ESPERANDO A UN CÍNICO

La noticia pasará de puntillas, parecerá una de tantas, se liquidará en un breve y, media hora más tarde, nadie recordará haberla leído. Juan López-Dóriga, el director de la Agencia Española de Cooperación Internacional, deja el cargo. Pero tras lo anodino de la información, se esconde una realidad insobornable: si en todas las partidas con algo de contenido social ha habido una tijera encargada de recortar la silueta hasta dejarlas en los huesos, en la materia de la que hablamos directamente se ha arrancado la hoja y de ella solo queda el poco papel que se enreda en el muelle de los cuadernos. La destitución, la dimisión o lo que haya sido esto, no es, por tanto, un cambio sin más, sino la consecuencia del sibilino vaciado de un área escondiendo esta miseria moral en el maremágnum de recortes.
No, no voy a caer en su trampa de utilizar el sistema métrico decimal para comparar necesidades, ni a enfrentar los derechos de unos ante los de otros. No, no lo voy a hacer porque las crueles reducciones de las partidas, de unas y de otras, son la misma cara de una sola moneda trucada que lanzan al aire sabiendo de qué lado va a caer. No voy, tampoco, a incidir en que de esa cooperación pueda depender la vida de varios centenares de miles de personas, me conformo con recordar lo que en este camino nosotros vamos a perder: Ilusión y optimismo, dos sustancias etéreas que son la base del desarrollo de cualquier sociedad y que nuestra enferma Europa necesita a raudales. La cooperación es siempre un camino de ida y vuelta y, en este proceso, hemos recibido tanto aprendizaje que no se podría pagar con todas las partidas del mundo. El mapa de las necesidades no es el de un país, no es un ente concreto, son miles de realidades diversas que luchan por abrirse paso en un mundo hostil, muchos, a contracorriente, lo han conseguido. Son ejemplos del poder de la sociedad civil organizada.
No, no es que no haya dinero. Cierran la mano porque saben que la cooperación brinda experiencias que pueden romper nuestra tristeza, atenuar nuestros miedos y dirigir el dedo en la dirección correcta, la de mandarlos a la mierda. 

 

Solo un cínico puede asumir un cargo cuyo nombre es lo contrario de lo que quiere hacer. Veremos cómo se llama. 

Publicado en “El Norte de Castilla” el 13-06-2013

JESÚS ‘EL FERRETA’, TRISTE POESÍA

‘¿Qué es violencia?’. Dicen, mostrando la foto que publica un periódico, que violencia es un contenedor quemado o un puñado de personas gritando con rabia en la calle. Dicen sin mirar alrededor, Jesús. Dicen, sin ser conscientes de las consecuencias de sus actos, o peor, siéndolo y resultándoles indiferentes. Saben que son los amos y el telediario les da la razón, van ganando la guerra. Han sabido extender el miedo bajo cuyas fauces habita la resignación, después la nada. La rebeldía sigue siendo un camino sin explorar, porque nadie se aventura en él yendo solo, sintiéndose poco acompañado.

 

‘Dices mientras clavas en mi oído tu palabra gris’. Una palabra que, a fuerza de repetida y esquilmada, deja de tener valor alguno. Jesús, trabajas y no te pagan. Trabajas porque no te queda más remedio y te mienten. Podría ser. Claro. Podría ser que no pudieran, muchas empresas lo están pasando mal. Pero lo que no pueden es mentir, jugar contigo, es decirte que sí cuando saben que es que no.
‘¿Qué es violencia?’ Viste, Jesús, que otra vez, otra puta vez, te habían engañado. Viste que se habían reído, otra vez, otra puta vez, de ti. No era el hambre, no necesitabas ese dinero para comer hoy, era un dolor más fuerte el que te hizo crujir el estómago. Podías tener miedo al futuro, pero no al presente, no al menos ese miedo oblicuo que todo lo trasciende hasta convertirnos en guiñapos. Sin ese miedo no había forma de hacerte resignar. Sabías que la batalla estaba perdida, que para ellos eres poco menos que un apunte contable. Su prepotencia, su soberbia, solo se calma cuando tienen un cuello sojuzgado bajo sus pies. Y no quisiste darles ese gusto por más tiempo. Tu dignidad, Jesús, al no encontrar una salida por la puerta, decidió saltar por la ventana el pasado 26 de mayo.

 

‘¿Y tú me lo preguntas?’. Dicen, mostrando la foto que publica un periódico, que violencia es un contenedor quemado o un puñado de personas gritando con rabia en la calle.

