctelerías. Posteriormente, descubrimos a ese mismo personaje en “Voracidad”, donde abundaba la gastronomía poco selecta y hasta homo-fila, porque qué mejor que la carne humana para ser gastrónomo, y más cuando se obliga a que se coma uno mismo. En Voracidad, los personajes de las tías de Pacho, de las que heredará el caserío del que hablará Dimitri en esta novela, eran “sabrosas”. Y si en Voracidad, la voracidad de la historia se convertía en protagonista absoluto, Ostras para Dimitri, se calma  en el desarrollo de la historia, cuando se acoge a la manera de contar del propio Pacho. Porque se cuenta la novela en primera persona. Los paisajes de la historia básicamente son Las Canarias, Moscú y Navarra. Lo interesante de las novelas de Juan Bas, se concentra en el exceso de la historia: evidentemente, la historia se sale de los límites de lo normal y nos hace adentrarnos en lo más ordinario de lo ordinario y más de lo debido, claro.  Hace eclosionar los límites de la política, los límites de lo ordinario, los límites de lo paranormal, los límites del mundo, y, bien golpeados en la coctelera, nos abochorna, nos abrasa, abruma, nos provoca adrenalina, sentimos la zafiedad y la amistad y la traición y hasta la diana en los glúteos, una infinidad de sentimientos eclosionan en nuestros ojos durante la lectura. Y es que la belleza no se encuentra siempre en lo convenido sino en la trasgresión, y más en la transgresión, por cierto. Por eso la novela de Juan Bas, las novelas de Pacho, pueden ser definidas como dadaístas, y nos abruma la belleza de lo que encontramos en la basura, en nuestro trotar por el mundo, en el caserío de Pacho, acciones encontradas como de “ready-mades”. Por ejemplo, la belleza de la acción del niño ruso mordiendo a Pacho la pierna o la infancia de Dimitri y su primo, salvaje y originario leimotiv de la originalidad que posee la historia. Porque nos encontramos ante una historia agradable de leer precisamente por su ímpetu trasgresor, por esa necesidad que tiene Pacho de discurrir a lo largo de la historia para retornar a sus fuentes originales, ese Bilbao; pero también, por ese recorrido gastronómico coctelero que nos proporciona Juan Bas en su novela. He ahí su originalidad, en la trasgresión que nos proporciona sobre la vida, sobre la política, sobre esos elementos sobrantes  de una realidad distinta y que encuentra acomodo sólo en una idealidad dibujada por la mente real de Dimitri. Y en ese juantxu dadaísta que de nuevo, se enfrenta con la realidad oculta, la historia que discurre por debajo de la historia, para mostrarnos en nuestra hipocresía efectiva.

JM. Prado – Antúnez

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LA VIDA DESPUÉS de Marta Rivera de la Cruz
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Xoel Prado - Antúnez | 06-06-2012 | 22:00| 0

 

 

  • Nº de páginas: 384 págs.Marta Rivera de la Cru
  • Editorial: PLANETA
  • Lengua: ESPAÑOL
  • Encuadernación: Tapa dura
  • ISBN: 9788408104773
  • Año edicón: 2011
  •  BARCELONA

 

A pesar de que tenga un recorrido editorial de cuatro ediciones, nunca esta de más releer y recomendar una buena novela. En este caso, la última novela de Marta Rivera de la Cruz, La vida después. Publicada por planeta en su colección de autores españoles e iberoamericanos, en sus 395 páginas nos va a contar la vida de Victoria cuando vuelve a su país al funeral de su mejor amigo y se relaciona de nuevo con todo aquello que dejó en su momento, cuando marchó a Nueva York y encontró un marido rico (aunque no sea amigo) y un buen apartamento.
Hay novelas que las lees enteras, con intriga, con denuedo, para averiguar el número de página por la que deberías haber iniciado la lectura. No porque la historia que relate este desencajada o sea un rompecabezas, sino porque en tal o cual página, se halla la clave de la lectura de la misma. Sucede con el nuevo libro de Marta Rivera de la Cruz, que lees con la misma agradable sensación de siempre, hasta que topas con lo más interesante de la novela que la escritora ha dispuesto entre nuestras manos.
La misma agradable sensación de siempre: esto significa que Marta ha vuelto a componer una historia donde el anima/voluntad femenina, sale a la búsqueda del ánimo masculino que la recubra, pero con una afectividad personal pura y desinteresada, una amistad que perdure, la imagen de la eternidad.
Y esta agradabilidad se transforma en belleza desde el instante en que la transmutación del ánimo más allá de la vida, exige al ánima por vez primera una implicación efectiva: que sea ánima/voluntad de verdad y edifique desde su amor, la urdimbre vital de la familia, que sí que se encuentra desencajada, puro rompecabezas.
Lo interesante de salvar esa familia es quién se lo encarga, Jan, su mejor amigo, ánimo de su ánima, corpore in sepulto. Y lo más interesante es el por qué salvar esa familia, y hemos de pasar a la página 340 para averiguarlo: “porque no hay nada divertido en el sufrimiento de otra persona”. Efectivamente, en la familia de Jan todo el mundo sufre o de celos o de indiferencia o de autoidealización de la propia perfección o de abandono personal. Depende sobre qué personaje echéis la vista. O si miramos al conjunto, que se resquebraja, y es lo que hay que recomponer.
Y como siempre, el personaje femenino que ha de arreglar no sabe cómo ha de pegar lo roto, y en esto descubre la necesidad del viaje, un viaje a la tierra donde se encuentra el hombre que compra la película reaparecida de Greta Garbo,  Inglaterra, donde va a comparecer un arquetipo propio de las novelas de Marta: un hombre que domina las noticias, como el dios Hermes, que  va a proporcionar la clave que soluciona todos los problemas, el pegamento que une el mundo, el final del sufrimiento. Hasta aquí podemos desvelar, el resto debe lograrse con la lectura del libro.
Lo original de esta novela de Marta, como ya sabemos que se desprende de la totalidad de la obra de la autora, es ese optimismo militante, donde, ante un mundo en crisis, se ofrece la catarsis a través de la sabiduría de ese Dios Hermes, al que hemos de acercarnos y escuchar las múltiples historias que ha de revelarnos, porque conducen a la sabiduría, de la que emerge de la felicidad, y viceversa.

Y quien quicia lo desquiciado, el que revela el Sentido y lo vidria, es este personaje fundamental, sabiduría eterna, fuente de vida siendo el ya lo vivido. Y les dejamos con la intriga de saber quién es ese personaje y cómo guisa el desaguisado, finalmente. Acérquense a una de las fuentes del optimismo y pongan Sabiduría a sus vidas.

JM. PRADO – ANTÚNEZ

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Sobre el autor Xoel Prado - Antúnez
Obscuro como él solo sabe serlo, seductor vespertino y a veces matutino.