Skip to content

Palos y navajas en San Pedro Abanto

2012 abril 5
por Carlos Álvaro

La autopsia desveló que Paulino Moral apenas tenía materia gris en el cráneo. Él y Juan Gómez fueron las víctimas del doble crimen ocurrido en el ventorro en 1888.

 

 

A eso de las doce del mediodía del 12 de abril, los cadáveres de Paulino Moral y Juan Gómez llegaban al local de Zamarramala designado para la realización de la autopsia. Tras una primera exploración, el médico certificó que la herida causante de la muerte de Moral ocupaba la parte anterior y lateral del cuerpo, tenía nueve centímetros de longitud y había sido ocasionada por un arma cortante y punzante que interesó el peritoneo. Por su parte, el cuerpo inerte de Juan Gómez presentaba dos cortes situados en la parte anterior y posterior del mismo, uno de 18 centímetros de longitud. El forense abrió el cráneo de Paulino y comprobó que nada ofrecía de notable; si acaso, una carencia completa de materia gris. Una pareja del cuerpo de Seguridad vigilaba para impedir que accediera al improvisado quirófano el gentío curioso.
Paulino Moral y Juan Gómez fueron las víctimas del denominado crimen de San Pedro Abanto, pasaje que acaparó durante días la atención de la opinión pública segoviana y suscitó en el periodismo la queja unánime por el elevado índice de criminalidad registrado en la provincia. Aún estaba reciente el asesinato del regidor de Carbonero el Mayor Esteban Llorente, cuando los palos y las navajas escribieron en el célebre ventorro un nuevo episodio de la crónica negra local.
El doble homicidio tuvo lugar la tarde del 8 de abril de 1888. El tiempo era primaveral y un grupo de hombres jóvenes merendaba en la terraza del establecimiento. Las jarras de vino y las viandas de embutido iban y venían, y reinaban la alegría y el buen comportamiento, al menos en apariencia. Alrededor de las mesas de madera departían Paulino Moral, Juan Gómez, Víctor Muñoz, Mariano Núñez y los hermanos Isidoro y Román Criado. La situación cambió cuando varios de ellos entraron en la venta para pagar la cuenta. Al parecer, Mariano Núñez desafió a Juan Gómez a jugar un pulso. El reto prendió la mecha, si es que no lo había hecho antes.
–«Yo contigo solo juego al palo» –respondió Gómez.
–«¿Tú? Tú no vas a ninguna parte» –le replicó Mariano.
Encendido por la contestación, Juan Gómez arreó una tremenda bofetada a su rival y Mariano Núñez le correspondió con un varazo. Puñetazos, patadas y juego de navajas. El ambiente se envileció hasta el extremo y la reyerta sangrienta emergió junto al mostrador del bar, donde Paulino Moral y Juan Gómez, implicados de lleno en la pelea, recibieron varias cuchilladas mortales de necesidad. Moral y Gómez fallecieron dos días después de la riña y Román Criado, otro de los heridos, pudo restablecerse tras haber pasado por el hospital.

 

 

«Como presunto autor de este suceso ha sido detenido Isidoro Criado, natural de Zarzuela del Pinar y habitante en la calle de la Canaleja, casa de la Parra, de esta capital. El secreto de sumario nos veda dar más pormenores», informaba ‘El Faro de Castilla’ el 14 de abril de 1888. En ‘La Tempestad’, José Rodao exponía al día siguiente su visión de los hechos. El periodista no dudaba en acusar a las tabernas: «Todo el mundo sabe que en el merendero denominado ‘San Pedro Abanto’ hubo el domingo por la tarde una acalorada reyerta, de la cual resultaron tres heridos, tan graves, que dos de ellos dejaron de existir á las pocas horas. Si fuera gente de dinero la que frecuenta las tabernas, indudablemente serían subvencionados estos establecimientos por abogados, procuradores y demás gente del oficio. Porque no hay que darle vueltas, las tabernas son las fomentadoras del crimen. Parece que el inficionado aire que en ellas se respira aviva los hábitos de criminalidad. Un comerciante de navajas y puñales que instalase su establecimiento junto á uno de esos templos levantados en honor al dios Baco, tenía asegurada su clientela».
Rodao vivió el episodio en primera línea periodística y del artículo que firmó se deduce que le impresionó profundamente. Como era amigo del forense, el joven periodista –tenía 22 años– logró ‘colarse’ en la autopsia de los malogrados, lo que le permitió narrarlo con profusión de datos: «Aún reinaba en mí la desagradable impresión que me produjo la vista de aquellos infortunados seres que antes servían de consuelo á sus pobres y desventuradas familias, á quienes sostenían con el producto de su trabajo, y allí sólo eran un montón de carne inerte y completamente lesionada. Como detalle curioso y digno de mencionarse, citaré el caso de la infortunada viuda de uno de las víctimas, quince días antes de ocurrir el hecho que dejo apuntado, había dado á luz dos hermosos niños. ¡Qué terrible contraste entre la vida y la muerte!»
La vista en juicio oral y público de la causa contra Isidoro Criado dio comienzo el día 15 de octubre de 1888 en la Audiencia de lo Criminal. Pero Criado no estaba solo en el banco de los acusados porque su hermano Román, Víctor Muñoz y Mariano Núñez también fueron procesados. El principal sospechoso no se mordió la lengua y habló con claridad y cierta franqueza, actitud que mereció el elogio del fiscal. Según Isidoro Criado, él no tomó parte en la reyerta hasta que vio cómo sangraba su hermano Román. Después, actuó en defensa propia e hirió de muerte a Juan Gómez primero y a Paulino Moral después.
–«¿No tomó usted parte en la riña cuando se daban de palos?» –le preguntó el fiscal.
–«No señor, no tomé parte hasta que vi a mi hermano herido y lleno de sangre; y viendo entonces a Gómez que venía hacia mí con la navaja, pude retirar a mi hermano por un brazo y me dirigí a él. Le pegué para defenderme» –contestó el procesado.
–«¿Y por qué hirió usted a Paulino Moral?» –inquirió el fiscal.
–«Le vi salir y como era amigo de Juan Gómez se vino hacia mí con una herramienta y tuve que defenderme».
Isidoro trató en todo momento de dejar al margen a su hermano, alegando que en ese momento estaba bebido y apenas se enteraba de nada. No hubo pena capital, pero los hermanos Criado estuvieron entre rejas un buen puñado de años.