El Norte de Castilla
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Autor: EsperanzaOrtega
Correspondencia
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Esperanza Ortega | 16-01-2018 | 10:27| 0

La semana pasada fue la semana de las cartas. El miércoles leí una carta en este mismo periódico que había enviado un preso hace 80 años y que hasta ahora no había llegado a su destino. En su perfecta caligrafía, Tomás Gallego, ferroviario de la CNT, escribía desde su celda de aislamiento. “Queridos esposa e hijos: me alegraré que al recibo de la presente estéis bien, yo bien en el día de la fecha” Y la fecha era el 27 de octubre de 1936. En la carta pedía su reloj, aún no sabía qué hora marcarían sus manillas cuando poco tiempo después fuera fusilado. Al leerla, pensé que las cartas más emocionantes son las que no llegan nunca a su destino. Y me acordé de una carta que vi en el Museo Bíblico y Oriental de León. Más de 2.500 años lleva cerrada aquella carta. Procede de Mesopotamia, que es donde apareció la semilla del primer servicio postal del mundo. La escritura de los sumerios era cuneiforme, pictogramas grabados en arcilla blanda, que, una vez endurecida, era imborrable. Y al ser el sobre de barro, para abrirla había que romperla. Así que se conserva en una vitrina, cerrada para siempre. ¿Qué será?, ¿una carta de amor?, ¿la carta de un viajero? Lo más probable es que se trate de una carta comercial, pero en cualquier caso, el barro guarda aún el misterio. Recuerdo entonces las cartas de “Doña Rosita la soltera”, la protagonista de la obra de Lorca. El novio de Doña Rosita se fue a la Argentina para hacer fortuna y le siguió escribiendo cartas de amor aún después de haberse casado en Tucumán. Doña Rosita envejeció leyendo aquellas cartas mientras esperaba su regreso imposible. Por cierto, ¿saben que “Doña Rosita la soltera” fue la última obra representada en la vida de Lorca?. Pensándolo bien, la gente de mi generación hemos crecido esperando y escribiendo cartas: la carta de los reyes, las cartas del novio, las cartas de las amigas… Y los domingos las epístolas de Pablo de Tarso, que escuchábamos en misa, como quien se entromete en una casa ajena. Pablo se las había escrito a los gálatas, a los corintios, a los filipenses…. Bien, pues la semana pasada fue la semana de las cartas porque vi una película hermosísima que se titula “Correspondencias” y cuyo guión son las cartas que se dirigieron mutuamente dos poetas portugueses: Sophía de Melo y Jorge de Sena. De Sena las escribía desde el exilio americano en donde vivió y murió. Y De Melo las recibía en su exilio interior, adonde conducía el camino de los versos de ambos. Las cartas eran el único mensaje que lograba salir del laberinto en el que se encontraban encerrados los dos poetas, igual que el minotauro cretense. Por eso De Sena escribe: “El Minotauro me comprenderá, tomará café conmigo, en tanto/ que el sol serenamente desciende sobre el mar y las sombras…” ¡Cómo se iban a imaginar ellos que las palabras íntimas de sus cartas iban a ser proyectadas en un cine de España! Por eso hay que escribir bien las cartas, porque nunca se sabe quién habrá de leerlas. Todo el que escribe cartas tiene algo de náufrago que espera ser salvado por el que lee la nota encerrada en la botella. A ese lector hay que seducirle para que no nos abandone. Y nos preguntamos: ¿llegará a su destino?, ¿cuándo? ¿ya la habrá leído? Hay un misterio en una carta que nunca se desvela del todo. He aquí su delicia. “Correspondecias” nos anima a escribir a quienes siempre están detrás, esperando: ustedes, por ejemplo. Queridos lectores…

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No hay mal que cien años dure
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Esperanza Ortega | 09-01-2018 | 9:43| 0

