El gas simbólico es altamente inflamable, cualquier cerilla prendida en sus aledaños puede provocar una explosión porque los símbolos habitan en el imaginario colectivo, un pantanoso terreno adosado a las vísceras y, por tanto, fácilmente manipulable por quienes se han arrogado su usufructo. Este conjunto de colores, sonidos o idealizaciones históricas se asumen como propias

