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El Maestro de Escuela
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Esperanza Ortega | 28-11-2017 | 17:54

El lunes pasado se celebró el Día del Maestro, coincidiendo con la festividad de San José de Calasanz, fundador de las escuelas Pías, el primer religioso que se ocupó de la educación de los niños plebeyos. Estoy hablando del Siglo XVII, cuando la Iglesia solo enseñaba a los hijos de los nobles y a los que en un futuro engrosarían las filas del clero. Buen tipo debió de ser José de Calasanz, pero me estoy yendo por las ramas y no he hablado aún de la nueva figura del “Defensor del profesor”, cuya misión es amparar a maestros acosados por los alumnos y sus familias ¿Acaso en el futuro necesitarán los profesores llevar guardaespaldas? “Antes” eran tan respetados… Aunque si echamos la vista más atrás, veremos que los mejores maestros de los niños romanos fueron los esclavos griegos, que recibían un trato deferente por parte de sus amos pero que a fin de cuentas no eran hombres libres. Posteriormente, las familias que se podían permitir un preceptor para sus hijos no le consideraban más que un criado instruido. Un ejemplo lo tenemos en el relato que nos hace Tolstoi del día en que su padre echó a la calle sin piedad a su anciano y querido maestro, porque ya no le era útil, como el cazador que sacrifica al perro que ya no sirve para la caza. ¿Y qué me dicen de las institutrices? Al igual que Jane Eyre, estas modestas jovencitas hijas de pastores protestantes con buena educación pero sin posibles, siempre acababan enamorándose de su señor, pero pocas conseguían casarse con él, como la protagonista de la novela de Charlotte Brönte. Algo semejante les pasaba a los ex-seminaristas que se empleaban de preceptores en pleno brote romántico. Hölderlin es su representante más excelso: se enamoró de Susette, la esposa del señor Gontard, el banquero que le había contratado como preceptor, y no sacó de su relación más que sinsabores. Sin ella no hubiera escrito Hyperion, pero seguramente tampoco hubiera perdido el juicio en edad tan temprana. Y así llegamos hasta el siglo XX, en que son los maestros de los internados religiosos y militares los que parecen tomarse su venganza, amargando la vida a los muchachos europeos que caen en sus manos. Por algo es entonces cuando llegan a salvar a los niños los pedagogos innovadores, desde María Montessori hasta el bueno de Giner de los Ríos, el santo fundador de la Institución Libre de Enseñanza. Y sin embargo, todos estos modelos pedagógicos, al contrario que la escuela pública, solo llegaban a una élite cultural y social. A mi juicio, lo maravilloso del “maestro de escuela” es que no puede elegir a sus alumnos, igual que en la vida auténtica un padre no puede escoger a sus hijos, sino que se ve abocado a amar a los que le ofrece la madre naturaleza. Por eso mismo, el mayor homenaje que un alumno le ha hecho a un profesor es el que le hizo Albert Camus al señor Germain, su maestro de primaria, cuando, al recibir el Premio Nobel, le escribió una carta en donde le expresaba así su gratitud: “Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de esto” No sé si el señor Germain sería muy pío, pero según nos cuenta Camus en “El primer hombre” realizó con él un milagro que nada tiene que envidiar a los que hizo San José de Calasanz, como todos los milagros invisibles que hacen a diario, de manera anónima y callada, tantas maestras y maestros en el mundo.

Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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