En esencia, periodismo

Recupero este blog después de taaanto tiempo para incluir el artículo que he escrito (en versión extendida) para el suplemento del 20 aniversario de la delegación segoviana de El Norte de Castilla. Ahí va:

 

Tres veces, tres, he tenido que hacer la cuenta. De 1997 a 2012… quince años. ¡Quince! No puede ser. De 1997 a 2007 van diez, más cinco, 2012… ¡Quince años! Y mentalmente, he contado uno por uno para llegar a la misma conclusión: Que han pasado quince años en un suspiro, al galope y con la soberbia del que tiene la sartén por el mango. Tal vez estas letras destilen demasiada melancolía y, si hay que culpar a alguien, señalo sin dudarlo a los sones de Manolo García.  ‘Nunca el tiempo es perdido’, tararea en mis oídos mientras escribo este artículo, y sus sones amparan mis recuerdos de ese diciembre de 1997 cuando mis ojos capturaron por primera vez la imagen del imponente Acueducto. Los cinco años posteriores sirvieron como diaria penitencia por haber ignorado durante 23 años su insólita existencia. Despreciando el frío que apremiaba mis pasos, opté por tomarme mi tiempo para llegar a la Plaza Mayor. Tengo grabado ese recorrido en mi memoria y, por muchas (y fueron muchísimas) veces que mis piernas trazaron ese mismo itinerario, no puedo evitar que la imagen que atesora mi recuerdo sea la de ese primer día.

Tuve suerte. Mi primera incursión en la delegación segoviana del periódico fue en la cena de Navidad. En un ambiente distendido (muy distendido) conocí a los que serían mis compañeros en los siguientes cinco años: Mosco, Carlos, Álvaro, los dos Fernandos, Teresa, Tanarro, Municio y, por supuesto, Toño y Cris (los que luego serían mi pequeña familia segoviana, junto a sus/mis niñas). Con algunos coincidí allí solo un par de años, como con Javier, con Jaime o con José Jesús y Noemí; y con otros solo en esa cena, como Antonio (aunque los entuertos de la vida nos han llevado a encontrarnos posteriormente en la redacción de Valladolid).

Aquella noche comencé una nueva etapa de mi vida en la que aprendí buena parte de esta profesión que gestiona como ninguna la cal y la arena. Fue el mejor máster que un periodista puede acometer, el de la calle, el de enfrentarte sin grandilocuencias ni laureadas al día a día de la actualidad, a las vidas de la gente corriente, la del vecino, la de la mujer de la tienda de la esquina, el de la chabola enlodada, el del hijo del cura, el del premiado con la lotería, el fotógrafo de la Calle Real… Historias, al fin al cabo, que son la esencia del periodismo; de un periodismo que sirve a sus lectores con humildad, que huye del boato y que no espera palmadas en la espalda. Ingrato sí, pero periodismo del que curte al fin y al cabo. Y a mí me curtió. Recordaré siempre con orgullo esta ‘escuela segoviana’ que me impregnó de la esencia del periodismo. Y justo, cuando escribo esto, el poeta García canta en su estribillo ‘nunca el tiempo es perdido, solo un recodo más en nuestra ilusión ávida de olvido…’. Nadie lo habría expresado mejor.

Lo de Bisbal es ‘in-creíble’

No me reía tanto en Twitter con lo de Bisbal desde la lista de #frasesdemadre. Es curioso cómo un comentario del permanentado cantante almeriense (más conocido por su golpe de cadera que por sus aportaciones intelectuales) haya causado tal revolución en las redes sociales. La ya famosa “Nunca se han visto las pirámides de Egipto tan poco transitadas, ojalá que pronto se acabe la revuelta” ha dado la vuelta al mundo más rápido que su último disco (triple platino, por cierto) que, para más inri, se llama “Sin mirar atrás”.


Por suerte para Bisbal (si es que no saca provecho económico de la polémica), en unos días todo el mundo dejará de mofarse de su persona para reírse o criticar las ocurrencias de otros. Mientras tanto, podremos seguir disfrutando de la ironía de los tuiteros. ¡Cuánto arte en tan solo 140 caracteres! Como homenaje, una pequeña selección de los tweets más divertidos con el hashtag #turismobisbal. Ahí van:

-Estoy estreñido, voy a ver Chicago.

-Hace poco estuve con una tribu quechua y les dije que me encantaba la ropa que hacian para decathlon…

-Nunca se ha visto la Antártida tan poco transitada, ojalá se acabe el invierno.

