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Fecha: junio, 2017
De anuncios e incendios
Esperanza Ortega 27-06-2017 | 11:08 | 0

Con el verano llegaron los asquerosos anuncios de la Lotería Nacional. Este año los protagoniza un psicópata que gorronea a la familia con piso en la playa o barco en el muelle. La publicidad supone que todos somos igual de egoístas que ese hombre que sueña con ser dueño de casa y yate, para ningunear a sus parientes, si es que le favorece a él la fortuna. ¡Menos mal que nunca es una mujer la que protagoniza este tipo de anuncios! No sé si lo he explicado bien, es mejor que se fijen si lo ven en televisión, yo no doy más detalles porque me da nauseas contarlo. La radio no le va a la zaga a la televisión en el buen gusto. Hay un programa en la cadena de mayor audiencia en donde unos humoristas hacen algo tan gracioso como leer un poema. El poema es una majadería sin gracia ninguna que se le ocurre al locutor. Así la poesía, tan inútil en sí misma, sirve para algo: para hacer reír a los tontos. Y mientras… el fuego en Moguer, la patria de la poesía. No puedo evitar pensar en Platero. En tiempos de los romanos Moguer se llamaba “Mons aurium”, por el color dorado de su tierra, iluminada por un sol crepuscular, sanguinolento. ¿Habrán sido devorados por las llamas los parajes por donde paseaban Platero y su poeta? Algo intuía Juan Ramón cuando escribió esta frase, al llegar la primavera: “Parece que estuviéramos dentro de un gran panal de luz, que fuese el interior de una inmensa y cálida rosa encendida”. Pero dirán que solo me ocupo del paisaje, ante un acontecimiento tan trágico como el incendio de Doñana. Y es que Doñana surge también de un sentimiento poético hacia la naturaleza. Frente a los que consideran a la tierra solo como una forma de producir riqueza, Doñana protege esa debilidad, esa hermosura. La debilidad y la hermosura de aquello de lo que no se saca provecho económico. ¿Será por eso por lo que vale mucho más?. Sabemos lo que ha sido de los linces ibéricos, ¿y qué habrá sido de sus pájaros? ¡Qué nombres!: Ánade azulón, Malvasía cabeciblanca, Gaviota reidora, Tórtola turca, Curruca tomillera, Serrín verdecillo… Criaturas de verdad afortunadas –no como el tipo del anuncio- a las que el poeta de Moguer cantó entusiasmado al estilo más franciscano: “Qué alegre eres tú, ser,/ con qué alegría universal eterna./ Rompes feliz el ondear del aire,/ bogas contrario el ondular del agua./ ¿No tienes que comer ni que dormir?/ ¿Toda la primavera es tu lugar?/¿Lo verde todo, lo azul todo,/ lo floreciente todo es tuyo?” Me dirán, ¿es que ahora le interesa más la suerte de las aves que la de las personas? No, en absoluto. A quien no le interesa para nada la suerte de las personas ni de las aves ni del paisaje es al incendiario que ha quemado la tierra intencionadamente. Su visión del mundo sin duda es semejante a la visión egoísta del tipo que protagoniza el anuncio. Quizá el incendiario es alguien a quien no le tocó la lotería el año pasado y se venga destruyendo lo que no es suyo por rabia, por despecho. De Noah Scallt, el jefe indio que osó interpelar a Franklin, es esta frase reveladora: “el hombre blanco piensa que la tierra le pertenece y el indio que él pertenece a la tierra”. Y eso sí es poesía, como es indio el espíritu del poeta, y era alado y poético el espíritu del indio. No, con todos los premios de la Lotería Nacional no se compra el mar, ni el aire, ni la tierra nuestra, a la que pertenecemos, que no es de nadie porque es de todos.

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¡Lo que lee el ministro!
Esperanza Ortega 20-06-2017 | 10:30 | 0