Publicado en “El Norte de Castilla” el 06-06-2013

EL ÁRBOL DE LA VIDA

Cuando Terrence Malick decidió que ‘El árbol de la vida’ era un título idoneo para la película que tenía entre manos, lo hizo sin asociar ese título a ninguna otra cinta anterior. The tree of life sonaba rotundo y definía de un trazo la idea que plasmaba en este poema visual que cuenta la peripecia vital de Jack O`Brien. Malick nos muestra la infancia del protagonista sacudida por dos vientos y de sentidos opuestos: el vendaval paterno quería dotar a Jack de herramientas para poder sobrevivir en una sociedad cruel; la brisa materna solo pretendía acariciar el rostro con la ternura cotidiana. Años después, Jack, ya adulto, es incapaz de encontrar el viento que le marque el sentido al que ha de dirigir las velas de su vida. Camina a trompicones buscando esas respuestas que den sentido a su torpe deambular, pensando que así podrá reconciliarse con su padre que es la única manera de reconciliarse consigo mismo para poder cerrar el pasado. 
De la misma manera, el primer libro de la Biblia muestra la satisfacción de Dios con su obra creadora, Malick vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Pero en España no fue así ya que el título de su película no era tan original: más de medio siglo antes, hubo un lumbreras que no acertó a trasladar ‘Raintree County’ del inglés al castellano (o directamente no le gustó el nombre original y decidió cambiarlo). De esta manera, aquí asociábamos el árbol de la vida a Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, hasta el punto de pensar que, la película de Malick podía ser una secuela de esta anterior de Edward Dmytryk. Pero nada tenía que ver la una con la otra, la poesía con la superproducción. 
Miroslav Djukic, el hasta ayer entrenador del Pucela, ha tirado del guion clásico y prefiere ponerse al frente de una película con un elenco de actores más reputados, con más medios para los efectos especiales y con más presupuesto publicitario. Seguir en Valladolid hubiera supuesto extraer jugo de cada palabra, buscar con la metáfora la forma de describir realidades que no puede cubrir con la narración de los hechos. Sus dos poemas a la vera del Pisuerga han sido brillantes, pero arriesgarse a escribir un tercero, sin la certeza de encontrar las figuras retóricas que dieran nuevo lustre al texto, hubiera rayado la osadía. Los dos últimos partidos han venido a darle la razón y a torcer los últimos versos del poemario. Todo lo dicho la semana anterior del partido ante el Celta es perfectamente válido para el de Mallorca, un nuevo borrón en la hoja de un grupo que supo encontrar el viento que le llevase a las costas de la permanencia, pero que, una vez aposentado allí, decidió arriar las velas. Djukic se va de la mejor manera posible, dejando a un equipo en un punto al que no cree que pueda volver a llegar el próximo año. Se va como ídolo y, vaya usted a saber, con las puertas abiertas. El próximo inquilino del banquillo blanquivioleta tendrá el duro reto de enfrentarse a un fantasma , porque el aficionado le enfrentará, a poco que vengan mal dadas, con el recuerdo de su predecesor. Aunque para eso aún quedan unos meses, ahora es tiempo de valorar lo que tenemos. Hace apenas tres años éramos nosotros los que despedíamos la Primera División, ayer escuchábamos la radio con desahogo mientras el drama deportivo (un drama de ficción) apuntaba en otras tres direcciones. Este desahogo es el mejor resumen de la temporada, por más que el doble estrambote haya dejado mal sabor de boca. La próxima seguiremos buscando, con Malick, un sentido que no sabemos si la vida tiene.

 