-¡Estoy muy indignado! He ido a Qatar y no me han dejado probar nada!

-Me quedo sin poder ir a Londres, me han dicho que sólo aceptan Libras, y yo soy Acuario!

-¡Qué curioso! En Bermuda la gente también va con pantalones largos!!!

-Nunca se han visto tan pocos coches circulando por Venecia, ojalá se acabe pronto la inundación.

-Viendo en Londres el Big-ben. In-creíble que de ahí se formase el Universo!!!

-Acabo de volver de Leganés y allí no había ningun monstruo.

-¿Si los de Kenia son keniatas, ¿los de Cuba son cubatas?

-David Bisbal: “Vengo de ver la Capilla Sixtina. Para ser una tortuga ninja, Michelangelo era un pintor cojonudo”.

-Vengo a León, y no veo ni uno! dónde les tienen??

-Me encantó Disneylandia, a ver si en Groenlandia me lo paso igual.

-Cuando duermo en un hotel de 5 estrellas siempre me pregunto quienes serán los otros cuatro.

-En la agencia de viajes me han dicho que no existe Narnia. Son unos incompetentes, han rodado 3 películas allí!

Y, para rematar, os dejo este grupo de Facebook:

Rebajas y crispación

La mala educación es una de las enfermedades de la sociedad actual más lamentable y preocupante. Hace unos años, el labriego más iletrado de cualquier pueblo era más amable y educado que muchos universitarios, empresarios, comerciantes (o cualquier otra profesión) de la actualidad. Y no me refiero solo a las formas, al pase usted delante, al ceder el asiento en el autobús a una persona mayor (qué también), sino sobre todo a esa actitud con la que muchos se enfrentan a las inevitables relaciones sociales del día a día. De esta galopante mala educación saben mucho los profesionales de la sanidad, los tenderos, los funcionarios de ventanilla, los camareros… Todo aquel que vive de poner su jeta frente al público. Y es que los españoles somos gente impaciente; queremos que nos atiendan los primeros… De no ser así, nos quejamos, voceamos, y hacemos gala de la larga lista de improperios útiles para masacrar verbalmente al prójimo. Tenemos la razón y haremos lo que sea por dejarlo lo más cla-ri-to po-si-ble.
El otro día me crucé con un ejemplar de estos; un iluminado de sapiencia y buenas maneras que hacía cola cuatro turnos antes que yo en una de las repletísimas cajas de Zara. Al inicio de las rebajas, la tienda rebosaba clientela por todos sus costados mientras los empleados corrían de un lado a otro intentando componer lo que los ávidos compradores desordenaban en la búsqueda del mejor precio. El llamémosle ‘cliente cabreado’ esperaba su turno con un triste niqui de niño en las manos. Cada poco, mostraba en voz alta su desesperación. “¡Qué vergüenza de tienda!”, “Podían prever esto”, “Esto no hay quien lo aguante”… Cada minuto que pasaba (y pasaron muchos) aumentaba la intensidad de su cabreo. Ya por teléfono (me imagino que con la necesidad de desahogarse con su señora) amenazó con “liarla bien liada”. Cuando le llegó el turno, pidió que avisaran a la supervisora, a la que puso a caer de un burro. “Llevo más de 45 minutos para pagar un puto niqui”, le espetó. Y mientras discutía con la empleada, todos los demás esperábamos, algunos haciéndole los coros.
Yo lo que no entiendo es que alguien proteste porque en los primeros días de rebajas hay gente en las tiendas, y colas ante las cajas, y haya que esperar más tiempo. Es lógico y normal y, a mi juicio, comprensible. Si quieres comprar barato en rebajas, es normal sufrir este tipo de incomodidades. Es intrínseco a la temporada. Y al que no le guste, que compre antes o después; es así de sencillo.
Aunque el comentario que más me gustó fue el de una señora que aseguró muy convencida “cómo se nota que lo único que quieres es hacer dinero”. Pues sí, señora. Normalmente, el objetivo de las empresas es ganar dinero, crecer y mejorar. Un fin muy lícito y respetado en otros países que, sin embargo, tiene muy mala fama en este. Una pena.