Los anarquistas dicen que el poder corrompe, y sin duda llevan razón, entendiendo el dicho de manera metafórica, porque corruptos o no, el poder parece alargar la vida de aquellos que lo poseen. Excepto cuando fueron asesinados, como Lincoln y Kennedy, la mayoría de los presidentes de los EEUU vivieron muchos años, y en Europa ha habido casos célebres de longevidad política, como Churchill y De Gaulle, sin olvidarnos del presidente italiano Giorgio Napolitano, que dimitió en 2015, al cumplir noventa años. Sin embargo, donde el ejercicio del poder parece un seguro de vida es en los regímenes dictatoriales ¿Cuántos dictadores han muerto de cáncer o han sufrido un infarto en edad temprana? Pocos, muy pocos, si es que hay alguno. Chávez, por ejemplo, estaba en el poder porque había ganado las elecciones, mal que les pese a sus detractores. Y si Hitler no se hubiera suicidado y Mussolini no hubiera caído en poder de las masas, quién sabe si hubieran seguido dando guerra hasta finales del Siglo XX. En otro orden de cosas, papas y ayatolas parecen cobijarse también bajo el mismo paraguas que les protege de las tormentas de la muerte. Quién sabe si era verdad que a Franco le protegía la Providencia mientras iba bajo palio, como él mismo aseguraba en su periódico discurso de Navidad. O quizá sea que a los dictadores les acompaña un diablo de la guarda, mucho más eficiente que el ángel distraído con el que contamos aquellos que no mandamos nada. Pero fue África el continente que perdió el año pasado al dictador más viejo del mundo, a la edad de 93 años. Me refiero a Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe hasta diciembre de 2017. Un año antes había declarado que seguiría en su cargo por no decepcionar a sus seguidores, como les ocurre a cuantos tiranos ha habido, hay y habrá sobre el planeta Tierra. Con motivo de la celebración de su último cumpleaños, Mugabe dio una fiesta para la que se mataron más de cien terneros mientras su pueblo, hambriento, olía el guiso y le deseaba una buena muerte. Pero todo acaba algún día, y tanto dictadores como demócratas terminan por disolverse en el mar de la Historia, donde se mezclan los poderosos con los que no han osado matar ni una mosca: “allí los ríos caudales/ allí los otros medianos/ y más chicos/ que allegados son iguales…” ¡Cuánta razón llevaba Jorge Manrique! No deja ser un consuelo, aunque flaquísimo, saber que a Kim Jong-un, el líder entradito en carnes de Corea del Norte, le llegará también su San Antón, como a todos los marranos que ocupan el poder. Así pasó con su padre, Kim Jong-il, primero de la dinastía de los amados líderes. Viejecito achacoso, no le temblaba la mano a la hora de ordenar la decapitación de sus compatriotas–cuentan que decapitó a un colaborador fiel porque percibió que había osado usar su cenicero- ¡Hasta el mismo Trump tendría que reconocer que a él le falta mucho para alcanzar la eterna juventud de su rival coreano por medio de la crueldad y del absurdo! Quizá por eso se tiñe el flequillo de amarillo limón, para seguir siendo amado por el pueblo norteamericano por los siglos de los siglos. El poder corrompe, sin duda alguna, pero lo hace muy lentamente, y mientras… los comunes tenemos dos armas para sustraernos a sus envites: el arte y la risa. Sí, mis amados lectores, que 2018 venga para todos cargado de estas dos mercancías con las que paliar las desdichas que nos esperan a los que nada podemos, y que sigamos vivos para explicar a nuestros descendientes que no hay mal que cien años dure.

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Refugiadas en 2018
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Esperanza Ortega | 03-01-2018 | 1:14| 0