¿Escucharon a Irene Montero en la moción de censura? Estuvo muy bien, pero fue más revelador todavía ver la repercusión de sus palabras en la banda del PP. La actitud despectiva de sus señorías me recordó a aquella compañera suya que, en medio de las protestas por la Ley de la Reforma laboral, exclamó gritando sin ambages: “¡pues que se jodan!” Está visto que la vergüenza y la educación son dos nociones ausentes en esa bancada, pero algunos nos sigue admirando su desfachatez. Y hablando de educación, ¿no vieron al ministro de Educación y Cultura haciendo como que leía un libro de poemas? La manera ostentosa de tomar el libro entre las manos ya delataba no sé si el desapego a esa obra en concreto o la falta de costumbre de la lectura en general. ¿Y saben qué libro había escogido para montar el número en el Parlamento? Como no podía ser de otra manera, se trataba de un libro de Miguel Hernández. ¿Por qué será que a los señoritos del PP les gusta tanto decir que les gusta Miguel Hernández? Es una reacción sadomasoquista que debería ser estudiada. Yo lo tengo constatado desde que todavía eran “los de AP”, cuando aún se congregaban debajo de la sombra de Fraga. Sí, cualquier alusión a la poesía en presencia de uno de ellos desembocaba en: ¡Cuánto me gusta a mí Miguel Hernández!. Daban ganas de decirles: no se preocupe, ya sé yo que usted no tuvo nada que ver con su muerte en la cárcel. Miguel Hernández comenzó a escribir “Vientos del pueblo”, libro al que pertenece “Andaluces de Jaén”, su poema más popular, en 1936, cuando ingresó en el Regimiento de Zapadores. Lo publicó al año siguiente, en el Socorro Rojo Internacional de Valencia. Lo había escrito para animar a los milicianos del frente, pero no cabe duda de que ahora que ya es un clásico lo lee hasta un ministro del PP mientras desoye la censura a la corrupción de su partido. “Me da el viento, Señor, me da una gana/ el viento de volar, de hacerme ave/ de lo más viva, de lo más lejana…”, decía Miguel Hernández en otro poema, como si intuyera ya en qué manos iban a acabar sus versos. ¿Qué sucedería si Miguel Hernández apareciera en el Parlamento? Quizá el olor a cabra y su apariencia palurda serviría de divertimiento a sus señorías, que no dejarían por eso de rechiflarse mientras se liman las uñas. Y que conste que él se hubiera puesto su mejor traje para entrar en el hemiciclo, porque es lo que tiene ser pastor y ser comunista, que uno respeta sumamente la soberanía del pueblo. Y si se le hubiera permitido decir algo, estoy segura de que hubiera hablado en verso libre y de que sus palabras hubieran sido escuchadas con el mismo aire de superioridad por sus señorías del PP, entre sonrientes y despectivos. Los que hace tiempo que nos sabemos a Miguel Hernández de memoria –somos unos cuantos millones, aunque no lleguemos a la mayoría absoluta- mientras el ministro hacía que leía, recordábamos los mejores versos de Miguel Hernández: “Mi corazón/ pecera melancólica/ penal de ruiseñores moribundos..” y lo hacíamos en silencio, sin ostentación ninguna, porque estaba hablando Irene Montero y, aunque lo que decía se podría resumir en que el partido del Gobierno desgraciadamente para todos es lo que ustedes ya saben, la escuchábamos con el respeto y la educación que merecía su pasión elocuente, como sin duda hubiera hecho el autor de “El rayo que no cesa”. Sin duda ninguna.

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Ignacio Echeverría, a la altura de las circunstancias
Esperanza Ortega 13-06-2017 | 8:22 | 0

En Camelot, en presencia del Rey Arturo y alrededor de la Tabla Redonda, juraron los allí presentes los votos de la caballería. Hoy pocos leen estas historias, pero si lo hicieran, verían que todavía nos hablan de sentimientos dignos de ser valorados: los caballeros juran usar su fuerza y su destreza no para atacar, sino para defender la justicia, y muy especialmente a los que necesitan de su apoyo: los más débiles, quienes no pueden valerse por sí mismos. Dentro de este grupo están las mujeres de todas las edades y condiciones, tanto nobles como campesinas, tanto viudas como doncellas. Decir siempre la verdad y estar dispuesto a morir por mantener la palabra dada, he aquí los dos mandatos finales del juramento. Si cumple con lo prometido, el caballero generoso un día llegará a beber de la copa del Santo Grial, la que guarda la sangre que recogió José de Arimatea mientas Cristo moría en la Cruz, y de esa forma se restaurará un orden justo y humano en este mundo degenerado y salvaje. Sin duda la hazaña de Ignacio Echeverría es la propia de un valiente caballero. Ante los gritos de socorro de una mujer, no pudo ser indiferente y se enfrentó sin miedo a los felones. Como comprenderán los que me leen de vez en cuando, aunque parezca mentira no hablo en broma en absoluto, pienso realmente que mejor nos iría si los ideales caballerescos inspiraran a los hombres y a las mujeres de hoy. Y si tanto ha conmovido el comportamiento de Ignacio Echevarría en el puente de Londres –los caballeros elegían los puentes para demostrar su valor, sin duda porque el puente simboliza el paso de un mundo a otro mundo-, si tanto ha conmovido su noble comportamiento es porque en nuestro imaginario moral tenemos una idea del héroe que coincide con la de aquel que arriesga su vida por la comunidad, en defensa de los indefensos. Ponerse de parte del débil convierte en justa incluso la idea más peregrina, lo decía Antonio Machado por boca de su apócrifo, Juan de Mairena: cuando no sepáis qué bando elegir en una contienda, poneos siempre de parte de las víctimas, de los pobres, así estaréis a la altura de las circunstancias. Hoy muchas abominan de estas ideas caballerescas por considerarlas machistas, pues relegan a la mujer a un papel secundario, de víctima a defender o de mera inspiradora del caballero. Pero deberían saber las que así hablan que fueron las mujeres, especialmente la reina Leonor de Aquitania, las que impulsaron los ideales del honor caballeresco, hasta el punto de que muchas piensan que fue la misma reina la que escribió la obra firmada por Chrétien de Troyes. Lo que está claro es que el machismo cobarde de los que atacan a diario a las mujeres aprovechándose de superioridad física, nada tiene que ver con la caballería, más bien está en sus antípodas. Los caballeros de la Tabla Redonda, al igual que Ignacio Echeverría, nos salvan a todos y a todas del círculo infernal en donde reina el egoísmo, y nos devuelven a Camelot, el reino de mito. Mujeres muertas a manos de sus parejas masculinas, conversaciones entre ladrones que se escudan en el poder para traicionar a sus votantes, pequeños ahorradores perplejos que ven como de un día para otro se quedan en la ruina, energúmenos que se lanzan armados de cuchillos contra la multitud….Gracias, Ignacio, por propiciar que por unos minutos vivamos como si estuviéramos muy lejos de ellos, gracias de todo corazón.