La voladura de la torre de Riaño

En un día como el de hoy, (con acontecimientos internacionales tan graves e inquietantes como el ataque de Corea del Norte a su vecina Del Sur, con la Bolsa tambaleándose ahora por culpa de los aleteos en Irlanda de la mariposa de la crisis y con la amenaza de un descenso de las temperaturas que nos deje tiritando) sorprende que uno de los vídeos más visitados y comentados (por lo menos en estas tierras castellanas y leonesas) sea el de un pueblo que desapareció hace ya 23 años. Las imágenes llevan colgadas desde hace más de un mes en YouTube, pero es ahora cuando los medios nos hemos puesto de acuerdo en aupar al reconocimiento de noticia un vídeo que fue grabado el 17 de julio de 1987.
El pie de foto reza: “Imágenes inéditas de la voladura de la torre de Riaño (León), último símbolo de una de las zonas más bonitas de España antes de ser inundada por las aguas para crear el pantano de Riaño”.
Y, efectivamente, lo que describe es lo que se ve. Ni más ni menos, ni menos ni más. Un minuto en la historia de un pueblo que luchó hasta el final por sobrevivir y que tuvo que resignarse a trasladar sus esperanzas piedra a piedra.
Ahora, Riaño ha logrado reinventarse y vivir del turismo y de la caza mientras observa día a día las aguas que anegaron su pasado.
Yo fui de niña varias veces (mi abuelo nació allí), pero no logró recordar nada antes de ese verano de 1987. Sin embargo, nunca olvidaré el día en el que mi abuelo nos llamó a mi hermana y a mí (yo tenía 12 años y Silvia, poco más de 8) y, con vehemencia, nos dijo: “Hoy vais a ver algo histórico”. Y hoy, cuando he visto el vídeo de la voladura de la torre, he revivido ese preciso momento, el día en el que desde el pequeño Ford Fiesta rojo de mi abuelo recorrimos Riaño por última vez. Un pueblo como muchos otros de la montaña, con sus casas de piedra y sus ventanas de madera; con sus fachadas blancas y grises, y sus tejados preparados para sufrir las inclemencias del tiempo… Pero las caras de sus gentes reflejaban la desesperación. Se trataba de un pueblo entero que hacía las maletas muy a su pesar. Habían luchado, se habían movilizados, muchos se atrincheraron en sus casas… pero no consiguieron el indulto. El día que yo visité Riaño, tenía los días contados. Sus vecinos recogían sus enseres, tristes, cabizbajos, destruidos… Las paredes estaban repletas de carteles y pintadas y en algunas casas se mantenían grandes pancartas con un rotundo ‘No al pantano’.
Sus esperanzas volaron por los aires, como la torre que dinamitan en el vídeo de Youtube, y mientras a algunos les parecía preciosa la devastación, otros se desgañitaban gritando un ‘Fuera, fuera’ que ha logrado milagrosamente sobrevivir y transformarse, con el tiempo, mucha determinación y una pizca de melancolía, en un ‘Riaño vive’.

(Aquí podéis ver una galería de fotos de la demolición de Riaño)

Somos periodistas y punto (com)

Llego a la Redacción emocionada tras la charla de Gumersindo Lafuente en el Colegio Mayor Peñafiel. La conferencia (que, por cierto, he intentado twittear ) ha tratado del periodismo digital y del perfil necesario para afrontar los nuevos retos del oficio. Estaba orientada a estudiantes, por lo que yo he querido despojarme de los prejuicios que amontona la experiencia para escuchar las palabras del periodista de El País con la misma candidez que el resto de los jóvenes que abarrotaban la sala del colegio vallisoletano.
La apuesta de Lafuente por el periodismo digital quedó patente desde sus primeras palabras. “Estamos ante un momento extremadamente excitante para el periodismo. Tenemos que reinventarnos y no pensar que la tecnología es nuestro enemigo”. Dejó clara su apuesta por la Red. Y no solo porque dijo que cualquier periodista inteligente quiere trabajar en Internet, sino también porque defendió el periodismo por encima del soporte. “¿Los periódicos de papel son esencial para la democracia? Pues entonces, tampoco pasa nada porque dejen de existir mientras el periodismo siga existiendo”.
Está claro que Gumersindo quiso ser provocador. Pidió a los periodistas del futuro que sean curiosos, impertinentes, rebeldes y que no se dejaran humillar nunca.”Este es un oficio de rebeldía permanente. Es mejor trabajar con gente incómoda que con gente sumisa”. También cuestionó la utilidad de la carrera de Periodismo “sin otros conocimientos complementarios” y aseguró (y esto es importante para los que busquen un trabajo en esta profesión) que él ya no recoge currículums. Prefiere mirar los seguidores y amigos de las redes sociales del posible candidato.
De la charla me quedo con su pasión contagiosa (porque para mí lo más importante en un oficio que tiende a convertir buenos profesionales en trabajadores quemados e hiperescépticos) y con una frase: “No me gustan las etiquetas. Somos periodistas y punto”. Pues eso, periodistas y punto (com).