¿Cuántos inmigrantes habrán saltado las concertinas que dividenMarruecos y España mientras tomaban las doce uvas los guardias de la frontera? Seguramente ninguno. Esas cosas solo ocurren una vez. Es lo que pensé a las doce y cinco del año 2018, tras beber unos sorbos de cava. ¿No les impresionó la noticia del refugiado argelino que se suicidó el día 29 de Diciembre en la cárcel de Archidona? No, no estaba acusado de ningún delito. Le habían internado allí en noviembre, con otros cincuenta sin papeles, en espera de que un juez resolviera qué se hacía con él. Y se cansó de esperar. Hizo unos nudos en la sábana y en vez de saltar a la calle escapó más lejos y para siempre. Rajoy no debía de haberse enterado. Lo digo por el discurso optimista de fin de año que nos dedicó a los españoles. Ningún problema difícil de resolver, gracias a su buen hacer nuestro país es la envidia de las potencias extranjeras. Tiene gracia. (Cuando murió Franco no lo celebré como habría celebrado que hubiera muerto en la cárcel o en el exilio, pero me alegré por aquellos que podrían volver a España, todos los que llevaban esperando la noticia para regresar a casa desde hace cuarenta años. Debe de ser muy triste que tu desgracia suponga la felicidad de los otros). Los refugiados que esperan entrar en España también se alegrarían de que a Rajoy le fueran peor las cosas, para ellos su fracaso supondría una bendición ¡Qué vergüenza! Un país como el nuestro, que ha dado al mundo tantos desterrados… Quizá esté tan sensible porque he leído estas vacaciones los recuerdos y confesiones de tres escritoras expulsadas de casa: Irène Némirovski, Etty Hillesum y Marisa Madieri. Ninguna de las tres cuentan su larga marcha con demasiado dramatismo, quizá porque la desgracia las atrapó cuando eran aún muy jóvenes, lo suficiente para no renunciar a la esperanza en las circunstancias más adversas. Iréne Némirovski describe en “La suite francesa” la huida de París de riadas de gente. Iban como podían, en coche, en bici o incluso a pie, mientras entraban en la ciudad las tropas alemanas. Conseguir agua o combustible era tan importante como hacerse con algún alimento para resistir. Marisa Madieri en “Verde agua” cuenta la expulsión de su familia de Fiume, la ciudad italiana, cuando pasó a formar parte de Croacia, en 1947. Dice de su situación posterior en Trieste: “Los refugiados continuaron siendo mirados con sospecha, considerados incómodos y extraños (…) y no faltaron tampoco muchos desgarradores adioses de familias que partían hacia Australia como emigrantes, en un segundo y más radical exilio”. Etty Hillesum explica en su diario por qué se siente libre, incluso feliz, en medio de las persecuciones, antes de ser internada en un campo de concentración nazi: “Conozco la represión, la indiferencia, el odio impotente y el inmenso sadismo. Y aún así, en un momento de descuido y abandono, me encuentro de repente en el pecho desnudo de la vida. Sus brazos me rodean muy suavemente, me protegen…” Quizá la condición de mujeres, como tales siempre situadas en los márgenes de la realidad, las hizo más dúctiles a la hora de amoldarse al dolor. Solo regresó Marisa Madieri. Etty e Irène no volvieron jamás, como el inmigrante anónimo de la cárcel de Archidona. Entre los refugiados que ni las concertinas ni las tempestades logren detener en 2018 quizá se encuentre otra mujer con esperanza y con una cuaderno y una pluma, que pueda volver a contar la odisea de los pueblos del mundo ¡Ojalá!

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Canción de Navidad
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Esperanza Ortega | 27-12-2017 | 11:04| 0

