Un editorial reclama firmeza al Gobierno ante el rey de Marruecos, al que llama «provocador y pirata»
Un concejal de Simancas pierde los papeles en el pleno municipal y blasfema a voces y «en presencia de niños»
Hassan II de Marruecos ya había mandado retirarse a sus chabolas y a sus prisiones a los participantes en la Marcha Verde porque tenía en su poder el trozo de pastel que ansiaba. Pero como el poder hace insaciables a sus titulares en usufructo, cada día quería más. Por esas fechas acababa de responsabilizar a España de su guerra con el Polisario y aún tenía retenidos a 200 pescadores españoles a los que culpaba de casi todo, excepción hecha de la muerte de Manolete.
Con este panorama, hartos la mayoría de los españoles de ese vecino incómodo, impertinente y oportunista, el editorial de EL NORTE, titulado ‘Un gesto rotundo frente a Marruecos’ venía a demandar un golpe en la mesa antes de que las cosas derivaran a peor. «Ya está bien», «defender con el uso mismo de la fuerza», «esto es inadmisible» eran expresiones salpicadas por un texto de tono alto que aportaba su solución «para acabar con estos actos de provocación y piratería».
Treinta años después, y con la aventura berlangiana de Perejil por medio, ya sabemos que el gesto demandado sólo sirve para que algún pecho velludo salga a relucir efímeramente. Un vecino tocapelotas es para toda la vida y sus hijos heredan las malas costumbres. Además, en este caso ni siquiera existe el recurso de la mudanza.
Tormentoso pleno
A más pequeña escala, la irritación popular y periodística también habia llegado a Simancas, donde sus señorías miembros del concejo se hicieron más de siete cortes de mangas. Todo porque un edil, un tal José Luis Valentín, había metido en el pueblo camiones de excesivo tonelaje para meter y sacar los materiales de la obra que realizaba en su finca y como resultado dejaron a su paso una estela de fachadas ligeramente modificadas.
El caso es que al señor Valentín no le gustaron las críticas y la armó. «Empezó a blasfemar a grandes voces», «se negó a abandonar la sala cuando el alcalde se lo ordenó», «faltó al respeto a todo y a todos» en «una actitud de franca rebeldía vergonzosa», «agravada, si cabe, por la presencia de niños en la sala».
En fin, lo que se dice un pleno tormentoso como bien definió el acalorado cronista. Esto de las obras es un culebrón sin fin.