Publicado en “El Norte de Castilla” el 02-05-2013

AQUÍ ME TIENES, ESPAÑA

Él oye el sonido del teléfono y traslada el auricular a su oído con la calma propia de quienes han aprendido a someter todos los movimientos a una disciplina gestual.
-Sí, dígame.
Del otro lado del hilo le llega la voz cadenciosa de una mujer que, por el tono lastimero, denotaba una angustia que hacía presagiar una situación desesperada.
-Buenos días. ¿Es usted José María? 
Un sonido gutural le sirve para dar razón a la pregunta retórica de su interlocutora y que da pie a que esta vaya perdiendo el miedo y entrando en conversación.
-Me alegro de hablar de nuevo con usted, no sé si me recuerda, mi nombre es España y ahora, más que nunca, le necesito.
Se hizo un silencio.
Nuestro protagonista sonrió, llevaba años esperando esa llamada, justo desde aquel día que, por fardar ante los amigotes, dijo que la dejaría creyendo que ella se arrastraría suplicando que no lo hiciese. Pero ella no lo hizo. Pasaron los días, las semanas, pero la llamada no llegaba. Entre conferencia y footing, entre consejo de administración y partida de pádel, iba llenando su tiempo, mientras el vacío interior iba en aumento. A pesar de todo, siempre mostraba una sonrisa (o algo parecido a ella) y se decía para sí, que la cara vista debe ser un anuncio de Signal, recordando la única frase que le sonaba de esa canción de Mecano. Que le sonaba, porque desde que decidió romper con España esa melodía le persigue: “Y aunque fui yo quien decidió que ya no más y no me cansé de jurarte que no habrá segunda parte, me cuesta tanto olvidarte”.
De repente, se despertó. Se sentó al pie de la cama y se puso a llorar. Había sido todo un buen sueño, pero un sueño cabrón. Sintió que el cuerpo le había respondido de la misma forma que responde a los adolescentes cuando sueñan con su Afrodita. Se secó las lágrimas.

Quiso recuperarla, pero había perdido cualquier pista. Aún le quedaban amigos de antaño y recurrió a ellos. No te preocupes, le dijeron. Él recuperó la sonrisa, se miró al espejo y atusó su ‘no bigote’. Se sintió preparado. Se puso los calzoncillos rojos por encima de los pantalones azules y acudió a un plató de televisión: España, amor mío, aquí me tienes de nuevo.

Publicado en “El Norte de Castilla” el 30-05-2013

VERDUGO REMOLÓN

A José Luis, a pesar de su timidez, no le faltaban recursos para encontrar novia. De hecho más de una chica estuvo tentada de dar ese ‘sí’ a su propuesta de relación, pero en el último momento todas salieron por patas en cuanto mentaba su trabajo: parecía que ninguna quería compartir lecho y vida con quien trata a diario, aunque sea profesionalmente, con cadáveres. Carmen no tenía mejor suerte, ser hija de un verdugo era una peste que alejaba a los hombres de su vera. Amadeo, el padre de Carmen, el verdugo, se topa con José Luis. Al fin y al cabo ambos trabajan con la muerte y en un Madrid provinciano estaban condenados a cruzarse. Amadeo debería recibir un piso, pero este, ya mayor, era consciente de que nunca podría disfrutar de ese beneficio porque se jubilará antes de la entrega. Entre una cosa, ayudar a su hija a encontrar marido, y otra, no perder el piso, José Luis es el denominador común. Si el joven se casase con su hija y aceptase la plaza de verdugo que quedará vacante tras su jubilación, mataría dos pájaros de un tiro: tendría yerno y piso. José Luis no veía muy claro el paso de trasladar cadáveres a fabricarlos él mismo, pero Amadeo le aseguró que sería poco más que un verdugo nominal, que no tendrá que matar a nadie. Oída así, la propuesta no le parece tan mal y, aun a regañadientes, acepta. Pero a las penas de muerte las carga el diablo y José Luis recibe una orden de ejecución. Quiere dejar el nuevo empleo aunque eso suponga perder el piso y el sueldo. 

El Celta veía el estadio Zorrilla como una sala de ejecuciones, el frío collar de hierro rodeaba su cuello. Solo faltaba que el verdugo hiciera girar al tornillo hasta que la medula del reo se seccionase irremisiblemente, pero el Real Valladolid no se presentó. Mejor dicho, lo que se dice ir, fue, pero silbando, mirando hacia arriba y con las manos en los bolsos. Perdió así el piso que le hubiera supuesto, vía derechos de televisión, el ascenso en la tabla y el cariño de esa novia llamada afición que asistió desencantada a un esperpento del que conocía el final.
En el juego la agresividad viene de por sí. Ya está dicho aquí que una de sus funciones es sublimar los instintos del ser humano. Por ello las palabras relacionadas con la violencia y la muerte (desde jaque mate del ajedrez hasta ‘matar’ en el tute) están siempre presentes. Por eso, cuando en el deporte alguien rehuye de su papel de verdugo, nos deja con la sensación de la falta del deber cumplido.
Quiere la casualidad que, cuando Luis García Berlanga, Ennio Flaiano y Rafael Azcona escribieron el guion de ‘El verdugo’, eligieran Mallorca como el lugar de la ejecución. En la isla balear también tiene el Pucela una ejecución prevista y, visto lo visto, sufrirá tanto como el pobre José Luis, liado por segunda vez, esperando que este reo, enfermo, muera antes del día marcado para la ejecución y, de esta manera, nadie pueda reprocharle su actitud.

