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La justicia sabe esperar

2012 mayo 18
por Carlos Álvaro

La mujer, herida de muerte, lo delató antes de expirar, pero la autoridad tardó casi siete años en capturar al autor del doble homicidio ocurrido en 1887 en Martín Muñoz de la Dehesa.

 

 

Cuando todo el vecindario de Martín Muñoz de la Dehesa tenía asumido que el doble crimen de Marcelino Pajares y su esposa Laureana quedaría impune, saltó la sorpresa. Pedro Sáinz Calderón estaba entre rejas. Había sido arrestado en el madrileño pueblo de Getafe, junto a otros maleantes, a raíz de una reyerta sangrienta en la que tomó parte activa. La guardia civil lo buscaba de manera infructuosa desde hacía casi siete años. Tras las averiguaciones pertinentes, los agentes identificaron al detenido, un antiguo vecino de Martín Muñoz de la Dehesa, como presunto autor del asesinato y lo enviaron a prisión. La detención tuvo lugar el día 1 de diciembre de 1894, pero Pedro Sáinz Calderón llevaba en paradero desconocido desde el 21 de diciembre de 1887, unos días después del trágico episodio, cuando un guardia civil que lo conocía se topó con él en Madrid y le contó que el pueblo era un hervidero de rumores y que se sospechaba de su implicación en los hechos. Consciente de lo que le esperaba si se entregaba, desapareció sin dejar rastro. La aventura terminó en Getafe siete años más tarde.
Vayamos por partes. La noche del 15 de diciembre de 1887 alguien penetró en la vivienda de Marcelino Pajares y Laureana González con intención de robar. La prensa desveló que el delincuente, que iba enmascarado, mató primero a Marcelino y luego trató de hacer lo mismo con su esposa, aunque ésta continuó con vida. Gravemente herida, pero con vida. A continuación robó trece mil reales en metálico, aproximadamente, y huyó con rapidez. La mujer murió a los ocho días a resultas de las heridas que padecía, pero antes de expirar aseguró haber reconocido en el hombre de la máscara la voz de Pedro Sáinz Calderón, un antiguo convecino. Para entonces, el malhechor ya se hallaba en Madrid. Al parecer, Sáinz regresó a su casa tras cometer el delito, se mudó de ropa interior y emprendió la huida. Posteriormente se produjo la referida conversación entre el sospechoso y el guardia civil Felipe Casado, que se encontró con Sáinz en Madrid. Impresionado por las noticias procedentes del pueblo, el delincuente prometió volver en cuanto pudiera para desvanecer cualquier tipo de sospecha. Si el guardia civil no lo prendió en ese momento fue porque todavía no existía orden de captura alguna. Su nombre saltó a los papeles el 25 de diciembre de 1887, una vez fallecida Laureana González. Así lo refería ‘La Tempestad’: «El autor del robo y asesinato ocurrido en Martín Muñoz de la Dehesa, de que hablábamos en nuestro número anterior, fue Pedro Sáinz Calderón, vecino de Montuenga, al cual persiguen activamente los tribunales». Pero nadie supo más de él. Ni siquiera su propia esposa, que en el juicio reconoció las prendas ensangrentadas recogidas por la Guardia Civil en un muladar cercano a la casa del malogrado matrimonio.
Y pasó el tiempo
La causa fue sobreseída y el crimen quedó sin castigo… temporalmente. El 1 de diciembre de 1894,  los agentes lograban dar con Sáinz, implicado en una pelea, y el juez reabrió un caso en el que solo pudo intervenir el tribunal de derecho, pues el homicidio tuvo lugar con anterioridad a la ley del jurado. El juicio se celebró en la Audiencia Provincial de Segovia el 15 de julio de 1895. Por la sala pasaron varios testigos, entre ellos la mujer del reo y el guardia civil Felipe Casado, que refirió el encuentro que mantuvo con él en la Corte. Otros vecinos de la población aseguraron haber oído a la interfecta Laureana acusar al procesado de ser el único responsable de lo ocurrido.

 


El fiscal señaló los agravantes que concurrieron en la comisión del crimen y solicitó la pena de muerte. Federico de Orduña, abogado de la defensa, pidió la absolución de su representado teniendo en cuenta la «atmósfera malsana» que rodeaba el caso y las deficiencias que en su opinión encerraba el sumario. También el defensor coadyuvante, Francisco de Cáceres, puso de manifiesto la falta de pruebas, pero la Sala hizo caer sobre Pedro Sáinz Calderón todo el peso de la ley y lo condenó a morir a garrote vil como autor de los delitos de robo y doble homicidio.
La noticia dolió en la comarca de Santa María la Real de Nieva, a cuyo partido judicial pertenecía Martín Muñoz de la Dehesa. Las autoridades locales y las personas más influyentes de la población acordaron suplicar el indulto al Gobierno a través de los diputados y senadores representantes de la provincia. Argumentaban el largo tiempo transcurrido desde la comisión del delito, casi diez años, así como la escasa relevancia que la comarca presentaba en la estadística criminal. El 7 de mayo de 1895, ‘El Carpetano’ se hacía eco del deseo de un pueblo entero: «Hace casi diez años que un desgraciado hijo de este partido cometió un horroroso crimen en el pueblo de Martín Muñoz de la Dehesa y el delincuente está condenado á expiar en breve su delito en un cadalso que, si no se obtiene el perdón para el culpable, ha de levantarse en las inmediaciones de esta población (…) El no haber precisado esta comarca el ejemplar castigo de la pena de muerte para mantenerse, durante siglos, fiel observadora de las leyes que mandan respetar la vida del prójimo; la circunstancia del tiempo transcurrido desde la comisión del delito que los Tribunales de Justicia quieren castigar, motivos son que debieran determinar al Gobierno á aconsejar á la Augusta Señora que tan sabiamente dirige los destinos de la Nación, el ejercicio de su regia prerrogativa en favor del reo Pedro Sáinz Calderón».
El Consejo de Ministros escuchó la petición y en sesión celebrada el 5 de junio de 1896 acordó aconsejar a la reina el indulto para el condenado. La regente firmó tres días después la conmutación de la pena de muerte por la inmediata de cadena perpetua.