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Fecha: mayo 9, 2017
El trabajo gustoso
Esperanza Ortega 09-05-2017 | 11:06 | 1

Así tituló Juan Ramón Jiménez uno de sus textos en prosa: “El trabajo gustoso”. Hay quien sostendrá que el trabajo es precisamente lo opuesto a lo que se hace por gusto: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente…” le anunció Dios a Adán, cuando le expulsó del Paraíso, y desde entonces los hombres –no todos, pero sí la gran mayoría- han tenido que trabajar les guste o no les guste. La etimología lo corrobora: trabajo viene de “tripalium”, cepo hecho con tres palos al que se ataba al esclavo para torturarle cuando cometía una falta. Así que nuestra cultura asocia el trabajo tanto con la esclavitud como con el sufrimiento. Coincide esta visión tan tétrica con la que enuncia Marx en El Capital, cuando establece el concepto del trabajo alienante del proletariado, que vende su fuerza convirtiéndose en esclavo la mayor parte del día a cambio de un salario de miseria. ¡Cuántos soportan hoy los mismos grilletes en trabajos basura! Estoy muy impuesta en el tema porque el domingo pasado participé en la Presentación de un libro titulado “Cultura y trabajo”, que ha editado el ateneo de CC.OO.  Para que las condiciones de trabajo de los asalariados fueran cada vez menos penosas surgieron los sindicatos, sin los cuales no habría pensiones, ni salario mínimo, ni bajas por enfermedad, ni derecho a paro, ni días de fiesta.., todo eso que hoy nos parece lo más natural pero que no tendríamos si quienes nos precedieron no hubieran luchado con uñas y dientes por conseguirlo. Nada tiene que ver este trabajo penoso con el “trabajo gustoso” de Juan Ramón Jiménez,  ni con la actividad de quién se dedica a la cultura, ya sea como artista, como investigador científico o desarrollando una profesión vocacional. En estos casos, el esfuerzo halla su recompensa en la obra lograda o al menos en la satisfacción de haber intentado alcanzar la presa con denuedo: en la noche oscura del trabajo, se vislumbra una luz a lo lejos, que es una promesa de meta conseguida. Por eso tenemos suerte los que nos podemos dedicar a una tarea  creativa, y debemos de colaborar de alguna manera con los que no han tenido tanta suerte. Juan Ramón Jiménez, con el radicalismo poético que le caracterizaba, señaló que el trabajo gustoso no era solo propio del artista, sino de cualquier ser humano capaz de poner en su oficio la atención y el deseo suficientes. Y ejemplificó al trabajador gustoso en un mecánico de automóviles malagueño con el que se encontró después de haber puesto su coche en manos de otros mecánicos: “todos le daban golpes, tirones bruscos, palabras brutas, sudor vano”. Hasta que el trabajador gustoso “levantó con exactitud la cubierta del motor, miró dentro con precisa inteligencia, acarició la máquina como si fuera un ser vivo, le dio un toquecito justo en el secreto encontrado, y volvió a cerrar en ritmo y medida completos. -El coche no tiene nada, es que lo han tratado mal. A los coches hay que tratarlos como a los animales (no dijo personas), con mimo”. Que todos los trabajos sean así de gustosos quizás es una utopía, sin embargo es la utopía necesaria para que el hombre pueda realizar algún día el sueño de regresar al Paraíso. ¡Ah!, pero esta vez aquí, sin levantar los pies de la tierra. El que estemos tan lejos de conseguirlo no es óbice para que éste sea el único objetivo por el que merezca la pena esforzarse cada jornada de nuestra trabajosa vida.

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Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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