¿Los actores no quieren mojarse en la Seminci?

Tal vez la amenaza de lluvia haya sido la culpable de que la clausura de la Seminci careciera de un glamour casi obligado en estas ocasiones. Puede ser que los actores, actrices y directores más conocidos del panorama nacional e internacional declinaran la invitación a desfilar por la alfombra roja que marcaba el camino al Teatro Calderón por el temor a sufrir sobre sus carnes un aguacero que los informativos daban por seguro. Se equivocaron, pero eso ahora no importa, porque el festival se ha cerrado con pocas caras conocidas y una pequeña desavenencia con la concesión de la Espiga de Oro a ‘Sin retorno’. Nunca llueve al gusto de todos y menos en Valladolid (donde por cierto no cayó ni una gota), a la que se la conoce como “aquella ciudad de espectadores duros que patean películas y a cuyo público es difícil sacarle una carcajada”. No creo que sea para tanto. Ya casi no se patea (tan sólo Cohan recibió el tajante veredicto) y, tal vez, si no nos reímos es que las pelis que se proyectan en este Festival son unos dramas absolutos. Lo cruel sería reírse con ese panorama.
Sea como fuere, ni siquiera se presentaron los premiados. Vale, algunos están en otra punta del planeta, pero hoy día cualquiera puede virtualizarse en un escenario a través de videoconferencia. ¿Acaso no es posible hablar con un astronauta que vive en una estación espacial a miles de kilómetros de distancia? Pues parece que con un actor o con un director, es más complicado.
Está claro que la ceremonia de inauguración fue mucho más vistosa, aunque contaba con la presencia de Antonio Banderas, quien siempre da el toque glamuroso allá donde va, y eso que es un tipo sorprendentemente cercano y nada presuntuoso, que destila encanto por cada poro de su bronceada piel.
Hasta Pablo Motos, que en inicio iba a participar en la ceremonia, declinó la invitación (tal vez porque la gala la retransmitía TVE 1 y no quería aparecer en una cadena que no fuera la suya). No seré yo quien diga que el ‘temilla’ del alcalde ha enturbiado la participación en el Festival tanto de Motos como del resto de actores y actrices invitados; aunque si así fuera me parecería una actitud muy poco respetuosa con esta ciudad y con la Seminci. Ninguna de las dos deberían pagar por los errores ajenos.
Sí que vimos desfilar a Alicia Borrachero, que llegó del brazo de Rubén Ochandiano; a Gonzalo Miró, Fran Boira, Toni Acosta, Sancho Gracia, Irene Visedo, Emilio Gutiérrez Caba, Ginés García Millán, Ana Fernández, María Botto, Ana Celentano y, por supuesto, a la premiada Emma Suárez. La mayoría, acudió a trabajar; vamos, a entregar galardones en una gala infinitamente larga e infinitamente más seria que la de la inauguración. Exceptuando el humor ágil de Toni Garrido, el único punto de humor lo puso un ‘sketch’ enlatado de la anterior gala y protagonizado por Flipy y Alfredo Díaz. La crisis, que no perdona.
Desde este blog le deseo toda la suerte del mundo a las películas premiadas y mucha más a las que no han recibido los favores del jurado. De todas ellas, me quedo con tres: ‘Incendies’, ‘La extraña’ y ‘Na putu’; y eso que me han hecho llorar para todo el año… por lo menos, por lo menos, hasta la próxima Seminci.