La noche de Navidad tuve unas pesadillas horrorosas. Tres para ser más exactos, tres pesadillas en las que se me aparecieron tres fantasmas. El primero de ellos me recordó las navidades pasadas, en un paraje nevado, en donde sin embargo brillaba el sol y se respiraba un aire purísimo; parecía que el cielo hubiera descendido hacia la tierra y lo inundara todo de una transparencia prístina. ¿Se acuerdan de aquella claridad sin polución y de aquella blancura de la nieve cuajada, porosa, en la que los pasos dejaban una huella limpia e indeleble? ¡Ah, aquellas navidades pasadas que no volverán! Me desperté y casi me echo a llorar de nostalgia. Pero volví a dormirme. Y soñé con un paisaje amenazado por terremotos y ventiscas, inundaciones y sequías, ríos a punto de secarse y playas llenas de basura. Ya no nevaba y el sol lucía tenue, como una vela a punto de extinguirse. Me desperté desazonada y recordé que la causa de mi visión era el calentamiento progresivo de la tierra, que unos pocos dirigentes políticos del mundo intentan frenar en el presente y muchísimos científicos advierten que puede dar al traste con la futura existencia del ser humano sobre la tierra. Pero me volví a a dormir de nuevo. ¿Qué podía hacer yo, una ciudadana común y corriente, para solucionar el problema? Nada, nadie me ha dado vela en el entierro del mundo, por eso mismo me convenía seguir durmiendo. Y comenzó mi tercera pesadilla, la más terrible que hubiera podido imaginar. Vi el mismo paisaje lleno de basura, árido y seco, sin una planta miserable, con los troncos de los árboles tronchados por un vendaval de aire sucio y caliente, bajo un cielo negruzco, que no atravesaba pájaro alguno. En el silencio sepulcral oí los pasos de una mujer encorvada que tosía continuamente mientras buscaba entre la basura algo que llevarse a la boca. ¿Quién era esa mujer solitaria? Me acerqué un poco más y reconocí en su mirada algo familiar: era yo misma, en un mundo futuro. Al despertar, en el preciso momento en que la mujer levantaba los ojos del suelo y me miraba sin reconocerme, sentí no haber tenido más tiempo para preguntarle qué había sido de mi familia, de mis amigos, de todos los hombres del mundo. Pero quizá no era yo misma, me dije aliviada, quizá era una descendiente mía que se me parecía como una gota de agua. ¿Agua? En mi última pesadilla no había agua. Era el futuro, del que serían responsables tanto los dirigentes políticos de hoy como los ciudadanos que votaban a esos dirigentes dominados por intereses económicos: un círculo infernal. Y pensé que lo peor de todo era que no había posibilidad de dar marcha atrás como en el cuento de Dickens, porque la complejidad y el poder de la avaricia llegaba mucho más lejos que en el Siglo XIX, cuando el señor Srooge, el protagonista del cuento de Dickens, decidía volverse generoso y regenerar su vida en las navidades futuras. Me quedé pensativa por unos instantes, hasta que decidí encender la radio y la música de un villancico publicitario me ayudó a olvidar las imágenes del sueño. Antes de que desaparecieran del todo, me había preguntado qué sentiría Trump ante estos tres parajes soñados, pero una voz misteriosa me había dicho que Trump no sueña, no sueña, no sueña. Eso era lo más angustioso, oír aquella voz, saber que en cualquier momento puede volver a hablarte la verdad y vas a tener que enfrentarte a ella. Saber que tú sí sueñas todavía.

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La manada contraataca
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Esperanza Ortega | 19-12-2017 | 10:20| 0