Publicado en “El Norte de Castilla” el 27-05-2013

CUATRO LETRAS

¡En qué pocas letras somos capaces de esconder tantísimas historias! En tan pocas como cuatro, las que forman la palabra tren. No hay cuatro letras mejor aprovechadas, cuatro letras que aprietan los botones de la memoria y la fantasía, cuatro letras que alimentaron sueños, que acercaron a padres e hijos, que permitieron que los pueblos no fueran tan pueblos, ni las ciudades tan inaccesibles. Cuatro letras que dieron besos, que nos llevaron a la consulta del médico o al internado dos veces por trimestre. Cuatro letras con las que podría empezar cuarenta relatos, unos de trenes perdidos, otros de trenes cogidos por casualidad. Podría contar cómo aquel día tuve que dormir en una parada de metro -porque las dos de la mañana del martes ya es miércoles- o hacerme el dormido porque el dinero en pesetas no me llegaba más que para Medina del Campo.

 

Pero cambian los tiempos -llegaron los trenes grandes que fueron comiendo inexorablemente a los chicos- y las concepciones, pasamos del estado social al de tanto tienes, tanto vales; de esta forma el valor del tren se dejó de medir en servicio, pasó, sin más, a ser un apunte contable. La suma de estos cambios dio como resultado la eliminación de la biodiversidad ferroviaria, en breve la fauna estará solo compuesta por AVES con cara de modernidad y pico para la rapiña, aves de mal agüero cuyas alas solo podrán pagar unos cuantos. Los demás, como las vacas, los veremos pasar si entender lo que ocurre.

 

Cuando ese proceso termine, las historias que están por escribir nunca podrán ser escritas y nos preguntaremos dónde habrán ido esos besos que ya nunca dimos, los pueblos estarán de nuevo a miles de kilómetros de las ciudades y acudir a la cita del médico será aún más complicado.

 

Parece que molestan estas cuatro pobres letras que no me dejan más remedio que conjugarlas en pasado, pero que añoraremos cada día más. Porque ahora dirán que sobran, como no hace tanto desechábamos un abrigo porque ya no estaba de moda. Ahora, ya sin empleo, tenemos frío pero no podemos comprar otro. 
Publicado en “El Norte de Castilla” el 23-05-2013

NO NOS PODEMOS QUEJAR

 

Sucedió una mañana de otoño del año 29 del siglo pasado, al menos así se ha transmitido de generación en generación hasta haber tomado cuerpo como leyenda urbana. John D. Rockefeller Jr se sentó, como cada día a esas horas, en un café donde, además de desayunar, un limpiabotas le daba lustre a sus ya de por sí lustrosos zapatos. Pero esa mañana había algo excepcional en la luz de la cara de ese hombre que se arrodillaba frente al magnate. Así, el hombre, sin poder reprimir el impulso, levantó la mirada y, entre betún, cepillo y trapo, se encumbró de palabra al privilegiado espacio onírico en el que, desde la perspectiva del limpiabotas, habitaban los Rockefeller. No nos podemos quejar de cómo nos van las cosas en la bolsa, dice dirigiéndose de tú a tú, al potentado. ¿A qué se refiere? le pregunta este atónito. A que invierto todo lo que gano en acciones, incluso he pedido un préstamo para comprar más, y en las últimas semanas no dejan de subir, nos vamos a hacer de oro, contestó aquel, satisfecho en este nuevo estatus. Todo lo que gana, barruntaba el segundo de los Rockefeller, todo lo que gana lo dedica a comprar acciones y además ha pedido un crédito ¿quién se las va a comprar a él si no hay un escalón más bajo en esta pirámide? Inmediatamente llamó a sus agentes y dio orden de vender todas las acciones que tuviera en empresas que no fuesen controladas por él. Pocas semanas después los mercados de valores se desplomaron como se desploma un castillo de naipes cuando el viento le sacude. Rockefeller se limpió el polvo de la chaqueta y siguió adelante; del limpiabotas solo se supo que tuvo que dar mucho betún para ponerse al día con el banco, si es que en alguno de sus días lo logró.

