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‘Mochila’, un sujeto repulsivo

2012 junio 8
por Carlos Álvaro

La Guardia Civil lo detuvo en Valladolid, donde vivía entregado al derroche y a la crápula. Ramón García Cerón fue el autor del crimen de Navas de Oro.

 

 

Era la mañana del 5 de diciembre de 1893. La señora Paula  se empleaba a fondo en las tareas domésticas. Estaba sola en casa, pues su marido y sus hijos habían partid al alba para el pinar. De repente, alguien llamó a la puerta. La anciana no preguntó y abrió. Un individuo se abalanzó sobre ella y la obligó a entregarle el dinero. La mujer apenas opuso resistencia. Tenía 73 años y escasas fuerzas. El sujeto le robó los sesenta duros que acaso constituían sus únicos ahorros y no quiso dejar testigos. Con una navaja que la vieja estaba utilizando para quitarles las espinas a unas sardinas, degolló a la víctima ocasionándole dos heridas mortales debajo del mentón. Después la descabelló “como á un buey”, según recogió la prensa. El desconocido abandonó corriendo la vivienda con el botín en la faltriquera. Pero tuvo mala suerte. Al salir de la casa se encontró con una vecina, a quien sorprendió el estado de turbación que su presencia provocó en el rostro del criminal, un mozo del propio pueblo llamado Ramón García Cerón.

Cuando el marido y los hijos regresaron al hogar, encontraron el cuerpo de la mujer tendido en el suelo, en medio de un gran charco de sangre. Una escena desgarradora que aterrorizó sobremanera al pacífico pueblo de Navas de Oro. El 9 de diciembre, el semanario ‘La Tempestad’ dio la noticia del crimen: “La otra noche fue hallada muerta en su domicilio la vecina de aquel pueblo Paula Rubio Blanco, con dos heridos penetrantes en el cuello. Créese que el robo haya sido el móvil del crimen, pues se notó la falta de algunas monedas de oro y plata que la víctima guardaba en un arca”.

Para entonces, el autor del crimen ya había puesto tierra de por medio. Huyó nada más encontrarse con la vecina. Ramón García Cerón tenía 23 años de edad y ‘ejercía’ como ratero. Su aspecto, según los periódicos de la época, era absolutamente repulsivo. De estatura alta, enjuto de carnes, color moreno con ligero tinte rosado y nariz muy pronunciada a modo de mochuelo, usaba peluca porque estaba calvo a consecuencia de haber padecido la tiña. En el pueblo paraba poco, a pesar de que sus hermanas vivían allí. Estos datos, aportados por sus convecinos, resultaron sumamente valiosos para seguirle la pista.

El ‘Mochila’ -así lo motejaban en Navas de Oro- llegó a pie a Nava de la Asunción, en cuya estación tomó el tren de Medina del Campo. En esta población vallisoletana permaneció durante hora y cuarto, tiempo que empleó en comprar una blusa, unos bombachos azules y un par de botas, sin duda al objeto de que aspecto no coincidiera con las descripciones que recogían los partes de captura. Después se trasladó a Valladolid, donde residía un tío suyo. En el domicilio de este familiar, en el barrio de las Delicias, solo durmió las dos primeras noches porque después se entregó a la más desenfrenada crápula. Se emborrachaba y frecuentaba las casas de lenocinio, y amanecía en compañía de mujerzuelas de mal vivir, a quienes una madrugada, ofuscado por los efectos del vino, llegó a confesar lo que había hecho en su pueblo natal. Como no se encontraba seguro en ninguna parte, decidió hospedarse en la posada del Sol, en la céntrica calle de Santiago.

 

 

Las pesquisas de la Guardia Civil prosperaron pronto. ‘El Norte de Castilla’ dio cuenta de la detención en su edición del 18 de diciembre de 1893. El teniente de la Guardia Civil Domingo Cabezas Benito y los agentes Juan Álvarez y Pedro Lamarca, del puesto de Nava de la Asunción, fueron los principales responsanles de la captura. En cuanto tuvieron conocimiento del paradero del ‘Mochila’, los guardias civiles se desplazaron a la capital del Pisuerga y allí trabajaron conjuntamente con la policía. El 17 de diciembre, los agentes Álvarez y Lamarca, que vestían de paisanos, se toparon con un individuo sospechoso en el paseo del Portillo de Labradores. Su aspecto coincidía plenamente con el del fugitivo, peluca incluida. Lo prendieron inmediatamente y él mismo condujo a los guardias a la posada del Sol, donde encontraron las ropas que el joven llevaba puestas el día del crimen, todavía manchadas de sangre. También le requisaron doce duros y dos perras chicas. El revuelo en la calle de Santiago fue tan grande que por unos minutos circuló el rumor de que se había conseguido dar con un célebre anarquista. Esposado, Ramón García Cerón ingresó en la prisión de Cuéllar.

Aquellos últimos días del año 1893, la provincia de Segovia se preparaba para asistir a una triple ejecución, la de los culpables del doble crimen ocurrido el año anterior en la mansión de los Ayala Berganza, en pleno barrio de San Millán. Los vecinos no dudaron en comparar el caso de Navas de Oro con el de don Alejandro Bahín y su sirvienta. A mediados de diciembre se supo que no habría indulto para ‘los del francés’, finalmente ejecutados en la Dehesa de Segovia tras las celebraciones de Reyes. El episodio era objeto de todas las conversaciones.

Pero el crimen de Navas de Oro todavía tardó casi año y medio en resolverse. El juicio oral por la causa seguida en el Juzgado de Cuéllar contra el tristemente famoso ‘Mochila’ tuvo lugar en mayo de 1895. Los cargos que pesaban sobre él eran contundentes. El malhechor había aprovechado la soledad de una anciana para entrar en su casa, robarle y degollarla con alevosía. Por la sala desfilaron hasta veinte testigos, la mayoría habitantes del pueblo, así como cuatro peritos facultativos. Estos aseguraron que el reo no estaba demente el día de autos.

El Ministerio Fiscal, después de hacer referencia a la mala conducta del procesado y a las muchas contradicciones en que incurrió en los sucesivos interrogatorios, expuso la gravedad del crimen cometido, el cual comparó con el de San Millán, y en sus conclusiones provisionales sostuvo que Ramón García Cerón era, sin lugar a dudas, el autor de la muerte de Paula Rubio Blanco, un delito de robo con resultado de homicidio.

La defensa alegó que no mediaban pruebas suficientes para declarar culpable al ‘Mochila’ y advirtió de la gravedad de condenar a un hombre a partir de la simple sospecha. El jurado, en su veredicto, le declaró responsable del crimen de la anciana de Navas de Oro, apreciando la circunstancia agravante de la avanzada edad de la víctima. Al mismo tiempo lo eximió de culpabilidad en cuanto al delito de robo del que se le acusaba.

En su vista, el Ministerio Fiscal solicitaba la pena de veinte años de cárcel y la defensa, la de diecisiete. Finalmente, el Tribunal condenó a Ramón García Cerón, alias ‘Mochila’, a las penas de veinte años de reclusión temporal, accesorias y costas.