Algunas dudas se disipan

Las instituciones gobernadas por UCD en Segovia deciden por fin no pertenecer a Castilla y León

«La polémica sobre la condición militar de la Guardia Civil se zanja salomónicamente: ‘Cesado el director general’ y punto

Algunas de las cuestiones que venían coleando durante las últimas semanas iban encontrando la luz. Bueno, mejor será decir que se iban disipando ciertas dudas, porque lo que se dice la luz quizá no sea la expresión más apropiada. Veamos.
Los responsables de UCD de Segovia llevaban meses mareando la perdiz sobre su apoyo a la autonomía de Castilla y León. El tema protagonizó en ese tiempo decenas de informaciones y artículos de opinión en los que éstos, la mayoría de las veces, salían bastante mal parados dejando una impresión generalizada de que estaban más bien tratando de entretejer su propios intereses que de vertebrar una región.
Pero ese día las peores sospechas quedaron confirmadas. ‘U. C. D. excluye a la provincia de Segovia de la autonomía castellano-leonesa’. Uno de sus dirigentes, «que nos pidió no publicáramos su nombre», quiso precisar: «Eso no quiere decir que Segovia permanezca para siempre fuera de la región y que no se planteaba pedir una autonomía para Segovia, como si fuera en sí misma una región». El tiempo demostraría dos cosas: Una, que mentía y dos, que el tiro les salió por la culata.
Otra duda aclarada aquel día fue la del culebrón mantenido por la Guardia Civil a tenor de un proyecto de ley en el que algunos mandos –los más retrógrados, cabe aclarar– quisieron ver la pérdida de su condición militar. El Gobierno cortó por lo sano y destituyó al director general que se sintió molesto porque el Ejecutivo pudiera controlar el cuerpo. Para calmar a los exaltados, el nuevo jefe, el general Aramburu Topete, volvió al asunto en su toma de posesión: «Nada ha cambiado sobre el carácter militar de la Guardia Civil», dijo.
También ese día, en el que Rosa Chacel lució su «espléndida madurez de escritora desde su exigencia de intelectual» en la Sala de Cultura de EL NORTE DE CASTILLA, hubo otro desdichado al que se le acabaron las incertidumbres. El Lute, que días antes había pedido al Rey un indulto particular, conocía su sentencia. En vez de reducirle la condena, se la aumentaron de 813 años y 10 meses a 1.022 años. Aunque hoy sabemos que no llegó a cumplir tanto tiempo, el redondeo le sentó tan mal que se puso a estudiar derecho como un poseso para poder fastidiar más a los policías.

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El Norte de Castilla

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