No seré yo la primera en señalar que la lucha contra el machismo ha recibido un buen empujón en este año que termina. Es verdad que se siguen dando comportamientos machistas por doquier, pero también es verdad que dichos comportamientos son rápidamente identificados como tales y rechazados, al menos en apariencia, tanto por damas como por caballeros: por ejemplo, empiezan a sumarse tímidamente algunos hombres a las manifestaciones feministas, sobre todo cuando estas tienen por objeto el rechazo a las agresiones a la mujer. Pero el león herido es más peligroso que el que campa por sus respetos como rey de la jungla. Por eso nada de particular tiene tampoco que sea hoy precisamente cuando se den los crímenes más atroces contra las mujeres en forma de asesinatos y violaciones o las dos cosas a la vez. Y también obedece al mismo motivo que sea este año cuando ha surgido un movimiento de resistencia contra las mujeres feministas, es decir, contra todas las que merecen llevar ese nombre. El machismo camuflado se esconde en las redes como Menosphere, que ha nacido con esa única misión, pero también en forma de comentarios anónimos a los artículos que se comparten o incluso emerge en publicaciones con seudónimo con el beneplácito, claro está, de quienes las dirigen y publicitan. Sí, una manada de machistas heridos en lo más hondo se dispone a contraatacar cuando siente que su poder ancestral está en peligro. Como ejemplo de la torpeza de este movimiento de resistencia machista, valga la publicación en la revista de la Asociación judicial Francisco de Vitoria de un texto repugnante para cualquier ser humano, firmado por un tal “El guardabosques de Valsain” y dedicado a denigrar a Irene Montero como política, transmitiendo el mensaje de que la parlamentaria de Podemos ha llegado a estar donde está no por méritos propios sino por haber sido pareja de Pablo Iglesias: “La diputada Montero/ expareja del Coleta/ ya no está en el candelero/ por una inquieta bragueta..”, termina diciendo el magistrado que se cree escogido por las musas. Antes de seguir hablando del tema, quiero aclarar que dicho texto no es un poema ni malo ni bueno ni regular, como lo definen algunos periódicos. No es un poema, es un texto que recoge un conjunto de vulgaridades en verso salidas de la pluma de un ripioso sin arte pero con una inmensa mala leche. De estos personajes todos y todas hemos padecido alguno. Se dan sobre todo entre los ufanos burócratas que sienten que la Historia de la Literatura ha perdido un talento al ignorar sus cualidades poéticas, generalmente jaleadas por familiares y compañeros de trabajo tan cretinos como ellos, que creen sinceramente estar ante un nuevo Quevedo. Algo semejante debieron pensar los que publicaron tales abyecciones, que metafóricamente podríamos calificar como el sucio esperma de un guarro incontinente. Leyendo el texto del anónimo magistrado rememoramos con nostalgia aquellos piropos bárbaros que nos dedicaban algunos albañiles desde los andamios o los obreros que manejaban las grúas callejeras, salvajes, sí, pero mucho más inocentes que estas felonías casposas que se esconden debajo de las togas. Enhorabuena, señorías, se han delatado ustedes como los mejores adalides del machismo hispano. Ahora comprendemos a qué se deben algunas sentencias incomprensibles para el sentido común que salen de los juzgados y que nosotros, por supuesto, respetamos y respetaremos. ¿Y las mujeres jueces y magistradas?, ¿qué decís vosotras?

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Sobre el autor Esperanza Ortega
Esperanza Ortega es escritora y profesora. Ha publicado poesía y narrativa, además de realizar antologías y estudios críticos, generalmente en el ámbito de la poesía clásica y contemporánea. Entre sus libros de poemas sobresalen “Mudanza” (1994), “Hilo solo” (Premio Gil de Biedma, 1995) y “Como si fuera una palabra” (2007). Su última obra poética se titula “Poema de las cinco estaciones” (2007), libro-objeto realizado en colaboración con los arquitectos Mansilla y Tuñón. Sin embargo, su último libro, “Las cosas como eran” (2009), pertenece al género de las memorias de infancia.Recibió el Premio Giner de los Ríos por su ensayo “El baúl volador” (1986) y el Premio Jauja de Cuentos por “El dueño de la Casa” (1994). También es autora de una biografía novelada del poeta “Garcilaso de la Vega” (2003) Ha traducido a poetas italianos como Humberto Saba y Atilio Bertolucci además de una versión del “Círculo de los lujuriosos” de La Divina Comedia de Dante (2008). Entre sus antologías y estudios de poesía española destacan los dedicados a la poesía del Siglo de Oro, Juan Ramón Jiménez y los poetas de la Generación del 27, con un interés especial por Francisco Pino, del que ha realizado numerosas antologías y estudios críticos. La última de estas antologías, titulada “Calamidad hermosa”, ha sido publicada este mismo año, con ocasión del Centenario del poeta.Perteneció al Consejo de Dirección de la revista de poesía “El signo del gorrión” y codirigió la colección Vuelapluma de Ed. Edilesa. Su obra poética aparece en numerosas antologías, entre las que destacan “Las ínsulas extrañas. Antología de la poesía en lengua española” (1950-2000) y “Poesía hispánica contemporánea”, ambas publicadas por Galaxia Gutemberg y Círculo de lectores. Actualmente es colaboradora habitual en la sección de opinión de El Norte de Castilla y publica en distintas revistas literarias.

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