 

El Real Valladolid bastante tiene con sobrevivir, este año la cosecha no ha ido mal, el cerdo ha engordado en condiciones, y se ha garantizado los cocidos del próximo año. Sucede que esta celebración ha coincidido, tanto en el tiempo como en el espacio, con una fiesta absolutamente ajena, la de un F.C. Barcelona que ha jugado como tomando café sentado en el confortable sofá del hotel de su propiedad. Sin nervio, sin tensión. El Pucela ha querido ser cómplice y le ha guiñado el ojo como diciendo: «No nos podemos quejar…». En estas, el Barcelona se ha apropiado de todo lo que ganan los blanquivioletas cuando Jaime se ha apartado ante un tirito de Pedro, y del dinero de un préstamo solicitado por Marc Valiente y depositado en propia puerta. Un crac, como el del 29, que debería servir para aprender a no dejarnos embaucar. No somos ellos, a nosotros la vida nos cuesta mucho más.

Publicado en “El Norte de Castilla” el 22-05-2013

HACE DOS AÑOS

Hace dos años era nada y era todo. De golpe la calle dejó de ser solar y recobró la vida, la plaza era, de nuevo, ágora. La política, esa peste de la que había que huir según los que siempre vivieron de ella, empezó a ser tema cotidiano de conversación con el peluquero, con la quiosquera, en el ascensor. Bob Dylan nos preguntaba que cuántas veces puede un hombre volver su cabeza fingiendo simplemente que no ve.Súbitamente se sufría por los efectos secundarios de la ingenuidad, haber regalado la política a unos pocos, haberla dejado en manos de unos personajes que se fueron convirtiendo en casta. Y así, con la desfachatez de quienes se saben impunes, regalaron el país para quedarse con las mordidas. No fueron muchos los que se lo llevaron crudo, pero fueron pocos, muy pocos, los que mantuvieron la dignidad, los que denunciaron que ‘la ley’ venía dictada desde arriba para que se sirviesen de ella como de un guante blanco. Regalaron el país mientras fingían emocionarse con sus símbolos, estos patriotas de pulsera rojigualda lloraban ante la bandera mientras entregaban en bandeja a sus paisanos.

 

Hace dos años era todo y era nada. De golpe al edificio construido, mal que bien, a lo largo de muchos años, se le vieron las entrañas. Una vez derrumbado supimos que la fachada era de yeso y las paredes delgadas como tabiques de media asta. Súbitamente nos sentimos vulnerables. La habitación de la educación, el cuarto de la salud, el baño en el que las personas dependientes hacían sus necesidades, daba a la calle. Nuestras miserias se veían y veíamos las miserias de los demás. Cuántas muertes, nos preguntaba Bob Dylan, serán necesarias hasta que él comprenda que ya ha muerto demasiada gente.   

 

Hace dos años una fecha dio nombre a un movimiento poliédrico, ingenuo y resabiado, presente e inconcreto, indignado e ilusionado. Pretendían todo sin ser nada, son nada pero han dejado claro que todo está por hacer sin permitir que nos lo hagan.

 

Desde entonces ya nada es lo mismo, pero todo sigue igual. Seguimos esperando una respuesta que no termina de llegar y queremos ser parte de ella. Pero, amigo mío, la respuesta continúa flotando en el viento. 
Publicado en “El Norte de Castilla” el 16-05-2013

EL BOSQUE DEL MIEDO

El verano de dos mil once miraba de frente a su fin, las puertas de los colegios estaban ya entreabiertas y mi periplo en bicicleta por Portugal había concluido esa misma tarde sabatina en las calles de Valença do Minho. Las pocas pedaladas que aún habría de dar servirían para cruzar el puente que atraviesa el río fronterizo que da nombre a la ciudad que despedía y poner pie en la gallega Tuy. Una vez allí podría tomar algún tren que me devolvería a casa. Pero resulta que el tren esperado no salía hasta las siete de la mañana del día siguiente y no pasaba por la estación situada en la ciudad sino en otra que, aun perteneciendo al mismo municipio, estaba ubicada en la parroquia de Guillarey. Ni el tiempo de espera, ni la distancia suponían, a priori, ningún inconveniente. La espera se lleva bien cuando es sábado por la noche y la distancia era de cinco escasos kilómetros, apenas nada para quien viene de recorrer casi mil a golpe de pedal. Pero ese estrambote escondía una sorpresa, unos cientos de metros que atravesaban un bosque en el que las copas de los árboles de un lado de la carretera besaban a las del otro. La oscuridad era absoluta, solo la luz del foco de la bici me permitía vislumbrar el borde de la carretera. Pudieron ser tres o cuatro minutos los que tardé en atravesarlo, pero hubo tiempo más que de sobra para comprender las innumerables leyendas sobre meigas que en Galicia se han parido. La Santa Compaña acechaba tras cada árbol, entendí lo que era el miedo a la nada, el irracional. El miedo es un resorte del instinto de supervivencia del que no nos hemos despegado ni siquiera cuando la razón ofrece argumentos para no tenerlo. 

