El Norte de Castilla
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La mala educación
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Esperanza Ortega | 08-05-2018 | 19:00

Esta semana ha sido casi enteramente femenina, para bien o para mal, según donde se mire. Mujeres asesinadas y violadas, y mujeres en la calle, exigiendo justicia a unas autoridades perplejas ante su inusitado poderío. El motivo está claro: no solo Arcadi Espada, incluso uno de los jueces de la Manada sugiere que la víctima disfruta con la violación, y por tanto no hay delito. Si trasladáramos su argumento al relato tradicional, se contaría así: no está claro que hubiera violencia cuando el lobo se comíó a Caperucita. Fue ella misma la que se acercó a la cama y estuvo comentando con la fiera algunas características de sus rasgos físicos: las orejas grandes, los ojos grandes, hasta que llegó a los dientes y el lobo atacó, creyendo que era eso lo que la niña le sugería mientras se le iba acercando a la boca. Por cierto, ¿saben que los amiguitos de la Manada se llamaban antes “Los cinco lobitos”?, ¿a que suena premonitorio?  Sí, quizá se debería cambiar un código penal que parece redactado por el lobo. Por eso Catalá se ha visto obligado a añadir a los magistrados del consejo consultivo unas cuantas mujeres invitadas. Pero no crean que siempre defiendo a las mujeres por el hecho de serlo yo misma. En absoluto. Reconozco, por ejemplo, que algunas de nuestras políticas están dando muy mal ejemplo últimamente. Me refiero a Santamaría y a Cospedal. ¡Vaya papel que hicieron en las celebraciones del Día de la Comunidad de Madrid! Se comportaron como si fueran lo que son: dos señoritas maleducadas con un deje soez. Ni se miraron entre sí, ni miraron a los periodistas, ni miraron al pueblo de Madrid, que sin embargo no les quitó ojo. Parecido comportamiento al de la reina y la princesa Leonor la semana anterior, cuando despreciaron en público a la abuela Sofía.  Puede que algunos crean que la urbanidad es solo una forma de ocultar los verdaderos instintos, pero es también el espejo en donde se refleja la imagen de los valores morales, tan importantes en la política, aunque hoy brillen por su ausencia. Kant reconocía que en las fórmulas de educación hay mucho de teatro, pero afirmaba también que “en la medida en que los hombres representan sus papeles, esas virtudes que, durante un tiempo, solo han sido aparentes y artificiales, se van poco a poco despertando y acaban pasando al acervo moral”. Y la educación también tiene algo de poético- aunque ese aspecto a Santamaría y a Cospedal les traiga al fresco-.  Elizabeth Bishop, por ejemplo, en el poema titulado “Modales” recuerda cómo su abuelo le aconsejaba cuando iba con él en la carreta: “No olvides que debes conversar/ con todas las personas que te encuentres” Y esa conversación tan educada es la que traslada a sus versos. Lo contrario que nuestras ministras. La gente de derechas tiene muy mal perder, al menos en este país, quizá por eso Santamaría y Cospedal no saben disimular su rabia ante las encuestas que no les son proclives, y la toman la una contra la otra. Siguiendo con Elizabeth Bishop, yo les aconsejaría a las dos un poema especialmente dedicado al arte del perder, que termina diciendo: “Perdí dos ciudades adorables/ Y todavía más, algunas de mis posesiones, dos ríos, un continente/ Aunque los echo de menos, no fue ningún desastre”. El PP puede perder Madrid, es cierto, pero no por eso sus ministras tienen derecho a dar el espectáculo. El verdadero desastre es su mala educación, eso es lo único que ensombrece la fiesta de la polis.

Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.