Vidas pequeñas, medianas, grandes y enormes

En los dos últimos días, y en mi afán por dar paso a la actualidad, he dejado en el tintero mis opiniones (las críticas se las dejo a los entendidos) de tres películas con las que la Seminci ha cerrado el Festival. Me refiero a ‘Vidas pequeñas’, ‘Retrato número cuatro’, ‘El último baile de Mao’. A éstas le añado yo ‘Lope’, film que he elegido para clausurar personalmente el festival después de una semana loca en la que he visto 16 películas, 12 cortos y un documental. Sobre mi mesa descansa ya un manoseado y arrugado programa, repleto de cruces y anotaciones, con el que he organizado mi vida en los últimos días y que me ha ayudado a ir saltando de sesión en sesión con todo el orden y concierto que me ha sido posible.
De esas cuatro películas, comenzaré con ‘Vidas pequeñas’ , un film que no ha sido acogido con el entusiasmo que esperaba el director del Festival, Javier Angulo, que llegó a decir que era una “apuesta personal”. Aunque tras la proyección sí que recibió aplausos (bien es cierto que el público tardó en arrancar), no le auguro un futuro muy prometedor a la historia por la que ha luchado Enrique Gabriel, que relata las vidas fracasadas de un grupo de personajes que coinciden en un camping y que tratan de salir adelante con la única ayuda de la inercia de la cotidianidad. Una diseñadora que vive sus peores momentos se cruza en el camino de un mimo que huye de un mundo que considera cruel y despiadado. Juntos viven un amor que desde el primer momento nace con fecha de caducidad. Es tal vez Roberto Enríquez lo mejor de ‘Vidas pequeñas’. Este vallisoletano siempre otorga a sus personajes ese halo de saber estar y de hombre grande que no le abandona ni sentado sobre un retrete (como le vemos en la fotografía) ni con las melenas que ahora luce por su papel de Viriato en ‘Hispania’; un trabajo que a buen seguro estará rodeado de más éxito que la película de Enrique Gabriel.
De vidas pequeñas también trata ‘Retrato número cuatro’ , una película que por problemas con la huelga de aviones en Francia llegó in extremis a la Seminci (los organizadores habían anunciado ya un posible cambio en la programación) y que ha recibido un premio a la mejor fotografía. Y es que este film del taiwanés Chung Mong-hong se recrea en las imágenes grises y azules para narrar la historia de un niño que, tras quedarse huérfano, debe vivir con su madre (que se gana la vida como prostituta) y con un padrastro cruel que guarda el secreto de la desaparición de su hermano. Un film totalmente recomendable que merece la pena disfrutar.


Nada tiene que ver con la anterior ‘El último baile de Mao’, con la que la Seminci ha clausurado la ceremonia de clausura. La historia real del bailarín chino Li Cunxin, que con sólo 11 años fue enviado a Pekín en plena revolución cultural maoísta después de que representantes del Gobierno descubran su talento en la danza, es tal vez junto con ‘También la lluvia’ y ‘Sin retorno’, la película más comercial de las que se han podido ver en el Festival. Gustará mucho a los enamorados del baile en general y de la danza en particular. Muy recomendable.

Por cierto, que en la tarde del sábado también pude ver el documental ‘Mis caminos a través de la danza’, que relata la vida de otra bailarina, Mariemma, gracias a un trabajo muy interesante realizado por el iscariense Daniel G. Cabrero.
Termino ya con ‘Lope’, una película de la sección ‘Tiempo de historia’ en la que trabajan juntos una vez más Luis Tosar y Alberto Amman junto a Leonor Watling, Pilar López de Ayala (madrina de la presente edición del Festival), Antonio de la Torre, Juan Diego, Ramón Pujol y Selton Mello. Un reparto de excepción para relatar la vida del gran Lope de Vega y de cómo un soldado se convirtió en uno de los mejores dramaturgos y poetas españoles. Aunque esta película nos devela que El llamado Fénix de los ingenios y Monstruo de la Naturaleza por Miguel de Cervantes era también un hombre que sufrió por amor, que llegó a estar en la cárcel por despecho y que fue capaz de dejarlo todo por el amor de Isabel de Alderete y Urbina, hija del pintor del rey.