 

Debe ser porque el Real Valladolid ha visto tantas veces las orejas al lobo que, pese a que los puestos de descenso han estado siempre lo suficientemente lejos, seguía vivo el miedo a ocupar una de las tres últimas plazas. Bien, ya no hay razón, tras el bosque llega el claro y la estación está a la vista, el tren de primera saldrá la próxima temporada y el Pucela tiene ya el billete en la mano. Lo irracional ha sido, en todo caso, que ese miedo atávico no haya desaparecido antes. Parece que, en este caso, más que el instinto de supervivencia, lo que prima es la incapacidad para disfrutar de una buena temporada y, más aún, la ausencia de aspiraciones, no vaya a ser que, pasadas unas semanas, nos demos de bruces con la realidad. Y digo que me sorprende porque me parece que estamos ante una inversión de papeles entre la vida y el juego. Mientras que es sensato poner saber quiénes somos y de dónde venimos y así fijar los pies en el suelo cuando se trata de abordar nuestro presente y nuestro futuro, hemos vivido como si los derechos sociales fuesen invulnerables hasta que comprobamos que nanay, que lo que no se defiende se termina perdiendo. En el juego, y el fútbol no es más que eso, tenemos capacidad para soñar, para aspirar a lo que no somos, para fantasear, porque el riesgo no deja de ser menor, y sin embargo nunca pensamos que nada es definitivo hasta que las matemáticas así lo atestiguan. Al final, el error consistía en jugar la vida y vivir el juego, en haber convertido nuestro día a día en una apuesta de la que no somos más que fichas, y al juego en una vida paralela. El juego, al fin, debería ser la sublimación de ese instinto competitivo para mejor convivir después. Morir metafóricamente en la pista, para vivir mejor fuera de ella. 

Publicado en “El Norte de Castilla” el 12-05-2013

BUSCO AYUDA PARA ENCONTRARME

Aunque solo sea por justificarme, primer vericueto que tomamos al ser pillados en cualquier renuncio, diré que perderse es la consecuencia lógica de llevar caminando tanto tiempo en este desierto llamado España. Quiero mirar hacia delante, pero solo veo un frente de dunas que, como las puertas que describía Sabina en calle Melancolía, niegan lo que esconden; eufemismos que suenan a ‘sí’ donde dicen que ‘no’. Lo peor, con todo, es que sé que tras ese frente no habrá vegetación sino más frentes. A veces, eso sí, un golpe de calor me hace perder la consciencia y creo estar en medio de un oasis, pero siempre hay un jarro de agua que me devuelve a la arenosa realidad.
Pensaba, ya digo, atontado por el calor, que el duro trance de tener que abortar no hacía escalas más largas en unas mujeres que en otras, que dependía de la situación personal de cada una de ellas y que, en esa decisión, influían múltiples factores. Pero el jarro esta vez se llamaba Beatriz Escudero, las mujeres que abortan en España, dice esta diputada del PP, «son las que menos formación tienen». Bien. Tengo en consideración sus palabras. Supongo que ella, detractora de la actual ley, una vez que ha realizado el diagnóstico y en aras de la coherencia, actuará en consecuencia. O sea, para evitar que las mujeres aborten el gobierno potenciará su formación. Pero resulta que la educación es la parcela en la que se estrellan los platos del desastre económico, hasta el punto de que, cuando estas letras vean la luz, diversos sectores del sistema educativo estarán reclamando un giro copernicano a las políticas impulsadas por el gobierno. O sea, si la tesis de Escudero es correcta, nos espera un futuro en el que el número de mujeres que aborten casi superará al de las que se queden embarazadas. La falta de formación es lo que tiene. No quedará ahí la cosa, según el juicio del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, el aborto tiene que ver con ETA. Ya digo, una caterva de mujeres incultas y terroristas pondrán en peligro la patria. El desierto no tiene puertas, no sé cómo encontrar la salida.

Publicado en “El Norte de Castilla” el 09-05-2013
El Norte de Castilla

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