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En defensa de la Filología etrusca
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Esperanza Ortega | 30-05-2017 | 21:04

¡Por fin se marchó Trump! Ya estábamos cansados de comentar su mala educación, que tanto nos hizo reír durante el pasado fin de semana. Pero qué les voy a contar que no sepan ya. Y sin embargo, mucho más cerca de nosotros –y por eso con un peligro más inminente- tuvimos dos personajes que podrían competir en zafiedad con el presidente del imperio americano. Me refiero a Íñigo Méndez de Vigo y Juan Rosell Lastortras y a sus declaraciones sobre el sistema educativo español. La pareja bien avenida que forman el ministro de Educación y el presidente de la CEOE se estuvieron carcajeando de los estudios de Humanidades delante de las cámaras: Ja,ja,ja, el estado no va a potenciar los estudios de Filología etrusca –presumían ufanos- ¡Claro que no! Ni de Filología etrusca, que no existe en España, ni de ninguna otra filología, ya sea española, alemana, griega, semítica… ¿Para qué tanto estudio?, ¿acaso los contratos basura se escriben en etrusco?. El inglés es la única lengua que hay que estudiar, no nos suceda lo que a Rajoy cuando se encontró con Trump, que no supo ni declararse su más fiel servidor con buen acento. La otra asignatura obligatoria sería la de Emprendimiento. Eso sí, de empresas situadas en Panamá, país donde nadie estudia Filología, sino otras habilidades por todos conocidas, con contenidos mucho más actuales. El que nuestro alfabeto derive del etrusco no les impresiona a estos dos adalides del analfabetismo, y como no han leído “La sonrisa etrusca”, de Sampedro –no van a leer la novela de un “indignado” estos dos encantados de la vida- tampoco les diría nada el nombre del sarcófago de los dos esposos. ¡Misterio de hermosura la de aquel amor, intacto en la piedra, más allá de la muerte! Y qué casualidad, “La belleza, el misterio y el dolor”, así se titulaba la exposición a cuya inauguración asistí precisamente el mismo día en que Méndez y Rosell protagonizaron su escenita. Se trataba de la obra de Luis Sáez, el universal pintor burgalés, de quien Oscar Esquivias dice en el catálogo que “su arte llega a nosotros como una melodía cantada en un idioma que no entendemos del todo, pero cuya música nos inflama el alma”. ¡Ah, el idioma del arte, que habla en silencio a quien lo escucha con deseo! El hijo de Sáez ha donado las obras que se exponen al Secretariado gitano, para que con ellas se den becas a estudiantes gitanas postgraduadas. Sí, han leído bien, jóvenes estudiantes gitanas que están haciendo el doctorado en la Universidad. Da igual cuál haya sido la carrera elegida, de ciencias o de letras, con tal de que sea provechosa para su formación y, por supuesto, para la sociedad. Tendrían que haber visto a estas cuatro jóvenes, tan guapas e inteligentes como Preciosa, la protagonista del romance de García Lorca, que en vez de llegar tocando “su luna de pergamino” venían con sus libros bajo el brazo. Emocionante, de verdad, uno de esos actos que te reconcilian con el ser humano y con la cultura. En esta época negra, en la que se nos ofrecen a cada minuto los peores ejemplos, qué necesitados estamos de estos rasgos de generosidad! ¿Vencerá la ignorancia enseñoreada a la discreción del conocimiento? ¿Qué les hubiera contestado Unamuno a la parejita del Ja, ja, ja? Pues lo mismo que contestó a Millán-Astray cuando oyó sus gritos de “¡Viva la muerte y abajo la inteligencia!” en la Universidad de Salamanca: “Venceréis pero no convenceréis”. A nadie, y por mucho tiempo.

Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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