‘Incendies’ mereció ganar

Poco antes de comenzar la rueda de prensa en la que se daría a conocer el palmarés de la Seminci 2010 , los periodistas comentaban en las puertas del teatro Calderón de Valladolid que se había filtrado la Espiga de Oro. “Se la van a dar a ‘Sin retorno’ “, me comentó un fotografo, “lo han contado los de la productora”. Junto a él, otro compañero de profesión añadía con vehemencia que el mejor actor sería Sabraglia y la mejor actriz Emma Suárez. Ya en la bella Sala de los Espejos, donde día tras días se han presentado las distintas películas con sus principales actores, actrices y directores, algún reportero apuntaba indignado a que la filtración se había producido anoche, tras la deliberación del jurado. “Es una falta de respeto”, concluyó una conocida periodista radiofónica. El director del Festival, Javier Angulo, acalló los dimes y diretes con el inicio de la rueda de prensa, aunque también se refirió al pequeño incidente de la filtración, insinuando un pequeño tirón de orejas al causante del desliz.
Poco después, uno a uno se fueron desvelando los premios. Efectivamente, Emma Suárez (por ‘La mosquitera’) ganó el premio a la mejor actriz, aunque el de mejor actor se lo lleva Jesper Chistense, por ‘En familia’ (parece que la filtración no era tan fiable como parecía).
Tras una larga retahíla de premios, y en el último lugar, llegó el turno de la Espiga de Oro o, mejor dicho, espigas, porque el premio se reparte entre ‘Copia certificada’ (de Abbas Kiorastami) y ‘Sin retorno’ (de Miguel Cohan, que en el momento de oír su nombre accedió a la sala de los Espejos del Calderón, con lo cual pudo escuchar muy a su pesar algún abucheo). Dos películas muy distintas y dos de mis favoritas, aunque creo que ‘Sin retorno’ se ganará más el favor del público por ser una historia actual y realista que cuenta con el mejor Sbaraglia.
Siento decir que esperaba un premio mejor para ‘Incendies’ , que se tendrá que conformar con el Premio al mejor guión, el Del público y el de la Juventud. Esta historia canadiense tan bella y sobrecogedora merecía ganar una Espiga. Tampoco ‘La extraña’ se ha ganado el favor del jurado, y es una lástima.
Del resto dle palmarés, coincido en que ‘A o B’ y ‘Matar a una abejorro’ son los mejores cortometrajes (unos pocos minutos para sonreir en un Festival en el que abundan en demasía los dramas) y me he alegrado porque el Premio Especial del Jurado haya recaído en la sincera ‘Na putu’ .
El jurado de la Seminci ha hecho su trabajo. Ahora la pelota está del lado del público. Ya se verá si el juicio popular coincide con el de los expertos.

Mis puntuaciones de la Seminci

Éstas son las puntuaciones que yo le doy a las películas que he visto en la Seminci:

-Fuera de concurso:

También la lluvia: 8.

Mao´s last dancer: 9.

-Sección oficial:

Copie conforme: 8.

Incendies: 9.

Sin retorno: 7,5.

La extraña: 9.

Más allá de las estepas: 7.

Na putu: 8

Vidas pequeñas: 7,5.

Retrato número cuatro: 8

-Spanish cinema:

Celda 211: 9.

El mal ajeno: 7.

Pájaros de papel: 9.

Lope: 7.

-Universo Chabrol:

La mujer infiel: 7.

Bellamy: 8.

-Cortos:

Ana´s Playground: 9.

A o B: 8.

Matagatos: 6.

Morir cada día: 7.

Skye: 6.

Tetequiero: 8.

¿Te vas?: 8.

Matar a un abejorro: 9.

Niños pequeños, palabras mayores: 7.

En la grúa: 7.

Una chica como yo: 7.

La ballesta: 7.

De madres coraje y otros dramas

Ya he comentado en este blog que la Seminci no es un festival de comedias y, entre las películas elegidas este año para la sección oficial, dos destacan por su especial carácter dramático. Hablo de ‘La extraña’ (Die Fremde) y de ‘Más allá de las estepas’ (Beyond the steppes). Ambas películas tiene en común protagonistas femeninas que viven situaciones límites y que lucharán hasta la extenuación por proteger a sus hijos. Sin embargo, mientras ‘La extraña’ es una historia ágil que agarra al espectador y le mantiene en vilo debatiéndose entre la emoción y la rabia; ‘Más allá de las estepas’ llega en ocasiones a despertar el tedio al recrearse en demasía en algunas escenas. En este primer trabajo del director belga Vanja d’Alcantara, se narra la desesperación de una joven madre polaca, casada con un soldado, que en 1940 es deportada y obligada a emprender un viaje con un bebé por las estepas de Asia central. Lo más interesante de ‘Más allá de las estepas’ es el coraje de Nina y su relación con un grupo de nómadas kazajos, los únicos que se apiadan de su tragedia.

Muy distinto es el caso de ‘La extraña’, una historia que sobrecoge por su realismo y su actualidad. Una película que está a la orden del día; bien podría ser una de esas noticias que abundan en los telediarios. Dirigida por Feo Aladag, cuenta el retorno de la joven alemana Umay a Berlín desde Estambul, ciudad de la que huye de su matrimonio acompañada por su hijo pequeño Cem. Umay intenta retornar al protector seno familiar, pero donde esperaba hallar compresión y cariño, sólo encontrará rechazo e incomprensión. Umay huye de la violencia de su esposo, pero seguirá sufriendo la violencia de su padre y su hermano. La principal belleza de este film alemano es la tierna relación en Umay y su hijo Cem, la única unión familiar que no se resquebraja y que da valor a la protagonista de una película más que recomendable.

El Norte de Castilla

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