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Monstruos y perdedores
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Esperanza Ortega | 23-05-2017 | 21:36

Hay sucesos tan espantosos que no es fácil encontrar palabras para denominarlos porque no las hay. Me refiero, por supuesto, a la noticia con la que nos despertaron ayer: la bomba que había acabado con la vida de 22 niñas y herido a otras 50 en Mánchester, al salir de un concierto de Ariana Grande. El hecho de que fueran niñas en su mayoría las asistentes al espectáculo acrecienta la dificultad de hallar palabras de consuelo ante tanto dolor en telegramas y correos electrónicos de pésame. Leídos en los medios de comunicación, cuando los firman los políticos, suelen parecer convencionales, dictados por la mera conveniencia. Pero hay que reconocer que es casi imposible expresar la rabia y la pena de una manera que resulte más convincente. Por eso escuché con una especial atención las palabras que Trump dedicó al tema, siendo como es un hombre espontáneo –hay que reconocerlo, espontáneo sí es- muy poco dado a las fórmulas convencionales de la diplomacia. ¿Qué habrá dicho Trump? –me dije- y subí la radio. Y lo que había dicho estaba a su altura, es decir, que era propio de un ser como él, y tan horrible como el mismo hecho que parecía condenar. Dijo Trump que a los autores del atentado no se les debía llamar “monstruos” porque eso era lo que ellos deseaban. Yo entendí que deseaban dar miedo, como de hecho dan. Pero continuó: en realidad lo que son es unos “perdedores”. Perdedores. El calificativo, con sentido de insulto, cayó sobre mí como un golpe bajo, como una bomba fétida que viniera a ahondar aún más en el malestar que me había embargado al oír la noticia. Perdedores. Seguramente para Trump perder es lo que les ocurre a los seres más despreciables, y ganar lo ´mas deseable que existe en el mundo. Él mismo es un ganador, por eso está donde está, en la copa del árbol de todos los deseos. Y eso lo dijo Trump en Israel, ante el pueblo que debería tener como mayor dignidad el haber sido víctima y enemigo del ganador más cruel e inhumano: Adolfo Hitler. Sí, sin duda Hitler hubiera dicho exactamente lo mismo que Trump ante un acontecimiento semejante, tan orgulloso como estaba él de pertenecer a la etnia de los vencedores. No importa que los ganadores acaben siempre perdiendo, esa es una ley de vida que para nada los absuelve. Hace poco, y salvando las enormes distancias, oíamos decir a Susana Díez que ella era una ganadora nata, y miren ustedes qué chasco se ha llevado. Yo diría que uno de los atractivos de Pedro Sánchez es precisamente ese, el de haber resucitado de entre las cenizas del perder. Porque cuando los ganadores pierden, se abre una rendija en las paredes de la realidad, una rendija que nos permite respirar con alivio a los que ya estábamos a punto de asfixiarnos. Luthero King fue un perdedor, lo mismo que Che Guevara o Jesucristo, por citar solamente algunas figuras de nuestro imaginario cultural. Por eso los anarquistas libertarios del Siglo XIX gritaban “¡Viva el perder!”, cuando iban a ser fusilados. Es esta elegancia del fracaso, que tan bien encarnaron Antonio Machado y Francisco de Asís, el único consuelo ante la monstruosidad del gusto por la muerte. No, bien pensado no debería de extrañarme que un monstruo como Trump haya dicho que el asesino de Mánchester es un perdedor. ¿Quién ha ganado?, ¿la muerte?.

Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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