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Juan Goytisolo, el exiliado de aquí y allí.
Esperanza Ortega 05-06-2017 | 9:10 | 0

Ha muerto Juan Goytisolo. Leí “Señas de identidad” a los 19 años, la misma edad que tenía su autor cuando leyó el “Retrato de una artista adolescente” de Joyce. Lo dijo en un artículo que escribió el año pasado, que había leído esta novela en 1950. Tres años antes de que yo naciera, ya leía a Joyce Juan Goytisolo. Así que, cuando yo leí “Señas de identidad”, Juan Goytisolo era un joven novelista experimental. Ya estaba exiliado, aunque todavía buscara las señas de su identidad española que rechazaría más tarde, con ese resentimiento cernudiano tan típico de los que renuncian a lo que más aman. Juan Goytisolo ha muerto y será enterrado en Marruecos, donde vivía con su familia desde hace décadas. Y ha muerto al día siguiente de que tres energúmenos apuñalaran en el centro de Londres a todo el que encontraban en la calle. Juan Goytisolo era uno de los europeos que mejor conocía el mundo islámico, y venía advirtiendo desde hacía tiempo lo que iba a suceder si Occidente no cambiaba su política. En “El exiliado de aquí y allí” anunció de forma premonitoria que el terrorismo acabaría por ser un elemento más de nuestra vida cotidiana. Nos advertía, con la ironía que le caracterizaba, que un día todo hijo de vecino estaría en peligro, que todos habríamos de convivir con el miedo: “No estés donde no deberías estar. Ni en las terminales de aeropuerto de vuelos nacionales o a otros puntos de destino, ya sean comunitarios o al resto del mundo. Ni en las líneas de metro, trenes y autobuses, por muy seguras que te parezcan. Ni en cafés, discotecas y otros locales de esparcimiento nocturno. Ni en oficinas, talleres, fábricas y demás lugares de trabajo. Tampoco en edificios administrativos, bancos y hospitales habitualmente atestados. Ni en estadios, conciertos raperos ni sitios incluidos por las agencias de viaje en sus circuitos turísticos. Las horas punta y los atascos urbanos son particularmente peligrosos. Como los ascensores, rascacielos, grandes almacenes y aparcamientos subterráneos. Sobre todo, no te quedes en casa a hojear los periódicos, seguir la tele o follar con tu cónyuge. Éste será siempre nuestro objetivo estratégico primordial”. El más anti-nacionalista de los escritores, odiaba al ISIS, lo odiaba y lo entendía, como un doctor sabe por qué la pus emana de una herida profunda, tan profunda que quizá sea ya imposible limpiar su centro infectado. Juan Goytisolo lo venía advirtiendo en cada uno de los artículos de prensa. Pero nadie se dio por enterado. En el discurso del aceptación del Premio Cervantes, tras declararse de nacionalidad cervantina, arremetió contra las concertinas que impiden la entrada a los refugiados, igual que lo hubiera hecho Don Quijote, sin que le temblara voz, como el que sabe que no se ha equivocado de bando. Y al final de este mismo discurso, el más desencantado de los escritores españoles se animó a declarar su indignación, que compartía con el manco de Lepanto : “¡Digamos bien alto que podemos! Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia.” Juan Goytisolo ya se ha exiliado para siempre, igual que Cervantes hace cinco siglos. En su allí, al encontrarse, se habrán sonreído, a los dos les gustaba regocijar a las musas, aunque Cervantes fuera más amable. Juan Goytisolo siempre tuvo algo de renegado, de apátrida. Y sin embargo, mientras leo ahora “Señas de identidad”, siento que me habla una lengua vecina, cercana, familiar. Que me habla en silencio, sin labios, como hablan las palabras de los libros.

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Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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