NADAL FOR PRESIDENT

Hace ya tiempo que Rafa Nadal se podía haber retirado –otro gigante, Bjorn Borg, lo hizo a los 25 años– y los aficionados al tenis de todo el mundo, muy especialmente los españoles, no hubiéramos tenido para él nada más que agradecimiento por los innumerables buenos ratos que nos ha hecho pasar ante la televisión, a la mayoría, y en una pista de tenis, a un notable grupo de afortunados. Su increíble forma de estar y de moverse por la pista y su personalísima manera de utilizar esa amorfa prolongación de su robusto brazo que es la raqueta lo han convertido en uno de los mejores tenistas de la historia. Pero, unido a ello, lo que de verdad le ha convertido en un deportista único, donde radica su auténtica singularidad, no es en su revés o en su volea, ni en sus hiperdesarrollados bíceps y tríceps, sino en su calidad humana. Rafa es un hombre que sabe ganar y perder, que respeta a sus rivales, al público y a los árbitros, de trato cercano con los periodistas y con los aficionados, un deportista que ha hecho del tesón y el esfuerzo su bandera, que no ha sobrevalorado su talento innato y lo ha sabido acompañar de otras muchas virtudes, entre ellas, la de luchar con obsesiva persistencia contra sus defectos y carencias, que también las tiene, y contra las adversidades. Para mí, entre esas virtudes una de las más importantes es la humildad, sin la que seguramente no hubiera sido capaz de afrontar semejantes niveles de autoexigencia. No sé cuánto tiempo podrá seguir Rafa Nadal engordando su currículum, su formidable estadística. Probablemente mucho, si las lesiones se lo permiten y la motivación no le abandona. Solo confío en que su ejemplo dure muchas generaciones y que muchos españolitos de ahora, se dediquen al deporte o, especialmente, a la política, hereden esos valores y los pongan en práctica a lo largo de sus vidas.
Solo un tipo así puede convertirse en el único tenista de la historia capaz de ganar siete veces en la catedral mundial de la tierra batida y además hacerse querer por los franceses. Ayer en Twitter se leía: ‘Nadal for president. Tampoco sabe de economía pero juega de fábula y es un tío honesto’.
Lo cierto es que el deporte es un ejercicio sano y recomendable cuando lo es, como el caso que nos ocupa. Estos días que las pantallas de televisión se pueblan de tipos malcarados y violentos retorciéndose y gritando de dolores mientras dan volteretas por el suelo en un ejercicio patético de dramaturgia barata, que se encaran al rival a la mínima, que tiran la patada y esconden la pierna, etc, son un buen momento para recordarlo.

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El Norte de Castilla

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