El concepto de democracia es inseparable del de justicia. La justicia social, que también bebe de ideas como la igualdad o la equidad, es parte indisoluble de aquella. Por ello hay que concluir que la democracia en España es un enfermo a punto de cronificarse. Algunas de las mayores injusticias que se perpetran en España tienen la finalidad de favorecer a los bancos, a los mal llamados mercados o sistemas financieros, que al fin y al cabo son el mismo perro con distinto collar.
La tremenda injusticia que se comete con las personas a las que se desahucia, a las que se les echa a la calle, se les despoja de su vivienda, a la que según la Constitucion tienen derecho, a cambio de nada, es un claro ejemplo de ello. Todo el dinero que han pagado por su casa se va a la basura, a la basura moral del saco sin fondo del banco que se queda con el inmueble, se queda con el dinero recobrado y todavía exige el resto de la deuda. Es una fórmula de usura tan exagerada, tan desproporcionada y desequilibrada a favor del más fuerte, siempre, que parece mentira que en el siglo XXI se pueda estar llevando a cabo. Creíamos superadas determinadas barreras que desafortunadamente no lo están. Pero superadas hace mucho, porque parece una rémora de la Edad Media. Los señores feudales que hacen y deshacen a su gusto son los banqueros y sus fieles cortesanos, que les hacen el trabajo sucio, los políticos. La sociedad, los ciudadanos, estamos pagando la deuda de los bancos, son los bancos que durante las vacas gordas se han hinchado a ganar auténticas fortunas, cifras inimaginables, un dinero que han dilapidado por mera codicia, por la cochina ambición de ganar más, más y más de la forma más rápida posible, y muchos de ellos lo han conseguido, sus directivos, sus ejecutivos, los miembos de sus consejos, que no solamente han cobrado sueldos de absoluto escándalo e increíblemente los siguen cobrando, si no que se han apuntado comisiones, indemnizaciones, jubilaciones y prejubilaciones, cuyas cuantías, a la vista de cómo se encuentra la sociedad española, son una auténtica obscenidad. Probablemente el mayor escándalo, o sino uno de los mayores, que se han producido en España desde que existe la democracia. La deuda de esos bancos la estamos pagando los ciudadanos, los mismos que se ven injustamente expulsados a la calle y obligados a pagar sus préstamos además a los bancos.
Hasta el obispo de San Sebastián, representante de una institución más bien apegada al poder y al dinero, ha calificado de “inmoral” el que bancos rescatados estén lanzando desahucios. Los intereses de sus rescates los pagan también las personas desahuciadas.
Todo esto demuestra que en España no existe una verdadera democracia, sino que reina una plutocracia que permite las mayores injusticias sociales que se recuerdan en mucho tiempo y que justifica la indignación y la revuelta popular en contra tanto de los banqueros como de quienes les apoyan. La clase política, los responsables de gobernar y de impartir esa justicia que el pueblo demanda a gritos, han decepcionado completamente a la ciudadanía, que siente cómo ha usurpado su representatividad, su soberanía, para hacer exactamente lo contrario de lo que se le pedía.
Los partidos han subvertido el deber de gobernar por y para el pueblo por el de hacerlo para sí mismos y han violado la sagrada obligación de destinar al bien general los fondos públicos para buscar su propio enriquecimiento. Algo que los españoles no les vamos a perdonar.

