El invierno lluvioso ha devuelto la vida a pequeñas y grandes lagunas de la Castilla más llana
© Texto y fotografías: JAVIER PRIETO GALLEGO
Aunque haberlas hailas en cualquier momento del año, el invierno es la época por excelencia para la observación de aves. Especialmente, porque el invierno extremo de la Europa norteña trae hasta las planicies mesetarias de Castilla y de León miles de individuos alados que prefieren el frío soportable de aquí a las temperaturas gélidas de allá. La suavidad del clima peninsular -en comparación con sus lugares de origen, claro- convierte estas tierras en uno de sus destinos preferentes, a la espera de que los fríos amainen por allí.
Al mismo tiempo, tiene lugar en estas planicies un cambio sustancial que las convierte en centro de atención para estas aves, anátidas principalmente: si el régimen de lluvias es el habitual se produce una recarga de los acuíferos subterráneos de forma que, una vez llenos, el agua acabará por aflorar en aquella depresiones del terreno que, debido a la naturaleza arcillosa del subsuelo, se convierten en pequeños cuencos donde el agua queda retenida. Las lagunas, que forman parte de los rasgos esenciales de la meseta tanto como los trigales, cobran vida de nuevo. Y las aves de paso aprovechan el milagro para medrar en ellas, criar, alimentarse o reproducirse hasta que el nivel de las aguas vuelva a bajar y llegue la hora de regresar al norte.
Las últimas décadas han sido fundamentales en la recuperación de muchos de estos humedales en Castilla y León. El trabajo constante de organizaciones ecologistas, la implicación de las Administraciones y la concienciación de los habitantes del medio rural han hecho posible que muchas de estas lagunas hayan vuelto a presentar el aspecto que tuvieron en tiempos pasados, superando así un momento más reciente en el que la política dominante era la de la desecación generalizada de cualquier charco con agua por considerarse insalubre e improductivo en el contexto agrario.
Por suerte, este invierno ha sido lo suficientemente generoso en lluvias como para que buena parte de ellas luzca estos días sus mejores galas. Bodones, pequeñas lagunas o grandes encharcamientos han ido aflorando sin prisa y sin pausa a lo largo del invierno para ofrecerse hoy como un destino irresistible para las aves que tienen en el medio acuático su hábitat principal. De hecho, la observación tranquila en cualquiera de nuestras grandes o pequeñas lagunas puede deparar horas de gozoso deleite si se procuran las condiciones necesarias: discreción, silencio y búsqueda del momento oportuno. En Castilla y León hay cerca de 300 humedales catalogados. Estas son sólo algunas ideas dónde buscar.
01 VILLAFÁFILA. Es el gran humedal de nuestra comunidad y el que concentra una población de aves acuáticas más numerosa, casi el 50% de las aves acuáticas censadas en Castilla y León aterrizan por aquí. En torno a las localidades de Villafáfila, Revellinos, Villarrín de Campos y Otero de Sariegos, en la provincia de Zamora, se desparraman casi 600 hectáreas de zonas inundables en los años de mayor pluviosidad. El listado de especies observables alcanza las 250 y las bandadas que regresan hasta las lagunas al caer la tarde dejan con la boca abierta. La principal ventaja de acudir hasta Villafáfila para disfrutar de las aves es que cuenta con una estupenda infraestructura, desde monitores a los que consultar cualquier duda, pasando por observatorios e itinerarios señalizados para realizar a pie. Casa del Parque de las Lagunas de Villafáfila, tel. 980 58 60 46.
02 LA NAVA Y BOADA. Estos dos humedales palentinos conforman el otro gran núcleo de aves acuáticas invernantes de Castilla y León. Con una extensión de 307 hectáreas, la laguna de La Nava es también uno de los más emblemáticos por el esfuerzo colectivo que ha supuesto su recuperación como valioso espacio natural. Tras una larga historia de intentos de desecación que se rastrea hasta la época de los Reyes Católicos, en los años 90 del siglo XX comenzó a trabajarse para acercarlo al valioso humedal que hasta los años cuarenta de ese siglo era conocido como El Mar de Campos, con una superficie media de 2.500 hectáreas inundadas. Cuenta con puntos de observación y un centro de interpretación ubicado en la calle Mayor de Fuentes de Nava. A 11 kilómetros de La Nava se localiza la Laguna de Boada, en Boada de Campos, recuperada también por impulso de la Fundación Global Nature. Es un destacado punto de concentración del ánsar común. También dispone de centro de interpretación y observatorio. Casa del Parque de La Nava y Campos de Palencia, tel. 979 84 25 00.
03 LAGUNAS DEL CANAL DE CASTILLA. En torno a esta importante infraestructura histórica que atraviesa la estepa castellana de norte a sur ha venido conformándose a lo largo del tiempo un reguero de pequeñas lagunas de gran importancia medioambiental. De carácter estacional y volumen muy variable la mayoría, su origen está en filtraciones del propio canal o en la dificultad que el propio canal ofrece para el desagüe de algunos arroyos. Se han inventariado cerca de 70 encharcamientos a lo largo del Ramal Norte y Ramal de Campos.
04 LAGUNAS DE CANTALEJO. A un par de kilómetros de la localidad segoviana de Cantalejo, en medio de la densa masa forestal pinariega que tapiza el sureste vallisoletano y el norte de la provincia de Segovia aflora, como un ramillete de ojos azulones, un pequeño pero más que importante grupo de lagunas diseminadas entre las localidades de Lastras de Cuéllar y Cantalejo. Es fácil hilvanar un paseo entre la laguna de Navalayegua – a donde se llega desde Cantalejo por la pista forestal que pasa antes por la ermita de Nuestra Señora del Pilar- y la de Navahornos, ésta junto a la CL-112.
05 LAGUNA DE SAN MARCOS. Un paseo señalizado de 3 kilómetros lleva desde La Alberca hasta la apartada laguna de San Marcos, rodeada por un denso rebollar. Una vez en ella otra senda permite rodearla por completo y curiosear los restos de la ermita del mismo nombre. Recientemente este enclave ha pasado a formar parte del itinerario conocido como Camino de las Raíces. Casa del Parque de Las Batuecas-Sierra de Francia, tel. 923 41 52 13.
06 HUMEDALES DE VILLALBA DE DUERO. El sendero señalizado de los Humedales del Carrascal recorre las interioridades de unas graveras inundadas en las proximidades de la localidad burgalesa de Villalba de Duero, muy cerca de Aranda de Duero. La recuperación mediante diques y canales del espacio tras el periodo de explotación ha propiciado el asentamiento de una variada comunidad ornítica.
07 LA SANTA ESPINA. El embalse de La Santa Espina, surgido en los años 60 del siglo XX con objeto de abastecer a unas 71 hectáreas de regadío, es un importante foco de biodiversidad en las parameras de los Montes Torozos. Una senda permite rodearlo por completo.
08 RIBERAS DE CASTRONUÑO. La revuelta que hace el río Duero a su paso por Castronuño, en la provincia de Valladolid, y el dique que regula el embalsamiento de esas aguas han conformado un espacio de singular relevancia ornítica, en especial por la animada vida silvestre que se acumula en ambas orillas. Un observatorio permite el avistamiento con discreción, además de contar con el apoyo de la Casa del Parque, tel. 983 86 62 15.


