Hoy Don Giovanni no se dedicaría a conquistar y burlar mujeres. Tiene
razón Mercedes Guillamón al situar la acción en los años 30, al
explicar que es, en ese periodo de entre guerras en el que aún no ha
desaparecido del todo el “viejo mundo” y aún está en mantillas el
“nuevo orden”, el último escenario posible para estos personajes. Al
final, como en casi todas las óperas de W. A. Mozart, lo que subyace es
ese duelo entre el viejo mundo y el nuevo; Entre el señor y su
sirviente; Entre el amor y la muerte. La producción que ha puesto en
pie el Teatro Calderón es, en ese sentido, muy interesante. Pretende
además ser una versión clara, en la que todos los detalles se entiendan
sin perderse en el conjunto. La acción transcurre de manera suave,
quizás demasiado suave… Los personajes nos demuestran a las claras lo
que son y lo que pretenden. No hay más doblez que el propio del
argumento. No hay distracciones escenográficas. Todo está desnudo…
como las almas de los personajes.
Sobre estos principios la representación es estupenda… o casi.
Musicalmente tanto la orquesta como el elenco resultaron más que
correctos. En verdad si nos ponemos picajosos puede que haya sido el
elenco mejor compenetrado de las últimas representaciones. Casi todos
han estado a un nivel muy aceptable. Quizás destaquen los trabajos de
ellas sobre los de ellos. Donna Anna está Bien compuesta y ejecutada
por Marcela de Loa. La Donna Elvira cantada por Mary Plaza esta mucho
más que correcta en casi todas sus intervenciones, dotando al personaje
de una gran credibilidad sonora. Quizás la más floja de las tres damas
sea la Zerlina interpretada por Milagros Poblador, que si bien consigue
crear un personaje creíble en casi todas las piezas que canta junto a
Masetto… falla en sus números frente al seductor.
Ellos lo tienen más difícil. El Masetto de Felice Terneriello esta
ligeramente escaso, siempre a la sombra del resto de personajes. El Don
Ottavio de Rainer Trost, irregular… aunque aceptable en conjunto.
Marek Wojciechowski como el Comenmdador resuelve sin problema. Pero es
la pareja Don Giovanni / Leporello la que presenta más dudas. Nos
ofrecen una versión bastante plana de sus personajes. Desde el primer
momento pensamos que ambos se pueden intercambiar el rol y nada
pasaría. Ninguno de los personajes está definido de forma propia.
Quizás el Leporello se salve más… pero poco.
La orquesta resultó agradable aunque no ilusionada y las pocas
intervenciones del coro de los amigos del teatro Calderón fueron
correctas.
La idea escenográfica es brillante. reduce a los conceptos básicos la
trama y la acción. pero esa brillantez hace que sea su propia tumba.
Las limitaciones de los cantantes en el terreno actoral hacen cuasi
imposible que el relato no se resienta. desde que aparece en escena
Leporello sabemos que no nos vamos a creer nada de lo que acontece en
el escenario. pero la aparición de Don Giovanni y Donna Anna no mejora
la situación. Quizás estas limitaciones se hubieran visto mitigadas si
la acción hubiera estado arropada por unos decorados suntuosos…
historicistas… vistosos… Pero al ser despojada de todo complemento
y centrarnos en los personajes estos se nos muestran en toda su
crudeza. Era un riesgo que había que correr… y se ha hecho bien en
correr… quizás 15 días más de ensayos hubieran mitigado esos pequeños
problemas.


Teatro Calderón
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